Archivo por días: 3 agosto, 2010

Antoñana. Aguake.Alava. Javier sacando fotos y yo siento que…

Antoána Aguake. AlavaDonde esta la belleza que no la vemos? Cada vez que veo una imagen de este tipo, veo que el mirar, al igual que el respirar, es algo que se aprende. Creemos que vemos, pero solo pasamos por arriba de las cosas sin ahondar en su belleza. Me gusta pensar que todo se torna mas bello cuando el “ojo que mira” se centra en si mismo y también en todo lo que le rodea. Y solo cuando uno se siente parte, o uno con el todo… la belleza se manifiesta.

Y la foto de Javier me llevó hasta Alfonsina….

velo de novia foto de javi sanchezY dejó olvidado su velo como al descuido, después de desnudarse frente al mar. Totalmente sola, anónima. Dejando salir todo aquello que tenía meticulosamente guardado en su memoria.
Y dejó olvidado su velo como al descuido, que voló sobre el mar para ser desde ese día espuma .
A veces el velo se deja ver. Otras… se esconde tras la ilusión óptica de ser agua.
Agur Alfonsina.

El mundo en fotos: una categoría hecha de a dos.

El estar de este lado del micrófono, me está permitiendo conocer gente más que interesante. Así parece romperse la distancia entre locutor y oyente, generándose un espacio interactivo.
Y así nace “El mundo en fotos”. En esta categoría, iré subiendo las fotos de Javier Sanchez. Sus fotos, tienen para mi algo especial. Cada vez que las veo, se abre la “jaula de pájaros” y me pongo a sentir y a pensar.
Y mirando, me pongo a escribir. Siempre se cuando comienzo pero no se ni donde ni cuando termino. Fotos para disfrutar, textos para pensar.

Y así llegué otra vez a Radio Vitoria: empezó La fiaca, un espacio reivindicativo del descanso

currando-en-la-EITB-150x150Y después de algunos años de “silencio radiofónico”, llega otra vez hasta mi la posibilidad de otra vez trabajar en Radio Vitoria. Quedaba todavía sonando en mi cabeza la antigua sintonía del programa que había hecho por el 2002. Pero a pesar de mi gusto por Louis Armstrong, decidí buscar otra música… y otro nombre.

En ese momento, el director de la radio José Ramón Días de Unzueta me propuso buscar un nombre que de alguna manera delatara mi argentinidad.

Votación familiar… y salió el nombre de “la fiaca”. Generar un espacio radial que a través de la música y los comentarios, te invitara a tumbarte en el sillón. Y desde ese espacio (tu rincón de gato), pudieras disfrutar tanto del programa como de vos mismo.

José Ramón seguramente no sabe que con una frase, marcó mi estilo: hacer feliz a una persona pero un día a la vez.

Y esta frase, es mi empuje cada vez que preparo un programa. Se a la hora que empiezo, pero no a la hora que termino, pues cuando se abre la jaula de pájaros (mi cabeza) puedo terminar viajando con la imaginación a cualquier lugar.

Texto de “Cuando las mujeres se juntan alrededor del fuego” de Simone Seija Paseyro, uruguaya.

Ya que más de una me lo ha pedido, aquí va el texto en forma de nota. A disfrutarlo. Me alegro que les haya gustado.

Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.

Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.

Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.

Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un exámen, o para cerrar una noche de cine. Las de “veníte el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.

El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…y sin embargo…detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.
Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.
Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.

Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.

Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.

Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.

Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.

Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.

Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.

Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.

Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.

 

SI QUERES ESCUCHAR EL TEXTO CON MI VOZ, BUSCA EL POST AUDIO MUJERES ALREDEDOR DEL FUEGO. NO ENCUENTRO LA MANERA DE COLGARLO AQUI.