Inteligencia emocional

La perfección no existe, es una trampa emocional.

Este post no me gusta, lo repetiré, y una vez escrito tampoco me gustará y lo volveré a escribir, y así sucesivamente, y posiblemente no lleguéis a leerlo.

Esto podría ocurrir si yo fuera un maníaco perfeccionista, un perfeccionista patológico.

Afortunadamente no padezco ese mal, me gusta hacer las cosas lo mejor posible dadas las circunstancias del momento, me gusta poner atención a los detalles y que lo que hago tenga sentido y armonía, no me obsesiono con la perfección, por eso este post está escrito como está y podéis leerlo.

¿Existe la perfección? ¿La ha visto Usted? ¿Ha podido sentirla? ¿Puede describirla? ¿Cómo es? Ante preguntas como estas, cada persona responderá de diferente manera por la sencilla razón de que cada cual mide la perfección de diferente manera. Depende de las vivencias y experiencias particulares. Este párrafo forma parte de un reciente artículo de Luis Llorente en RRHHDigital.

En mi opinión la perfección forma parte de los males que aquejan a nuestra sociedad. Es un dictamen, un mandato cultural -y empresarial- por el cual se nos ha exigido buscarla sin descanso en la consideración de que siempre se puede mejorar más y más y más,….lo cual sólo genera ansiedad y frustración. La perfección total no existe, su búsqueda es un camino al infinito. Una trampa del capitalismo consumista que promete la perfección y la felicidad.

Sobre esta cuestión escribe con amplitud Gilles Lipovetsky. En su libro La sociedad de la decepción analiza las sociedades hipermodernas:  Aparecen como sociedades de inflación decepcionante. Cuando se promete la felicidad a todos y se anuncian placeres en cada esquina, la vida cotidiana es una dura prueba. Más aún cuando la «calidad de vida» en todos los ámbitos (pareja, sexualidad, alimentación, hábitat, entorno, ocio, etc.) es hoy el nuevo horizonte de espera de los individuos. ¿Cómo escapar a la escalada de la decepción en el momento del «cero defectos» generalizado? Cuanto más aumentan las exigencias de mayor bienestar y una vida mejor, más se ensanchan las arterias de la frustración. Los valores hedonistas, la superoferta, los ideales psicológicos, los ríos de información, todo esto ha dado lugar a un individuo más reflexivo, más exigente, pero también más propenso a sufrir decepciones. Después de las «culturas de la vergüenza» y de las «culturas de la culpa», como las que analizó Ruth Benedict, henos ahora en las culturas de la ansiedad, la frustración y el desengaño.

Ante esta cultura del cero defectos y búsqueda de la perfección, la persona perfeccionista nunca estará satisfecha, no parará en su empeño de buscar algo mejor, y al no lograrlo se frustrará y sufrirá.

Bien es cierto que podemos ir mejorando aquello que hacemos basándonos en los conocimientos y experiencias que vamos adquiriendo en el proceso, pero sin la pretensión de alcanzar la perfección, porque no existe. Además, éste empeño nos hará perder la atención en la armonía del conjunto y disfrutar del camino, de la elaboración de cualquier tarea que emprendamos.

La búsqueda de la perfección no sólo es una lucha interna, también lo es con quienes nos rodean. Se convierte en una obsesión, Llorente la define con acierto como trampa emocional. Para la persona con obsesión perfeccionista, siempre habrá algo mejor, lo que hace, siempre será mejorable, lo que tiene nunca será lo perfecto, las personas que le rodean siempre cometerán errores, serán inútiles, torpes, y querrá cambiarlas, al no conseguirlo sólo sentirá dolor y sufrimiento.

La perfección -como acción insistente y repetitiva- tiene una curiosa paradoja, puede producir parálisis. La persona perfeccionista entrará en un bucle cognitivo de  pensamiento y creencia de que aquello que hace se puede hacer mejor, repitiendo el proceso una y otra vez, y no avanzará.

Las personas perfeccionistas pueden querer ocultar con su auto exigencia y en su búsqueda de la perfección, su incapacidad para aceptarse tal como son, sus debilidades, sus limitaciones, su inseguridad, su insuficiencia ante sus retos, en definitiva, su vulnerabilidad. Y no es cosa baladí, porque la perfección patológica puede generar un sinfín de malestares emocionales, problemas de salud y de relación social, de tal manera que suelen verse atrapadas por comportamientos prepotentes y de desprecio a los demás, incluso pueden convertirse en personas agresivas.

Decepción, frustración, tristeza, rabia, estrés, ansiedad, culpa, vergüenza y miedo, son algunos de los estados emocionales escondidos en su trampa emocional.

La frustración debida a no conseguir la perfección puede estar provocada por la falta de adecuación de objetivos y expectativas, y a no contemplar la realidad temporal y del entorno. Es el camino “perfecto” (¿existe algún camino perfecto?) para la permanente queja y la desilusión.

¿Cómo poder evitar esa frustración y decepción? Con optimismo. Apoyarse en la autenticidad, en la humildad, en la constancia, y sobre todo, tratando de revisar y recalibrar los objetivos y expectativas. Con la idea de que para muchas situaciones y problemas de la vida no existe la solución ideal. Valorar lo que se tiene y lo que se hace, bien o mal.

Perfeccionista, disfruta de lo que haces, de lo que tienes, no busques la perfección, sí hacer lo que hagas lo mejor posible, dadas las circunstancias, de manera digna.

Bueno, como veréis, ni estas recomendaciones son perfectas, ni este post es perfecto, ni tiene por qué serlo.

Mendizale Eguna. Elkartasunean Mendia Bide

Afirmaba Gioconda Belli que “La solidaridad es la ternura de los pueblos” ¡Qué gran verdad! ¡Cuantas veces la he escuchado en boca de los Celtas Cortos.!

El viernes 4 de mayo se volvió a hacer realidad. La gente del Mendizale Eguna lo organizó en el Txoko Eutsuna donde más de 20 personas vivimos por un tiempo en baltí. Akhon Ishaq con sus confidencias, sus lecciones de vida y sus guisos lo hizo posible. Juanlu nos convocó: sus colegas engrandecen su figura recordándole año tras año desde hace catorce, su última cumbre.

Lo hicimos de otra manera. Akhon nos acercó Karakorum a Patxi Bengoa y Etxebarri se hizo Etxebaltí. A ocho mil kilómetros de distancia de la tierra de los ochomiles. Entre fogones, rompimos la barrera de la distancia y superamos “males de altura”. Disfrutamos de otras miradas sobre otras realidades, chapoteando entre chapati y gestos de ternura, entre solidaridad y arroz, aderezados con especias y cariño. Compartiendo relatos. Escuchando vivencias baltíes. Experiencias en primera persona entre grandes montañas en una tierra gigantes.

Hablamos de ascensiones en precario, y de la vida del porteador al servicio de expediciones -a veces- sin escrúpulos. De glaciares y de mitos ochomilescos. De relatos que dulcifican una realidad a veces cruel, y otras dramática. De peregrinar todos los días por más de una hora hasta escuelas sin profesorado en la esperanza de tener algún día clase. De lo que significa terminar la escolaridad sin saber escribir tu nombre. De lo difícil que es ser mujer donde serlo significa menor esperanza de vida, menos oportunidades de aprender, abandono escolar y matrimonio temprano.

Compartimos anécdotas y emociones mientras amasábamos harina de trigo. De la incredulidad general cuando se construyó la tubería que llevaría agua potable, por fin, a las casas de un Valle a 3.000m sobre el nivel del mar. “No les creáis -decían algunos-. Os quieren engañar. El río siempre ha bajado el agua desde la montaña. ¿Cuándo has visto que la suba?” De las ventajas de disponer de agua potable. Y de la pérdida de un espacio de libertad y confidencias para las mujeres como era la recogida de agua.

De la alegría primaveral porque las manos de las niñas y niños vuelven a su ser abandonando la roja hinchazón producto del frío invernal.

De valores de la montaña. De no abandonar a su suerte a quien te necesita, a pesar del instinto de supervivencia. Del dolor de perder amigos. De optimismo respecto al futuro, de fortalezas presentes, de la capacidad de sobreponerse.

Sobre la educación como palanca para el cambio y del cambio de la educación para transformar la sociedad. Sobre el empoderamiento de las mujeres del Valle.

Más tarde, ya entre arroces y pollo, nos asombramos con el 8 de marzo, cuando las mujeres del Valle se unieron a la movilización feminista global, celebrando por primera vez en su historia el día internacional de la mujer.

Y de la creación de la Asociación de Mujeres del Valle como instrumento para reivindicar sus derechos. Nos alegramos con las mujeres baltíes que comienzan a ocupar espacios e incorporarse a la vida pública

Mendizale Eguna. Sentitu Pentsatu Ekin. En la cabeza. Y en laspiernas. Para escalar. Y en las manos para luchar. Y en el corazón. La ternura de los pueblos …

Redes Sociales: emociones a flor de piel

A estas alturas de la película, parecería anacrónico preguntarnos qué son las redes sociales (social media). Pero, ¿sabemos realmente qué son, quién está detrás de ellas y de qué modo influyen en nuestro día a día?

Sabemos que son sitios o plataformas de internet que nos permiten conectarnos con amigos y familiares, entablar nuevas relaciones de un modo virtual y compartir e interactuar con todos ellos intercambiando información, datos y contenidos en diferentes formatos (texto, audio, fotografía, vídeo). También creamos comunidades sobre intereses comunes: trabajo, tiempo libre, lecturas, juegos, amistad, aficiones, relaciones amorosas, relaciones comerciales, etc.

Si nos detenemos un momento, podemos hacernos estas preguntas:

  • ¿Qué redes sociales uso?
  • ¿Qué comparto en las redes?
  • ¿Con quién?
  • ¿Para qué?
  • ¿Cuánto tiempo estoy conectado?

Una característica de estas herramientas de comunicación que las diferencia de las precedentes es su grado de transmisión de información de quien las utiliza. Si me acerco a un quiosco – especie en peligro de extinción – a comprar una revista, saludo a la persona encargada, elijo mi revista, la cojo, la pago, me despido, me la llevo y ya buscaré el momento para leerla. La persona que me la ha vendido me conocerá si soy cliente habitual o se olvidará de mí en breve. Y hasta ahí todo intercambio de información sobre mí.

Si leo la versión digital de esa misma publicación desde cualquier dispositivo con conexión a internet (teléfono inteligente, tablet, ordenador, etc.) estoy transmitiendo sin apenas darme cuenta quién soy, dónde vivo, dónde estudio o trabajo, dónde estoy, con quién, cómo voy, qué me gusta y qué no, a qué hora y qué leo, cuándo duermo, quiénes son mis amigos y familiares, cuál es mi orientación sexual, religiosa, política…

Habremos oído también hablar de Big Data. Big data (en español, grandes datos o grandes volúmenes de datos) es un término evolutivo que describe cualquier cantidad voluminosa de datos estructurados, semiestructurados y no estructurados que tienen el potencial de ser extraídos para obtener información.

Todos estos datos se:

  • Capturan. A través de Móviles, páginas Web, Wi-Fi, Bluetooth, GPS, Smart TV, cámaras de vigilancia de tiendas, bancos, en la calle…
  • Transforman. A través de Plataformas que organizan la información: extraer, transformar y cargar (ETL – Extract, Transform, and Load)
  • Almacenan: en gigantescas Bases de Datos
  • Analizan. Asociación y combinación de datos
  • Visualizan. A través de mapas ordenados y perfectamente clasificados según los criterios que se deseen aplicar

Son innegables y obvios los usos positivos que se pueden dar en beneficio de la población, el progreso y el bienestar a esa ingente acumulación de información. En el campo de la investigación: medicina, ciencia espacial, todo tipo de tecnologías, maquinaria, medio ambiente, y en el ámbito comercial, con publicidad y marketing a la carta, ajustada a nuestras necesidades y posibilidades. Pero no podemos pasar por alto que, como en otros ámbitos, los amigos de lo ajeno, delincuentes, piratas informáticos – hackers – , grupos de poder, grupos de influencia anónimos (= manipuladores de opinión: noticias falsas – fake news , cadenas xenófobas o discriminatorias de minorías, etc.), pederastas, proxenetas, traficantes de personas, drogas y armas, etc., también se frotan las manos con las posibilidades que les brinda esta acumulación de datos.

Recientemente, las noticias se han hecho eco del escándalo protagonizado por Facebook y la transferencia ilegal (¿vendidos?) de datos de más de 50 millones de sus usuarios a la consultora Cambridge Analytica, que posteriormente fueron utilizados (¿vendidos?) para uso del actual inquilino de la Casa Blanca en su campaña presidencial, y durante la campaña del referéndum del Brexit británico: publicidad política a la carta (¿manipulación?). Anteriormente, en 2015, también se había dicho que Barack Obama había hecho uso de este tipo de datos en su campaña electoral.

En lo tocante a la difusión de rumores, noticas falsas (fake news) y cadenas de todo tipo para manipular la opinión pública es flagrante la utilización torticera de la información para incidir directamente en nuestras emociones, comenzando por la sorpresa, para después hacerlo sobre todo en las denominadas como negativas: tristeza, miedo, asco e ira.

En el mensaje que el Papa Francisco ha preparado para la 52 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebrará el próximo 13 de mayo, titulado “«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32). Fake news y periodismo de paz”, reflexiona sobre estos temas y recalca que la tergiversación de la verdad no es un fenómeno moderno. Es tan antigua como la propia humanidad. Han cambiado las formas y los medios, pero la responsabilidad no deja de ser individual. La alteración intencionada de la verdad, la transmisión de medias verdades, mentiras disfrazadas de verdades, o el uso injusto de la misma constituyen la esencia fundamental de este modelo de manipulación.

Los efectos que provocan en nosotros, y que nos pueden ayudar a intuir o detectar si nos encontramos frente a una noticia falsa, son siempre negativos: ansiedad, odio, hostilidad, discordia, división, guerra…

Tomar algunas medidas preventivas podría ayudarnos a no dejarnos avasallar por manipuladores externos. Entre otras:

  • Cuidado con lo que publicamos
  • Cuidado con nuestra privacidad
  • Cuidado con los permisos de las aplicaciones
  • Cuidado con los virus
  • Cuidado con nuestra identidad digital
  • Actuación frente a los acosadores

(Para más información a este respecto, es aconsejable visitar la web de la Oficina de Seguridad del Internauta).

Utilicemos con libertad las nuevas tecnologías, sin miedos pero con precaución, y asumamos nuestra responsabilidad personal en el uso de las mismas. Seguramente, a través del conocimiento y la especialización en el manejo de estas herramientas, también podremos contribuir a la creación de un mundo mejor.

¡Tropezar no es malo! ¡Y caer no es peor!

El pasado 24 de abril di una charla para el AMPA de un colegio que llevaba por título el que encabeza esta entrada. El mensaje central de la misma fue que no hay que tener miedo al error, al fracaso, ya que es lo que nos hace crecer y fortalecernos. Hay que aprender de los errores y de la frustración que nos genera no conseguir algo a la primera o tras varios intentos. Así se trabaja la resiliencia, la capacidad de salir reforzado de las dificultades.

Preparando la charla me encontré con un titular que da qué pensar: “Si su hijo pertenece a la Generación F (de flojos), la culpa es de usted”. Muchas veces los padres y madres sobreprotegemos a nuestros hijos e hijas, queremos evitarles sufrimientos y lo que les estamos haciendo es impacientes, intolerantes, poco flexibles, tendentes a la radicalidad, con baja tolerancia a la frustración… Les mantenemos dentro de una burbuja de cuidados que es irreal y puede ser dañina. Lejos de prepararles para el mundo les hacemos creer que son tan especiales que son muy frágiles. Muchos se sienten y actúan como si fueran el ‘centro del universo’. Es muy buena una parodia que hay en la red de una entrevista de trabajo a una millenial.

En el portal Faros dan algunas pautas que aquí releemos para desarrollar el hábito, la actitud, de tolerar la frustración que es como un músculo, se desarrolla con el ejercicio:

  • Dar ejemplo. Nuestros hijos e hijas aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos. Si nosotros actuamos con impaciencia o intolerancia ¿qué podemos esperar?
  • No darles todo hecho. Muchas veces es más fácil y rápido darles las cosas hechas pero así no les dejamos aprender. A mí me suele gustar decir que no hay otra forma de aprender responsabilidad que en la práctica. Libertad y responsabilidad son las dos caras de la misma moneda.
  • Educarles en la cultura del esfuerzo. Valoramos más aquello que nos ha supuesto un esfuerzo, aquello que hemos ‘sudado’. Cuando las cosas nos vienen dadas, ‘regaladas’, no siempre valoramos lo que suponen.
  • No excusarles permanentemente. Recuerdo que cuando mis hijos eran más pequeños en más de una ocasión me han pedido que les hiciera un justificante por una falta o por una tarea no realizada. En eso he solido ser tajante: “No, es tu responsabilidad y eso supone que tú respondes de ello. Si no has hecho/ido, asume las consecuencias. Como dice la canción: Acción, reacción, repercusión”.
  • No ceder ante sus rabietas. Ceder a una rabieta supone que el niño o niña te ha ganado la partida, y no es un buen aprendizaje sobre cómo se logran las cosas. No puedo evitar acordarme del genial anuncio de Vicks
  • Marcarles objetivos realistas y razonables. Los logros van generando confianza y seguridad en uno mismo. Por eso es importante que fijemos objetivos adaptados a la capacidad y madurez de nuestros hijos e hijas.
  • Convertir la frustración en aprendizaje. No hay emociones buenas o malas, todas nos dan una información importante para nuestro aprendizaje y crecimiento.
  • Enseñarles a ser perseverantes. La perseverancia es una gran virtud que forja carácter. Yo tengo una lema para mí que da nombre a mi blog personal, “Querer es Poder, Creer es crear”. Hay que tropezar y levantarse muchas veces para hacer algunos aprendizajes fundamentales.
  • Enseñar a identificar el sentimiento de frustración cuando aparezca. La clave de la inteligencia emocional, parafraseando a Mayer y Salovey, está en Identificar, Comprender, Usar y Regular las emociones propias y ajenas.
  • Enseñar al niño cuándo debe pedir ayuda. Es muy bueno hacer las cosas por uno mismo, ser autónomo; pero también es muy importante saber cuándo pedir ayuda porque nosotros solos no podemos enfrentar una situación o problema.
  • Enseñarle técnicas de relajación. Saber acallar el cuerpo y la mente es de gran ayuda cuando nos encontramos ante una situación adversa. Nos ayuda a pensar y actuar con mucha más claridad y serenidad.

Como educadores el gran legado que podemos dejar a nuestros hijos e hijas son raíces y alas. Nuestro amor incondicional y los valores que les transmitamos les servirán de ancla pero sin expandir sus alas no podrán seguir su propio camino.

Para terminar un extracto de una conferencia de Carles Capdevilla en el que nos habla de Educar con cinco sentidos (1. Sentido común; 2. Sentido del ridículo; 3. Sentido del deber / responsabilidad; 4. Sentido moral y 5. Sentido del humor).

 

¿A dónde te llevan tus emociones?

Elsa Sunset, navegantes emocionales

Todos somos navegantes emocionales querámoslo o no. Conocer la emociones es básico y por eso hemos dedicado muchas páginas a emociones como el asco, la culpa, el amor o el aburrimiento. Y siendo todo lo que tiene que ver con la alfabetización emocional muy relevante me temo que no es más que el comienzo del viaje. Esta capacidad de nombrar y de identificar las emociones es un primer acercamiento. Reconocerlas en nosotros y en los demás se me antoja un conocimiento mínimo necesario para poder aventurarse a navegar por el océano de la emocionalidad. La mayor parte de los esfuerzos educativos en niños están orientados a este conocimiento que se convierte en destreza cuando uno es capaz de aplicárselo a uno mismo o a su relación con los demás.

 

Atentos a la intención.

