Inteligencia emocional

Mágicas palabras y personajes de ficción

¿Te acuerdas de Lord Voldemort, el mortal enemigo de Harry Potter? ¿Recuerdas al pérfido, al infame brujo “quién tu sabes” del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería?

El miedo impide a la temerosa comunidad mágica llamarle por su nombre, y siempre se refieren a él por su apodo: “el innombrable”. Como si con esa infantil maniobra de despojarle de nombre, le negara existencia. Y, así, permanecer en el anonimato (¿no es eso lo que hacemos de peques para evitar ser “pillados” jugando al escondite?)

¿Nadie le llamaba por su nombre? Nadie, no. Harry, joven aprendiz de mago, era el único insolente capaz de llamarle y -cómo no, siendo héroe- también de derrotarle.

Entre una cosa y otra me ha venido a la memoria este personaje de ¿ficción? Y, tras él, un pensamiento sobre el mágico poder de las palabras y del lenguaje.

Efectivamente, como explica R. Echeverria, vivimos en el lenguaje y con él le damos sentido a nuestras vidas. Con él describimos lo que percibimos, expresamos lo que pensamos y -a veces- decimos lo que sentimos. Y lo que es más importante: hace que las cosas sucedan. Hablamos de cosas, y al hablar, actuamos sobre ellas. No es neutral, para nada. Con el lenguaje, con las palabras, forjamos nuestra identidad y el mundo en que vivimos.

Está cargado de futuro. Con la arcilla del lenguaje, modelamos el lugar donde pasaremos el resto de nuestra vida.

Lo decía Mari, la Dama del Anboto, reina de la naturaleza y diosa más importante de la mitología vasca: “todo lo que tiene nombre, existe”

Palabras y nombres con los que creamos y de_construimos la realidad. Una realidad de la que existen innumerables versiones y todas ellas son resultado de la comunicación (P. Watzlawick).

Y en esta tarea, nuevos voldemorts emergen entre nosotras y nosotros. Nuevos “innombrables” salen a escena. Esas realidades no conversables, lo que no se puede decir por temor (¿Un nuevo Hogwarts?) lo que callamos y silenciamos, esos diálogos internos que inundan nuestra atención mientras mantenemos conversaciones públicas.Lo que no se nombra ¿No existe?

En ocasiones, más importante que centrarnos en escuchar o expresar, incluso más importante que analizar lo que se dice, es poner foco en lo que no se dice. En lo que se calla. Como si de un iceberg se tratase, la mayor parte permanece oculta bajo el agua.

Una brecha entre lo que se dice y lo que se calla, que nace, crece y se reproduce. Y que lejos de reducirse se ensancha. Grietas y brechas de silencios, de calladas, que suplimos, y que vamos llenando con nuestras propias historias y relatos, Con más y más voldemorts innombrables, creando un universo irreconocible. Donde cualquier parecido con la realidad es pura ficción.

Palabras mágicas. ¿Existe todo lo que tiene nombre? ¿Lo que no se nombra, deja de existir?

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *