Inteligencia emocional

Gracias amigo por llamarme; amigo.

Allá por el mes de junio mi buen y querido amigo, Ismael Pantaleón, de Ideas Infinitas, me envió un correo, llevábamos tiempo sin hablar y contarnos cosas y quería saber cómo estaba y como me iban las cosas en lo profesional y en lo personal, se lo agradecí muchísimo, me hizo mucha ilusión.

Nos contamos cosas vía correo, yo le hablé sobre el gran cambio que iba a dar a mi vida (escribiré sobre esto en un próximo post, paciencia pues), el me transmitió un esbozo de sus proyectos en México y nos emplazamos a provocar una ocasión para vernos los tres, él, Txus y yo y compartir cosas de nuestras vidas, me dijo que después del verano me llamaba para hablar, en la mañana del pasado lunes 3 de septiembre cumplió su palabra, como siempre, y me llamó por teléfono.

Me hizo muy feliz hablar con él durante un largo rato, saber de sus proyectos y de su vida, compartimos algunas ideas y preocupaciones, le hice saber que estaba muy agradecido por su llamada y por su colaboración en una de las fases de mi proceso de cambio vital y que me había dado energía para todo el día. Después, durante una ruta en bicicleta a la que dediqué el resto de la mañana, me acordé mucho de él.

Desde las corrientes teóricas de la Sociología de las Emociones, sobre todo las relacionadas con el Interaccionismo se establece que la mayor parte de las emociones humanas son sociales pues se producen en la interacción con otras personas, es necesaria la presencia de otras personas, es necesario el “cara a cara”, tal como expone E. Goffman, para que se produzca el contagio emocional; y le otorgan un papel fundamental a la comunicación, al lenguaje, al habla, como factor determinante en la transmisión emocional. Dejando aparte las redes sociales, soy de la opinión que también en la distancia y sin el cara a cara aparentemente necesario, se produce el contagio emocional que permite la conexión (o rechazo) entre las personas.

En una conversación por teléfono el tono y la inflexión de la voz, las palabras que se utilicen y el sentido que se les dé, actúan como un potente estímulo emocional. Incluso, diría yo, que el mero hecho de escuchar el tono de llamada y ver quién te llama, ya produce una determinada emoción y (pre)dispone a pensar en la persona que se encuentra al otro lado del hilo de una u otra manera, de este detalle, aparentemente nimio, dependerá al tono y palabras que se utilicen en la charla. Desde que suena el teléfono hasta que se pronuncian las primeras palabras, hay tiempo suficiente para regular – o no- ese estado emocional influyendo en el resultado y las consecuencias de la conversación.

Así fue con mi amigo Ismael, en cuanto vi en la pantalla del teléfono su nombre, se produjo en mi cara una gran sonrisa, a mi mente vino la imagen de su cara sonriente, y en cuanto escuché su voz que, dicho sea de paso, transmite bondad, experimenté una intensa emoción de felicidad. Recuerdo que una de las primeras palabras que ambos dijimos fue la de amigo.

Una llamada de teléfono a tiempo, coup de telephone, que dirían en Francia, puede cumplir un amplio abanico de funciones. Desde la distancia, puede ayudar a establecer un diálogo y solventar un conflicto, o agravarlo, puede aclarar situaciones, puede dar información, puede transmitir y declarar amor. ¿Cuántas relaciones quedan rotas por que ninguna de las partes se decide a llamar por teléfono?, ¿cuántos problemas podrían ser resueltos?

Unas de estas funciones más importante es la de acortar distancias. En estos días de tanto debate sobre las personas migrantes, pensemos en el shock emocional que sufren y cómo lo atenúan, en cómo resuelven sus rupturas, separaciones y alejamientos familiares, ¡con llamadas y conversaciones por teléfono!

El mero echo de escuchar la voz de una persona querida, imaginemos una madre que escucha la voz de un hijo o una hija de la que está separada por miles de kilómetros de distancia, transmite y contagia la vivencia emocional del momento, congoja, alegría, enojo, rabia, tristeza, preocupación, miedo, de inmediato surgen las lágrimas a uno y otro lado de la línea.

Por eso de la importancia de poseer un teléfono móvil para estas personas, de ahí la importancia de los locutorios que en los últimos tiempos han proliferado, incluso es un elemento vital para las PSH, personas en situación de exclusión social extrema. Para estas personas es imprescindible disponer de teléfono móvil pues es el único medio de contacto con sus personas queridas, o no queridas, y de contacto con las emergencias.

Volviendo sobre los efectos emocionales de una conversación telefónica, mi amigo Ismael aprovechó para halagarme, valorarme y reconocerme, y yo a él, pero lo haremos presencialmente próximamente porque nos hemos emplazado, obligado, a reservar un par de días el mes próximo para estar juntos. A través del teléfono nos hemos emocionado mutuamente y hemos sentido el impulso de viajar para vernos, de los viajes hablaba en el anterior post, uno de los grandes motivos de emprender un viaje es el de abrazar a un amigo, o amiga, y satisfacer la humana necesidad del contacto físico, de la interacción cara a cara, de consolidar una amistad, auténtico valor humano.

Mientras eso ocurre, bienvenidas y emotivas sean las llamadas por teléfono.

Y tú, ¿Tienes pendiente alguna llamada telefónica?, si es así, no lo dudes, emociónate a distancia.

Carta abierta a un libro que no me apetecía leer (y leí…)

Prometí y volví a prometer que no te leería. Quizá porque el verbo leer no tolera las recomendaciones vehementes y soporta mal el imperativo. Demasiada gente me lo había sugerido. Encarecidamente. “Tienes que leerlo” “No te lo puedes perder”

¿Resultado? Ninguno.

Bueno, sí. Te condené al almacén de mis libros ¿olvidados?, a compartir estantería / nicho con algunos otros. Hoy, termino tu última página y con ella mi autoenmienda. Una palabra tuya bastó para que abjurara de promesas previas. ¿Por qué no desdecirse? Practicando mi particular ritual, evitaba reseñas, saltaba comentarios, elevando mi desapego hasta la caricatura. ¿Por qué empeñarse en revivir una realidad dolorosa? ¿Por qué revolver tiempos de hierros y plomo?

Demasiados temores: que leerte fuera un acto de puro masoquismo como quien lee y se regodea en los puntos rojos de su analítica, en los debes de su balance; que los recuerdos-pesadilla actuaran como “bombas racimo”, como cerezas en el frutero de la memoria del que nunca salen solas.

Me equivoqué. Y abjuré. Y te leí. Y me alegro.

Hoy siento un regusto agridulce al desdecirme. No me gusta equivocarme, aunque es un ejercicio que practico con profesionalidad.

¿Recompensa? Disfrutar de horas de lectura. Devorarte. Aprender/desaprender contigo. A “darme permiso” no sólo a abandonar una lectura, sino también a darle una oportunidad a la próxima. Sin prejuicios.

