Gazapos

Vamos a cazar… GAZAPOS.

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GAZAPO es un conejo joven, pero también se refiere a cuando se detectan errores en el lenguaje hablado o escrito. En realidad el gazapo del error no tiene nada que ver con el joven conejo: tienen un origen distinto, etimológicamente son diferentes. GAZAPO como error proviene de la antigua palabra española gazafatón, derivada a su vez de la griega kakénfaton, con el significado de “error de lenguaje” o “palabra malsonante”. El gazapo animal de largas orejas toma su nombre de otra palabra, aunque también griega dasupous con el mismo significado de “conejito o conejo pequeño”.

Muchos gazapos es lo que un grupo de farmacéuticos reunieron en Anécdotas de farmacéuticos. ¿Turno de guardia o en guardia?

Reconozco que se me traba la lengua, o directamente pronuncio mal, con muchos medicamentos, enfermedades o marcas y que en mi propia familia hemos “bautizado” algunos productos. Nadie como los farmacéuticos para explicar hasta dónde llega la creatividad de los clientes y posiblemente creamos que es un chiste el que pidiósupositorios de nitroglicerina” o “agua exagerada”, pero no se trata de inventos o leyendas urbanas. Son peticiones reales, como el hombre que pidió unos “profiteroles” y, tras descifrar la comanda, el inteligente profesional de la farmacia le vendió una caja de profilácticos que no estaban rellenos de nata. El periodista García Costoya quiso rendir hace unos años homenaje a la labor de los farmacéuticos y contactó con centenares de farmacias para recopilar datos curiosos: algunas anécdotas se repiten en distintos lugares de España.

Hay peticiones que son verdaderos jeroglíficos del lenguaje y requieren la paciencia y la imaginación de quien expende los medicamentos: “Consuelo, dame esa pomada roja y negra, el trono del Cid, que me va tan bien para las piernas”, le pidió una clienta a su farmacéutica de toda la vida, quien dedujo que se estaba refiriendo a la crema Trombocid, que se distribuye en cajas de color negro… ¡y amarillo!


García Costoya hace además un repaso de la forma de presentación de los muchos medicamentos que hay en el mercado y a sus nombres, lo que provoca cierta confusión como la de la mujer murciana que se quejaba al farmacéutico de que su médico casi le había echado de la consulta por pedir «sexooral», cuando lo que realmente pedía era una receta de Seroxat. Los preparados más comunes no se libran de los gazapos: el suero fisiológico —solicitado como suero morfológico o suero psicológico, entre otros  neologismos improvisados—, ni tampoco los encargos que las mujeres hacen a sus maridos: “necesito anillos de los Nibelungos” y, realmente, lo que quería su esposa era que comprara “anillos vaginales Nuvaring”. A veces, las peticiones además de cómicas son imposibles de cumplir: “He oído en la tele lo del tikis mikis —por el parásito anisakis— del pescado y quiero algo para fumigarlo y podernos comer el pescado fresco”, o una situación lamentablemente más habitual de lo que sería deseable: “El viernes pasado —la consulta en la farmacia tenía lugar un martes— tuve relaciones con un chico. ¿Me puedes dar la píldora del día después?”.


Seguro que otros dependientes tienen anécdotas parecidas: libreros, ferreteros o vendedores de cupones… Seguro que podéis contar más de un gazapo parecido en los comentarios. Os invito

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