Inteligencia emocional

Muñoz Molina en Ja Festival Bilbao

En la X edición del Festival Internacional de Literatura y Arte con Humor de Bilbao, Ja Bilbao 2019, tuve la ocasión de disfrutar dos gratIficantes jornadas con las entrevistas y charlas dedicadas a Elvira Lindo y a su esposo y uno de mis escritores favoritos, Antonio Muñoz Molina, a raíz de este encuentro escribo estas líneas.

Antonio Muñoz Molina responde de forma pausada, su sentido del humor es avalado por “la experta”, y premiada en esta edición, su mujer Elvira Lindo, y es, según nos dice su pasaporte para estar en este escenario. Será necesario dedicar un post completo a Elvira, y en especial a su último libro, 30 maneras de quitarse el sombrero“, aunque como Antonio Muñoz Molina lleva mucho más tiempo en mis estanterías, voy a dedicar unas reflexiones a este autor que uno no espera encontrar en un festival de humor ¿o sí?. Podéis ver aquí la entrevista completa que le hace para este festival el periodista Cesar Coca.

Como siempre que le escucho en entrevistas se muestra respetuoso, humilde, atento a los diferentes significados y percepciones que los lectores y espectadores tienen, tendrán, de su obra y de sus palabras. Es cuidadoso con el lenguaje, su materia prima. Ya le he oído decir en otras ocasiones que su oficina puede estar en cualquier parte, sólo necesita un lápiz y un papel para crear. Habla del oficio del escritor como el de un artesano.

Las lecturas favoritas de Antonio, muchas de ellas clásicos de la literatura universal, aparecen una y otra vez en sus ejemplos.

Ejemplos que nos hablan de tolerancia, del humor que perdura, el de un Don Quijote que acaso Unamuno quiso tomarse demasiado en serio. El humor de Mark Twin, de El Lazarillo, el de Los papeles privados del Club Pickwick, de Charles Dickens, el de la trilogía de Chica de Campo de Edna O´Brian , el de Pérez Galdós, el de Flaubert, el del Ulises de Joyce. Lo escatológico,  lo pícaro, lo sexual…, la literatura o el cine con espíritu de comedia, como Chaplin. El espíritu de la novela para Antonio  siempre tiene que ver con la ironía. Nos habla del  humor  de quien observa con mirada no ideológica lo solemne y que al igual que en la fábula del emperador desnudo, descubre lo irrisorio en la pompa.

Al igual que el propio escritor todos estos textos y autores citados son los que habitualmente consideramos “serios”, ¿o es nuestra mirada la que los ve así?. Esta entrevista es una invitación a agudizar nuestra percepción en la lectura, a cuestionarnos, a utilizar la ironía, a no tomarnos todo, ni a nosotros mismos, demasiado en serio. Y si tenemos que aclarar que es ironía lo que decimos, no es culpa del lector o del oyente, es que lo estamos haciendo mal.

“Era tan corrupto que pagaría por venderse” Flaubert

“No soy cojo, es que me fusilaron mal” Gila

El humor está relacionado con la lengua, con el contexto. A veces se pierde en la traducción. Es de una complejidad extrema entender por qué perdura.

Las palabras de Antonio son una lección de paciencia, calma, profundo respeto, humildad. Mientras nos bombardean por todas partes con soluciones fáciles, Antonio responde todo el tiempo con “eso es de extrema complejidad”….

Este artículo quiere ser un homenaje, una carta abierta, una conversación muchas veces imaginada con el escritor, con el hombre, con el viajero, con el amante del arte.

Como me gustaría hablar con el de los Ecos de “El invierno en Lisboa” que percibo en su última obra “Tus pasos en la escalera”. Hablar de ese texto híbrido, provocador, con un fondo de tristeza, pero esperanzador porque la creación es una respuesta, una salida, que es para mi “Un andar solitario entre la gente”, una obra que me reconcilia con mi pasión de conectarlo todo, de jugar con palabras y significados, con fronteras y límites.

Conectaría el perfecto “Como la sombra que se va”, ambientado en una Lisboa siempre soñada, siempre reinventada, con esa huida y ese sentimiento de culpa que me llevan a las más de 1000 páginas de  “La noche de los tiempos”.

Qué decir de “Ventanas de Manhattan” que nos llevó a la Gran Manzana, y que ya no puedo separar de las emociones sentidas al revivir nuestros paseos en  “Lugares que no quiero compartir con nadie” escrito por su esposa Elvira Lindo.

Antonio Muñoz Molina despierta en mi las ganas de vagabundear, de recorrer con la mirada y la ilusión de un niño la Frick Collection de New York para observar de cerca “El jinete polaco”, de reírme de mi misma al sentirme identificada por las dificultades con el inglés que el futuro traductor tiene en suelo americano.

Es cierto que sus libros contienen humor, también que su acento, que mantiene aunque vive lejos de su Úbeda natal hace ya muchos años, contribuye a disfrutar de su compañía en directo y contagiarse del brillo de sus ojos cuando describe lo que le apasiona, una mirada que imagino en el niño de “El viento en la luna”.

Me ha encantado que Antonio describa “Los misterios de Madrid” como una astracanada, y aunque disfruté con “Beautus Ille”, “Beltenebros”, “Plenilunio” o “Carlota Fainberg”…, no puedo evitar saltar mentalmente al escucharle a “Sefarad”, a su  “Córdoba de los omeyas” y agradecer de corazón que encuentre tiempo para hablarnos entre risas de la reivindicación del humor, la reflexión, la necesidad de no quejarnos tanto y relativizar la importancia de las críticas, el ruido, los insultos en las redes sociales…”Te quejas de que te insultan en twitter, a otros escritores les quemaban sus obras en la plaza pública”…”o las concibieron en un campo de concentración, o en cautiverio como Ana Frank”.

Su próximo proyecto le tiene muy ilusionado, es el vinculado al Museo del Prado en su bicentenario. La pinacoteca le ha dado una credencial para que pasee a su antojo por el museo, ¡quién pudiera tener una!, a cualquier hora, y prepara un ciclo de conferencias y seminarios, la Cátedra: Rondas del Prado en el jardín de las imágenes. Habituada a sus novelas y la importancia que en las mismas tiene el Arte, y en especial su forma de mirar, siento envidia por quienes desde Madrid han podido acudir a estas conferencias.

Su mirada vuelve a brillar al hablar de este proyecto, y es franca su sonrisa al llevarle para la firma uno de sus libros, creo, menos conocidos, “El faro del fin del Hudson”, un libro en el que ya hablaba de la literatura y las palabras como el río de la vida, un libro con preciosas dibujos de su estancia en Manhattan.

¡Gracias Antonio!

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