Inteligencia emocional

Hablemos del suicidio… Todos y todas podemos contribuir a su prevención

El pasado 10 de septiembre, con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, Biziraun (asociación de personas afectada por el suicidio de un ser querido – estas personas reciben el nombre de supervivientes) organizó una conferencia abierta a la ciudadanía impartida por Jon García Ormaza,  psiquiatra de la Red de Salud Mental de Bizkaia. Llevaba por título “Salud mental colectiva y prevención del suicidio”. La Organización Mundial de la Salud, OMS, define la salud mental como “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.  Hablemos de salud y de prevención. Promover la salud mental es promover la vida. Voy a compartir aquí algunas notas y reflexiones a partir de la conferencia.

Nos encontramos ante un fenómeno tabú que genera mucho dolor y culpa, y que lleva asociado un gran estigma social. Del suicidio no se habla pero los datos hablan muy alto. Según la OMS “cada año se suicidan casi un millón de personas, lo que supone una tasa de mortalidad global de 16 por 100.000, o una muerte cada 40 segundos. En los últimos 45 años las tasas de suicidio han aumentado en un 60% a nivel mundial. El suicidio es una de las tres primeras causas de defunción entre las personas de 15 a 44 años en algunos países, y la segunda causa en el grupo de 10 a 24 años”. Incluso hay zonas geográficas en las que los datos se disparan, como en el llamado “triángulo de los suicidas”.

Se suele definir el suicidio como la acción de quitarse voluntariamente la vida. Pero ¿significa eso que la persona lo hace libremente? El suicidio es una muerte violenta, aunque no siempre se vea así. La persona que se quita la vida es presa de un sufrimiento que no puede soportar. Es importante tener claro que este es el punto de partida, la persona no quiere quitarse la vida quiere dejar de sufrir. A menudo se ven los intentos de suicidios como llamadas de atención, amenazas o chantajes. En todo caso son peticiones de ayuda. También hay que tener claro que para que una persona muera por suicidio: 1) tiene que estar sufriendo; 2) tiene que estar sola. Quien tiene un sentido para vivir no piensa en el suicidio. Hace tiempo escribí una entrada que titulé El peso de la vida. Para quien se suicida la vida pesa demasiado, ya no puede con ella. Un amigo, en una conversación sobre el tema, decía: “Cuando en un incendio uno se tira por el balcón no es porque quiera matarse, es que no ve otra salida”.

El suicidio es un fenómeno muy complejo que no tiene una única causa. Vamos a presentar una serie de factores que pueden afectar tanto a la persona como al entorno (es importante insistir en esto).

Hay una serie de factores de riesgo: intentos previos; trastornos mentales; accesibilidad a métodos peligrosos (la primera forma de suicidio en nuestro contexto es por precipitación); suicidio de una persona conocida (dentro de la familia o círculo de amistades); aislamiento social (hay un proverbio africano que dice: “Para educar a un niño hace falta la tribu entera”); acoso, abuso o discriminación de cualquier tipo (es fundamental desarrollar una cultura de denuncia del victimario y apoyo a la víctima); enfermedad crónica o minusvalía; servicios de salud poco accesibles o poco eficaces.

Existen una serie de factores precipitadores: fin de una relación sentimental, separación o divorcio; fallecimiento de un ser querido; detención o problemas legales; problemas económicos y la consecuente pérdida de estatus económico y social.

La falta, fallo o déficit de factores protectores puede desencadenar una crisis suicida en una persona vulnerable. Estos factores son: promoción de la salud; servicios de sanidad accesibles y de calidad; red social, a mayor pertenencia e integración en familia, grupos y comunidades menor incidencia del suicidio; habilidades de afrontamiento y resolución de problemas; resiliencia, entendida como la habilidad para adaptarse y superar el estrés y la adversidad, que está relacionada con la autoestima, el optimismo y el sentido para vivir [al final de la entrada hay una entrevista sobre resiliencia con Boris Cyrulnik, neuropsiquiatra y referente mundial en el tema].

Se suele hablar de que hay grupos de riesgo (teniendo siempre presentes los factores que acabamos de señalar que son generales):

  • Hombres, porque entre sus rasgos de personalidad suelen presentar mayor impulsividad y agresividad, tienen mayor accesibilidad a métodos letales (por ejemplo suelen tener más permisos de armas), suelen demandar menos ayuda y por las expectativas culturales (no lloran, son proveedores, etc.).
  • La adolescencia es una etapa de muchos cambios, de mucha influencia del entorno, a veces es el momento en el que debutan las enfermedades mentales, y todavía no se han desarrollado muchas herramientas personales.
  • Personas ancianas. En esta etapa un problema muy importante es el de la soledad que es un factor de riesgo relevante, también para muchas enfermedades. Hablamos de la soledad no buscada. En esta población el suicidio tiene algunas peculiaridades: los intentos están muy planificados, los medios utilizados son más letales y hay menos posibilidad de recuperación en caso de sobrevivir.
  • Colectivo LGTBI. Este es un colectivo que suele sufrir más discriminación y acoso.

El Black Dog Institute (Nueva Gales del Sur, Australia)  se dedica desde 1985 a la comprensión, prevención y tratamiento de las enfermedades mentales. Ha desarrollado LifeSpan que es una aproximación a la prevención del suicidio basada en evidencias. En la imagen se resumen las nueve estrategias que se muestran más eficaces en esta tarea (en la web señalada se puede ampliar la información sobre cada estrategia):

  1. Mejora de la atención de emergencias y seguimiento de las crisis suicidas. Como señalaba el ponente, actualmente ante la identificación de un riesgo de suicidio lo único que se puede hacer es derivar a la atención primaria o al servicio de urgencias con el servicio adecuado para estos casos (en nuestro caso Hospitales de Basurto, Cruces y Galdakao). Existen grupos de ayuda para supervivientes, como Biziraun, pero no para personas que han tenido algún intento de suicidio.
  2. Utilización de tratamientos basados en evidencias.
  3. Preparación del personal de atención primaria para que identifiquen personas en riesgo.
  4. Formación de los equipos de atención en crisis (policía, personal de emergencias, etc.) ya que sus interacciones con las personas que tienen intentos de suicidio pueden influir en su decisión de acceder a tratamientos.
  5. Promoción de la búsqueda de ayuda, la salud mental y la resiliencia en el ámbito educativo.
  6. Capacitación de la comunidad para el reconocimiento y respuesta a la suicidabilidad. Cualquiera podemos encontrarnos ante una persona que está en una situación límite. Cualquiera podemos ser esa persona que ha perdido las ganas de vivir.
  7. Involucración de la comunidad y facilitación de oportunidades para ser parte del cambio.
  8. Fomento de la seguridad y el propósito de la información en los medios de comunicación.
  9. Mejora de la seguridad y reducción del acceso a los medios de suicidio.

Quiero acabar esta entrada como la he empezado. Hablemos del suicidio, acerquémonos a este complejo fenómeno, formémonos en estrategias de prevención. Todos y todas podemos contribuir a su prevención…  Se puede recuperar el sentido para vivir ¡Y merece la pena!

Algunos recursos en línea

Información sobre películas y documentales: https://www.biziraun.org/ayuda-suicidio#peliculas

Asociaciones de supervivientes: Biziraun, DSAS

Vídeo entrevista a Boris Cyrulnik

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *