Inteligencia emocional

Sobrevolando realidades

Como la pluma que sobrevuela los tejados y las calles de Savannah, Georgia, mecida por una suave brisa, flotando,  trazando espirales ascendentes, dejándose caer y remontando el vuelo una y otra vez hasta hacer uno rasante al suelo y acabar posándose en las embarradas zapatillas deportivas de  Forrest Gump quien la recoge con delicadeza y, tras observarla atentamente, la introduce con cuidado en el viejo libro de cuentos que su madre le leía cuando niño mientras espera el autobús, siento que la vida me ha mecido, a veces zarandeado y otras casi absorbido por algún ciclón, trazando espirales ascendentes, dejándome caer y remontar el vuelo una y otra vez hasta hacer uno rasante al suelo para, al menos por ahora, tras haberme recostado en el fango, acabar siendo recogido con delicadeza, observado atentamente e introducido con cuidado en un corazón de oro.

Además de sentirme más que afortunado por haber llegado hasta aquí, constato que junto a los primeros vientos que me llevaron a su voluntad de un lado a otro, las trayectorias de los vuelos posteriores fueron fruto de decisiones íntimas, queridas y asumidas, en ocasiones quizás no muy meditadas, muchas acertadas, algunas erradas, pero mías al fin y al cabo.

Nací en una república que fue parte de un imperio hasta algo menos del primer cuarto del siglo XIX, básicamente porque mi madre estaba allí ciento cuarenta años después… Con diez años, sin contar con mi parecer, me llevaron a otro continente, a una ciudad en una región dentro de un país cuyo régimen político se definía como una dictadura. Cuatro años después, murió el dictador y en poco tiempo pasó a ser una democracia parlamentaria, cuyo Jefe de Estado sería un rey. Una vez más sin poder decir yo nada. Dos años después del cambio de régimen, mi madre moriría y uno más tarde mi padre volvería a las américas… Yo todavía sigo aquí. Tuve que aceptar todas aquellas etapas externas a mí y adaptarme a cada una de ellas sin apenas rechistar… Hasta que pude empezar a participar en las decisiones  de mi vida cuando no tuve más remedio: al cumplir los diecisiete años.

Tarde o temprano acabamos llegando a esa estación vital. En ese frío andén es cuando y donde aprendemos a reconocer – o descubrir – lo que hemos aprendido en casa, en la escuela, con nuestras amistades, a través de nuestra experiencia… Y desde aquí, elección tras elección, vamos incorporando los errores y los aciertos para continuar el camino.

Según Abraham Maslow a través de su famosa teoría denominada como su pirámide, (La pirámide de Maslow) se enuncia la jerarquía de las necesidades humanas y cómo satisfacerlas, yendo desde las más básicas hasta las más complejas.

Empezamos por buscar cómo satisfacer la necesidad de, y aprender a, mantenernos vivos (necesidades fisiológicas): respirar, beber agua, alimentarnos, dormir, eliminar los desechos, evitar el dolor, etc.

En el segundo nivel buscamos la seguridad y protección: la salud, el trabajo (ingresos mínimos y recursos), el equilibrio moral, familiar y de la propiedad.

Un paso más arriba nos encontramos con las necesidades relativas a nuestro ser en un entorno social, a nuestro mundo de relaciones más allá de nosotros mismos, a ser parte de una comunidad [necesidades sociales (afiliación y afecto)]: asociación, participación, aceptación, amor, afecto, pertenencia o afiliación a un cierto grupo social.

El cuarto escalón de esta pirámide consiste en cubrir nuestras necesidades de estima o reconocimiento, subdividido a su vez en las relativas a nuestra capacidad de respetarnos y aceptarnos a nosotros mismos (confianza, competencia, maestría, logros, independencia y libertad) y de serlo por los demás (atención, aprecio, reconocimiento, reputación, estatus, dignidad, fama, gloria, e incluso dominio). De hasta dónde consigamos satisfacer estas necesidades dependerá en gran medida la seguridad en nosotros mismos y la percepción de nuestro papel en la sociedad en la que vivimos.

La cúspide de la pirámide, siempre según Maslow, la ocupa la búsqueda de la justificación o del sentido válido de la vida (necesidad de autorrealización personal) llegando a este nivel cuando todas los demás necesidades han sido alcanzadas: espiritual, moral y la búsqueda de una misión en la vida.

Esta teoría, desarrollada tras la Segunda Guerra Mundial, parecía mantener su vigencia y consistencia  hasta los albores del siglo XXI, particularmente en el mundo occidental desarrollado: todo apuntaba a que las lecciones de las dos guerras mundiales habían sido suficientemente aprendidas e interiorizadas.

Con la proliferación de las redes sociales y la explosión de la difusión de la información a escala mundial empezamos a conocer mucho más de lo que creíamos saber. En la década de los noventa se lanzan campañas internacionales de sensibilización, concienciación y acción en torno a las inmensas desigualdades sociales y riesgos medioambientales hasta entonces poco conocidos por el gran público.

Según el Banco Mundial:

El mundo cumplió la meta del primer objetivo de desarrollo del milenio de disminuir a la mitad para 2015 la tasa de pobreza registrada en 1990, lográndolo en 2010, cinco años antes del plazo previsto.  Pero pese a los avances en la reducción de la pobreza, la cantidad de personas que viven en condiciones de pobreza extrema en el mundo sigue siendo inaceptablemente alta. Además, si se tienen en cuenta los pronósticos del crecimiento mundial, el ritmo de reducción de la pobreza tal vez no sea suficientemente rápido para alcanzar la meta de poner fin a la pobreza extrema a más tardar en 2030.

Si bien es cierto que estamos mejor que hace veintiocho años, un 10% de la población mundial (735,9 millones de personas) vive con menos de 1,90 dólares USA diarios (1,67 EUROS/día – línea de corte para la pobreza extrema), mayoritariamente en el África subsahariana y Asia meridional. Resultaría interesante conocer cuántas personas lo hacen con menos de 24,53 EUROS/día – nuestro salario mínimo interprofesional 2018: los porcentajes se dispararían alarmantemente.

Según ACNUR más de 68,5 millones de personas viven desplazadas a la fuerza.

