La chispa

¿Qué te susurra el gato al oído?

Cuando leí…

En un taller de escritura creativa se estimula la producción de textos.  El objetivo de un taller no es el de enseñar a escribir ni potenciar o validar un género o un estilo literario por encima de otro. Se trata de potenciar los recursos narrativos de quienes gozamos leyendo, escuchando y contando historias. Como decía Gianni Rodari, “lanza una piedra al estanque” para que provoque ondas expansivas en la mente e incite a crear historias, ayudándoles a encender “la chispa” de una narración.

Consigna:

Evoca un recuerdo relacionado con la literatura. Intenta  recuperarlo, revivirlo. Escribe un relato breve con ese momento decisivo: el cuento que nos contaba alguien para hacernos dormir, el libro que en la adolescencia despertó nuestro erotismo, el autor que se nos atragantó por aquel maldito examen… Colorea, detalla el relato, sitúalo en una época en concreto, descríbenos imágenes y olores.

Escribe en primera persona, desde “yo”.

Puedes experimentar más adelante transformando el texto en una historia narrada en tercera persona. Observa los cambios, no sólo formales, que se producen en el texto cuando cambiamos el narrador.

Cuelga el resultado si te apetece en los comentarios y comparte tu narración.14408938_10207531155420494_489466738_n

7 pensamientos sobre “La chispa

  1. Sombra

    Mis amigos no lo entendían, pero para mí el mejor momento del día era cuando me mandaban a la cama. Cumplía la orden sin rechistar y empezaba el ritual. Mientras me ponía el pijama, mi madre me anunciaba el título del cuento y tras lavarme los dientes me nombraba a sus protagonistas. Luego, ya acurrucado entre las sábanas (me gustaba más en invierno, bajo la colcha, bien calentito), ella se sentaba a mi lado y en la penumbra iba relatando las aventuras de Oniel, el perro Zampo o el payaso Ligorio, entre otros. Repetía personajes, escenarios (lugares cercanos conocidos o muy lejanos que ya creía conocer) y a veces incluso situaciones que resolvíamos los dos, rescatando a Mico que siempre se metía en líos o matando, por qué no, al dragón infecto.

    Algunos amigos míos no entienden que el mejor momento del día sigue siendo el anochecer, cuando mi hija, acurrucada entre sábanas, reclama los cuentos de la abuela Asun, a la que no llegó a conocer. Cuentos que no están escritos en ninguna parte, salvo en algún escondrijo de mi cabeza.

    O tal vez no. Tal vez me los invento cada noche.

  2. Llum

    Un buen ejemplo de libros o libro como parte central de un texto es este fragmento de “L’Agulla daurada” “Aquell hivern, la neu arribà d’hora a Leningrad (…) I començà un fet dolorós: la crema de llibres. La biblioteca -a casa hi havia molts llibres- serví per a escalfar-nos. La selecció va ser molt dura. Triàvem i tornàvem a triar. Primer vam llençar les revistes alemanyes a l’estufa. Després, velles revistes franceses de la Illustration, i, en acabat, les enciclopèdies. Més tard, els mobles. Però no ens atrevíem a llençar els llibres de literatura i, encara menys, els clàssics. La mare, per guarir-me de la tristesa, m’ensenyà francès. Les lectures em van salvar. Tot el dia m’estava sola amb els llibres i ara sé que la tradició culta és resistir. Jo tenia por de baixar al soterrani quan bombardejaven i m’arrapava a un llibre mentre sentia els espetecs i xiulets damunt meu. L’Alexandra Koss tenia vuit anys quan, un dia, la mare li va fer un regal. Entre la paperaza que havien salvat del foc hi havia un vell llibre, relligat de pell i amb il·lustracions al carbó. Era un Quixot en francès, una versió íntegra que havien llegit els avis i els besavis. El va llegir i va començar a entendre les darreres raons de la resistència al bloqueig. Les aventures del cavaller de la Manxa es convertiren en la seva mitologia infantil (…) I és així com la seva mare salvà l’Alexandra de morir de tristesa.”

  3. Llum

    @Llum
    La traducción seria, más o menos: “L’Agulla daurada” “Aquel invierno, la nieve llegó pronto a Leningrado (…) Y empezó un hecho doloroso: la quema de libros. La biblioteca -en casa había muchos libros- se usó para calentarnos. La selección fue muy dura. Elegíamos y volvíamos a elegir (….) Madre, para curarme de la tristeza me enseñó francés. Las lecturas me salvaron. Todo el día estaba sola con los libros y ahora sé que la tradición culta es resistir. Yo tenía miedo de bajar al sótano cuando bombardeaban y me aferraba a un libro mientras oía los estallido y pitos por encima. Alexandra Koss tenía ocho años cuando, un día, su madre le dio un regalo. Entre los papeles que salvamos del fuego había un viejo libro, repujado en piel y con ilustraciones de carbonilla. Era un Quijote en francés, una versión íntegra que habían leído los abuelos y bisabuelos. Lo leyó y empezó a entender las razones de la resistencia al bloqueo. Las aventuras del caballero de la Mancha se convirtieron en la su mitología infantil (…) Y es así como su madre salvó a Alexandra de morir de tristeza.”