Menos frecuente pero no por ello menos importante es observar la trayectoria que nos marcan nuestras emociones. Porque efectivamente si las emociones nos mueven quiere decir que nos empujan hacia alguna dirección en concreto y, sobre todo, con alguna “intención” en particular. Busquemos algún ejemplo. ¿A donde me dirige la tristeza o el miedo? Son varios los destinos posibles y cada uno de ellos tiene una serie de implicaciones que debemos conocer para poder gestionar nuestra respuesta emocional. Siguiendo con el ejemplo, la tristeza puede dirigirnos al aislamiento, a la inactividad, a la apreciación de lo perdido, a la desmotivación, al dolor o a la frustración, o a una combinación de varias de ellas. El miedo también puede empujarnos a lugares como la huida, la defensa, la incapacidad o el combate. Es clave estar atentos a las intenciones de nuestras emociones y, desde esa observación, preguntarnos si es un lugar que nos conviene. Podemos permitirnos que nos guíen, a veces no nos queda otra opción, y es que atienden a parte de nuestras necesidades pero, cuidado, siempre desde la inteligencia de gestionar la situación desde lo que más saludable nos resulte.

 

Navegar emociones.

En una tormenta de miedo debemos tener en cuenta mucho más que nuestra emoción. Debemos calibrar la fuerza de lo que nos lo origina, así como verificar que sea real. Además tenemos que completar el mapa emocional con otras emociones que estén en el mismo plano situacional, puesto que tal vez además de miedo tengamos ilusión, culpa o frustración que sumen o resten energía a la emoción principal que protagoniza la escena.

Todo esto nos lleva a describir nuestro papel ante las olas emocionales como el de un navegante que debe conocer la dirección de las corrientes y la fuerza del viento para poder realizar una navegación eficaz que nos permita llegar a los puertos deseados. Es una bonita imagen de lo que es la inteligencia emocional, ese arte de saber cuando dejarse llevar y cuando cambiar el rumbo, esa capacidad de usar la energía emocional para alcanzar nuestros objetivos, los de las personas con las que convivimos y las de las organizaciones en las que participamos.

 

La transformación de las emociones.

El sentido saludable de la gestión emocional es el del ajuste que a veces puede requerir la transformación de la emoción en favor del bienestar propio y/o colectivo. Tenemos el derecho a enfadarnos, a sentir ira e indignación, y con ello a gritar, protestar. ¿Pero cuánto tiempo es adecuado mantenerse en esa emoción? La inteligencia debe ayudarnos a encontrar un conjunto de respuestas ante una situación emocional. La primera respuesta emocional suele ser intensa e inmediata pero somos nosotros quienes debemos generar respuestas alternativas. Mi indignación me puede llevar a gritar a los cuatro vientos la injusticia que observo pero puedo complementar esa acción con un compromiso para cambiar esa situación que me indigna. Ese esfuerzo de navegante permite distribuir de diferente modo mi respuesta emocional incluyendo cierta satisfacción por contribuir a cambiar las circunstancias que originaron mi enfado. Bueno, también puedo considerar que es saludable pasarme indignado el resto de mi vida afónico de tanto gritar…

Asco moral

Hoy nos visita nuevamente el Asco, pero en esta ocasión en su faceta de Asco Moral. Como en el post anterior, lo haré a partir de la narración de Aurel Kolnai y presentaré algunas de las múltiples versiones que presenta el asco.

Pero antes de proseguir plantearé la siguiente pregunta que se incluye en El Blog de FOROTOC, Un espacio para tratar el Trastorno Obsesivo Compulsivo. ¿Por qué se ha tardado tanto en poner la atención al Asco? Es curioso, porque del análisis exhaustivo que hicieron B. Olatunji y D. McKay (en su libro El asco y sus trastornos), no ha existido ningún artículo de referencia hasta los años 90 hablando específicamente sobre el asco; mientras que otras variedades de emoción, como la ansiedad, la felicidad o la ira, se pueden contar a centenas.

Ellos plantean 4 razones básicas:

  1. Porque nunca se le ha visto interés alguno y el tiempo se ha dedicado en otros temas más destacables y perturbadores (como el miedo).
  2. Porque se veía difícil de observar y estudiar en laboratorio.
  3. Porque siempre se ha asociado a unos comportamientos demasiado específicos (como el comer) y precisamente el tema de la comida ha estado muy apartado hasta hace relativamente poco tiempo.
  4. Quizá la más interesante de todas las razones: Porque a los investigadores les da asco tratar sobre el asco. Una conducta evitativa a gran escala.

 

En esta línea de emoción evitada y olvidada, se expresaba con acierto nuestro amigo Iñaki Pérez, allá por 2015 en un post  de este mismo blog  “Me tenéis olvidada, …”

Por otra parte, parece ser que el primer libro tratando sobre el asco específicamente, fue creado por William Ian Miller en 1997: Anatomía del Asco.  William Miller se embarca en un viaje fascinante al mundo de la repugnancia, mostrando cómo aporta orden y significado a nuestras vidas, incluso cuando nos horroriza y nos rebela nuestra noción del yo, íntimamente dependiente de nuestra respuesta a las excreciones y secreciones de nuestros cuerpos.

Y es precisamente en el cuerpo donde residen algunos ascos, como el asco al “hombre musculoso”, a la brutalidad, esa energía corporal de carácter agresivo, violentador e incitador, que son cualidades indispensables para la producción del asco. Muchas personas considerarán estas imágenes como asquerosas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para Colin MacGinn (El significado del asco), al sentir asco hacia nosotros mismos como especie, nos situamos ante un tenso dilema emocional: nos admiramos por nuestros logros, pero también experimentamos un sentimiento de repulsión hacia nuestra necesaria naturaleza orgánica.

Y qué diremos del asco a la sexualidad desordenada, en palabras de Kolnai, se trata de una vitalidad que hierve y arde en sí misma, tanto como irrefrenable impulso sexual, como asquerosa atracción y excitación sexual.

Y de esta manera, fruto de la cultura, algo de carácter natural, lo convertimos en asquerosidad moral. Cuántas veces habremos oído en palabras de personas allegadas ante la visión de pornografía, o en cualquier charla o explicación sobre sexo, aquello de ¡qué asco, por favor!

Esta perspectiva cultural de las emociones, que está presente en las corrientes teóricas de la sociología de las emociones (véase Arlie R. Hochschild), aboga porque unos de los orígenes de las emociones está en la cultura y socialización de los sujetos.

En este línea, Iñaki Pérez en “Me tenéis olvidada”, cita a Rozin y Fallon quienes califican al asco como “la emoción de la civilización”, por la adquisición de emociones y valores motivados por la cultura y la historia social.

