Inteligencia emocional

Relaciones líquidas

Este verano he leído un titular de El País que me ha producido una gran tristeza: “Se compran amigos y abrazos: la epidemia de soledad en EE UU ya es un negocio” (Laborde, 2019). Me ha traído a la memoria un recuerdo de una época ya un tanto lejana… En cuarto de carrera [estudié Empresariales], en la asignatura de Antropología, una compañera y yo leímos e hicimos un trabajo sobre un libro de Enrique Rojas que me causó bastante impacto, El hombre light: Una vida sin valores. Inquietante subtítulo… Ya en el prólogo se enuncia la tesis del mismo: “Es una sociedad, en cierta medida, que está enferma, de la cual emerge el hombre light, un sujeto que lleva por bandera una tetralogía nihilista: hedonismo-consumismo-permisividad-relatividad. Todos ellos enhebrados por el materialismo. Un individuo así se parece mucho a los denominados productos light de nuestros días […] El hombre light carece de referentes, tiene un gran vacío moral y no es feliz, aun teniendo materialmente casi todo” (Rojas, 2000: 6). La primera edición del libro tiene casi 30 años (es de 1992) y a día de hoy podría suscribir cada una de las palabras (aunque hablaría de persona light). Probablemente hay mucha soledad porque hay muchas personas light que mantienen relaciones light y que no han construido lazos sólidos que trascienden las relaciones mercantiles… Y lo que es tremendo, en una sociedad light surgen oportunidades de negocio para personas sin muchos escrúpulos ni límites.

Unido a lo anterior está una inquietud-curiosidad que tengo hace tiempo, más o menos desde que mis hijos entraron en la adolescencia. Mis hijos, que son coetáneos de los alumnos y alumnas que tengo, viven pegados al móvil, pendientes permanentemente de las redes sociales, están informados (pero sólo de los titulares), pasan rápidamente de un interés u ocupación a otro, tiene relaciones amorosas y sexuales breves pero intensas… Dicen tener muchas amistades [alguna vez que han visto el número de ‘Amigos’ de mi Facebook han hecho bromas porque les parecían pocos], pero… ¿cómo de profundas son sus relaciones? ¿en qué medida les aportan cosas positivas a sus vidas? ¿qué entienden por fidelidad y cómo la valoran? ¿dónde buscan la felicidad? Mucho de lo descrito no es exclusivo de las generaciones jóvenes, cada uno y cada una deberíamos reflexionar seriamente sobre el tema.

El ya fallecido filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman acuñó el término de ‘modernidad líquida‘ que alude a la sociedad en la que vivimos que ya no es predecible y controlable. En este contexto el amor también es líquido. “Lo afinidad nace de la elección y el cordón umbilical jamás se corta. A menos que la elección se rehaga a diario y se concreten actos nuevos para confirmarla, la afinidad se marchitará y declinará hasta derrumbarse o desarticularse. La intención de mantener viva la afinidad es presagio de la lucha cotidiana y promesa de una vigilancia sin descanso. Para nosotros, habitantes del moderno mundo líquido que aborrece todo lo sólido y durable, todo lo que no sirve para uso instantáneo y que implica esfuerzos sin límite, esa perspectiva supera toda capacidad y voluntad de negociación” Bauman (2006: 48). [Aquí se puede ver un extracto de la entrevista que le hizo Jordi Évole y en la que hablando de Zuckerberg señala: “Se dio cuenta de que nuestra peor pesadilla es ser abandonados”]. ¿Son las relaciones de nuestros hijos e hijas líquidas? ¿Y las nuestras?

Según Alex Rovira [véase el vídeo del final de esta entrada] el amor se ha confundido mucho con la posesión y el deseo. En su opinión, el amor supone tres cosas respecto de la otra persona y que están profundamente relacionadas: voluntad de comprender (escuchar, observar, ‘leer’), cuidar (acompañar) e inspirar (ayudar a ser mejor persona y realizarse). A amar se puede aprender porque en esos tres ‘verbos’ nos podemos entrenar. Eso sí, añado, es necesario voluntad y dedicar tiempo. Hay que estar dispuestos y dispuestas a esforzarse, a fracasar, a no ceder ante el primer contratiempo, a apostar a diario por esa relación que consideramos importante, a buscar distintas formas de demostrar nuestro amor…  Nadie dice que sea fácil, pero sí merece la pena. Y también es importante asumir que el amor se puede acabar o que puede haber personas que no merecen nuestros desvelos. No es necesaria la heroicidad. El amor o es recíproco o no es amor. Probablemente en el amor así entendido esté el antídoto a las relaciones líquidas y sea la clave para una felicidad más profunda que nos aleje de la soledad.

He empezado hablando del libro de Enrique Rojas. En los últimas líneas del mismo muestra cuál es su propuesta frente a la persona light.  “Rastreando en el trasfondo de la felicidad nos vamos a topar con la fidelidad; es decir, lealtad a los principios, perseverancia en los ideales nobles, tenacidad en mantener los criterios de conducta a pesar de los oleajes y los vaivenes de tantas circunstancias. Se alinean así, en la felicidad verdadera, la coherencia, la vida como argumento, el esfuerzo porque salga lo mejor que llevamos dentro y la fidelidad. Cada ingrediente fija y sostiene lo que para mí es la clave que alimenta ésta, esa trilogía que está compuesta de amor, trabajo y cultura. Y su envoltura tener una personalidad con un cierto grado de madurez y equilibrio psicológico” (Rojas, 2000: 6).

Animo y me animo a que apostemos por el autoconocimiento y el conocimiento de las otras personas, por un amor profundo y comprometido, por una vida más sólida y menos light.

Bibliografía

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