¿Podrá alguna de estos más de 805 millones de personas, algún día, escalar al menos uno de los peldaños de la pirámide de Maslow? ¿Podrá ser alguna de estas causas, quizás más cerca de lo que creemos, recogida con delicadeza, observada atentamente e introducida con cuidado en nuestro corazón?

Forrest Gump Opening Scene – Alan Silvestri introduction

Ven a mí… Más allá de las palabras

Recientemente he descubierto un vídeo de Andrea Bocelli con su hijo Mateo… “Ven a mí”. Precioso vídeo… Preciosa canción… Quiero compartir aquí lo que me ha sugerido. Y lo hago en el día que se cumplen 20 años de que me estrené como madre.

La principal sensación que me queda es de ternura ¡Qué maravilla ver y sentir la complicidad de padre e hijo! El orgullo recíproco… La satisfacción de compartir mucho más que una canción… El paso del testigo… Una carrera que comienza y una ya consolidada que sirve de aliento y estímulo… Una puerta que se abre, un mundo por descubrir y construir…

La letra (véase la foto) es muy evocadora…

“Ven a mí… Escúchame… Abrázame… Si quieres tú”. Como padres y madres nos corresponde acompañar a nuestros hijos e hijas en su camino de crecimiento y hacerlo cada vez más en la distancia, pero permaneciendo siempre disponibles para aquello que quieran o necesiten. Llega un momento en el que sólo queda esperar a que vengan a nosotros… si ellos y ellas quieren. No es nuestro momento ni nuestra vida, sino la suya. ¡Qué difícil mantenerse en la justa distancia! Darles raíces y alas es nuestro mejor legado. Como decía Juan Ramón Jiménez: “Raíces y alas. Pero que las alas arraiguen y las raíces vuelen”.

“Que sigo dispuesto a amarte sin fin / Pero a cada paso que doy / Más te alejas tú”. El día que fui madre comprendí, no de forma racional sino experiencial, lo que es el amor incondicional. Estar dispuesta a amar sin fin, sin límites, sin medida, sin esperar nada a cambio, sin reproches, sin preguntas, por encima de todas las respuestas… Y a sabiendas de que poco a poco, día a día, a medida que emprenden su camino se alejan llevándose una parte de tu corazón y de tu vida… Y el ciclo se repetirá… Ellos y ellas lo harán con sus hijos e hijas.

“En cada paso que des, cree en ti”. Creo que no hay palabras más potentes hacia un hijo o una hija… Una invitación, una llamada a que sigan a sus corazones, a que superen sus miedos y luchen por lo que creen… aunque nosotros no lo veamos claro… incluso, a veces, en contra de nuestro criterio. Hace mucho  que hice mío el lema de Virgilio, “Possunt quia posse videntur” (pueden porque creen que pueden).

“Es un viaje eterno, yo sonreiré / Si me llevas contigo a volar otra vez”. Son mágicos esos momentos en los que, como cuando eran pequeños, te invitan a ‘jugar’ y a soñar con ellos. Te abren la puerta de su mundo y tú entras agradecida…

“Te puedo ver / Aunque cierre mis ojos, te ven”. Ese gran secreto compartió el zorro con El Principito: “Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”.

Para terminar unos versos  de Khalil Gibran, El Profeta:

“Vuestros hijos no son vuestros hijos.

Son los hijos y las hijas del ansia de la Vida por sí

misma.

Vienen a través vuestro, pero no son vuestros.

Y aunque vivan con vosotros, no os pertenecen.

(…)

Sois los arcos con los que vuestros niños, cual flechas

vivas, son lanzados”.

Para ver el vídeo de la canción pinchar aquí

 

La emocionante aventura de Vivir sin trabajar

¡¡He dejado de trabajar!! ¡¡Por fin!!

En el post anterior  anunciaba que hablaría sobre el gran cambio que iba a dar a mi vida. Y sí, así es, la cuestión es sencilla; a fecha 31 de agosto, causé baja como funcionario, ¡he dejado de trabajar! Después de 34 años de servicio público y algunos años más de trabajo en la empresa privada, ha llegado mi momento de jubilación, por así decirlo. Me explico:

Afortunadamente el Acuerdo Regulador de las Condiciones de Trabajo del Personal de las Instituciones Locales Vascas (UDALHITZ), contempla una fórmula mediante la cual, a partir de los 60 años (acabo de cumplir los 61) y suficientes años cotizados (he cotizado desde los 18 años), se puede pedir la baja voluntaria y recibir la conocida “prima de jubilación”. Una cantidad económica que sirve para vivir sin trabajar hasta los 63 años, edad en la que se solicita la jubilación anticipada y se empieza a cobrar la pensión. Hasta entonces la cotización a la Seguridad Social se realiza mediante el llamado Convenio Especial que cada cual debe suscribir.

Esta es una fórmula que ofrece la oportunidad de cumplir un gran deseo humano; vivir sin trabajar,  que yo he empezado a disfrutar.

De esto es lo que quiero escribir hoy, no de lo técnico, sino de las emociones y estados emocionales que se experimentan, que yo he experimentado durante este intenso proceso vital, desde que la idea comenzó a rondar en mi cabeza, hace más o menos un año hasta la actualidad.

La decisión ha llegado a través de un proceso que comenzó con una cierta sensación de desapego emocional con la actividad profesional con la que hasta ese momento había disfrutado enormemente. Ese fue un importante y decisivo indicador. Si estaba donde quería, con quién quería, y haciendo lo que quería y me gustaba ¿por qué algunos días me costaba tanto ir a trabajar? ¿por qué algunos días me sentía agobiado y con ansiedad ante lo que me esperaba al día siguiente? ¿por qué en ocasiones deseaba fuertemente estar en otro lugar? ¿por qué había momentos en los que desconectaba y la mente se iba a otro tipo de actividad y a lugares lejanos? Algo estaba pasando en mi.

Casi sin darme cuenta, o sí, empecé a utilizar la narrativa de Antunez en Cámera Café, “que ganas tengo de jubilarme”, con asiduidad y como una “gota malaya” caló en mi ese pensamiento, ese runrun mental. Así que, cumplidos los sesenta años, empecé a contemplar seriamente la posibilidad de la jubilación.

