Inteligencia emocional

Entre libros olvidados, alter egos y recuerdos

Con aires de musa moderna, “spotify” me tienta con una nueva “canción sugerida”. Se trata de una versión de “La fuerza del destino”interpretada por Iván Ferreiro y Love of Lesbian.

Acepto la invitación, y disfruto esta regresión ochentera. Conexiones neuronales otrora improbables se disparan en el aquí y ahora. Mi mente de mono agitado salta de sinapsis en sinapsis: de esta versión actualizada a la versión original de “No es serio este cementerio”de Mecano, Y de ésta al cementerio Pere-Lachaise donde yacen Jim Morrison (The Doors) y María Callas.

Ambos me animan a seguir este peregrinaje onírico hasta el Cementerio de los Libros Olvidados y su homólogo de Bruma. Cementerios ambos que -gracias a sus creadores, Carlos Ruiz Zafóny Santi Balmes– forman parte de mi “ciudad interior”

¡Triple salto mortal!

El cementerio de los libros olvidados
se encuentra en la ciudad vieja de la tetralogía que comienza con “La sombra del viento”. Allí acude Daniel Sempere guiado por su padre quien así lo describe.

“Cada libro tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas se hace fuerte. Cuando una biblioteca desaparece, cuando una librería cierra sus puertas, cuando un libro se pierde en el olvido, los guardianes del cementerio se aseguran de que llegue aquí. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda,los que se han perdido en el tiempo viven para siempre esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector,de un nuevo espíritu” (La sombra del viento. Ruiz Zafón 2002).

Leer soporta mal el imperativo. Ya lo decía Pennac. Inténtalo y nada conseguirás. Ahora bien, si lees, si disfrutas de esta pasión, si te animas, alcanzarás un “poder sobrenatural”: dar vida a las páginas sobre las que posas tu mirada en una nueva versión del “Levántate y anda”

Bruma es la ciudad interior de Román Spinelli, equilibrista de profesión, en horas bajas. En Bruma habitan los múltiples alteregos de Román; los incontables yoes que componen su particular identidad: desde Román Líbid y el Joven Halley a Román Perturbado, Román Feliz, Román Mago … Acompañado por “su yo” Román Bourgeois, visita el cementerio de Bruma. ¡Pura originalidad!

Si, por definición de la RAE, un cementerio es un “terreno generalmente cercado, destinado a enterrar cadáveres”, en Bruma estar muerto no es condición necesaria para instalarse. De hecho, “Si usted no recuerda a alguien es como si hubiera muerto. En cambio, hay personas que murieron en un plano físico y que -sin embargo- siguen paseándose por la avenida de su memoria”

Curioso emplazamiento el cementerio de Bruma. Es “la pira funeraria de la memoria donde arden recuerdos inservibles, personas nocivas y olvidadas”. Aquí los enterradores “sepultan recuerdos que no sirven para nada, y a personas que han sido nocivas para nuestro día a día. Incluso seres vivos habitan -sin saberlo- en ese lugar: a quienes hemos enterrado en vida”.

La memoria y sus capacidades. De enterrar recuerdos. También de resucitarlos, trayendo al aquí y ahora, a la “Avenida de tu Memoria”, a quienes tú quieres. Recordar para “dar vida”. Como la lectura. Otra versión del “Lázaro, levántate y anda”.

Músicas y lecturas, conexiones y recuerdos, maniobras de resucitación de personas y páginas, paseando entre libros y alter egos.

 

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