¡A la mierda!

¡A la mierda!

Hace días que el gato Llamp anda por casa canturreando… Canturrea, si. No sé por qué os sorprende que canturree en un gato que lee, se cambia de pelaje, se esconde en librerías, susurra palabras e, incluso, escribe. Bueno, pues canturrea canciones de… ¡José Antonio Labordeta! Os lo aseguro.

Y es que posiblemente se le echa de menos.

Este escritor, profesor y cantautor aragonés se hizo muy conocido con los documentales de TVE “Un país en la mochila” y saltó a las televisiones y a la memoria popular con su “a la mierda, joder”, frase que muestra el hartazgo desbordándose, ya sea por los tejemanejes y los sinsentidos de algunos políticos, ya sea por el acoso de un admirador (en el caso de otro insigne “a la mierda”, Fernando Fernán Gómez)

portada

El caso es que los maullidos melódicos de Llamp han provocado que relea el magnífico libro “MEMORIAS DE UN BEDUINO en el Congreso de los Diputados” que José Antonio Labordeta tuvo a bien de legarnos. Aconsejo su lectura: nos cuenta anécdotas, sucesos y momentos vividos en el Parlamento desde el año 200 al 2008, pero sin duda tiene página muy actuales.Las páginas destilan ironía, como por ejemplo cuando narra la demanda de un ciudadano a la comisión de peticiones en la que reclamaba “la esterilización del rey don Juan Carlos por temor a que transmita alguna enfermedad venérea a Doña Sofía”, pero también son aleccionadoras y retratan, con sencillez y sentido común, el día a día de una institución que Labordeta  cree necesario reformar y agilizar ara que sea más accesible a los ciudadanos y más eficaz.

Fue el representante de Chunta Aragonesista (CHA) en el Congreso de los Diputados durante ocho años.

Destaca el capítulo donde habla de los ministros y de otros compañeros congresistas, de los procedimientos absurdos, de las dietas prescindibles  y del trato que le dispensó José María Aznar, el Jefe de Gobierno, que nunca le dirigió directamente la palabra y que aludía a él como “el cantautor”.

Unas memorias bien escritas, de las que os dejo un fragmento.

MEMORIAS DE UN BEDUINO EN EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS.

Y ahí salté. No pude más. La tensión acumulada esos días con la violencia de Irak y las largas sesiones de enfrentamientos dialécticos con un muro de duro cemento humano me lanzaron a la dialéctica de la descalificación por encima de todo (…)
Dije “¿No puede uno hablar aquí o qué? Coño, a ver si no puede uno hablar aquí. A la mierda, joder… – Rumores (en la “bancada de los hooligans”)- Estoy hablando con el ministro y no con ustedes (más rumores) Ustedes están habituados a hablar siempre porque aquí han controlado el poder toda la vida y ahora les fastidia que vengamos aquí a poder hablar las gentes que hemos estado torturados por la dictadura. Esto es lo que les jode a ustedes, coño, y es verdad, joder. A la mierda” (…)

Cerca de las dos de la mañana abandonaba el Congreso sin ser muy consciente de la escena que había vivido.  (…) Al día siguiente madrugué porque había algún tema que afectaba los intereses de Aragón, y cuando entré en el café en que diariamente desayunaba, una mujeres (…) me recibieron con aplausos, y en la tele, colgado casi del techo, aparecía yo a esas horas mandando a la mierda al personal.

Fue divertido cuando al mediodía Joaquín Sabina, de viaje hacia Andalucía, me felicitaba, riéndose como un loco por lo sucedido.

Nunca me sentí tranquilo con aquel gesto, y sé que a los jefes de mi partido no les pareció muy bien, pero quizás ese desplante mío lo pedían muchos ciudadanos. A veces, a las gentes les gusta ver cómo el personal de desparpajea para decir lo que todos sentimos y nadie se atreve a exponer.

De todos modos, y aunque espero no tener tumba ni mausoleo, ya sé cuál puede ser mi otro epitafio: ¡A la mierda….! Y todos tan contentos”

José Antonio Labordeta murió en septiembre del 2010. Su entierro fue multitudinario. Era una persona muy querida. Desconozco su epitafio (si alguien lo sabe, ruego que lo comente) pero tiene un parque con su nombre en Zaragoza y cada año se le rinde homenaje. Pero no hay mejor homenaje que cantar sus canciones y leer sus libros.

La gente, a la que él siempre aludía en sus discursos, en su trabajo, ha sabido valorar la talla de este hombre. Por eso lo han convertido en “gigante”.GIGANTES_62

3 pensamientos sobre “¡A la mierda!

  1. Lauri

    El abuelo es una de mis pasiones: soy fan suya desde el año 76, me sé muchas de las letras de sus canciones y las conozco todas musicalmente. Hace ya un tiempo que leí el libro y me pareció tan lúcido como todo lo que escribía, fuera poesía o narrativa.

    El acto de despedida de mi hijo Zendoa lo cerré con Labordeta recitando el estribillo de su tema “El jardín de la Memoria”:
    “Recuérdame como un árbol batido, como un pájaro herido, como un hombre sin más.
    Recuérdame como un verano ido, como un lobo cansino, como un hombre sin más”

    Todas sus letras son pura fuerza y sentimiento, incluso las más jocosas.

  2. Txemi Sánchez

    Era un tipo entrañable. No sé si todo lo que hizo era tan bueno o si tenía tanta razón siempre, pero desprendía bondad y cercanía. Tocó varias disciplinas, escritura, canción,radio, televisión y parlamentarismo ingrato, podría muy bien haber aparecido como personaje en algunas películas castizas haciendo de él o de ese alguien como él, ese que todos querríamos conocer.
    En esa misma película contrataría a Aznar, otro gran personaje, paradigma de odioso cretino. Tiene tan pulido su papel que no necesita dirección ni método de interpretación, su mera naturalidad produce efectos vegetativos incontrolables, como odio enraizado en el alma y furia rabiosa. Aunque conozco a quien le parece un tipo razonable y cargado de razón.(Viva la ripiosidad)

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