Inteligencia emocional

El entusiasmo

 

Un libro cuyo título me atrae, El entusiasmo, y cuyo subtítulo me avisa, me/nos previene: Precariedad y trabajo creativo en la era digital.

Un libro que duele, al que cuesta acercarse por cuanto nos toca muy de cerca. La autora, Remedios Zafra,  denuncia el engaño y la desilusión de los autores y creadores en la era digital.

Premio Anagrama de ensayo 2017, llego a este libro a través de una reseña de Elvira Lindo. “Lo estoy leyendo y me está apasionando. De cómo la vocación unida a la precariedad laboral definen el estado en el que se encuentran los jóvenes creativos de hoy, dependientes y esclavos de la red”

Un libro que mezcla una descripción cuidada de los contextos despiadados en los que vivimos, extremadamente competitivos, exigentes en productividad, cualificación, velocidad, cantidad, plazos de entrega, visibilidad, polivalencia, movilidad… y para los que se necesita, necesitamos, mucha pasión y entusiasmo; ¿entusiasmo verdadero o fingido?, el ensayo es una invitación a cuestionarnos. Y del otro lado, la empresa, el mercado, la academia, que a cambio de nuestro entusiasmo nos ofrece en la mayoría de las ocasiones unas practicas, una beca de investigación, reconocimiento, unas líneas más en el CV, una posibilidad futura de trabajo.

Un contexto en el que muchos trabajan mucho y sólo unos pocos logran empleo remunerado. Personas entusiastas, como Sibila, la protagonista, que podrías ser tu, podría ser yo, vive inmersa en trabajos creativos, con dificultades para encontrar su hueco, para responder adecuadamente a las preguntas que en todos los procesos de selección se repiten : ¿quién eres? ¿a qué te dedicas?. La escasa duración de trabajos y proyectos, la participación en tareas complementarias aunque con tan diferente denominación: investigadora, evaluadora, profesora, consultora, asesora, lectora, doctoranda, encargada de la curación de contenidos, de gestión de la comunidad, editora, coordinadora…., dificultan cada vez más la respuesta a nuestro interlocutor, a veces es un algoritmo, que busca la brevedad, la seguridad de una profesión que se pueda explicar en una sola línea.

En un texto complejo, que maneja varios niveles de ideas, Remedios Zafra insiste en dos ejes, Internet yel pensamiento neoliberal como los que explican esta precariedad en el trabajo creativo, y en especial una precariedad feminizada. Se olvida el cuerpo, el deseo, la vida material del entusiasta, la intimidad, la sensibilidad, para dar prioridad a lo que sucede en las pantallas. Se olvida la oralidad, el texto, la argumentación pausada, recabar información adicional, frente a la imagen, la síntesis, el diagrama, la respuesta inmediata.

 

Habitamos un mundo en el que la irrupción de Internet y de las redes hacen que la afición y el trabajo, lo amateur y lo profesional se confundan constantemente. ¿Por qué un cocinero en el restaurante de la esquina cobra por su producción y una persona que cocina para su familia no lo hace? ¿Por qué la economía de los cuidados es invisible, y casi siempre femenina?

“…llama la atención cómo empleos creativos y culturales hoy siguen un camino donde la ambigüedad ha sido empleada para difuminar su trabajo, bajo perversas formas de consideración que hacen borrosa su denominación y pago. Alimentar un sistema apoyado en el entusiasmo y en la suficiencia de un pago inmaterial es otro factor que nos resulta tristemente familiar. Bien promoviendo la resignación o bien sustentándose en la idealización de prácticas vocacionales, afectivas y altruistas, allí habita mucha precariedad feminizada, ese terrorífico mito de las mujeres que ya están pagadas por el “amor” que reciben”.

 

Conferencias, congresos, publicaciones y todo tipo de eventos culturales, son posibles hoy gracias a una multitud de becarios, de estudiantes en practicas, de doctorandos, de investigadores, mujeres y hombres entusiastas que no reciben remuneración alguna por su trabajo. Muchos tienen ya más de 30 y de más de 40 años, y repiten estereotipos en sus funciones, muchas de ellas “invisibles”. Ojo, a veces incluso pagan por participar, o se conforman con ese aplauso presencial o virtual que la organización pide al finalizar, y que en ningún caso tiene el protagonismo, el énfasis, que se reserva a los patrocinadores, a los financiadores del evento. Un trabajo que, en la mayoría de los casos, no podemos distinguir del que otros profesionales entregan y por el que si reciben remuneración.

