Inteligencia emocional

Montaña rusa

Foto: Frenjamin Benklin en Unsplash

¿Quién no ha subido voluntariamente a una montaña rusa en toda su vida? Sentimientos de pavor y atracción repartidos a partes iguales nos han movido – al menos la primera vez – a introducirnos en un pequeño carrito con barras y arneses de sujeción en el asiento, montado sobre unos rieles que seguirían trayectos diseñados de forma casi imposible y cuyo movimiento violentaría hasta límites insospechados las leyes físicas del tiempo, la gravedad, la velocidad, la energía potencial y la cinética… ¡Y, además, pagando por ello!

Creo que somos muchas las personas que decidimos hace tiempo evitar en lo posible este tipo de experiencia denominada atracción y que se encuentra en ferias ambulantes y parques temáticos varios.

En ocasiones, fuera de esos entornos artificiales, nos encontramos con que nuestra vida, o la de personas cercanas a nosotros, de forma inesperada y repentina, sin comerlo ni beberlo, es llevada en volandas e introducida en un carrito invisible, este sin barras ni arneses de seguridad:

A mi ama (Maite) le operaron de la mano el día 17 de marzo. El 19 empezó con síntomas: fiebre y algo de tos. Pensamos que se había resfriado en la operación (…) Vino a mi casa el día 21 y el 23 dio positivo (Covid-19). Yo di positivo el 24. Mi hijo dio negativo en la primera y positivo en la segunda, el día 1 de abril.  (…) A mi marido, que está en su casa con su hija, le sucedió lo mismo que a mi hijo. Afortunadamente su hija dio negativo (…) Mi ama ingresó en el hospital el día 26. Está en la UCI (…) Mi hermana (…) también dio positivo. Y eso que 18 días antes le habían puesto la vacuna. (Echaniz, 2021).

Lamentablemente, el 17 de abril, de madrugada, tras 22 días en la UCI, entre momentos de esperanza y preocupación, Maite nos dejó.

El marido de la cita soy yo y, tras el positivo del 30 de marzo – ya llevaba confinado desde el 25 -, tuve que ser ingresado con neumonía el 7 de abril. El día 10 pude regresar a casa…

Completamente asintomático en todo momento, salvo dos días en los que tuve unas décimas de fiebre, en 17 días adelgacé 7 kg, había perdido el apetito completamente, sufrí leves alucinaciones, cada vez era menos capaz de hablar con nadie, la saturación de oxígeno en sangre rondaba el 86% el día que me ingresaron… Y todo esto sin percibir ni experimentar en ningún momento ni fiebre, ni tos, ni mocos, ni dolores musculares, ni dificultades respiratorias, ni anosmia, ni ageusia… Lo único que sentía era que me encontraba como si me hubiera pasado un tren por encima.

En menos de un mes, la vida de nuestra familia, cada una de nuestras vidas, ha cambiado completamente en un abrir y cerrar de ojos.

Personalmente, a toro pasado, he podido constatar mi vulnerabilidad y mi fragilidad, la profunda sensación de impotencia para poder hacer nada. La total pérdida de control sobre mí y mi entorno. Experimentar que poco a poco, sin apenas darme cuenta, mi cuerpo se iba apagando lentamente.

Con igual intensidad siento una inmensa gratitud: por poder seguir y estar aquí, por mi hija Maialen, quien a sus 21 años fue enfermera, cocinera, amiga y compañera durante el confinamiento y quien en soledad iba constatando el deterioro. Por mi mujer, Arantza, infatigable e insustituible ángel custodio. Por el equipo sanitario que, con profesionalidad, delicadeza, cariño e inmensa humanidad me atendió en todo momento. Por el apoyo, tanto a mí como a mi familia, de los equipos de familiares y amigos – esa red de seguridad emocional que te hace sentir más que afortunado, multimillonario, por tenerlos. Por el Carisma de la Unidad, que me ha ayudado a recordar en los momentos de lucidez que podía ofrecer lo que estaba viviendo por tantas y tantos, cercanos y lejanos, y que aún enfermo eso es algo que se puede hacer.

Creo haber aprendido algo en este último mes y espero no olvidarlo. Cuando pasa todo, te das cuenta de que en un pispás estás y dejas de estar… Las cosas no siempre salen como queremos o esperamos y hay que asumirlo: es parte de la vida. Sin perder la esperanza, pero siendo realistas. Seguir juntos adelante sin olvidar que todas y todos nos necesitamos recíprocamente.

NOTA: recomiendo la lectura de Los colores son más vívidos. (Echaniz, 2021)

Bibliografía
Echaniz Barrondo, Arantza (2021, 12 de abril) Los colores son más vívidos. Recuperado de:
https://blogs.eitb.eus/inteligenciaemocional/2021/04/12/los-colores-son-mas-vividos/

Ventura, Dalia (2019, 22 de diciembre).  La montaña rusa, el aterrador legado que nos dejó Catalina la Grande. BBC News Mundo. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-50842384

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