Inteligencia emocional

30 maneras de quitarse el sombrero, Elvira Lindo

 

30 maneras de quitarse el sombrero
Me gusta la declaración de intenciones que Elvira Lindo hace al presentar este, su libro, que escribe con vocación de escritora de escenario: “No sé si existen las escritoras de escenario pero yo fantaseo con hacer de ese oficio otra manera de hacer literatura. Si es cierto que tengo buen oído, quiero aprovechar ese don narrando en voz alta.”
Y lo cierto es que apetece, y mucho, encontrar la audiencia adecuada para leerle, para leernos este libro.
Esta selección de 30 artistas, escritoras, musas, actrices… y sobre todo mujeres, aunque no sólo, que de una u otra forma son admiradas por Elvira Lindo. Para mi, que aprendo por admiración, es muy agradable encontrar esta afirmación: “lo que soy se lo debo a las personas que admiro”. Leyendo estas páginas, con el poso acumulado de otras lecturas de la autora, veo un esfuerzo importante por señalar quienes son sus referentes, aunque también por señalar capacidades que son también las de la propia Elvira: capacidad de escucha, de trasladar el lenguaje de la calle, la irreverencia, el inconformismo, la inconveniencia, el activismo, el compromiso.

Estas mujeres, sus obras, sus actos, son desde luego para quitarse el sombrero, y en un doble sentido que me gusta cada vez más, el título también alude a aquellas mujeres que se atrevieron a lucir sin sombrero cuando era una provocación.
El libro se divide en 30 capítulos y podemos ojearlo como más nos guste, aunque disfrutaremos de leerlo como una historia circular que comienza con la niña anarquista y huérfana, Pippi Calzaslargas, Pippi Lanstrump, y termina en la propia Elvira Lindo con un autorretrato y una autocaricatura ataviada con ropa de payaso.

Interesante sin duda que la forma de coleccionar estas historias pase por revisar las infancias de quienes admira, un hilo conductor que, como ella afirma, quiere situar a todos los protagonistas “en la casilla de salida”. “Yo colecciono infancias, el gran misterio, la caja negra, los años que contienen casi todo”. A mi me hace preguntarme sobre si obedecemos a las expectativas que los demás depositan en nosotros, si somos lo que desde niñas hemos sido, el eterno debate sobre si pesa más si la herencia y la genética o la cultura, el contexto y el aprendizaje.
Merece la pena no hacer spoiler sobre el contenido de los 30 capítulos puesto que hay muchas historias, dentro de ellos, que son una sorpresa para el lector, al menos lo han sido para mí. Detalles de la vida de estas protagonistas, que en una suerte de “vidas cruzadas” se mezclan con otros escritores, actores y personajes como Galdós, Truman Capote, Fernando Fernán Gómez, el autor de El guardian entre el centeno, Chejov, Colm Toibin

Encontramos tanto la franca, y sólo aparentemente simple, poesía de Gloria Fuertes como las duras experiencias de Ana Frank, o Monika Zgustova en los Gulag: “Cuanto más espantosa era la experiencia más firme era la amistad”.

Repasamos el contexto que inspiran los relatos de Grace Paley, Alice Munro o Lucía Berlín y su Manual para mujeres de la limpieza, las novelas de Edna O´Brien y su Chicas de campo, Margaret Atwood y su El cuento de la criada.

“Cuando la ideología se convierte en religión, cualquiera que no imita las actitudes extremistas es visto como un apóstata, un hereje o un traidor. Los escritores de ficción son especialmente sospechosos porque escriben de seres humanos y las personas somos moralmente ambiguas. El objetivo de la ideología es eliminar la ambigüedad.” Barbara Atwood.

Saber más de autoras que conocemos, descubrir otras obras que a las que apetece acercarse, es sin duda un buen motivo para recomendar este libro. Recordarnos, como nos explica en el capítulo 14, dedicado a  Mary Beard, que Las palabras hieren, la especialista en la antigua Roma, fue cruelmente cuestionada en las redes sociales por su aspecto físico.
El humor, el amor en todas sus formas, la ironía, la lucha contra lo “políticamente correcto”, el feminismo, la vida como inmigrante, muchas de ellas mujeres cosmopolitas y cultas, cuestionadas y juzgadas en su momento por su actitud inconveniente, comprometida. Hay mucho de reivindicación en su selección de artistas, mujeres sin tiempo para crear, en busca de una voz propia, hay en este libro muchos ecos de New York y mujeres neoyorkinas, exiliadas en New York como Victoria Kent, o Adichie Chimamanda; mujeres que publicaron en The New york Times o mujeres que idearon cuentos para New Yorker, mujeres hacían música en Harlem o activismo desde el Bronx, pero sobre todo, tal y como ella nos cuenta, personas que han tenido el “talento para soportar la adversidad y una voluntad innata de observar el mundo y explicárselo a sí mismas”. Mujeres “poseedoras de un refugio a prueba de cualquier pena: la imaginación”.

¿Podemos seguir admirando, leyendo, disfrutando de la obra de un artista que sabemos infame?. Depredadores, manipuladores, traidores, espías, contradictorios, imperfectos, en definitiva, humanos…Elvira Lindo escribe para explicarnos y explicarse, para vacunarnos contra el arte de juzgar sin conocer, contra el prejuicio.
“Observar la infancia de las personas que admiro me ayuda a entender su personalidad futura, el germen de la bondad, o el impulso que los ha vuelto vengativos, crueles, abusivos o insoportablemente vanidosos.
Si no me gusta la persona en la que se convirtieron, observarlos de niños me hace juzgarlos con benevolencia (…) si me gusta, los admiro aún más.”

Luchar contra los límites, defender la libertad creativa, admitir la ambigüedad, , evitar los estereotipos, no conformarse con el pensamiento de grupo. Ser como Vivian Gornick, autora de Apegos feroces, una Odd woman, en todos los sentidos y significados de la palabra Odd: “peculiar, rara, distinta, no convencional, idiosincrática e impar(…)mujer sin pareja”.
Aunque se muestra admiradora de la infancia de sus personajes, en este libro encontramos muchas mujeres que rozando los 90 mantuvieron o mantienen un papel significativo en la sociedad, mujeres cuyas historias merece la pena conocer. Mujeres a las que admirar y de las que aprender.

Elvira Lindo nos hace viajar con sus palabras del homenaje a la reflexión, del cotilleo al humor, de la tragedia a la esperanza, de lo intrascendente y doméstico a lo universal.

Son muchas las notas y ejemplos que he anotado leyendo este libro, y resulta difícil elegir, aunque quiero terminar con Concha Méndez, autora de Memorias habladas, asidua de Lorca, Dalí, Buñuel y Cernuda, que fascinada por los mapas, la geografía y los medios de locomoción, aspiraba a ser capitán de barco, cuando le contestaron: eso no puede ser, ¡las niñas no son nada!. Y contra todos, ella se convirtió en viajera, por la imposibilidad de estarse quieta, por curiosidad y por afán de aventura.

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