Y que, para cicatrizar, tenemos que limpiar la herida. De lo contrario, cerrará en falso.

Y que, leer (además de hablar) también es útil para deshollinar la chimenea de nuestras pesadillas y encender nuevos sueños.

Y que, para pasar página, tenemos que leer la previa para no perder el hilo argumental, la lógica del relato.

Y que, … “Nos esforzamos por darle un sentido, una forma, un orden de la vida y -al final- la vida hace con una lo que le da la gana. Y que lo digas”

Y que “no podemos fabricar miel sin compartir el destino de las abejas”.

Y que, nunca y siempre son adverbios temporales demasiado categóricos para un tiempo afortunadamente impredecible. Demasiado rotundos.

Adverbios con obsolescencia programada para un presente y un futuro no escritos. Por escribir. Y por leer.

Del Arenal al Orinal

Perdón por citarme a mí mismo, pero ya había tratado algo relacionado el pasado 16 de febrero en Civismo: educación y emociones. Hoy quiero gradecer a mi amigo Javier Rubio Mercado, director de la Revista Ciudad Nueva, por la sugerencia respecto del título que encabeza esta publicación.

Ayer terminó la Semana Grande bilbaína (Aste Nagusia) 2018. Nueve días de fiesta durante 24 horas diarias. Y digo 24 horas porque las cuatro personas – amigas y familiares – que habían pedido para estos días cobijo en mi casa, sita en el corazón del Casco Viejo bilbaíno, han seguido un horario fuera de cualquier control racional. Aún así, puedo dar fe de que han resistido y sobrevivido el envite.

La fiesta, y a su vez la villa, celebraba su cuadragésimo aniversario. Recuerdo aquel agosto de 1978… Tenía 17 años y toda una vida por vivir… Este 2018, con la participación de un millón y medio de personas – 4,35 veces la población de Bilbao -, ha habido una amplísima oferta lúdico festiva para todas las edades con una media diaria de 30 actividades, actos, desfiles, danzas, conciertos, etc., completamente gratuitos, desde las diez de la mañana hasta las tres de la madrugada siguiente. Durante el día y la noche las Txosnas completaban los huecos dejados por la programación municipal. Según los organizadores, ha sido un éxito, empañado desgraciadamente por cuatro denuncias por tocamientos a mujeres y los consabidos hurtos de carteras, bolsos y teléfonos tristemente inevitables en grandes concentraciones humanas.

Si bien es cierto que a lo largo del día lo más incómodo era el gentío yendo y viniendo, la noche traía un desagradable complemento. Resulta que este año el Ayuntamiento ha surtido el recinto festivo con abundancia de contenedores de basura y urinarios de distintos modelos para uso de todos los géneros imaginables. Sin embargo, el regreso nocturno a mi hogar resultaba cada día un peregrinaje hostil sorteando ríos de fluidos diversos, cascos de botellas de plástico o cristal, amén de bolsas, vasos, papeles, servilletas y todo tipo de excrementos diversos. Junto a esto, he podido presenciar en las calles anejas al Arenal (parque y muelle de la ribera de la ría de Bilbao junto al Casco Viejo, cobijo y albergue del corazón de la fiesta) largas filas de jóvenes, de todo género, en tiendas, comercios, monumentos y portales de viviendas aligerando sus necesidades fisiológicas perentorias sin el menor rubor o recato. En muchos casos, sin el más mínimo respeto ni a su persona, ni a quienes estábamos en su entorno inmediato.

El perímetro de este tipo de actuación se extendía también, aunque en menor medida, al otro lado del Arenal, en la zona de Abando, en los aledaños de las plazas Circular y Jardines de Albia. Esto es, un espacio con un diámetro total de unos mil metros.

La encomiable actuación de los servicios de limpieza del ayuntamiento conseguía que por la mañana todo apareciera limpio, desinfectado y oliendo a limón. Sin embargo, el espectáculo nocturno ofrecido a propios y ajenos resulta grotesco y repugnante. ¿Qué necesidad hay de hacer que nuestro Arenal pase a ser un Orinal?

 

Primero el caballo y después el carro

Es una suerte conocer a un autor y en este caso más. Hace unos meses Enrique Pallarés me regaló un ejemplar del libro cuya imagen abre esta entrada. El título es sugerente y la foto de portada más. Un vaso ¿medio lleno o medio vacío? Es un libro muy fácil de leer que propone pautas para afrontar problemas comunes y promover el bienestar personal. Es difícil no verse reflejada en sus páginas. Me voy a apoyar para esta entrada en el capítulo 6 que enseguida captó mi interés, “El caballo delante del carro”.

Conozco muchas personas que, por muy diversos motivos, pasan o han pasado por momentos difíciles (yo misma) y que poco a poco van aislándose, dejan de hacer aquello que les gusta y entran en lo que Pallarés (2013: cap.14) explica como espiral descendente: cuando la relación entre dos factores, hechos o fuerzas hace que una de ellas aumente la intensidad de la otra dando lugar a unas consecuencias cada vez más negativas. Hay muchos ejemplos de espirales descendentes: dolor y tensión muscular (yo que sufro bastante de lumbago sé de esto); culpabilidad o vergüenza e ira; insomnio y dormir durante el día; insomnio y preocupación por no dormir (no puedes dormir y no dejas de calcular las horas que te quedan para levantarte); ponerse colorado y advertirlo (esto es muy habitual al hablar en público); atracón y ayuno; estereotipos y prejuicios y distancia (actualmente está muy vivo el miedo a los inmigrantes). También hay espirales ascendentes (funcionan igual pero sus efectos son positivos): positividad y apertura mental o positividad y confianza.

Para romper la espiral descendente que se activa con un estado de ánimo bajo o con la depresión es bueno recordar que el caballo siempre va delante del carro. Hay que retomar o iniciar las actividades en vez de esperar a que el ánimo mejore. Dejar las actividades cuando uno tiene el ánimo bajo puede producir un alivio pasajero, pero agrava la situación a medio o largo plazo. Pallarés (2013: 37) ofrece una serie de orientaciones para salir de esa situación de ánimo bajo o depresión, para poner el caballo delante:

  • Elaborar una lista de las actividades que te resultaban agradables antes de esta situación.
  • Priorizar dichas actividades, clasificarlas para ver cuáles serían más fáciles de retomar.
  • Hay que empezar, sin dilación, por aquello que resulte más accesible. La procrastinación puede ser uno de los peores enemigos para salir de un bache.
  • Aplazar el sentir gusto o interés, al menos por un tiempo. Igual que cuando tenemos un problema de salud nos tomamos la medicina prescrita porque es eficaz para superarla, debemos retomar la actividad porque es bueno, aunque ahora no nos satisfaga.
  • Esperar pacientemente a los efectos positivos. No serán inmediatos y probablemente nos costará verlos. Perseverar y no ceder. Una pequeña historia personal: Tengo el menisco interior izquierdo roto. La traumatóloga me dijo que en lugar de operar íbamos a probar con rehabilitación. No fue hasta la sesión 28, de 30, que noté la mejoría. Y de momento no he necesitado la operación. Renegué mucho, sufrí cada sesión de rehabilitación, pero la mejoría llegó. Y me alegro de haber esperado. Pallarés (2013: cáp. 24) nos recuerda que al hablar de recuperación ( y también de crear un hábito) no debemos pensar en una línea ascendente y recta, sino en una ondulada y con mesetas. Los avances y retrocesos forman parte del proceso.
  • Ir paso a paso, sin forzar la marcha. No se trata de que el caballo vaya siempre al trote o al galope, basta con que no se detenga.