  4. Llum

    @Sombra
    Tierno cuentito, Sombra. Ya te comentaré más cosas cuando nos veamos, como que podrías añadir un título, pero se ajusta a lo que pide la consigna (primera persona, evocación, primeras narraciones, y además sugieres que hay historia que la que cuentas). Tiene un tono que invita a leer y a recordar esos buenos momentos del día, si los hemos tenido. Gracias por compartirlo

  5. EX Y LIADO

    ABUELA

    El recuerdo de mi infancia es una secuencia de historias con final feliz. De días rutinarios que siempre acababan bien.
    Cada día salía del cole disparado para casa, mis compañeros se quedaban un rato jugando en el patio, pero es que ellos no tenían a la abuela Sita en su casa. Mi abuela siempre estaba rodeada de gente y sus reuniones siempre tenían una banda sonora de estridentes carcajadas.Le encantaba no tomarse la vida demasiado en serio, nunca dejó que el hambre y las penurias le quitasen la risa.
    Por las noches dormíamos en la misma habitación, en aquellos tiempos las familias todavía no habían vendido su tiempo para tener más espacio.Mi madre nos mandaba apagar la luz para no molestar a mi padre.Entonces mi abuela encendía la vela, y sus ojos se volvían brillantes no sé si por la luz o por la ilusión.
    Yo iba leyendo despacio, trastabillándome cada pocas sílabas y mi abuela no paraba de hacer comentarios graciosos después de cada frase,así que ,cada libro, nos duraba siglos.
    A mi abuela nunca dejaba de sorprenderle mi torpe habilidad para desencriptar las historias contenidas en ese conjunto de signos negros.Nounca entrendió como podía salir tanta vida de algo tan inerte. Después de un buen rato de lecturas, risas y reprimendas, apagábamos la vela y encendíamos los sueños.
    Han pasado muchos años.Hace mucho que no duermo con mi abuela, pero sigo viniendo cada noche a leerle una historia. Aún hay veces que entre la opacidad de sus cada vez más frecuentes ausencias el brillo vuelve a sus ojos.Me dicen que para que vengo, si ella ya casi no recuerda.Yo siempre les digo que puede que ella no me recuerde, pero yo no la olvido y necesito seguir disfrutando de historias con ella mientras su vela se va apagando y se van encendiendo sus sueños.
    Felices sueños, abuela.

  6. Llum

    @EX Y LIADO
    “Después de un buen rato de lecturas, risas y reprimendas, apagábamos la vela y encendíamos los sueños…” Una imagen muy sugerente realmente.

    Sugieres, más que cuentas, dejando espacio al lector para poder evocar sus propios recuerdos y pensar en sus propias “abuelas”, además de abordar con cariño un dificl tema, según insinúas en el final.

  7. Maixol

    LA PISTA DE MI HUELLA

    Crecí entre barricas de vino, medidas de un cuarto, medio litro y una familia que me quería. Mi aita me hablaba como si fuera mayor, cualquier cosa que le comentaba, me contestaba muy serio
    – si eh?.
    Jugaba a la cuerda, al txingo, al escondite, luego cuando corría más, al pañuelito, todo, como si me fuera la vida en ello.
    Comencé tarde a la escuela, con siete años. La curiosidad por blancanieves y los gestos del mudito me llevó a leer con mucha rapidez; me gustaban las estampas, pero no sabia que decian en cada una de las aventuras de el “El guerrero del antifaz y Roberto Alcazar y Pedrin.
    Recuerdo que en la escuela de Pasajes San Pedro, las alumnas teníamos variadas edades en una misma aula, los viernes, doña Petra, la profesora´, nos enseñaba diferentes paneles de historia sagrada; me encantaban aquellos dibujos y sus historias. Las veces que me tocaba interpretarlos, que era muy frecuente, le concedía a los pasajes un cariz muy doméstico que poco tenían que ver con las estampas, lo que era motivo de carcajadas y a mi me gustaba aquella hilaridad, Pronto aprendí la carga afectiva y de aceptación que las risas contenían.
    A las noches soñaba con hadas, príncipes, madrastras. A medianoche me levantaba a orinar del rincón de la alta cama que dormía con Juanitatxo, mi cuidadora, me sentaba en el orinal y seguía durmiendo, hasta que me despertaba una voz grave, impostada de ultratumba; MAARIIIA DAME LA ASADURA QUE ME LA QUITASTE DE LA SEPULTURA, cambiaba la voz, en este caso con voz voz de niña-Ay amatxo donde estará -Cállate niña que ya se marchará, repetía la madre. Tengo que decir que donde dormíamos era un segundo piso situado encima de la taberna de mis aitas -NO ME VOY NO, QUE ESTOY EN EL PRIMER PISO continuaba la voz cavernosa. Con el miedo en forma de pelotazo en el pecho; tiraba el orinal, corría y trepaba temblando a la cama que me parecía un castillo con almenas que dificultaba mi subida hasta mi txoko Al día siguiente, delante de ama, juanitatxo le atribuía adjetivos de inestabilidad al orinal pero ante mi le concedía poderes malignos ya que si permanecía mucho tiempo encima de él venía la señora a buscarme.

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