También es cultural un asco mayor y específico que sentimos hacia el incesto entre hermanos. Y aquí, Kolnai introduce un elemento clave, la cuestión ética de cuándo debe ser concebido un comportamiento como moralmente malo, o al menos desordenado, ante el que se siente asco, la sexualidad perversa, poligámica, que se presenta como hostil a la vida con presencia de amoralidad sexual. Se trata de un exceso de vida desordenada, algo sucio, húmedo, espumoso, insano.

De aquí la aparición del asco ante la inmoralidad en tanto que ésta se nos presenta como ensuciamiento de la vida y de los valores. En esta suciedad asquerosa de los valores, aparece otra de las facetas del asco, la mentira.

Asco, aversión que nos estremece al comprobar algo mentiroso. La mentira es hostil. Cuando sabemos, escuchamos alguna declaración que percibimos como deliberadamente falsa, entra en juego la asquerosidad de la mentira, que contempla agresividad oculta, escurridiza. Metafóricamente, aquel que miente es etiquetado como culebra, gusano, lombriz.

 Mentir es asqueroso, sí, pero más asqueroso es engañar mediante la falsa presentación de verdaderos valores, los cuáles sirven de máscaras para encubrir el interés del dinero, u otros intereses partidistas. Un hecho con una especial suciedad que presenta una Imagen pastosa, podrida, que se introduce corrosivamente.

De este modo, damos entrada a un hecho social de especial asquerosidad a la que parece que nos estamos acostumbrando. La mentira da paso a la corrupción.

 En estos tiempos que nos ha tocado vivir no podría faltar en una conversación asquerosa. La corrupción no sólo es algo que la humanidad considera sucio, por tanto, asqueroso, porque falsea los valores más altos. La corrupción también tiene connotaciones de infidelidad y de traición, algo que es realmente asqueroso.

Un aspecto especial de la corrupción es que desaloja, sustituye altos valores como la honradez, la honestidad, el bien público, la confianza y la convicción y muestra un característico brillo de putrefacción.

En este sentido, para Kolnai es digno de mencionar a la falta de nobleza, a la “vitalidad de la grosería” sin límites ni ideales. En la corrupción el único ideal es el dinero, fruto de la avaricia y la codicia, emociones que también presentan rasgos asquerosos.

Unida a la asquerosidad moral de la mentira y la corrupción, aparece la asquerosidad de la blandura moral, de la flaqueza de carácter, de la incapacidad de voluntad firme, de perseverancia o de tomar posición ante las injusticias. Todo lo cual puede ser fruto de la indolencia y de todo aquello que muestra falta de solidez moral.

Kolnai nos habla de la función ética del asco, el papel del asco en la repulsa moral, el asco alude a lo malo, señala la presencia de una cualidad especial, lo inmoral, lo pútrido moral.  La putrefacción moral ataca a lo más íntimo, a lo más valioso de la persona y lo hace brillar en un moho espumoso, un brillo especial del que se suelen envolver aquellos que tienen algo de encantador y atrayente y con el cual son capaces de engañar asquerosamente.

Otro aspecto interesante que subraya Kolnai es que el asco no debe fundamentar ninguna intención de destrucción contra el objeto (o sujeto) asqueroso, el asco no debe decir: eso hay que destruirlo. Eso sería que el asco por sí solo determina nuestra postura frente al objeto, el asco no debe apagar el amor hacia una persona o hacia los objetos de representación cultural, lo cual indicaría la estupidez naturalista inmoral, prejuicios, fanatismos, etc.

El asco moral tiene que ver con un asco invisible, un asco diseñado a medida por nuestros pensamientos, creencias y convenciones sociales. El ejemplo más clásico es el rechazo que provoca a la mayoría de la gente vestirse voluntariamente una prenda de una persona odiada. En este caso, ya no solo es un problema de contagio por riesgo de contaminación de gérmenes, sino de contagio de “valores morales”. Unos ¿valores? de los que no queremos contagiarnos por pútridos.

Ahora bien, ni el olor a carroña se transforma de repente en olor agradable, ni se transforma lo asqueroso en algo atractivo. Por eso, el asco no debe considerarse como un extravío de la vida humana, es una emoción legítima, útil, llena de sentido, pero no debemos darle paso libre de forma incontrolada, porque puede obstruir el camino a muchas cosas de valor en la vida e impedirnos hacer cosas nobles, el asco, en palabras de Kolnai, necesita examen y pulimento.

Con ello, Kolnai nos quiere decir que el asco hay que aceptarlo como a todas las emociones, puesto que también nos ayuda, pero regulado, manejado de manera adecuada e inteligente.

Termino esta serie asquerosa con fragmentos de un poema de Franz Werfel, que Kolnai incluye en el texto, muy apropiado, que sirve de metáfora a tanta y tanta putrefacción moral a la que asistimos en los últimos tiempos.

Espantosa, enmarañada, delante de nosotros, fluía

una corriente de carroña, sobre la cual brillaba el sol.

Me llamé amor, y ahora me ataca también

este vómito ante la ley más asquerosa

Se inclinó furioso y hundió

Las manos en los insectos de la corrupción;

y, ¡ay!, de rosas un olor, un profundo olor,

se levantó de la blancura.

MÁS Y MEJORES “NUDGES”

El 20 de abril (¿recuerdos de Celtas Cortos?) tenemos una cita con nuestra tertulia emocional. En esta ocasión, girará sobre un clásico de la economía conductual y la política de las últimas décadas: “Un pequeño empujón: el impulso que necesitas para tomar mejores decisiones sobre salud, dinero y felicidad” de Cass R. Sunstein & Richars H. Thaler (Taurus 2017). Pretencioso título incluso para el Nobel de Economía 2017.

Dos son -en esencia- las ideas principales de este libro.

La primera es que características en apariencia insignificantes de las situaciones sociales pueden tener un efecto decisivo en la conducta de las personas. Por todas las partes hay “nudges”aunque no los veamos.

Nudge es un término inglés que significa “empujar suavemente a fin de avisar, recordar o amonestar suavemente a otro”. Es decir, estimular, incentivar o encaminar en la toma de decisiones.

La creencia de que es posible evitar influir en las decisiones de la gente es una equivocación. No existe el diseño neutral. Organicemos como organicemos el contexto condicionamos las decisiones de los demás. Un ejemplo de nudge tan escatológico como efectivo citado en el libro: ese moscardón que habita en los urinarios de muchos lugares públicos y que según Aas Kieboom mejora la punteríareduciendo en un 80% las salpicaduras.

La arquitectura de las decisiones es ubicua e inevitable y afecta a nuestra conducta. Nos condiciona, queriendo y sin querer.

Según Sunstein y Thaler, la creencia de que las personas elegimos lo que es mejor para nosotras o -al menos- mejor que si eligieran otras en nuestro lugar, es falsa. Tomamos buenas decisiones en contextos en los que tenemos experiencia, cuando disponemos de buena información y obtenemos un feed back rápido. Sin embargo, cuando tenemos escasa experiencia, insuficiente información en un contexto de feed back lento las decisiones son menos buenas. Imaginemos el resultado de jugar al paddle -por primera vez- con tapones en los oídos y antifaz. Un desastre. Sin feed back (informativo, motivacional, reforzante) es difícil mejorar y aprender.