Escribiendo esta entrada he recordado un cuento de Anthony de Mello (La oración de la rana). Me parece una bonita imagen a recordar en los momentos bajos. A veces puede ser bueno dejarse llevar por la música.

“Los judíos de una pequeña ciudad rusa esperaban ansiosos la llegada de un rabino. Se trataba de un acontecimiento poco frecuente, y por eso habían dedicado mucho tiempo a preparar las preguntas que iban a hacerle.

Cuando, al fin, llegó y se reunieron con él en el ayuntamiento, el rabino pudo palpar la tensión reinante mientras todos se disponían a escuchar las respuestas que él iba a darles.

Al principio no dijo nada, sino que se limitó a mirarles fijamente a los ojos, a la vez que tarareaba insistentemente una melodía. Pronto empezó todo el mundo a tararear. Entonces el rabino se puso a cantar y todos le imitaron. Luego comenzó a balancearse y a danzar con gestos solemnes y rítmicos, y todos hicieron lo mismo. Al cabo de un rato, estaban todos tan enfrascados en la danza y tan absortos en sus movimientos que parecían insensibles a todo lo demás; de este modo, todo el mundo quedó restablecido y curado de la fragmentación interior que nos aparta de la Verdad”.

Para terminar quiero dejar una melodía que muchos días me pongo para comenzar el día y empezar la actividad más allá de si estoy bien o mal de si me apetece o no hacer algo… Es un buen mantra “éste es el mejor momento”…

Bibliografía

Pallarés Molíns, Enrique (2013). Cómo sentirse mejor con la ayuda de anécdotas e imágenes. Bilbao: Ediciones Mensajero.

Prevenir el maltrato desde la inteligencia emocional

Somos una sociedad cada vez más preocupada por el fenómeno de la violencia. Bueno, sería más exacto decir que nos preocupa la violencia que se da dentro de nuestra propia sociedad. Violencias hay muchas, tantas como relaciones entre seres vivos, pero no todas nos mueven de la misma forma. Hoy en día la violencia de género, la intrafamiliar, la que se ejerce contra los menores, el “bullying” en el ámbito educativo, o el “mobbing” en el entorno laboral son las formas de maltrato que más ocupan tanto la atención mediática como la movilización ciudadana.

Teniendo en cuenta la enorme dimensión del problema estas líneas sólo pretenden aportar algunas pinceladas sobre el trabajo que Igor Cortón y yo hemos realizado en los últimos años en materia de prevención del maltrato entre iguales desde la perspectiva de la inteligencia emocional.

 

Egoísmo versus altruismo.

El ser humano se ve obligado a atender constantemente dos necesidades que en muchas ocasiones requieren acciones contrapuestas. Por una parte nuestro deseo y/o necesidad de supervivencia hace que prestemos mucha atención y concedamos mucha importancia a nuestras necesidades expresadas a través de las emociones. Por otro lado somos seres sociales, que se construyen en contextos relacionales, lo que nos obliga a estar alerta a las necesidades del entorno donde me desarrollo y al cual pertenezco. Esto tiene unas implicaciones muy importantes en lo que tiene que ver con lo que aprendemos y luego consideramos que está bien o mal. La moral hace un papel de organizador de ese tráfico a veces caótico y siempre complejo entre mis necesidades y las de los demás. No sería del todo justo decir que estas dos visiones se presenten siempre como alternativas incompatibles. De hecho la mayor parte de nuestro aprendizaje se basa en ajustar nuestras tendencias egocéntricas a las necesidades colectivas. Y la verdad es que muchas veces los seres humanos somos muy capaces de desarrollar nuestras vidas en comunidad respetando ambas tendencias o necesidades vitales.

 

¿Qué es maltrato?

Los seres humanos tenemos enormes capacidades. Muchas de ellas intervienen en nuestras relaciones con los demás y se manifiestan desde los primeros momentos de nuestra vida. Somos seres sociales no sólo porque nos desarrollamos en la interacción social sino porque ésta forma parte de nosotros. Nos relacionamos constantemente con nuestro entorno en el que encontramos a otras personas y estas interacciones son el espacio donde aparecen comportamientos de maltrato, violencia y/o maldad.

Maltrato es una interacción en la que una de las partes sale perjudicada de manera intencionada por la otra parte. Hablaríamos de violencia cuando en esa interacción se produce un daño físico o psicológico derivado del empleo de la fuerza o del poder. Por último la maldad sería el proceso que permite que un ser humano maltrate a otro.

Nos parece interesante pararnos en algunos de los elementos que forman parte de las definiciones que hemos aportado:

  • Intencionalidad. Es evidente que en el mundo de la interacción social hay multitud de ocasiones en las que nuestras necesidades o nuestros intereses no se ven atendidos por los demás de la forma que nosotros desearíamos. Cada individuo se comporta defendiendo los suyos y eso supone entrar a menudo en conflicto. Estos podríamos escribirlos como choques fortuitos que se dan de forma natural en los espacios de convivencia humana. La cuestión es que hay ocasiones que tenemos la intención de perjudicar al otro, que ese maltrato forma parte principal o necesaria de nuestro objetivo, de nuestro interés. Este es el contexto en el que describíamos el concepto de maltrato.
  • Daño. En este caso hablamos de la intensidad del perjuicio. Tradicionalmente la violencia ha estado vinculada con la agresión física cuyo extremo es la de ocasionar la muerte del otro. Hoy en día es difícil entender que este daño, que la violencia no incluya el dolor psicológico, que es necesariamente de naturaleza emocional.

 

Conexión, activador de la empatía.

