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ESCRITURA AUTOMÁTICA 1.

Interrogantes

En la primera mitad del s.XX, un grupo de artistas del movimiento surrealista, liderado por André Breton, experimentó con lo que luego llamarían “escritura automática”. Este método o recurso consiste es en situar el lápiz sobre el papel, o los dedos sobre el teclado, y empezar a escribir, dejando fluir los pensamientos libremente, intentando dejar la mente en blanco y permitir que sea la mano (o nuestros dedos) los que guíen nuestra escritura.

Para ellos se trataba de la manera más pura y libre de escribir, pues el “yo” más auténtico fluía sin los prejuicios ni la censura de la mente consciente.

Los surrealistas solían proponer retos y a menudo escribían colectivamente; a partir de este simple “dejar fluir” nacieron otros juegos como “el cadáver exquisito”.

Se trata de escribir sin pensar, de forma intuitiva y rápida, de manera que no haya demasiados filtros entre nuestra mente y la mano.

CONSIGNA del gato LLAMP:

Escribe diez palabras, pero hazlo entre signos de interrogación. No te demores más de cinco minutos en confeccionar esta lista. Ahora elige uno o varios de estos interrogantes para escribir una narración breve (cuento, micro relato, poema…). La interrogación sirve también para cuestionar, buscar respuestas.

Anímate a “colgar” en los comentarios las narraciones que han surgido de este ejercicio.

4 pensamientos sobre “¿?

  1. Jota

    Estas son mis diez palabras.
    ¿Camino? ¿enano? ¿búsqueda? ¿pensar? ¿madera? ¿atrás? ¿cuajar? ¿anoche? ¿brújula? ¿sintonía?
    Ahora estoy con el relato surgido de ellas.

  2. Candela

    Esa pregunta siempre, siempre está ahí. Flotando entre nosotros aún sin ser pronunciada. Impregna el aire, tiene el aroma de los higos maduros recién cogidos del árbol. Esa era la merienda que nos daba mi abuelo cuando íbamos con el a su pequeño huerto: ese fruto carnoso que acompañaba con una nuez y que nos sabía rico porque lo comíamos escuchando sus historias, anécdotas de cuando era pequeño. Nunca terminaba una; dejaba el final para otro día, otra visita, y lo enlazaba con la siguiente historia.
    Nunca supimos cómo murió. Simplemente, un día, fuimos al huerto y nos dijeron que había muerto.
    Nunca sabremos cómo termina su última inacabada historia.

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