En estos contextos no familiares y complejos, el “paternalismo libertario” adquiere sentido –según sus autores-. No se trata de un oxímoron. Paternalismo -para ellos- no es sinónimo de coerción. Las arquitectas y arquitectos de las decisiones pueden mantener la libertad de elección al tiempo que encaminan a las personas en direcciones que mejorarán su vida.

Paternalismo libertario, es un tipo de paternalismo relativamente débil y blando, y que no supone una intromisión porque las opciones no se bloquean ni se eliminan. Se trata de facilitar a las personas que sigan su propio camino. Orientar sus decisiones en direcciones que mejoren sus vidas.

Quienes rechazan el paternalismo sostienen que los seres humanos adoptamos magníficas y no magníficas decisiones, desde luego mejores que las que tomaría cualquier otro por nosotros. Muchas personas parecen suscribir el concepto de “homo economicus” (econs): la idea de que cada uno de nosotros siempre piensa y escoge bien. Pero la gente que conocemos -conjuguemos en primera persona del plural- no somos así. Somos simplemente humanos por lo que quienes diseñan deberían hacer las cosas tan fáciles como fuera posible.

Si influimos en las decisiones de los demás, si formamos parte de la arquitectura de sus decisiones, conviene que comprendamos su conducta. Podemos estimular para modificar la conducta de manera predecible sin prohibir ninguna opción ni cambiar de forma significativa sus incentivos económicos, mejorando su bienestar. Pongamos más nudges en nuestra compleja aquitectura decisional.

Tres cuentos

He de admitir, y no me duelen prendas en decirlo, que a mi edad me siguen gustando los cuentos. La fantasía es algo mágico que activa poderosamente la imaginación y la hace volar hasta horizontes desconocidos. Me siento afortunado al constatar que aún reconozco y dejo hacer al niño que vive en mí y la lectura y disfrute de cuentos y aventuras nutren y mantienen vivo a ese niño. Sin embargo, la realidad circundante, próxima y lejana, a veces – demasiadas –  ensombrece la alegría de ese perenne infante haciendo que su ingenuidad y credulidad se tambaleen. Es el momento en el que el adulto debe poner pie en tierra y, sin renunciar a sus ideales, ponerse manos a la obra y trabajar en y por aquello en lo que cree.

Desde que se tiene conocimiento de su existencia, los cuentos de nuestra cultura occidental, primero transmitidos oralmente y posteriormente recogidos de forma escrita, pretendieron dar cuenta de la explicación de los mitos del mundo grecolatino y las tribus “bárbaras” (las minorías que no pertenecían al “sistema”) del continente europeo, sus habitantes, su historia y la de la sociedad en la que vivían, los distintos grupos sociales, sus viajes, sus trabajos, sus anhelos, etc. En Asia, Oceanía, África y América, con distintos enfoques pero de manera análoga, los cuentos comparten históricamente este carácter didáctico y mágico. Han sido y son, por tanto, una constante en el desarrollo cultural de la humanidad.

Traigo hoy aquí tres cuentos contemporáneos: uno de finales del siglo XX y dos de principios del XXI:

  • ¿Quién se ha llevado mi queso?: una Manera Sorprendente de Afrontar el Cambio en el Trabajo y en la Vida Privada, Johnson, Spencer. Empresa XXI, 1998 [(Título original: Who Moved My Cheese?: an Amazing Way to Deal with Change in Your Work and in Your Life, Johnson, Spencer. Putnam Adult, 1998). El autor falleció a los 78 años el 3 de julio de 2017. 28 millones de copias vendidas desde su publicación en 1998].
  • La Buena Suerte. Claves de la prosperidad. Rovira Celma, Álex; Trías de Bes Mingot, Fernando. Empresa Activa, 2004; Ediciones Urano S. A., 2016. (Traducido a 45 idiomas y cerca de cuatro millones de ejemplares vendidos en todo el mundo desde su publicación en 2004) y
  • Los siete poderes. Un viaje a la tierra del destino (Un relato sobre las actitudes clave para la buena suerte). Rovira Celma, Álex. Empresa Activa, 2006; Álex Rovira, 2016. (Más de 400.000 ejemplares vendidos desde su aparición en 2006).

Enmarcados en lo que ha venido en llamarse “libros de autoayuda” y promovidos inicialmente para el desarrollo empresarial, están sin embargo en plena sintonía con la teoría y terapia psicológicas del Dr. Viktor Frankl a partir de su obra El hombre en busca de sentido: la logoterapia (ver entrevista al Dr. Frankl: El sentido de la vida). En estos cuentos, como en los clásicos, encontramos seres humanos que interactúan con personajes extrahumanos y que enfrentan distintas situaciones: cómo encarar el cambio, cuál es la diferencia entre la suerte y la Buena Suerte y, finalmente, qué actitudes ayudan a afrontar la vida y sus circunstancias. El común denominador de los tres lo expresa Frankl magistralmente ya en 1959:

“Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino” (Frankl, Viktor. El hombre en busca de sentido. Ed. Herder, 1991, p. 42). (Ver también las entradas de Maribel Navascués, Adriana Gabriela Racca, parte Iparte II, y Arantza Echaniz Barrondo).

Siempre podemos dar un sentido a nuestra vida, independientemente de las circunstancias en las que nos encontremos, y esta búsqueda de significado se convertirá en nuestra principal motivación vital. Además, siempre podremos decidir con qué actitud enfrentarnos a la adversidad y ejercer de este modo ese cierto grado de libertad que nos diferencia de otros seres vivos.

En la fábula ¿Quién se ha llevado mi queso? se plantea la irrefutable realidad de que el cambio es un hecho y sucederá nos pongamos como nos pongamos. La actitud que adoptemos frente al mismo es lo que determinará nuestro presente y nuestro futuro. Johnson da algunas orientaciones: preverlo, controlarlo, adaptarnos a él rápidamente, cambiar con él, disfrutar con él… y saber que, inexorablemente, volverá a presentarse tarde o temprano, por lo que habrá que volver a empezar. Los cuatro protagonistas, dos ratones y dos liliputienses, personificarán otras tantas formas de afrontar el cambio, otras tantas actitudes vitales, y las consecuencias que sus acciones tendrán para cada uno.