A veces pensamos que la empatía se activa a voluntad de cada persona y me temo que la cuestión no es tan fácil. Por eso no considero que el maltrato tenga que ver con la fatiga de la empatía sino un juego de conexión y desconexión selectiva en función del grado de vínculo que establezcamos con el otro. Es decir, la empatía se activa de serie cuando tenemos delante a una persona con la que tenemos una fuerte vinculación emocional. A medida que la conexión es menos intensa, o cuando no lo reconocemos como miembro de nuestro grupo (en el amplio sentido de la palabra) nuestros objetivos y la emociones que se vinculan con ellos hacen que podamos actuar obviando o minimizando las consecuencias que va a sufrir esa persona. Las personas que maltratan tienen, en general, capacidad de empatizar pero sencillamente no lo hacen porque no consideran al otro como un igual, lo infravaloran o lo deshumanizan. Por ejemplo, cuando a un menor agresor se le pregunta si la acción le parecería bien si la víctima hubiese sido su hermano su respuesta instantánea está inspirada en la empatía.

Hasta aquí la parte puramente psicológica pero ¿qué sucede cuando la educación, los adultos, los medios de comunicación nos trasmiten la idea de que tal grupo de personas es una amenaza, tienen malas intenciones o son los responsables de ciertos problemas que nos preocupan? La comunicación del siglo XXI se basa en mensajes sencillos, de consumo rápido, que resultan fáciles de hacer llegar a la población a conclusiones incorrectas por incompletas. Revisemos nuestras filias y nuestras fobias, así como la forma en las comunicamos a los más pequeños, si queremos prevenir el maltrato en nuestra sociedad, claro…

 

El problema de la doble moral.

La verdad es que este tema tiene muchas aristas pero creo que en un primer acercamiento hay que hablar de ética y emociones. Puesto que, si bien en el apartado anterior hemos vislumbrado el proceso por el cual puedo maltratar a otro sin sentirme mal por ello, hay un componente moral que es también determinante. Y este no es otro que el que diferencia la moralidad de la moralización, es decir la aplicación de una moral a otros. La primera establece lo que está bien y lo que está mal en un contexto grupal determinado, en una cultura concreta. Pero la moralización consiste en la aplicación de los principios morales a otras personas y es aquí donde empezamos a encontrar serias diferencias. Veamos, uno de los mandamientos de la biblia cristiana dice “no matarás” pero la moralización permitiría hacerlo con aquellos que sean “enemigos”. Es decir, la aplicación de una doble moral facilita el maltrato.

 

Inteligencia emocional para prevenir el maltrato

Para nosotros resulta evidente que el conocimiento de la mecánica psicológica del maltrato es clave. No es el único factor que considerar pero si el primero del que hablaré. Debemos saber qué elementos son concretamente los que en cada caso nos desactivan la empatía, la conexión con los demás. Para ello hemos desarrollado “El juego de EM” en el que evaluamos y enseñamos a los menores (y a los que no lo somos tanto) a identificar a los ogros, es decir, a aquellas causas que justifican para nosotros el maltrato. Os presento a algunos de ellos:

  • OGRO KAEM. Aparece cuando alguien me cae mal y desactiva mi empatía con respecto de esa persona.
  • OGRO PERFI. Aparece cuando alguien es diferente (no es de mi grupo) y esa diferencia no me gusta.
  • OGRO EN. Aparece cuando siento envidia de alguien.
  • OGRO HOG. Aparece cuando tengo problemas, cuando estoy mal.
  • OGRO POW. Aparece cuando soy consciente, cuando se que tengo el poder para maltratar a alguien.

Como el tema y nuestro trabajo da mucho más de si prometemos profundizar en próximas fechas.

 

EL MOVIMIENTO EMOIN

En este post quería profundizar más en un constructo teórico-práctico que diseñe y que utilizo en las formaciones con las familias para explicar de una manera algo más sencilla y practica, cómo tomamos decisiones.  Esto lo trabajo en concreto en relación a las decisiones que tomamos respecto a los hijos e hijas, pero se puede generalizar a otros ámbitos.

Como profesional de la psicología Infanto juvenil siempre busco la manera de simplificar los elementos que tienen que ver con las relaciones entre las personas y con ellos mismos. Este elemento me permite poder trabajar de una forma mucho más concreta las emociones que están detrás de esa toma de decisiones y que muchas veces nos hacen sentir que no acertamos, nos dejan un sabor agridulce de culpabilidad y constante sensación de examen.

Nos debemos imaginar el Movimiento Emoin como un péndulo que se mueve entre dos polos o extremos. En uno de ellos, situaríamos las emociones, sensaciones y sentimientos. Este a su vez está alimentado principalmente por dos fuentes. Una seria la que se relaciona con nuestra infancia, más concretamente, con las emociones asociadas a los recuerdos que tenemos como hijos e hijas. La otra fuente de este polo surge de las emociones y sentimientos que tenemos en la actualidad, es decir en el momento en el que tomamos la decisión.

En el otro extremo de este péndulo, se encontraría la información que disponemos a la hora de tomar esa decisión y que, también en este caso, la alimentan dos fuentes: una es la información que tenemos sobre los niños y niñas (en este caso en particular sobre los hijos e hijas) y la otra sería la que nos aporta la experiencia, los programas de televisión, internet, otros progenitores, los profesores, etc. En mi experiencia utilizándolo, he observado que cuanto más desequilibrio hay en el Movimiento Emoin, más carga de conflicto y tensión aparece.

Podría parecer, por como lo he expuesto aquí,  que tardaríamos mucho tiempo en valorar este flujo informativo, pero en realidad tardamos unos pocos milisegundos  para tomar una decisión.

Después de presentar los dos polos de este movimiento, paso a comentar como lo utilizo en la práctica con algunos ejemplos reales. Ahora que nos encontramos en la estación estival, voy a empezar por uno precisamente que tiene que ver con estas fechas.

Un padre divorciado tenía el objetivo de llevarse a su hijo de seis años de camping unos días de vacaciones. Él, de pequeño, había ido siempre de acampada con su familia y tenía unas experiencias y recuerdos muy satisfactorios. Momentos en los que había disfrutado muchísimo de esta experiencia. Por lo que quería que su hijo tuviese la oportunidad de “vivir” lo mismo. Se encontraba con grandes resistencias por parte de su vástago a tener esta experiencia y por mucho que insistía, no lograba convencerle para que accediera a pasar estos días en un camping. El único final que el padre intuía, si le forzaba a llevarle, es que no serian unos días muy “tranquilos”. Analicemos esta situación desde este elemento del Movimiento Emoin.

Le pregunte al padre que emociones y sentimientos (polo emocional) tenía asociadas a esos recuerdos y aparecieron emociones como: alegría, libertad, satisfacción, disfrute, amistad, aventuras… y cuáles eran las que tenía en la actualidad en relación a querer que su hijo tuviera esa experiencia. Me dijo que era el deseo de que viviese esas mismas emociones y que él, como padre, fuese el que le transmitiese esa especie de “legado”.

Después pasamos a analizar el otro extremo, el de la información. Que teníamos aquí, principalmente la negativa de su hijo a ir de acampada. Al niño no le gustaba especialmente la naturaleza, decía que no quería dormir rodeado de insectos y bichos. Y que él lo que quería era ir a un parque temático, a un hotel y pasar esos días con su padre allí.

