Archivo por meses: julio 2010

De como el cuento corte de Gabriel García Marquez sale a la luz casi de casualidad.

gabriel garcía marquez

En nuestra vida, muchas veces otras personas son las encargadas de poner orden sin que nosotros nos demos cuenta. Desvalorizamos nuestros propios actos, y otro sin mas, rescata nuestra “producción deshechada” por decirlo de alguna manera. Sino, mirá esta historia de Gabriel García Marquez.

“Una noche de julio de 1955, el poeta Jorge Gaitán Durán llegó a mi cuarto de Bogotá a pedirme que le dejara algo para publicar en la revista Mito. Yo acababa de revisar mis papeles, había puesto a buen seguro los que creía dignos de ser conservados y había roto los desahuciados. Gaitán Durán, con esa voracidad insaciable que sentía ante la literatura, y sobre todo ante la posibilidad de descubrir valores ocultos, empezó a revisar en el canasto los papeles rotos, y de pronto encontró algo que le llamó la atención. “Pero esto es muy publicable”, me dijo. Yo le expliqué por qué lo había tirado: era un capítulo entero que había sacado de mi primera novela: La hojarasca –ya publicada en aquel momento-, y no podía tener otro destino honesto que el canasto de la basura. Gaitán Durán no estuvo de acuerdo. Le parecía que en realidad el texto hubiera sobrado dentro de la novela, pero que tenía un valor diferente por sí mismo. Más por tratar de complacerlo que por estar convencido, le autoricé para que remendara las hojas rotas con cinta pegante y publicara el capítulo como si fuera un cuento. “¿Qué título le ponemos?”, me preguntó, usando un plural que pocas veces había sido tan justo como en aquel caso. “No lo sé”, le dije. “Porque eso no era más que un monólogo de Isabel viendo llover en Macondo”. Gaitán Durán escribió en el margen superior de la primera hoja casi al mismo tiempo que yo lo decía: “Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo”. Así se recuperó de la basura uno de mis cuentos que ha recibido los mejores elogios de la crítica, y, sobre todo, de los lectores.

Gabriel García Márquez

(Aracata, Colombia 1928—)

“La desmemoria” de Eduardo Galeano

CHICAGO está llena de fábricas. Hay fábricas hasta en pleno centro de la ciudad, en torno al edificio más alto del mundo. Chicago está llena de fábricas, Chicago está llena de obreros.
Al llegar al barrio de Heymarket, pido a mis amigos que me muestren el lugar donde fueron ahorcados, en 1886, aquellos obreros que el mundo entero saluda cada primero de mayo.
Ha de ser por aquí -me dicen. Pero nadie sabe.
Ninguna estatua se ha erigido en memoria de los mártires de Chicago en la ciudad de Chicago. Ni estatua, ni monolito, ni placa de bronce, ni nada.
El primero de mayo es el único día verdaderamente universal de la humanidad entera, el único día donde coinciden todas las historias y todas las geografías, todas las lenguas y las religiones y las culturas del mundo; pero en los Estados Unidos, el primero de mayo es un día cualquiera. Ese día, la gente trabaja normalmente, y nadie, o casi nadie, recuerda que los derechos de la clase obrera no han brotado de la oreja de una cabra, ni de la mano de Dios o del amo.
Tras la inútil exploración de Heymarket, mis amigos me llevan a conocer la mejor librería de la ciudad. Y allí, por pura curiosidad, por pura casualidad, descubro un viejo cartel que está como esperándome, metido entre muchos otros carteles de cine y música rock.
El cartel reproduce un proverbio del África: Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador.

La hoguera de San Juan de los fiacunes (San Juan 2010)