Y fui preguntando y consultando sobre todo lo relacionado con el tema, gestiones, requisitos, plazos, cantidades, etc, etc. Y en un determinado momento me dijeron que podría hacerlo realidad en agosto 2018. Pasaron los meses y no desaparecía del todo la angustia ante la duda sobre hacerlo o no, angustia y duda que aumentaba conforme se acercaba el momento de materializar la decisión mediante la solicitud y firma y el estrés y la incertidumbre crecían, pero convivían con la ilusión y el entusiasmo ante la expectativa de la nueva vida.

Un pensamiento que me ayudó fue que en esta vida nada es eterno, todo cambia, todo llega y todo fluye, y así casi sin darme cuenta llegó mi momento. A final del mes de mayo firmé la baja voluntaria, ya estaba hecho. Pero no por eso me sentí liberado de la duda porque aún en algunos momentos me asaltaba cierto vértigo, desazón y temor, me preguntaba si hacía lo correcto, le daba vueltas al asunto y me contestaba que sí, por supuesto hacía lo correcto, lo que quería y deseaba, una vez consultadas todas las opciones y fuentes necesarias que me daban confianza y seguridad sobre la libertad financiera (capacidad de un individuo de cubrir todas sus necesidades económicas sin que para ello tenga que realizar ningún tipo de actividad) y regresaba la ilusión, es el camino adecuado.

Esta cuestión de las decisiones es muy interesante, en este mismo post ya se ha tratado en otras ocasiones, Toma las decisiones con tus emociones,  Las emociones y la toma de decisiones. Dice Barry Schwartz que la decisión no nos hace más felices, es el vivir sin excesivas pretensiones y/o expectativas lo que nos acerca a la felicidad. Se trata de fluir.

Sin embargo, la vida consiste en una continua toma de decisiones. Vivir es elegir, es un constante cambio. En nuestra vida diaria, todos estamos acostumbrados a tener que tomar decisiones sobre un sinfín de temas que nos afectan. Desde las decisiones más mundanas hasta las de gran importancia, todas ellas pasan por el tamiz de nuestras emociones y nuestro pensamiento racional.

La hipótesis del marcador somático que Antonio Damasio desarrolla en El error de Descartes explica cómo las emociones influyen en nuestros proceso de decisiones y razonamiento, un proceso guiado por las emociones y los sentimientos. La hipótesis proporciona asimismo un modelo conceptual en el que se integran procesos cognitivos y emocionales, y sistemas neuroanatómicos, para explicar el vínculo entre el procesamiento de emociones y la capacidad para decidir en función de las potenciales consecuencias futuras de la conducta, en lugar de en función de las consecuencias inmediatas.

Una decisión tomada sin emoción es altamente probable que sea equivocada. Claro que eso no garantiza que la que tomemos con la emoción presente vaya a ser necesariamente buena. Dicho en otras palabras, la presencia de emociones en nuestra toma de decisiones es requisito necesario, aunque no suficiente, para tomar buenas decisiones. En palabras del propio Damasio: “En el mejor de los casos, los sentimientos nos encaminan en la dirección adecuada, nos llevan al lugar apropiado en un espacio de toma de decisiones donde podemos dar un buen uso a los instrumentos de la lógica. La emoción y el sentimiento, junto con la maquinaria fisiológica oculta tras ellos, nos ayudan en la intimidadora tarea de predecir un futuro incierto y de planificar nuestras acciones en consecuencia”.

Mi decisión fue entre emocional y racional, quizás más emocional. Y una vez tomada llegó la calma de la liberación de la tensión y temor que produce cualquier decisión.

Después hasta la llegada de mi último día de trabajo se fue desarrollando todo el proceso de despedida con diferentes actividades conversacionales y encuentros con compañeros y compañeras, hacer balance de lo vivido, de lo compartido y sufrido, un tiempo y vivencia que agradezco enormemente a Txus que promovió y lideró esta experiencia. Y es que en las organizaciones esta cuestión, la jubilación y el último tiempo de trabajo hasta su llegada, ni se atiende ni se cuida. Es importante porque es una fórmula de reconocimiento a las personas por los servicios prestado en la empresa. Además, permite reconciliarte con tu pasado laboral y con las desavenencias acaecidas. Yo estoy muy, muy agradecido y satisfecho con este proceso.

El día de la despedida se desarrolló en una catarsis emocional, pero quizás fueron dos las emociones que sentí de manera más acusada, alegría y entusiasmo porque ahora puedo -necesito- elegir en qué, cuándo y cómo emplear mi tiempo y energía. Ahora, en este momento de mi vida, siento la llamada a experimentar ese tipo de libertad, supongo que es una evolución natural y humana. Está llegando el tiempo de un cambio de dirección, ya no necesito estar en todas partes, necesito calma y serenidad. Sentí y aún la siento, Tristeza por dejar solo a Txus, que también está compungido, me duele porque le quiero, añoranza de días pasados y experiencias vividas (intensamente) junto a él que tan feliz me han hecho, nos hemos divertido mucho trabajando, ahora lo haremos de otra manera.

Pero llega el tiempo del desapego, de la actividad, de cosas y de personas. Dicen que el desapego es clave para alcanzar la felicidad. Yo ya no necesito esta actividad profesional para sentirme realizado o feliz. El desapego consiste en dejar de aferrarse a algo como si fuera lo único importante. Este tipo de necesidades están cubiertas. Creo que a esto se le llama escuchar al propio cuerpo y a la mente.

El desapego supone crecimiento y responsabilidad personal, la jubilación es un momento de la vida que conlleva una decisión que sólo uno puede tomar. Es un desapego de las opiniones ajenas, no necesito sentirme responsable de la vida y decisiones de otras personas, un desapego del que escribió Arantza en este mismo post. Es un acto de valentía porque vencemos los límites de nuestros miedos y zona de confort, vencemos al ego y dejamos de sufrir.

Ya no siento la necesidad de estar en todas partes, ya no hay que demostrar nada a nadie, no necesito ni deseo protagonismos, ni siento el deber de responder afirmativamente a todas las peticiones, ahora sólo quiero hacer cosas sin querer nada especial.

Recuerdo las palabras (con las que sintonizo totalmente) de Esmeralda Berbel en su novela Irse: “al escribir este libro me he descubierto una fragilidad, he podido expresar toda esa cosa introspectiva que llevo dentro”. Esmeralda declara que con el tiempo se ha pulido, yo también siento que me he pulido, ella ha pulido su soberbia, yo mi vanidad.