Después de tener sobre la mesa los dos polos, comenzamos a analizar donde se quedaba más ese péndulo del movimiento Emoin. En este caso está situado más en el polo emocional basado en sus recuerdos y no tanto en la información aportada por su hijo. Por lo tanto, con este desequilibrio del Movimiento Emoin se puede prever una situación con bastante carga de conflicto.

Al trabajar sobre ello y ver donde estaba basado su movimiento, tomó una nueva perspectiva.  Esto le llevo a modificar su planteamiento inicial. Tuvo en cuenta más la información basada en el estilo y gusto de su hijo de ir unos días a un parque temático y planificaron entre los dos un sitio de acampada durante un fin de semana, no más días, donde el padre le explicó a su hijo que experiencias él había tenido y abordaron juntos como resolver las situaciones incomodas que le planteaba su hijo en un camping.

En este ejemplo hablo de un padre separado, donde resolvemos un Movimiento Emoin, pero en una familia con dos progenitores tenemos que trabajar con dos Movimientos, con lo que se hace más compleja esta toma de decisiones adecuadas respecto a los más pequeños. Pongo otro ejemplo:

Un padre que se desvive por llevar a sus dos hijos a todos los lados: a clase, a extraescolares, con los amigos, a recogerles después…y esto le supone a él personalmente, un gran gasto de energía física y mental lo que le hace estar en muchas ocasiones irascible y con poca paciencia. Por el contrario, su pareja le insiste en que no es necesaria tanta atención y observa que les está haciendo demasiado dependientes y cómodos. Este punto de vista diferente les hace tener a ellos también momentos de tensión como pareja. Cuando analizamos esto desde el Movimiento Emoin vemos que surge un desequilibrio y por tanto conflicto.

En el análisis, cuando nos pusimos en la parte de las emociones de su infancia, surgió un sentimiento de soledad, tristeza y algo de enfado. El padre del padre, es decir el abuelo paterno, no estaba muy pendiente de su hijo y no solía acompañarle a los sitios. Este padre actual ha decidido que no quiere provocar esos sentimientos en sus hijos y se vuelca totalmente en ellos, llegando a provocar en él un estado emocional de tensión que repercute, como digo, a su familia y a él mismo. Luego pasamos a analizar la parte de la información. En este polo aparecía que sus hijos se estaban volviendo demasiado comodones y algo tiranos con el padre. Que por otro lado, eran capaces de hacer algunas de esas cosas por sí mismos y que eran niños que se sentían queridos por él, aunque no les llevase a todos lados. Cuando fue consciente que su desequilibrio  del Movimiento Emoin estaba más en el lado emocional y no tanto en el informativo y las repercusiones que eso tenía, pudo sentirse más tranquilo y tomo otra actitud diferente. Es decir, se quito el peso de esa emoción que tenía que resolver y se baso más en la información. Por lo tanto, pudo optimizar mejor el tiempo que dedicaba a sus hijos. Es decir, encontró un Movimiento Emoin más equilibrado. Esto llevo a disminuir las situaciones de conflicto en casa y para sí.

Espero que este post, os pueda servir de ayuda y al menos tener un punto de referencia para ser más conscientes de donde está principalmente la base de vuestra toma de decisiones. Si os apetece os animo a que “juguéis” con vuestro propio Movimiento Emoin, a descubrir durante estos días de descanso donde se sitúa más ese péndulo imaginario. Seguro que os sorprendéis.

 

 

¿cómo se lo digo, cómo se lo escucho, cómo se lo callo y me lo evito?

charlamos empezando la mañana del domingo sobre esos procesos en los que vivimos inmersos, que nos ocupan mentalmente, que nos preocupan, a veces parece que damos vueltas a los pedales y la cadena patina, la cabeza en bucle,

y sobre las diferentes versiones de la realidad, ¿existe la verdad o existen formas de ver la realidad según el cristal con el que miramos lo que ocurre a nuestro alrededor?, ¿o tal vez creamos nuestra realidad, tú la tuya, y yo la mía, tan diferentes?,

y en el hilo de la conversación alejándonos de esa simplificación burda y fácil detrás de la cual muchas veces nos escondemos, que dice que hay tantas realidades como personas involucradas y formas de ver y sentir lo que ocurre,

conectamos con la posibilidad de una única verdad, con muchas capas, con muchos matices, que también incluyen lo que una situación nos hace pensar, sentir, y a veces re-accionar, lo que decimos y hacemos a continuación,

pero una verdad muy rica, bastante compleja, tal vez lo que está ocurriendo tiene que ver con una carga transgeneracional mucho más profunda, la tuya y la mía, tal vez incluso con nuestro camino de desarrollo personal,

y esa creación compleja que se da cuando a lo que ocurre en el plano material, los simples hechos, le sumamos lo que yo pienso y siento en relación con lo que está pasando, mi forma de comportarme, lo que digo y lo que cayo,

realidad que se hace más grande cuando somos varias las partes involucradas en el juego, tal vez por eso, al leer el título de este libro, ¿cómo se lo digo?, el arte de las conversaciones difíciles,

pienso en todo lo que no voy ni me van a decir, todo lo sutil que subyace en cualquier situación, empezando por la intención, mucho más de lo que muchas veces somos capaces de comunicar de forma explícita, pero que muchas veces se siente,

tu intención y la mía,

y se me ocurre ese título alternativo, seguramente para otro libro que no es éste, ¿cómo se lo escucho?, un título mucho más cercano a ese programa que algún día tal vez nos ayuda en nuestra forma de relacionarnos,

porque escuchar es amar.

   así lo vimos…

en cualquier conflicto relacionado con la comunicación inter-personal, normalmente estamos movidos por una necesidad personal, mucho más que por la necesidad de la parte contratante de la primera parte, ya seas tú, ella, o ellos,

tal vez por eso nuestro interés se centra fundamentalmente en lo que yo tengo que decir, en un proceso que ensayamos mentalmente una y otra vez, con las múltiples variantes que se pueden desencadenar cuando empieza la conversación,

variantes que la realidad demuestra pequeñas, casi siempre la primera respuesta que recibimos escapa al juego de posibilidades pre-ensayadas, afortunadamente las conversaciones distan mucho del juego del ajedrez,

y seguramente vamos a tener que ajustar el curso de todos los ensayos previos al nuevo cauce que se abre, es la magia de la vida, de necesidad de compartir a acusaciones airadas al aire, de aquí para allá.

en el proceso de arreglar las cosas suele ser interesante esto de conversar, aunque todo llega hasta donde es posible, y no va más allá, a veces la situación llega a ese punto en el que tenemos que poner un límite,

esa distancia que nos ayuda a preservarnos de un ambiente insano, al menos para nosotras, de esas situaciones que no nos hacen bien, y en eso estoy cuando aparece a hacerme compañía esta canción de Rozalén, con este extraño texto,

no seré yo la que baile para ti,

en potencial,

que se transforma, en rotundo tiempo presente, porque un límite sólo funciona cuando se aplica en rotundo presente,

 

ya no soy yo la que baila para ti.