Y allí fui, en busca del fuego, del fuego de la hoguera de San Juan. Me gustaba esto de llevar no solo mis papeles con los escritos de lo que yo quería tirar. También tenía los papeles de algunos de ustedes. Simbólicamente, los fiacunes nos acercamos al fuego con la intención de transmutar.
Eran las fiestas de Judizmendi, y allí, al fondo del Parque del Polvorín, brillaba la luz del fuego. Menudo contraste me ofrecía este espectáculo que parecía compuesto por opuestos. En lo alto, un cielo sereno iluminado por una luna acuosa que nos anunciaba lluvia. En lo alto el silencio y la oscuridad.
Abajo, la fiesta ruidosa y animada entre música, bailes, txosnas. La gente que parecía ajena al silencio de lo alto, caminaba hasta a veces frenéticamente como hormigas laboriosas (¿Qué trabajo estarían haciendo?). Pero todos pasábamos por el mismo lugar: el fuego.
Acercarme al fuego fue algo especial, porque como siempre se abrió la jaula de pájaros mientras caminaba con las manos en los bolsillos sosteniendo los papelitos. El ánimo teñido de una ansiedad alegre que vaya a saber de dónde había venido (por suerte, ya no me pregunto por todo sino simplemente, lo dejo ser. Menuda liberación esto de no querer encontrarle explicación a todo!).
Iba para “quemar lo viejo, lo inútil, lo que molesta”. Cuanto más me acercaba, más aumentaba lo que comenzó siendo un calorcito agradable para terminar en un casi ardor en la piel del pedazo de hoguera que habían montado. Y me dije ¿será así la cosa cuando uno quiere desprenderse de algo que no le gusta? Primero la decisión de quemarlo, luego empezar a actuar y hasta con ánimo alto, para luego, cuando estás casi al borde de terminar sentir que tirar lo viejo, hasta duele.
Resistí frente al fuego… y digo bien cuando digo resistí porque costaba estar allí cerquita para tirar los papeles con lo que ustedes me habían sugerido. Allí estaba el fuego que se me antojó pensar como un ser vivo que por momentos explotaba con ira para después quedar otra vez manso solo dando calor y luz.
Indiferencia, falta de compromiso, todo lo malo, los figureti, los que meten la mano en la lata, la falta de conciencia del uso del agua, la falta de solidaridad con los inmigrantes, el egoísmo de la humanidad, la falta de respeto por el otro, en todos los órdenes de la vida…. estas intenciones, cada una de ellas escritas en un solo papel (otro símbolo más que quise hacer de unión en las intenciones).
Antes de tirarlas al fuego, las releí y me dí cuenta que nadie había pedido algo personal. Tal vez cuestiones personales nos llevaron a pedir lo que pedimos, pero la expresamos de manera universal dejando a un lado nada más y nada menos que a nosotros mismos para pedir por todos.
Y si pienso en el polo opuesto a lo que cada uno escribimos, me quedo con que deseamos a personas con capacidad de empatía, y compromiso para con su lugar en la sociedad. Personas que se desempeñen con el corazón y no con el bolsillo y la cartera para así lograr un mundo mejor.

La fábula del puercoespín (colaboración de la oyente Miriam Crespo)

Durante la Edad de Hielo, muchos animales murieron a causa del frío.

Los pueel puercoespínrcoespín dándose cuenta de la situación, decidieron unirse en grupos. De esa manera se abrigarían y protegerían entre sí, pero las espinas de cada uno herían a los compañeros más cercanos, los que justo ofrecían más calor. Por lo tanto decidieron alejarse unos de otros y empezaron a morir congelados.

Así que tuvieron que hacer una elección, o aceptaban las espinas de sus compañeros o desaparecían de la Tierra. Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos. De esa forma aprendieron a convivir con las pequeñas heridas que la relación con una persona muy cercana puede ocasionar, ya que lo más importante es el calor del otro.

De esa forma pudieron sobrevivir.
Moraleja de la historia
La mejor relación no es aquella que une a personas perfectas, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con los defectos de los demás y admirar sus cualidades.

La sabiduría de la desilución.

Quedarnos en el punto de “me siento desilusionado” por la actitud de tal o cual persona, sería desaprovechar una enseñanza (dolorosa por cierto) que nos regala la vida. La desilusión es simplemente una puerta para entrar en un estado o actitud distinta frente a la vida. Te diría si lo trasladara en imágenes dos opciones:
Una persona con una venda en los ojos, que llora por otro
Una persona con una venda en los ojos que llora, pero se quita la venda, y se desilusiona!
La desilusión, es dejar de ver un mundo que no era real y que uno mismo le había dado peso de realidad.
Muchas veces, idealizamos nuestras relaciones, y creemos que son tal cual como nosotros las hemos concebido. Pero la realidad, que es bastante sabia, nos da un toque de alerta al plantarse frente a esa realidad que uno le dio peso de cierta. Y esa realidad que responde a nuestros “castillos en el aire”, cae estrepitosamente y nos desilusionamos.
Y aqui digo el título de la nota: la sabiduría de la desilusión. Te das cuenta que maravilla es que aunque duela puedas ver las cosas tal cual como son y no tal cual como creemos que son? Te das cuenta que maravilla es estar plantados sobre el suelo y no sobre una escenografía que construimos de acuerdo a nuestras necesidades

Deja ya de engañarte. Eres la causa de ti mismo, de  tu tristeza, de tu necesidad, de tu dolor, de  tu fracaso o de tus éxitos, alegría y paz.