Y noto cierta nostalgia y melancolía por todos los sueños que han quedado en el tintero, porque también yo tengo sueños rotos, aquellos que por una causa u otra no pude realizar, como dice Francesc Torralba en Elogio de la madurez, es que la vida da extraños vuelcos y tiene cambios de rumbo imprevisibles, ya lo dice la canción: “las cositas de la vida no se pueden prevenir”.

Es cierto lo que escribe Torralba: al entrar en esta edad ya no se dispone de un tiempo indefinido y que las fuerzas no son ilimitadas. Por eso se otorga mayor valor a vivir cada momento como si fuera el último. Se descubre la virtud de la humildad y se intenta sacar todo lo bueno, bello y verdadero y se huye de lo contrario. Nos recuerda que el fin de la vida laboral marca un hito decisivo en la trayectoria biográfica de una persona.

Hay nuevos y diferentes proyectos e ilusiones que suponen estímulos para vivir esa etapa con la máxima calidad de vida. Pero también es una época de descarga y de liberación, se está de vuelta de muchas experiencias y situaciones, eso permite relativizar y situar las cosas en su lugar. Es una etapa en la que se dispone de más tiempo para contemplar, observar atentamente las cosas, las personas y a uno mismo, para meditar, rememorar y disfrutar de la belleza de la naturaleza, ya no se busca el reconocimiento sino ofrecer aquello que se ha aprendido.

Y ya, en este momento lo que siento es serenidad, calma y mucha, mucha ilusión y curiosidad por lo que vendrá a partir de ahora.

Como despedida ofrezco este precioso poema del poeta brasileño Mario de Andrade, Mi alma tiene prisa.

Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora.

Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces; los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.

Mi tiempo es escaso como para discutir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…

Sin muchos dulces en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana. Que sepa reír de sus errores. Que no se envanezca, con sus triunfos. Que no se considere electa antes de la hora. Que no huya de sus responsabilidades. Que defienda la dignidad humana. Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas… 

Gente a quien los golpes duros de la vida le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma.

Sí…, tengo prisa…, tengo prisa por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan…

Estoy seguro de que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.

Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta de que sólo tienes una……

 Este post lo dedico a todas las personas que no tienen la opción de elegir, de tomar una decisión como ésta porque han visto vulnerados sus derechos y sufren injustamente.

LOS MARAVILLOSOS DOCE

Hace poco el Juez Emilio Calatayud conocido por sus sentencias de carácter educativo a menores, escribió un artículo hablando sobre que los doce años no  era una edad muy adecuada para que los niños y niñas acudiesen  al instituto. Parece que tuvo repercusión porque en estas últimas semanas me han llamado de varios medios de comunicación preguntándome al respecto. Por lo que parece que tiene interés conocer si esto es cierto o no pasa nada porque el comienzo de esta etapa se haga a esta edad.

Por comentar algún dato histórico que nos permita contextualizar. La ley educativa que promulgó la entrada en el instituto a los doce años fue la LOGSE en 1990, anteriormente a esta nueva ley de educación, estaba la famosa E.G.B, B.U.P y C.O.U a la que pertenezco.

Supongo que cuando se promulgó esta ley, como otras tantas después, apareció alguien con esa mente preclaras que le parecía una buena idea que los niños y niñas comenzasen el instituto a esa edad, pero no parece (igual me equivoco) que contasen con asesoramiento experto en este área como  psicólogos educativos.

En mi opinión,  creo que fue un error incluir este cambio en el modelo anterior donde se acudía al instituto a los catorce años.

De hecho, por este cambio,  nos “inventamos” una nueva etapa evolutiva: la preadolescencia. Antes era la pubertad visualizada por el cambio físico y hasta los doce años todavía eras considerado un niño y nadie se refería a ti como preadolescente o adolescente. Luego con catorce o quince ya si eras un adolescente de pro y te comportabas como tal.

Porque creo que fue un error incluir a estos niños y niñas en el instituto, solo un dato: cuando yo estudiaba BUP la edad media en la que se tenía la primera relación sexual estaba en los diecisiete, dieciocho años. El inicio en el consumo de alcohol se encontraba en los quince. Hoy en día, la primera relación sexual, de media, se tiene a los catorce años y el inicio en el consumo de alcohol está en los doce. Creo firmemente, que esta es una consecuencia directa del cambio de edad en la entrada en el instituto.

Dicho lo cual, hablando a nivel exclusivamente psicológico y evolutivo esos dos años de diferencia de entrar con doce a los catorce es un mundo, literal. Con catorce estamos en un proceso más asentado físicamente. Nuestra imagen se mantiene más estable que con doce años. Si observáis a un niño/a de doce y uno/a de catorce se ve claramente a lo que me refiero. Unido a este asentamiento más estable de nuestra imagen corporal, va un manejo más adecuado de las situaciones que tiene que ver con las relaciones sociales ente los iguales y con el mundo adulto representado, principalmente, por profesores, padres y madres. Si ya de por sí, es una edad de cambios bruscos y poco entendidos, en el que se está en la antesala de salir al mundo adulto, imaginar esto con los de doce años. Entran de repente, de estar en un entorno protegido, seguro, a veces hiperprotegidos por los padres y madres, a un entorno donde te tienes que buscar más la vida, ser ya un “adolescente” al uso, con todo lo que ello supone.

Si todavía no queda claro, solo tenéis que preguntar, por ejemplo, a un niña de doce años lo que cree que tiene que hacer como adolescente en el instituto y veremos si está preparada o no. Esos dos años de diferencia permiten tener una perspectiva diferente y herramientas también mejores para enfrentarse a los entresijos de esta nueva etapa en la vida: la presión de grupo, los estudios, los diferentes consumos que van a tener a su disposición, las relaciones sexuales y afectivas, etc.