 

 

los límites son las respuestas naturales cuando aplicamos el miedo sano, sí, porque el miedo, cuya finalidad es la supervivencia, nos salva de aquellos entornos y situaciones que nos hacen mal.

y sigo rumiando una de las dificultades más grandes que tenemos en el terreno de la comunicación, la de hablar de un tema con alguien que no quiere escucharlo, y mucho menos hablar nada al respecto,

qué difícil es explicar el arco iris a un ciego, conversar con una persona sorda, razonar con un loco, o tratar con una persona cualquier tema cuando se ha instalado en la negación.

de las 3 variantes que siguen, ¿cuál te gusta más hoy?

¿cómo se lo digo?

¿cómo se lo escucho?, porque escuchar es amar

¿cómo se lo callo y me lo evito, si no me va a servir para ná de ná?

7 emociones es un modelo de responsabilidad emocional creative commons inspirado en la teoría U de Otto Scharmer y en la teoría del color de Goethe que compartimos desde este enlace.

 

La emocionante aventura de viajar

  Quiero dedicar este post, a modo de recuerdo y homenaje, a esa gran cantidad de niños y niñas que debido a la pobreza sufren la privación de cualquier opción de vivir la emocionante aventura de viajar y vivir experiencias excepcionales. 


¿Adónde vas? ¿Dónde has estado? Estas son preguntas que hacemos, nos hacen y escuchamos con insistencia durante estos días estivales. Tiempo de vacaciones, de viajes, de turismo, de playa, de montaña o de regreso a la casa de pueblo. Cualquiera de las opciones es valida, que cada cual opte por la que más le plazca o pueda.

Pero de lo que yo quiero hablar en este post es de la ilusionante experiencia de viajar y del emocionante contenido de la literatura de viajes, porque viajar es una apertura a la vivencia de montones de emociones, así como narrar el propio viaje y leer sobre lo acontecido en los viajes y aventuras de otras personas.

Yo me reconozco como un ser de espíritu explorador y aventurero, tal vez por eso me fascina la literatura de viajes, y me entusiasma la idea de afrontar el reto de aprender y probar a ser un Narrador de viajes. Existen extraordinarias referencias de las cuales aprender, aquí expongo algunas de las que he leído últimamente, empezando por Julio Verne de quien aún conservo siete de sus obras de viajes fantásticos y Robert. L. Stevenson, en cuyo legado literario hay una vasta obra de crónicas de viajes como En los mares del Sur.

Javier Reverte y su excelente libro La aventura de viajar que ahora estoy  leyendo y que me ha inspirado para escribir este post. Éste es un libro ecléctico, donde narra su vida como viajero, desde las excursiones infantiles, pasando por las crónicas de guerra que le llevaron por todo el mundo, hasta sus vivencias como mochilero, que le han llevado a conocer lugares inhóspitos y alejados de nuestro mundo occidental. Su lectura me está generando una gran satisfacción y alegría porque en él estoy encontrando multitud de referencias que me conectan con muchas anécdotas y recuerdos personales de mis viajes y aventuras.

Manuel Leguineche, descubrí su genial El camino más corto de la mano y recomendación de Maribel y Roberto, que dan vida a El guisante verde, un magnífico blog de narración de viajes. En su último post escriben sobre la futurista Nantes y sus “máquinas vivientes”. Una ciudad de la que guardo fantásticos recuerdos. Fue una gratísima sorpresa viajera.

Disfruté muchísimo leyendo Últimas noticias de Sur, una crónica del viaje realizado por dos amigos, Luis Sepúlveda y Daniel Mordzinski a la Patagonia, un lugar en el que según ellos escriben; al sur del paralelo 42º la confianza nace sin términos medios, sin ambigüedades ni torpes llamadas a la prudencia. Parajes andinos que forman parte de mi baúl de sueños y lugares a descubrir.

Viajar es apasionante, te llena la vida de anécdotas, de sucesos que ayudan a descubrir nuestro auténtico y genuino “yo”, porque en los viajes suceden cosas extraordinarias, insólitas, fuera de lo común. En este mismo blog, Maribel describe con certeza grandes beneficios que conlleva el viajar.

El hecho de viajar se torna necesidad, está enraizado en lo más profundo de los genes humanos. Quizás sea debido a la inmensa experiencia emocional que aporta, viajar es una actividad que hace “sentir la vida”. Desde la ilusión, alegría y nerviosismo de los preparativos, de la ansiedad y ganas de que llegue la hora de partir, pasando por la sorpresa permanente en destino, y sí, también por la tristeza del regreso.

En mi caso particular, recuerdo con intensidad aquellos primeros y excepcionales viajes durante mi infancia y adolescencia en los que toda la familia nos trasladábamos a veranear en el antiguo tren de vía estrecha, desde la desaparecida (1968) estación de la calle Los Herrán (Vitoria-Gasteiz) a Deba, a casa de mis abuelos maternos.

Aquel tren de vía estrecha era un medio de transporte para las clases sociales menos pudientes y servía para viajar a localidades de baja o mediana población y era utilizado por los aficionados al montañismo, que realizaban excursiones los fines de semana a los picos de Gipuzkoa, cercanos al recorrido del tren.

Yo viajaba cautivado por los misteriosos y húmedos túneles, por el verdor de prados y bosques, en mi recuerdo guardo el rítmico movimiento y sonido de “traqueteo” de aquel tren, hasta que al llegar a Mendaro intuíamos con alborozo infantil la cercanía de la costa y los maravillosos días que nos quedaban por disfrutar. Al igual que a Javier Reverte,“mi visión del mar en un día de la infancia, son sensaciones y emociones que identifico con el viaje”.

Después, desde joven hasta la actualidad, he tratado de conservar y cultivar esa ilusión y fascinación por viajar e impregnarme del particular ambiente de cada lugar. A este respecto, en La aventura de viajar, Reverte escribe: “a todos los niños, desde siempre, les han gustado los hechos excepcionales, las sorpresas. Muchos poseen un alma aventurera que suele estar en primer plano de su personalidad. Lo que ocurre es que, mientras van creciendo, la sociedad adulta se ocupa de ir desvaneciendo esa sed de aventura, borrándola entre las tinieblas del corazón del niño”.

En mi caso particular, os aseguro que mi alma aventurera ha permanecido intacta, he tenido la fortuna de poder viajar con asiduidad, a diferentes lugares y de diferentes y divertidas maneras.

