Más luna

Reflejo de luna

Aquí está de nuevo. Parece que está contenta y me sonríe. Yo también sonrío. Ayer lloramos las dos. Le queda bien este vestido azul. Parece que va a salir ¡Por fin! Ha estado encerrada casi una semana aquí, conmigo… ¿Cuántas horas se habrá pasado frente a mí, sentada, de pie o tumbada? Tiene un llanto callado que suele terminar en hipo y que contagia. Me lo contagia todo: la única diferencia es que yo soy aún más silenciosa. Se va de nuevo… Ha ido a por maquillaje. Sí, definitivamente hoy sale.

Hace seis días que él estuvo aquí. Intenté decírselo muchas veces, porque notaba sus dudas, sus preguntas mudas… No tengo voz, pero finalmente entendió. Lo acompañó hasta la puerta, sin responder a sus gritos y temí por ella porqué oí cómo forcejeaban, cómo él se quejaba, como ella con voz queda y llena de “por favor”, le pedía que se fuera. Al final pudo echarle. Imagino que después se quedó mucho rato apoyada en la puerta. Luego volvió y me miró, de nuevo en silencio, llorando. Yo quería decirle que ella no era culpable de nada, que no se merecía sus gritos, que malgastaba sus caricias y sus besos.

Pero ya pasó. Ahora sonríe. Yo también.

Se va de nuevo y vuelve con un trapo. Las dos sabemos que es imposible que consiga quitarme estas manchas: son lunares de vejez. Son como pecas que quedan en el alma para recordar lo que se ha vivido, lo bueno y lo malo. Y yo he vivido mucho. Me limpia con mucho cariño, rozándome a penas, porque fui un regalo de Edgar Mendoza, cuando le prometió la luna… A Raquel le pareció bonito, pero claro, no le creyó. Y ahora se refleja en mí, de cuerpo entero, cada día. Edgar murió poco después de rescatarme de un polvoriento almacén de anticuario donde yo languidecía. Dejó algo de él en mí, seguramente este lunar grande que oscurece la frente de Raquel cuando se asoma. A veces se queda en su entrecejo. En ese lunar ella echa su aliento y frota, para intentar borrarlo, aún a sabiendas de que no puede.

Me mira, se acerca y pone sus labios en los míos en un beso tenue, casi inexistente, inmediatamente, borra su huella con el trapo.

“Hasta luego”, me dice desde la puerta. Yo no respondo, pero espero su regreso.

Texto de Llum Saumell. Basado en la consigna “LUNA” de la Librería de DeustoPor favor, si usas este texto o un fragmento, nombra la fuente.

espejoFoto de “Lúa” enviada por Montse.

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5 pensamientos sobre “Más luna

    1. Llum Saumell Autor

      Sí “Oh!”; se trata del discurso o monólogo interior, aunque en este caso es más ordenado que el “real”. El discurso o monólogo interior o “flujo de conciencia” es la técnica literaria que trata de reproducir los mecanismos del pensamiento en el texto, tales como la asociación de ideas, saltar de un tema a otro. Es una narración en primera personas y suele ser en tiempo presente.

  1. Txemi Sánchez

    Me ha gustado tu relato . Lo he leído y releído. No lo he analizado, me he dejado emocionar. La conciencia silenciosa del espejo es mas íntima que un alma humana, alcanza, aunque impotente, la enormidad de la vida de los dioses; todo lo ven, todo lo saben, pero nos dejan equivocarnos, a veces ante su mirada ya un poco velada por los años.
    La próxima vez que me asome a mi espejo sentiré compañía.
    Txemi

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