Cuando pregunto a un niño o una niña que después del verano se va a incorporar al instituto, lo último que les preocupa son los estudios o si lo profes van a estar menos pendientes. Les preocupa si van a caer bien, si no se van a meter con ellos, si en su clase va a ver repetidores, en definitiva si van a encajar. Cuando vuelvo a interrogarles después de la primera semana de clase que les ha llamado la atención, nunca son los asignaturas o los profes, lo que me cuentan es que hay un repetidor que pasa del profesor, que se fuma, que las parejas se besan en el patio… lo dicen con unos ojos abiertos de par en par, enormes llenos de curiosidad repentina, de asombro y ven que se abre ante ellos, un mundo de posibilidades en todos los sentidos. Recuerdo el comentario a esa edad de una niña acomplejada y agobiada porque no tenia todavía pecho y estaba muy preocupada porque los chicos la iban a ver como a una niña y los mayores (para ella eran de catorce años) se fijaban en las que tenían tetas. En fin, un choque difícil de digerir para esa mente que pasa en un dos meses de ser una niña o un niño a ser un adolescente.

Si tengo que elegir como psicólogo infanto juvenil primero y como padre después a qué edad prefiero que mi hija vaya al instituto, elijo los catorce.

 

y nuestros hijos aprenderán a ayudar, a participar, a escuchar, a respetar

nuestras hijas aprenderán a ser comunicativas, practicar la escucha activa, cuestionar, argumentar de manera lógica, participar, ser prácticos, compartir, respetar, ayudar, suena como el cielo en la tierra, ¿no te parece?

en entornos en los que prima la comunicación, los mayores somos de nuevo ejemplo, nuestras hijas son proactivas, en entornos auto-gestionados que se adaptan con facilidad al cambio,

ésa es la promesa, si quieres puedes seguir leyendo.

reviso este proceso reciente, que se abre desde el ante-último encuentro en el meetup de reimaginando, en el que conozco a Angel Agueda, que me invita a participar en el BAOS 2018 (Big Agile Open Space),

en el que conozco a Diego Rojas, con el que voy a quedar a charlar, en ese espacio de co-working en el que se desarrolla la actividad de Thinking with you, y esa forma tan innovadora de gestionar las relaciones y los proyectos, con trocitos de papel de colores,

y que tiene continuidad en la presentación que preparamos Montse y yo para la misma comunidad de agilistas, en la que trazamos un puente de color entre Reinventando las Organizaciones, de Laloux, y la teoría U, de Otto Scharmer,

un puente en el que entran de lleno las emociones, ahí colamos el arco iris, y aspectos relacionados con nuestra presencia, y con el campo de la atención, porque aspiramos a desarrollar capacidades que mejoren nuestras relaciones,

y cada día se hace más evidente que dependiendo de nuestra atención así es nuestra escucha, y dependiendo de nuestra escucha así es la conversación que enlazamos con otras personas,

una conversación que en la mayor parte de las ocasiones tiene mucho de mental, y que haríamos bien en mover hacia lo emocional, ¿cómo te sientes cuando te pasa esto?,

y sigo viajando en el tiempo, porque Diego me invita a contactar con un grupo de amigas suyas que organizan en Madrid un evento, Agile kids, sí, el agilismo está tomando cuerpo en las organizaciones,

pero también tiene un sitio en nuestros colegios y en nuestras casas, y busco un par de enlaces que me ayuden a entender qué es el agile kids, y qué es el kanban personal, porque en su día trabajé en la automoción, y algo me suena del kanban organizativo,

kanban, si no recuerdo mal, es una tarjeta, que se utiliza para identificar visualmente una situación, relacionada con las existencias, con una necesidad, con una tarea pendiente,

y contacto con esta jerga inglesa, wish list, lista de deseos, backlog, tareas pendientes, o pila de tareas, quién sabe por qué mis recuerdos contactan y revisitan a Covey, y la administración del tiempo con base en valores,

y me imagino un mundo en el que la auto-organización y el respeto crecen en cualquier entorno, en el trabajo, convertido en espacio de desarrollo laboral, y en nuestras casas, espacios en las que nuestras emociones también están presentes.

   así lo vimos…

si tienes medio rato, tal vez echas un vistazo a este powerpoint, Agile Kids, que me lleva de vuelta a Angel Agueda, así empieza la historia, así acaba, en este mundo que algo tiene de circular.

 

y nuestros hijos aprenderán a ayudar, a participar, a escuchar, a respetar,

qué bien suena, ¿verdad?,

tal vez el ejercicio de hoy pasa por una reflexión tonta,

si papá y mamá pasan de ser la jerarquía a ser parte de un equipo auto-gestionado,

en el que mamá y papá son el modelo, ¿quiénes son los primeros que tienen que aprender a?

7 emociones es un modelo de responsabilidad emocional creative commons inspirado por la teoría U de Otto Scharmer y por la teoría del color de Goethe que compartimos desde este enlace.

Inductores de malestar

Río revuelto

Dice el refrán “a río revuelto ganancia de pescadores”. Hay mucha sabiduría en esa frase mitad metáfora, mitad muestra simpática de ingenio popular. Y la verdad es que viene de perlas para ilustrar una reflexión con la que convivo desde hace tiempo y que me gustaría compartir hoy.

 

El río está revuelto.

Empecemos por aquí. Y en concreto por la parte emocional del remolino, o de la falta de transparencia de la aguas por las que navegamos. Veo personas desorientadas vitalmente, despistadas sobre lo saludable para su vida, personas que se comportan de forma incongruente (diciendo algo diferente a lo que piensan y sintiendo distinto a lo que dicen y piensan). Veo niños que deciden como adultos y adultos comportándose como adolescentes. Veo la dificultad que en general tenemos con cuestiones como el envejecimiento, la belleza, o la salud. Dificultades que nos llevan a una ocupación de tiempo y una preocupación emocional excesiva que suele calmarse, al menos momentáneamente, con el consumo. Veo cómo el envoltorio tiene mucha más importancia que el contenido, cómo la publicidad está acostumbrada a vencer a la calidad. Observo como el saber no se abre camino ante la cantidad de entretenimientos que se nos ofrecen constantemente. La lista puede ser infinita, pienso mientras releo las líneas escritas. La cantidad de información que nos bombardea nos dificulta el conocimiento derivado de poder profundizar o estudiar las fuentes. Vivimos sobrestimulados por las funciones de los dispositivos móviles que nos anudan al juego del “río revuelto” con promesas de bienestar de consumo rápido.