Recuerdo aquellos viajes a Francia a finales de los años 70 del pasado siglo, a comprar material de montaña y fotografía, al regresar, llenos de miedo, inventábamos mil peripecias para esconder la compra y pasar la frontera sin declararla porque esto suponía un importante incremento del precio y nuestros recursos eran muy limitados.

También en edad juvenil llegaron los viajes y aventuras de escalada y ascensión de montañas, y como narra Reverte: “El sabor caldorro del agua de una cantimplora y la frescura del agua en las fuentes serranas, el olor a pinos en verano, el gusto de un bocadillo frío de tortilla de patatas, a veces, un filete ruso y un par de naranjas”.

En Francia recorrimos la región Centro-Valle del Loira (Orleans) durante diez días en un carro tirado por una mula de nombre Coquette, de regreso, casi sin tiempo de hacer de nuevo la maleta, nos fuimos a Marruecos (en autobús litera) allí probé por primera vez una comida bereber que me encanta desde entonces, el cuscús (cous-cous). En México hicimos un traslado en una avioneta, “durante una tormenta tropical”, en la que tuve que ir sujetando la puerta desde dentro porque se abría, no olvidaré nunca ese viaje, mi segundo hijo se concibió allí. Aunque bien es cierto, que ningún viaje se olvida si te ha emocionado.

Así ahora, cuando escribo estas líneas y lo recuerdo (ya escribí sobre este viaje en mi blog) aún siento la misma emoción de amargura y rabia que sentí en el cementerio americano junto a la playa de Omaha (desde Vierville hasta Coleville-Normandía), escenario del Día D, lo mismo que sentí el pasado año en Croacia al ver que en algunos lugares aún permanece la desolación de la guerra; “el perfume de la guerra”, como describe Reverte en La aventura de viajar.

Viajar consiste en una intensa experiencia emocional, te cambia, te convierte en otra persona. En los viajes pueden ocurrir cosas extraordinarias, como dice Reverte, extraordinarias en el propio sentido de la palabra, lo que se sale de lo ordinario.

Y al igual que Reverte narra, “ahora a mis sesenta años, me sigo sintiendo capaz de apasionarme en cada uno de mis viajes y cada una de mis aventuras”.

En El camino más corto, Manu Leguineche introduce un escrito de H. Keyserling: El camino más corto para encontrarse uno a sí mismo da la vuelta al mundo. Quiero anchuras, dilataciones donde mi vida tenga que transformarse por completo para subsistir, donde la intelección requiera una radical renovación de los recursos intelectuales. Quiero que el clima y otros aspectos imprevisibles envuelvan mi ser y actúen sobre mi alma, para ver lo que será entonces de mí.

Sea lo que sea que suceda en mis próximas emocionantes aventuras y viajes, bienvenido será; unas líneas más de Javier Reverte a modo de metáfora para concluir este post: El viaje concluyó una mañana de intensa luz. Ya en el aeropuerto, tras pasar los trámites de facturación y aduana, nos dirigimos a pie atravesando las pistas de aterrizaje para alcanzar el avión. Llegamos sudorosos a la escalerilla de la parte trasera del aparato y aún hubimos de quedarnos allí un rato, esperando bajo el sol de fuego. Había surgido un problema….(podéis seguir la lectura en La aventura de viajar, pág. 118)

Os dejo con mi próxima lectura: El arte de caminar. Un viaje a escala humana. Altair.

Caminar puede ser un hecho erótico, o resultar un asunto exótico. 

Puede ser, es, un hecho artístico.

Caminar…es crear mapas dibujados con nuestros pasos.

Caminar es preguntar sin esperar respuesta,

es huir de nuestra sombra en una búsqueda incierta al ritmo del camino

embarcamos en ese «viaje a escala humana», que nos permite redescubrir territorios desde los caminos.

También comprender las emociones e ideas, entender el paseo como desafío.

Caminar, viajar como acto de libertad creativa, de pensamiento y acto revolucionario.

Un Universo de Posibilidades

“El que ha llegado tan lejos como para dejar de confundirse,

ya ha dejado también de trabajar.” Max Planck

 

Suspendí con machacona insistencia física en 2º de BUP. Hasta que un ochentero día de junio se alinearon los astros y conseguí superar este reto en “suficiencia”. ¡Bendita adolescencia! No me considero especialmente supersticioso, pero sólo puedo atribuir aquel éxito a algún tipo de intercesión sobrenatural. ¿Chuletas? Ni pensarlo: me paralizaba la idea de que me pillaran “in fraganti”

Recibí el aprobado con desbordante alegría y -como no podía ser de otra forma-en una maniobra de escapismo digna de Houdini, me abracé a las letras con pasión.

Quizá pueda atribuir a un intento de reconciliación con esta disciplina la razón de algunas de mis últimas lecturas. Comenzó con un gato zombi y “Cómo explicar la física cuántica … la ciencia más loca explicada de forma sencilla” (Varios autores. Alfaguara 2016). Siguió con “CuestionesCuánticas” de Ken Wilber (Kairós, 2014).

Perdido el pasado sábado en una librería de Bilbao, me crucé con “El principio de posibilidad: cómo la física cuántica puede mejorar tu forma de pensar, vivir y amar” Mel Schwartz (Sirio, 2017). Como no podía ser de otra forma, caí en la tentación.

Su tesis: nuestra cosmovisión influye en todas y cada una de nuestras interacciones con el mundo. “Así como vemos el universo así actuamos en él” en palabras de Henryk Skolimowski”. Si aplicamos este axioma al modelo mecanicista, el mundo funciona como una máquina gigante llena de objetos separados, desconectados unos de otros que interactúan mediante relaciones de causa-efecto. Causalidad y determinismo son el santo y seña de este paradigma. Así se predetermina una flecha de tiempo que va del pasado al presente y al futuro según la cuál las condiciones actuales determinan las circunstancias del futuro. Nuestra adicción a la certidumbre y la ansiedad que esperamos ante lo incierto son su conclusión lógica. No podía ser de otra forma.

Más recientemente, la visión cuántica del mundo (su cosmovisión) encierra un discurso más optimista sin caer en la candidez, que nos permite repensar la realidad. Schwartz lo sintetiza en tres principios:

  • El universo está repleto de incertidumbre.¡Abracémosla! Heisenberg demostró que cuando se intentaba medir la posición y el momento de una partícula al mismo tiempo aparecían incertidumbres o imprecisiones. Las certidumbres tienen sus límites. Ahí residen las nuevas posibilidades. El futuro no está escrito. ¡Afortunadamente!
  • El universo se encuentra en un estado de puro potencial. ¡Estupendo! Mientras no sepamos cuál es el estado de un objeto cualquiera, en realidad éste existe en todos los estados posibles simultáneamente, siempre y cuando no volvamos nuestra atención hacia él para comprobarlo. Ya que la observación reduce el potencial a algo concreto. La incertidumbre implica potencialidad, ya que todos los resultados son posibles. Se trata, pues, de un proceso de creación de la realidad.
  • El universo es fundamentalmente inseparable.Un todo profundamente interconectado. Cada uno de nosotros somos extraordinarios en nuestra propia singularidad y unicidad y, al mismo tiempo, también somos parte de una totalidad inseparable y continua. El universo no está ahí fuera: somos parte de él.