Templo de botellas de vidrio… esto si que es reciclar

templo de botellasSe cuenta en una de esas historias curiosas que van dando vuelta por el mundo, que por 1984, a un budista luego de una meditación, se vio absorbido por la idea de construir un templo con botellas de cerveza. Una idea original por donde la mires, pues no solo tenía en si misma la curiosidad de su material de construcción, sino que aportaba distintos beneficios:

Por un lado, construir un templo de esta manera, convertiría al lugar en una visita obligada para los turista, pudiendo además obtener un beneficio económico alojándolos. El material de construcción, lo pensaron como de coste 0, pues lo conseguiría empezando a pedir botellas… decenas… cientos… miles… o ¡un millón! La construcción, poniendo ellos la mano de obra, les saldría prácticamente gratis, y el templo en si mismo se transformaría en un ejemplo de reciclado.

Estos monjes tailandeses, comenzaron a recolectar botellas y en menos tiempo del que pensaban, gracias a las donaciones que les llegaron de distintos puntos del país, juntaron nada mas y nada menos que un millón  y medio de envases.

Si buscábamos buenos ejemplos de reciclar, pues  aquí lo hemos encontrado. Reciclar es  reutilizar partes de objetos  que han llegado aparentemente al fin de su vida útil , pero que gracias al arte de reciclar, se transforman en algo nuevo, generalmente totalmente distinto del primer sentido con que fueron creados.

Ubicado  a unas  370 millas al  noreste de Bangkok, en la provincia de Sisaket, Tailandia, tiene al vidrio como protagonista. Desde los baños hasta el mismo crematorio, muestran una verdadera artesanía que entremezcla al cemento y el vidrio, decorados con murales y mosaicos realizados con los tapones de las botellas.

Su abad, Kataboonyo, dice… “cuantas más botellas consigamos, más edificios construiremos”, abriendo así una nueva modalidad de reciclaje de tantas botellas que terminan en un vertedero. Luego de recolectar un millón de botellas, los monjes comenzaron su construcción.  Construcción que tenía por objetivo primario alcanzar el Nirvana o Nibpan: buscar liberarse del sufrimiento.

Aunque podamos pensar que las botellas son un material frágil, ellas han demostrado que son eficaces como material de construcción. Fáciles de limpiar, ideales para publicitar una arquitectura sostenible, dejan pasar la luz y sus colores… no destiñen.

Actualmente, el templo que tuvo por sentido original construirlo para alcanzar el Nirvana, se ha convertido en uno de los lugares del sudeste asiático que tienen gran interés turístico, dándoles a los monjes ingresos económicos para su comunidad.

Arquitectura sostenible. A mi criterio, un ejemplo a seguir. Y hablando de reciclaje… ¿que tal pensarnos a nosotros mismos como objeto de reciclaje? Que tal transformar las antiguas estructuras mentales que antes nos sirvieron y que hoy por hoy ya no tienen ningún sentido en nuestra vida? A lo mejor, al igual que los monjes que construyeron el templo, en nuestro reciclaje personal encontramos que también es posible liberarse del sufrir y sufrir… ¿será una elección? .

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https://www.eitb.eus/audios/detalle/348967/templo-vidrio/

“No te detengas”, de Walt Whitman

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías si pueden cambiar el mundo

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión.

La vida es un desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: tu puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre. No caigas en el peor de los errores: el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes. Huye.

“Emito mis alaridos por los techos de este mundo” dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples. Se puede hacer bella poesía sobre prequeñas cosas, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno. Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante. Vívela intensamente, sin mediocridad.

Piensa que en tí está el futuro y encara la tarea con orgullo y si miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte. Las experiencias de quienes nos precedieron de nuestros “poetas muertos, te ayudan a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros: los poetas vivos. No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.

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https://www.eitb.eus/audios/radio/radio-vitoria/detalle/490274/no-te-detengas-walt-whitman/