Ganancia de pescadores

 

Objetivo: malestar

La cuestión es qué se busca o qué se consigue con tener tan revuelto el río. ¿Qué quieren los pescadores? Parece que hace ya tiempo que dejaron de querer pescar y en pleno siglo XXI se benefician del malestar de los peces. Creo que se podrían observar ciertas fases:

  •  La normalidad anormal. Tal vez lo primero sea lograr la consideración de normal aquello que no debería serlo. No hay nada más peligroso que la aceptación de incorrecto o de lo no adecuado. Fumar mata pero da glamour, beber alcohol te ayuda a divertirte, estudiar es de tontos porque tenemos Internet, mira por tus intereses que esto es la ley de la selva, el biberón es igual que dar pecho, como bollería industrial porque necesito azúcar, etc… Analicemos la cantidad de cosas que hacemos que van en contra de lo que sabemos que nos perjudica y, después, busquemos datos que damos por buenos pero que estén equivocados.
  • La comodidad incómoda. Desde hace décadas hay muchas mejoras, sobre todo tecnológicas, que nos permiten vivir con mucha más comodidad. Tres preguntas en relación con esto: ¿qué hacemos con el tiempo extra que nos dan? ¿de qué nos sirve tanta comodidad? ¿qué precio pago por obtenerla? Posiblemente dos de los problemas más importantes hoy en día tienen que ver con esta cuestión: el sedentarismo y la individualidad.
  • La espiral ansiogena o estresógena. En un nivel de mayor intensidad de la inducción del malestar están ciertas dinámicas vitales vinculadas con el ritmo de vida, con la dificultad de afrontar/solucionar problemas, con mantener u obtener un nivel de vida en concreto,o de situaciones de maltrato o violencia física. La cuestión es que cualquiera de ellas nos sumergen en una espiral generadora de ansiedad, estrés e insatisfacción.
  • La conexión desconectada. Por último y la clave que para mi cierra un círculo bien construido es el de la desconexión emocional. Una mayor dificultad para establecer relaciones significativas de las que poder aprender, en las que poder apoyarse cuando las cosas se ponen feas, o con las que simplemente compartir partes de nuestras vidas. La globalización y la tecnología nos han facilitado recursos nunca vistos antes en la historia de la humanidad que permiten conectarnos con personas de todo el mundo. Pero hemos ido desconectando primero y desconfiando después de las personas que nos rodean en la vida no digital.

Río revuelto

 

¿Quien induce nuestro malestar?

Realmente he de reconocer que me he dedicado mucho más a combatir el malestar y a promover el bienestar que al análisis de responsabilidades. Pero también es cierto que este ejercicio de reflexión se quedaría corto sin entrar de un modo u otro en la cuestión de cómo hemos llegado a esta situación. Desde mi punto de vista la clave es la renuncia por parte de aquellos miembros de nuestra sociedad que deberían hacer de modelos y de líderes a un esfuerzo colectivo eficaz que hubiese evitado muchas de las cuestiones que he señalado en el post. En concreto los políticos y sus dinámicas de confrontación y no-acuerdo, los responsables de la educación preocupados por resultados y no tanto por el bienestar de los alumnos, los padres y madres de familia delegando responsabilidades o no preparándose para ellas, los profesionales de la información sometidos a la dictadura de la audiencia, los profesionales sanitarios que ven síntomas y enfermedades en vez de personas enfermas, los responsables de organizaciones que buscan sus metas por encima del bienestar de las personas, y en general cualquier ciudadano que viva con una ética errática y cambiante en función de sus propios intereses. La buena noticia es que cambiar la tendencia, dar herramientas para el bienestar personal y colectivo, sigue estando en nuestras manos, unas manos que debemos unir fuertemente para poder calmar esas aguas que no solo bajan revueltas sino también sucias.

“Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia, Catilina” (sustitúyase por quien proceda …)

Si -como es mi caso- tú también peinas canas, le recordarás de tus años de BUP. Por aquel entonces, el aprobado en latín se parapetaba tras diferentes traducciones de textos en esa lengua, entre los cuáles brillaban con luz propia los discursos de Ciceron.

Pablo, con su invitación veraniega a compartir “Una historia de la Antigua Roma” -Mary Beard- me ha recordado estas cuestiones que me han llevado hasta los “Momentos Estelares de la Humanidad” -S. Zweig-. Al final, he aterrizado en mi PC escribiendo este post. ¡Todo conectado con todo! Un clásico actualizado día tras día.

Situémonos. Año 63 A.C, hace cerca de 2.000 años. Un millón de habitantes superpueblan Roma, la metrópoli más grande de aquella Europa. “Lujo y basura. Libertad y explotación. Orgullo cívico y guerra civil homicida” Extremistan, en definitiva.

Cicerón y Catilina. “Virtuoso” el primero; “pérfido y villano” el segundo. Misiones y visiones confrontadas en una Roma de contrastes. Que acaban en un mismo final: la decapitación. Para escarnio público. Aviso a navegantes.

8 de noviembre. El mejor momento de Cicerón: la conjura de Catilina a la que Mary Beard y S. Zweig dedican el primer capítulo. Anatomía de un momento histórico en la vida de la humanidad.

“Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?” Cuatro discursos repetidos hasta la saciedad a lo largo y ancho de la geografía europea. Ejemplos de persuasión que llegan hasta la actualidad donde sedimentan.

Resituémonos. 4 de octubre de 2018. Cualquier ciudad o megalópolis mundial. Millones de habitantes. Lujo y pobreza. Libertad y explotación. Orgullo cívico e ignominia. Regreso a extremistán. ¿Hasta cuando abusarás de nuestra paciencia? Hoy, el periódico reclama la rabiosa actualidad de este alegato.

“La verdadera armonía en una república sólo puede producirse si la persona, en lugar de tratar de sacar provecho personal de su puesto público, antepone los intereses de la comunidad a los privados”

Nadie es artista las 24 horas. Ininterrumpidamente. Todos los días de su vida. Nadie se comporta con ejemplaridad ciudadana todo lo largo y todo lo ancho de su vida. Algún despiste. Tampoco Cicerón.

Sin embargo, hoy -al leer las noticias- me sorprende que resulte tan fácil, tan barato comportarse de forma ignominiosa durante tanto tiempo sin tan siquiera levantar sospechas.

Demasiada conjura silenciada por una paciencia infinita. ¿Tendremos adormilados nuestros sentidos? Demasiado Catilina en busca de su Ciceron.

¡Yo no miento nunca!