Rovira y Trías de Bes narran la aventura de dos caballeros en el Bosque Encantado en busca del Trébol Mágico, un trébol de cuatro hojas que dará a su poseedor un poder único: la suerte sin límites. Ambos personajes persiguen lo mismo e interactúan uno tras otro con los mismos mágicos habitantes del bosque. Sin embargo, lo que marcará la diferencia entre ellos será su actitud. Los corolarios que nos van dejando a lo largo del texto los autores hacen referencia a que la Buena Suerte no depende del azar, no es una lotería, hay que crearla. Pero antes, hay que ser resolutivos y proactivos, es decir, estar decididos y querer ir a buscarla. Para ello, no se puede hacer lo que se ha hecho siempre, sino crear nuevas circunstancias: “locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes” [frase erróneamente atribuida a Albert Einstein, posiblemente de Rita Mae Brown]. Y crearlas también para otros, no solamente para el propio beneficio. ¿Cuándo? ¡Hoy mismo, ya! Pero sin prisas, sin pretender resultados inminentes. Es una carrera de fondo, en la que la confianza, la resistencia, la perseverancia y la fe se hacen imprescindibles. Permanecer en esta carrera y llegar hasta la meta dependerán fundamentalmente de la actitud individual.

Los siete poderes presenta la travesía de un joven caballero hacia la Tierra del Destino, para cumplir una misión que por propia decisión ha prometido a su Rey, enfrentando desafíos que pondrán a prueba todas y cada una de sus capacidades y descubriendo que solamente usando la fuerza de su actitud podrá superarlos.

Rovira teje de manera extraordinaria el tapiz de la narración subrayando los siete nudos que lo configuran: El coraje, que no anula el miedo, sino que anima la conciencia de que hay algo por lo que merece la pena correr riesgos. La responsabilidad, que es esa capacidad para hacer lo que hay que hacer independientemente de las circunstancias en las que nos encontremos. El propósito, que es voluntad y entrega. La humildad, del latín “humilitas”, que significa “pegado a la tierra”: una virtud del ser humano para reconocer sus limitaciones y sus fortalezas y ponerlas al servicio del bien de los demás sin jactarse de ello. La confianza que nos permite asumir retos aparentemente imposibles y superarlos. El amor, el mayor de los poderes (… y del que) nacen todos los demás, que se manifiesta en la acción conjunta de las personas que combinan sus talentos para hacer que los sueños individuales y colectivos se hagan realidad en pos del bien común. Y la unión (que “hace la fuerza”) y la cooperación (que promueve el progreso y la prosperidad).

Al comienzo de esta entrada hablaba de cómo la realidad circundante, próxima y lejana, desmotiva y desmorona al niño que llevo dentro. Para demasiadas personas, lamentablemente, este derrumbamiento no es de su niño interior, sino el día a día de su existencia: personas desempleadas, víctimas de todo tipo de violencia, enfermas, separadas, migrantes, explotadas; hombres y mujeres de todas las edades huyendo de la guerra y de la miseria. Espero y deseo poder aportar un granito de arena para afrontar individualmente esa compleja aventura que es vivir. Recomiendo encarecidamente para ello la lectura de las cuatro obras citadas: los tres cuentos y la obra del Dr. Frankl.

¡Ánimo!

Y para terminar con una sonrisa, pero con una gran dosis de realismo: ¿Cómo cambiar tu vida? – Odin Dupeyron- A vivir [Extracto. Entrevista completa (merece la pena): https://youtu.be/uHVAuQ9jXJc]

¿Ángeles? ¿Demonios?

Me gusta mucho la obra de Escher que abre esta entrada. Encierra un gran simbolismo ¿Son ángeles o demonios? ¿Qué veo con mayor facilidad? Todo el espacio está cubierto tanto con unos como con otros; el límite de unos define los otros. Hay un tema al que le doy muchas vueltas, el de la maldad. Aparece de forma recurrente en las clases de Ética cívica y profesional que imparto. Recientemente he visto, por recomendación de una alumna, la serie de cuatro episodios del programa Tabú de Jon Sistiaga sobre la maldad. Se muestran sucesos de gran crueldad y se entrevistan a algunos de sus protagonistas. Son muy recomendables aunque he de reconocer que me han dejado un sabor de boca amargo… El ser humano es capaz de los mayores actos de bondad pero también de grandes maldades, y en ocasiones sin ningún atisbo de culpa. Y eso es inquietante…

Reproduzco aquí parte del testimonio de Miriam Lewin, superviviente de la ESMA (Escuela Mecánica de la Armada, que funcionó durante la última dictadura cívico-militar argentina –entre 1976 y 1983- como centro clandestino de detención, tortura y exterminio):

Jon Sistiaga – “¿Para ti la maldad es algo en lo que cualquiera de nosotros puede caer? Y peor ¿Es algo de lo que cualquiera de nosotros puede salir?

Miriam Lewin –  “A mí me pasó algo tremendo cuando fui liberada. Y digo liberada porque mucho tiempo después recién pude, como decía una compañera sobreviviente,  sacarme la capucha, ser realmente libre. Estar en el subterráneo en Buenos Aires mirar a los ojos a la gente y decir: ¿quién de todos estos será capaz de torturar? Y si me preguntás yo creo sinceramente que una buena parte de nosotros puede”.

Resulta perturbador pensar que cualquiera puede hacer daño. Pero eso no puede hacernos pensar que existe un gen de la maldad, que hay un determinismo. Existen perfiles de personalidad que parecen más proclives a actos de maldad y crueldad, como puede ser el que viene determinado por la triada oscura (o personalidad Tríope), aquel que combina maquiavelismo (visión calculadora, utilitarista de las relaciones), narcisismo (“personas egoístas, con un sentido egocéntrico del derecho y con una autoimagen positiva, aunque poco realista”) y psicopatía (personas hábiles para meterse en la piel de los demás, lo que hacen para sus propios intereses sin ninguna conciencia). Personas con esta triada oscura en su versión más extrema pueden llegar a convertirse en despiadados criminales; pero también se puede dar en versiones subclínicas, personas integradas que no cometen crímenes pero pueden causar mucho dolor.

Hace diez años escribí una entrada sobre este tema que titulé ¿Héroes o villanos?. Mantengo y me reafirmo en lo que allí decía. “Hay que trabajar desde todos los ámbitos en dos vías: 1) la capacidad de empatía y 2) la sensibilidad ética. Si perdemos o no tenemos suficientemente desarrollada la capacidad de empatía no podemos descubrir el rostro del otro, no vamos a ser capaces de ver en el otro una persona merecedora de respeto y acreedora de dignidad. Si yo descubro el rostro del otro difícilmente me voy a poder abstraer de su dolor y sufrimiento. Yo no puedo maltratar al otro si le veo como una persona que sufre y siente como yo. Y en cuanto a la sensibilidad ética, creo que es fundamental trabajar este aspecto para que a la hora de tomar decisiones y actuar nos preguntemos por la bondad o maldad de nuestras acciones, por cuál es la acción correcta. Muchas veces ni siquiera caemos en la cuenta de que algo está mal porque ni siquiera nos lo hemos planteado”.  A día de hoy añadiría un ingrediente: generar entornos, sociedades, en los que predominen valores positivos: el cumplimiento de las normas, la cooperación, la ciudadanía… Adolf Tobeña, Catedrático de Psiquiatría, habla de que en una sociedad entorno a un 5% de personas se dedican a hacer el mal sistemáticamente; entorno a un 20% no necesitan normas ni ojos que les vigilen; y el 75% restante hace en función de lo que ve, de lo que predomina [para ver el testimonio de este autor y otros expertos en el extracto que he realizado del programa de Jon Sistiaga, pincha aquí]. La educación emocional puede ayudar a desarrollar estos entornos positivos y hacer que las personas elijan teniendo en cuenta tanto la parte emocional como la racional.