“Los principios de la física cuántica nos permiten liberarnos del pasado del modo que elijamos hacerlo. La incertidumbre, la potencialidad y la inseparabilidad nos proporcionan la plataforma desde la que poder empoderarnos. Si estamos interconectados y el universo es incierto y se encuentra en un estado de cambio y flujo constante, ya no nos aprisionan las fronteras limitantes de la predictibilidad y abrimos puertas a nuevos potenciales”

Creo en el poder inspirador de las analogías para generar nuevas ideas y espacios a explorar. Llamémoslo metáfora, sinéctica … Lo he comprobado en el funcionamiento de grupos cuando superamos bloqueos relacionando conceptos aparentemente inconexos. Y el modelo cuántico me parece muy sugerente.

¿Decía inconexos? Para nada. Todo está conectado con todo.

Termino como empecé: ¿Cómo no podía ser de otra forma? Sí, podría haber sido de infinitas formas. Todo un universo de posibilidades a crear.

Algo poco conocido de las personas migrantes

Según el Diccionario de la Real Academia de la  lengua española, migrante es un adjetivo, también usado como sustantivo, aplicado a personas, cuyo significado es que migra. Y migrar, según la misma fuente, es trasladarse desde el lugar en que se habita a otro diferente. Esto es, dejar de estar en un lugar para estar en otro.

Puestos a extrapolar, podríamos decir que migrantes somos todas las personas cuando vamos a trabajar o estudiar cada día – habitamos durante un gran número de horas fuera de nuestro entorno más íntimo -, cuando participamos en algún viaje nacional o internacional – vacaciones, períodos de intercambio, bien por estudios, bien por trabajo, voluntariado, misiones, etc.-, cuando abandonamos el hogar familiar para emanciparnos o independizarnos, cuando hacemos mudanza por cambio de domicilio, etc.

Dentro de este grupo destacan de forma bien definida cinco colectivos con denominaciones específicas: quienes se desplazan por estudios (estudiantes en programas de movilidad), para disfrutar de sus vacaciones (turistas), quienes lo hacen por motivos profesionales: prácticas o misiones laborales en empresas u organismos internacionales (personal expatriado – los deportistas ocuparían un subgrupo con características propias), quienes colaboran en proyectos de cooperación y ayuda al desarrollo sobre el terreno (voluntariado) y aquellas personas que dedican su vida a la solidaridad y a la difusión de un mensaje religioso (misioneras y misioneros). Disponer de un sustantivo para definirlos e identificarlos, además del hecho de que tarde o temprano y, fundamentalmente cuando lo deseen, siempre podrán volver, los aleja del concepto de migrante. En el resto de los casos – desplazamientos cotidianos cortos, mudanzas, independización familiar, etc. – ni siquiera se nos plantea considerarlos como tales.

Una característica común a los cinco grupos diferenciados y etiquetados, y otros afines, aparte de tener un nombre propio, es la planificación y organización de sus desplazamientos – despedida y acogida incluidas -, de su regulación y cobertura legal, de sus  tiempos de estancia en destino, de las tareas a realizar, así como de su alojamiento y manutención, seguros médicos, de accidente, etc. con la correspondiente dotación económica mínima indispensable – habrá quien, no sin razón, desearía puntualizar más en detalle este aspecto – para hacer frente a todos los gastos derivados.

En este sentido, hasta el Foro Económico Mundial (World Economic Forum) recoge en un breve artículo las 11 cosas que se aprenden viajando y lo inicia con un viejo proverbio chino: Quien regresa de un viaje no es la misma persona que partió. Los consejos básicos que da resultan interesantes y útiles para el tipo de desplazamientos descritos.

Hechas las aclaraciones previas, si por el contrario aplicamos un criterio reduccionista, de orden geográfico con dimensiones difusas, denominaremos como migrantes exclusivamente a aquellas personas que se desplazan desde su lugar de origen – pueblo, ciudad, región, territorio, país, estado, continente – a otro en el que permanecerán durante un tiempo indeterminado, más largo que corto, y con escasas – o nulas – posibilidades de retorno.

En este caso también encontramos algunos sustantivos para definir subgrupos, entre otros: inmigrantes, emigrantes, apátridas y refugiados, cada colectivo a su vez subdividido en legales e ilegales. Los legales, aunque con dificultades, consiguen finalmente integrarse en mayor o menor medida en alguno de los grupos presentados más arriba. Los ilegales son triste portada de nuestros medios de comunicación día tras día, además de vergonzante arma arrojadiza de políticos de cualquier signo, reflejo de la irresponsabilidad colectiva de estados y sus asociaciones y, para colmo, pasto de las mafias que se aprovechan de su desgracia para obtener pingües beneficios traficando con vidas.

Homero consagró en la antigüedad la figura del migrante en Ulises (Odiseo). El rey de Ítaca, tras veinte años alejado de su hogar, los diez primeros como combatiente triunfante en la guerra de Troya y los restantes superando problemas y difíciles obstáculos y pruebas mientras intentaba regresar, ha inspirado a la psicología de finales del siglo XX (Joseba Achotegui Loizate en la década de los 90) para definir el trastorno de estrés crónico y múltiple, específico de la población migrante, asociado a las cuantiosas y variadas experiencias de duelo a las que se ve sometida, así como a las dificultades que debe superar para adaptarse a los nuevos contextos vitales: el síndrome de Ulises. (Recomiendo la lectura de Regreso a Ítaca de Arantza Echaniz Barrondo).

Adela Cortina ha acuñado un término que recoge magistralmente nuestra actitud frente a los distintos tipos de migrantes y despacha de un plumazo los prejuicios populistas que presuntos mal llamados políticos modernos pretenden inculcarnos: Aporofobia, el rechazo al pobre (Ediciones Paidós, 2017). Lo que nos aterroriza no son los migrantes, sino los pobres. Migrantes, al fin y al cabo, somos todas las personas del planeta.

Cuando nos vamos, nuestra vida continúa lejos de nuestra gente, pero la suya también, sin nosotros. Cuando volvemos no somos quienes se fueron. Tampoco quien se quedó permanece igual. En nuestro recuerdo lo que fue no es más que eso, un recuerdo – seguramente idealizado – de algo que no volverá a ser. Lo que todo migrante acaba experimentando lo reflejó Facundo Cabral en su canción:

No soy de aquí, ni soy de allá
No tengo edad, ni porvenir
Y ser feliz es mi color
De identidad