 

Una situación, relata la autora, de la que tampoco se libra el mundo académico, que podría parecernos menos atado a las leyes del mercado. Se necesitan cada vez más artículos, más publicaciones, más cantidad para diferenciarse, para optar a un puesto o consolidar una plaza. Un mundo académico que Remedios Zafra nos muestra más preocupado en el posicionamiento de artículos, de citas, de autores, por el refuerzo del prestigio de los que ya ocupan un puesto y un sillón, y que obligan al candidato a acomodarse a un estilo, normas y modelos rígidos, castigando cualquier innovación, cualquier hibridación de conocimiento, cualquier intento por salirse de los cánones establecidos.

“Lo que usted hace no corresponde a esta área”, “tampoco a esta”, “ese conocimiento del que usted habla está fuera de lugar en este departamento”, “su petición queda excluida porque no existe casilla para lo que propone”, “cíñase al temario”….

 

En cualquier caso, Sibila no es inmune al desanimoy a lo largo de su amplia experiencia profesional y de las diferentes profesiones que ha asumido, busca también en la administración, prepara oposiciones, encuentra que durante la crisis han aumentado de forma significativa los puestos de libre designación, esos para los cuales no parece ser necesario tener un CV en cuatro idiomas, ni cartas de recomendación, ni la formación que ella acumula, o experiencia internacional. Aunque no,  el trabajo publico, opositar, tampoco es la solución.

Las cartas que Sibila recibe se parecen demasiado a las cartas que llegan nuestros correos electrónicos. “Queremos contar contigo”, “nos encanta tu trabajo”, “nos gustaría llegar a un acuerdo de colaboración”. Si nos llaman por nuestro nombre resulta difícil no hacerse ilusiones, aunque sea una máquina quien lo inserta, y nos ponemos a preparar con mucho detalle varios borradores de respuesta y elegir, por supuesto, el más entusiasta.

En un mundo conectado, mostrar entusiasmo parece obligatorio. Si aspiramos a un empleo remunerado aún más. La marca personal que dirían algunos, se resiente, si nos mostramos tristes y refunfuñones… (El lado oscuro de la Marca personal)

“La mayoría de los dispositivos conectados funcionan hoy como marcos cotidianos de fantasía, marcos normalizados que solapan el mundo digital y el mundo de las cosas y los cuerpos que se tocan, huelen y susurran más allá de los ojos y las yemas de los dedos”

“…desde su inicio las redes sociales han buscado contrarrestar las dudas sobre la existencia y verdad de las personas conectadas, justamente enfatizando su hipervisibilización y sobreexposición. A ellas, en sus variantes entusiastas, les reclama constantemente acreditar su “realidad” con más y más imágenes, datos, recuerdos, homenajes o vínculos que verifiquen que existen. Fotografías, vídeos e interacción operan aquí como pruebas de realidad. No importa que esas imágenes sean recreadas o construidas para esa foto, invirtiendo la lógica de compartir lo vivido por “compartir lo que quiero que crean que he vivido”.

“Lo aprendemos si salimos del marco, si leemos o viajamos. Siendo el mismo mundo, las clasificaciones difieren y el mundo se hace distinto”.

 

Este es desde luego un ensayo muy crítico, que busca despertarnos, movernos, cuestionarnos, el anverso de los entornos colaborativos, de la Inteligencia Colectiva, que con tanto entusiasmo abrazamos y promovemos.

Con la promesa de una posibilidad, el mercado compra el entusiasmo, lo necesita, se sirve de él, y cuantas más veces el entusiasta participa en estas practicas, más se apaga su llama y más consciente se es de esa precariedad disfrazada de libertad, de tiempo libre, de apasionantes experiencias en otros países…. El candidato, el sujetose vuelve desechable, el futuro, los planes, la maternidad, se aplazan una y otra vez.

 

 “Como si la obsolescencia de las cosas hubiera sido solo un paso hacia la obsolescencia del sujeto en sus formas de trabajo. Trabajo al que se reduce cada vez más la identidad: “soy la práctica que ejerzo”. Y, dado que hago muchas cosas, mi trabajo siempre está indefinido. Y puesto que lo que hago no me gusta pero es vulnerable y temporal, esto me permite tener esperanza de que en el futuro podré liberar mi tiempo de esta cadena de precariedad y trabajar, quizá, de lo que me apasiona o motiva. Entretanto, espero, porque la vida de los entusiastas en una vida constantemente aplazada”.

Desde luego mis notas, que no síntesis, ni resumen, apenas arañan la superficie de un libro que os invito a leer para profundizar, para reflexionar, para reaccionar:

 

“Los caminos del diálogo entre distintos y del pensamiento profundo no suelen funcionar en las redes rápidas y en los tiempos precarios, porque requieren pausa, tolerancia a la contradicción, consenso, negociación, empatía, diversidad de voces. Sin embargo, ¿no serían los verdaderamente transformadores?”

 

“…la creatividad que surge del entusiasmo sincero es un arma que debe ser radicalmente libre, urgentemente valorada”

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