Me resisto a quedarme con la banalidad del mal, frase acuñada por la filósofa Hannah Arendt. Prefiero cantar con Rozalén por todos los hombres y mujeres buenos… Me hace mantener la esperanza saber que hay personas que eligen ser ángeles porque no me vale el pseudoargumento, la difusión de la responsabilidad, “todos lo hacen, es lo normal”…

“Y el mundo está lleno de mujeres y hombres buenos.

Así que le canto a los valientes.

Que llevan por bandera la verdad.

A quienes son capaces de sentirse en la piel de los demás.

Los que no participan de las injusticias.

No miran a otro lado.

(…)

No le dedicaré más tiempo pues el mundo está lleno de mujeres y hombres buenos.

Así que le canto a los coherentes.

A los humildes que buscan la paz.

A los seres sensibles que cuidan de otros seres y saben amar.”

 

 

Viajar es bueno para la salud

Son numerosos los artículos que en la red defienden las ventajas y beneficios de viajar:  libera endorfinas, reduce el estrés, rebaja las posibilidades de caer en una depresión… Internet está repleto de razones “científicas” que aseguran que el cerebro y el corazón funcionan mejor cuando viajamos. En nuestras conversaciones diarias muchas veces afirmamos que el médico debería prescribir viajes como receta, que el viaje cura.

Durante años la experiencia de salir de nuestro entorno habitual, exponernos a otras culturas y a otras formas de vivir, dejar que nuestro cuerpo se adapte a nuevas condiciones de temperatura, humedad, escuchar sonidos que nada tienen que ver con nuestro día a día, olores a los que no estamos habituados, sabores y texturas diferentes… se ha convertido en un hábito, o como dice Kapucinsky nos hemos contagiado del virus viajero. Me gusta pensar que el viaje nos vuelve más sabios y tolerantes, que mejora nuestra capacidad de aprendizaje y adaptación, nos entrena para situaciones no previstas y reduce nuestro miedo a enfrentarnos a lo desconocido.

Tal vez por todo ello me ha llegado de forma especial la campaña de Médicos sin fronteras con este mismo título, viajar es bueno para la salud, que nos invita a “viajar” para ayudar, en concreto para que no seamos nosotros, sino nuestra ayuda la que viaje, la que mejore la salud de otros. Una campaña que nos muestra la otra cara del mundo, la que en nuestros viajes no siempre queremos fotografiar, la que a veces no sabemos ver y que no aparece en los folletos y las campañas publicitarias. “Destinos a los que nadie querría ir, porque no necesitan turistas, sino ayuda urgente. No te pedimos que vengas, te pedimos que nos lleves. El primer portal de viajes en el que tu no viajas, tu ayuda sí”

 

Viajar para mi significa ser permeable, escuchar con los cinco sentidos aquello que transcurre ante nosotros, admirar a las personas con las que nos encontramos, no perder la capacidad de asombro.

Cuando se habla de viajes casi nunca aparece la palabra aburrimiento, todo parece prepararnos para vivir experiencias extraordinarias, increíbles, espectaculares, dramáticos paisajes, extensas ofertas gastronómicas, diversión y placer. En un mundo con exceso de información las expectativas creadas por los destinos son elevadas, y eso puede llevar a muchas personas a la frustración. ¿Para qué viajamos, que esperamos del viaje?

¿Qué nos incita a viajar, cual es el motor de nuestro viaje? ¿Es una motivación interna o una motivación externa? ¿viajamos para conocer o para perdernos? ¿es el viaje una búsqueda o un reencuentro?

El viaje a ese destino largamente soñado y preparado, el viaje como huida, el viaje como espacio en blanco, el viaje como espacio de recuperación, el viaje como vagabundeo; el viaje con una mirada curiosa, abierta a encontrar lo inesperado entre lo cotidiano.

Antonio Muñoz Molina en su último libro Un andar solitario entre la gente invita, a través de su narrador, a inventar nuevas ciencias como la Arqueología instantánea,  la Topobiografía,  la Historia del Arte Accidental o la Deambulología :

 

“Las nuevas aplicaciones de geolocalización habrán permitido a la Deambulología dar un salto de gigante, equiparable al que la técnica de la imagen magnética ha aportado a la neurociencia, si bien con la limitación de que por ahora no puede aplicarse retrospectivamente, es decir, al estudio de las caminatas del pasado. Como su propio nombre indica, la Deambulología es el estudio de los itinerarios seguidos por escritores, artistas, científicos, visionarios, indigentes y lunáticos: bien los habituales y mantenidos a lo largo de una vida entera -los paseos de Kant son un ejemplo clásico- , bien los irregulares, los repentinos, los que nunca han tenido regreso. Hay dudas sobre si la Deambulología es un saber autosuficiente o una rama de la Topobiografía, cuya adivinable finalidad es el estudio de los domicilios distintos en los que han vivido o viven estos mismos personajes, procurando establecer, con mapas detallados, los posibles patrones psicoespaciales o sociovitales.”

Es una lectura que nos propone caminar atento a todos esos estímulos que nos reclaman incesantemente, los letreros, los anuncios, las conversaciones entre los viandantes, los cafés, el azar; caminar como turistas, como impostores en nuestra propia ciudad…

De ahí que el viaje puede ser también un estado de ánimo, tanto puede durar unos minutos en los que nos hemos ido muy lejos con nuestra imaginación, como días, meses, años; no importa el tiempo, puesto que algunos no se dejan asombrar por el mundo que recorren y viajan enlatados en su mundo interior, otros sin embargo viajan continuamente y viven no sólo una vida sino muchas. Nuestra memoria también está sufriendo cambios y ahora no es sólo nuestra evocación, nuestro relato oral el que da forma y modifica nuestros recuerdos, también las redes sociales contribuyen a fijar algunas imágenes, algunos lugares, al “seleccionar y mostrarnos” momentos de nuestros viajes que tal vez habíamos olvidado.

Por todo ello en muchas ocasiones rememorando viajes me pregunto ¿Cómo nos ha transformado el viaje?