– ¡Cuánto tiempo sin vernos! Ya, si eso, nos llamamos… (Con escasa o nula intención de hacerlo)
– ¡Estoy llegando! (Llego tarde a la cita)
– He tenido un contratiempo mientras venía… (Me he dormido y llego tarde al trabajo)
– No me ha llegado tu email… (Olvidé contestarlo)
– ¡Hoy no voy a poder! Estoy liada. (No tengo ninguna gana de ir)

Según Pamela Meyer, experta en detección del engaño, los seres humanos somos propensos a mentir entre 10 y 200 veces al día. Solemos decir partes de la verdad, la tergiversamos o la disfrazamos consciente o inconscientemente y esto es algo aprendido desde nuestra más tierna infancia. Empieza por ser un mecanismo defensivo ante ciertas situaciones en las que nos sentimos vulnerables o timoratos, para transformarse en algunos casos en una poderosa y peligrosa arma de manipulación y control de los demás.

El refranero español recoge algunas joyas a este respecto: Antes se coge al mentiroso que al cojo; La mentira camina con piernas largas, pero al final la verdad siempre la alcanza; Las mentiras tienen las patas cortas pero los charlatanes, las piernas muy largas; Mientras más mentiras cuento, menos me parece que miento; Exagerar y mentir, por el mismo camino suelen ir; Una mentira, madre es de cien hijas; De la mentira viven muchos, de la verdad, casi ninguno; etc.

Algunos expertos clasifican nuestras mentiras en ocho categorías: las mentiras piadosas, en principio sin mala intención, generalmente con sentido benevolente hacia quienes se dirigen. Se estima que tienen una justificación razonable, no son dañinas y, por tanto, perdonables, aunque el escurridizo terreno que pisan puede hacerlas trasvasar en cualquier momento los límites de la prudencia. De aquí en adelante, las otras siete categorías pierden de saque todo atisbo de bondad o buena intención: las promesas rotas, las mentiras intencionadas o instrumentales, el autoengaño, los rumores, la exageración, el plagio y las mentiras compulsivas.

Si el uso de la mentira se circunscribe exclusivamente al ámbito personal, su repercusión no excederá esta área y quien sea asiduo usuario de la misma, tarde o temprano pagará las consecuencias. “Otro gallo canta” cuando la mentira se sitúa de forma sistemática en los círculos de poder y despliega sus alas campando por sus fueros.

La lista con las “10 Estrategias de Manipulación mediática a través de los medios de comunicación de masas”, ampliamente difundida por las redes sociales y atribuida a Noam Chomsky, lingüista norteamericano, aunque según algunas fuentes (p.ej. La mente es maravillosa) su autor es el francés Sylvain Timsit en 2002, recoge interesantes elementos a tener en cuenta para no caer, al menos intelectualmente, en esta trampa:

  1. La estrategia de la distracción. (…) desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.
  2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar.
  3. La estrategia de la gradualidad. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos.
  4. La estrategia de diferir. Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato.
  5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental.
  6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
  7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud.
  8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…
  9. Reforzar la autoculpabilidad. Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos.
  10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.

El Papa Francisco, en el mensaje dirigido a los participantes en la 52 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales del pasado 13/05/2018, advierte:

(…) ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.

De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.

Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación.

Al principio se decía que en algunos casos la mentira puede transformarse en una poderosa y peligrosa arma de manipulación y control de los demás. Profundizar en las técnicas de detección temprana de las mentiras que producimos o recibimos nos hará tomar una conciencia distinta de nuestra realidad. Por otro lado, como con todo tipo de armas, es importante y conveniente conocerlas bien. Saber cuáles son sus consecuencias a corto, medio y largo plazo, asumir las responsabilidades derivadas de su uso, o decidir conscientemente no utilizarlas.

Cuenta la leyenda que un día la verdad y la mentira se cruzaron.
– Buen día – dijo la mentira.
– Buenos días – contestó la verdad.
– Hermoso día – dijo la mentira.

Entonces la verdad se asomó para ver si era cierto. Lo era.
– Hermoso día – dijo entonces la verdad.
– Aún más hermoso está el lago- dijo la mentira.

Entonces la verdad miró hacia el lago y vio que la mentira decía la verdad y asintió. Corrió la mentira hacia el agua y dijo:
– El agua está aún más hermosa. Nademos.

La verdad tocó el agua con sus dedos y realmente estaba hermosa y confió en la mentira. Ambas se quitaron la ropa y nadaron tranquilas.
Un rato después salió la mentira, se vistió con las ropas de la verdad y se fue.
La verdad, incapaz de vestirse con las ropas de la mentira comenzó a caminar sin ropas y todos se horrorizaban al verla. Es así como aún hoy en día la gente prefiere aceptar la mentira disfrazada de verdad y no la verdad al desnudo.

Palabras para el corazón

El otro día presencié una de esas escenas que te encogen el alma, de esas en las que no sabes si es mejor intervenir o no. Opté por alejarme y no he parado de darle vueltas porque me invadieron la rabia y la tristeza.

Estábamos en la parada de autobús y llegaron un padre y un hijo adolescente de unos catorce o quince años. Ante un comentario del hijo sobre el peso de una de las bolsas que llevaban con compra el padre le empezó a insultar en un tono muy alto y no dejaba de gritar groserías. Al principio el hijo se defendía pero llegó un momento en que calló y se quedó cabizbajo. Desde fuera la reacción del padre era claramente desmedida y muy poco afortunada. Cuesta escuchar a un padre decirle a su hijo semejantes burradas y no intervenir… Llegó a decirle ‘eres el peor hijo’. Y no era sólo lo que decía sino la carga emocional con la que lo hacía… ¡Devastador! Las palabras son un arma de doble filo y hieren más que un cuchillo. Dejan cicatrices invisibles que el tiempo no cura y que nunca se sabe cuándo se pueden reabrir. ¡Qué fácil resulta atacar a alguien! ¡Qué sencillo herir a quienes más conocemos! Hace tiempo escribí sobre una foto que daba un sabio consejo… Antes de hablar piensa [THINK, por las iniciales de las palabras en inglés: T- ¿Es cierto?;  H- ¿Ayuda?; I- ¿Es inspirador? ¿Es positivo?; N- ¿Es necesario?; K- ¿Es amable?]. En el caso señalado todas las respuestas eran negativas… Entonces ¿para qué? Seguramente no había  un para qué  más allá de un desahogo… ¿Y el chaval? ¿Qué pudo aprender de esa situación? ¿Qué modelo de relación y comunicación estaba viviendo? No dejo de pensar…¡Qué mal se tenía que sentir!

En más de una ocasión he comentado que soy una firme convencida del Efecto Pigmalión, que habla sobre la fuerza que tienen sobre nosotros las expectativas que otros tienen y nos transmiten. Este efecto funciona tanto en positivo como en negativo, por eso es muy importante cuidar los mensajes que lanzamos, consciente o inconscientemente, con palabras y también con gestos. Los padres, las madres, así como las y los educadores,  jugamos un papel decisivo en la autoestima de nuestros hijos e hijas y en el desarrollo de sus destrezas. Todo ser humano es un diamante en bruto lleno de posibilidades. Hay que educar  la mirada para ver más allá de lo que las personas son e intuir qué pueden llegar a ser. Es terrible que quien se supone que te ama incondicionalmente te haga sentir pequeño, insignificante, e incluso malo…

Ahora que mis hijos ya no son unos niños echo la mirada atrás y de lo único que me arrepiento es de las veces en las que les he chillado sin control, las veces en las que mi frustración o cansancio ha hablado más alto que el amor que les tengo. Esas ocasiones en las que mi niña interior se ha descontrolado y ha perdido los papeles… Menos mal que he aprendido a morderme la lengua antes de decir algo que pueda dañar a otra persona. Aunque he de reconocer que no lo consigo al cien por cien. Eso sí, soy muy consciente de que es fundamental ser especialmente cuidadosa con las personas más cercanas ya que con ellas nuestros dardos son mucho más certeros y el daño es más profundo.

Cambiemos la perspectiva… Miremos de una forma nueva a las personas. Hablemos desde y para el corazón. Aprendamos a decir con convencimiento… Corre, vuela, no te detengas…

 

 

 

 

Lecturas de Otoño, subir a hombros de gigantes

Cómo me apetece leer A hombros de gigantes, de Umberto  Eco, una recopilación de artículos de sus conferencias durante 15 años en el festival la Milanesiana. Para mi el si que es uno de esos gigantes a hombros de quienes miramos, uno de esos precursores, que han estudiado el mundo por nosotros y nos han dado claves, conceptos, pistas, interrogantes, dilemas. El título, muy adecuado proviene de esa frase tan citada de Bernardo de Chartres:

“Somos como enanos que están a hombros de gigantes, de modo que podemos ver más lejos que ellos, no tanto por nuestra estatura o por nuestra agudeza visual, sino porque, al estar sobre sus hombros, estamos más altos que ellos.”

Desde que estudié Semiótica en la carrera, admiro a Eco como erudito, un sabio que a la vez tiene increíbles dotes de divulgación, y que además de su trabajo académico encontraba tiempo una vez al año deleitando a los espectadores de un festival, la Milanesiana, en el que cada año era un tema el elegido, filosofía, literatura, estética, ética, medios de comunicación…

Su obra publicada es muestra de esa facilidad para cambiar de registro, saltando de la novela al ensayo, capaz de transportarnos a la Edad Media con El nombre de la Rosa y sus múltiples capas de lectura; para de forma paralela  ofrecernos uno de más lúcidos análisis de nuestra sociedad, Apocalípticos e Integradosque aunque fue publicado en 1961 tiene aún vigencia. Después de ventas de bestseller, demuestra que el lector tiene que esforzarse más para entender  El Péndulo de Foucault; nos divierte con Baudolino y vuelve a conquistarme con El cementerio de Praga, o con ensayos como Historia de las tierras y los lugares legendarios. Sus tratados sobre la Belleza y la Fealdad son libros para bibliófilos.

Ahora mis dudas surgen (sólo en cuál será el primero en mi lista) puesto que de forma casi simultanea llegan a las librerías su último libro y también la última recopilación de artículos periodísticos de Gabo, García MárquezEl escándalo del sigloun título anacrónico sin duda, en un momento en el que las noticias, incluso las más impactantes, no tienen ni siquiera esos “15 minutos de gloria para cada individuo” que pronosticaba  Andy Warhol..

 

Gabriel García Márquez es otro de mis escritores iniciáticos; leí de forma voraz todas sus publicaciones, coleccioné todo cuanto escribía y se escribía sobre él, para abandonarlo durante años, dejando apartadas y a la espera sus memorias en Vivir para Contarla, que he disfrutado recientemente. Cambiamos nosotros y por eso ha sido una gran sorpresa recuperar las sensaciones, la fuerza en la que Macondo, el hielo del capitán Aureliano Buendía, los gallinazos y todo el exotismo del realismo mágico se convirtieron de pronto en parte de mi alfabeto y mi mapa literario, y regresan ahora despertando recuerdos dormidos.

Quiero volver a los textos del colombiano, que siempre se sintió reportero, y cuya colaboración habitual en periódicos y publicaciones le dio el oficio y el impulso hasta el Nobel, como lo muestran Noticia de un secuestro o  La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile,  escrito en el estilo de un reportaje periodístico. Me cuesta imaginar como se integraría Gabo en un medio digital, incluso cuando su obra ha sido objeto de tantas adaptaciones transmedia. ¿Qué lecciones suyas serían asumidas en una redacción digital?

Las novedades editoriales pasan hoy a tal velocidad que apenas hay tiempo de reflexión, incluso aquellas que tienen vocación de explicar nuestra realidad y los cambios que se avecinan como los ensayos del mediático historiador israelí Yuval Noah HarariHomo Sapiens, Homo Deus, y el último: 21 lecciones para el siglo XXI,. En su obra encontramos claves y análisis de nuestra historia como especie, nuestra sociedad, la inteligencia artificial, la postverdad, las noticias falsas, la resiliencia… ¿seguirán leyéndose y reeditándose tanto como las obras de Umberto Eco y García Márquez ? En cualquier caso, merece la pena iniciar el viaje, disfrutar y contrastar las tres formas de comunicar de estos autores y si es posible, mirar desde un poquito más arriba, subirnos a sus hombros ¿Quiénes son tus referentes?, ¿serán los mismos en el futuro?