El regreso

El autobús del aeropuerto a Bilbao, pequeña Babel, iba abarrotado. Me encajé entre dos enormes maletas y unas señoras inglesas (cumplían varios tópicos, por eso imagino que eran británicas) que ya pasaban lo que se llama con condescendencia “mediana edad” y, de espaldas al conductor, miré a mis obligados compañeros de viaje para distraerme. Estaba cansada, como casi todos los pasajeros por lo que podía observar.

A pesar de ir lleno, en el autobús dominaba el silencio… Hasta que, de repente, se oyeron murmullos, exclamaciones de asombro, palabras agitadas, en inglés, en francés, creo que en checo, alguna en japonés u otro idioma oriental. Sonreí. No necesitaba girarme para saber el porqué de esa agitación que sacudía el sopor de los turistas: unos se armaron de cámaras, otros simplemente pegaron su mirada, sonriendo. Ante ellos asomaba el Guggenheim, paisaje sorprendente, sobre todo cuando aparece casi de repente, desde “arriba”, cuando se cruza el Puente de la Salve.

“Estoy en casa”, pensé. Aunque suelo sentirme en casa en muchos lugares cuando encuentro sintonía con un paisaje o, sobre todo, con personas, esta vez lo decía en un sentido más literal.

Seguí sin girarme para ver el peculiar edificio y todo su marco, esa idea loca de un arquitecto que fue cómplice de una “bilbainada” y me dediqué a observar los rostros. Crucé una mirada con una chica que, después, me contó que era rusa y que iba de camino a Asturias, para encontrarse con su novio. Musitó “súper” (una palabra muy habitual en buena parte de Europa) y yo asentí.

 

No es mi paisaje “favorito”, pero sin duda es singular.


La mitad de la belleza depende del paisaje;
y la otra mitad de la persona que la mira…

Los más brillantes amaneceres; los más románticos atardeceres;
los paraísos más increíbles;
se pueden encontrar siempre en el rostro de las personas queridas.
(…)
La belleza no hace feliz al que la posee;
sino a quien puede amarla y adorarla.

Por eso es tan lindo mirarse cuando esos rostros
se convierten en nuestros paisajes favoritos….”

Hermann Hesse

6 pensamientos sobre “El regreso

  1. Txemi Sánchez

    Interesante. En “El instinto del arte” de Dennis Duton se investiga sobre la sorprendente preferencia de determinados paisajes, por ejemplo los aparecidos en la láminas del calendario,en cualquier lugar del globo. No tiene que ver con lugares conocidos por los humanos, sino más bien con algo que , ancestralmente, les produce seguridad.
    Supongo que la contemplación de un rostro fascinado por un paisaje producirá la misma emoción universalmente, a mí me la provoca. La mejor experiencia es la que se puede leer en los ojos de un niño, no digamos nada si es tu propia hija.

  2. Llum

    Ayer había una enorme luna llena: el rostro fascinado de un niño, desconocido para mí, contemplando los fuegos sobre la ría, fue fantástico… Reconozco que después busqué al niño para ver cómo miraba las fuegos artificiales.

  3. Kaemele

    Gracias por vuestro relato y comentario me ha hecho acordarme de algo que andaba buscando en relación a una nueva línea de trabajo paisaje natural y salud, a mi me interesan especialmente las emociones. Lo que me gustaría aplicarlo a paisajes urbanos. En un primer estudio encontramos que el contacto con la naturaleza aumentaba la calma y reducida el enojo y el estés. Se podrá aplicar al paisaje cultural o culturalscape? Gracias

    1. Llum

      Permanece atenta al blog: pondré dentro de poco algunas fotografías de paisajes distintos y solicitaré a los usuarios que indiquen, en sus comentarios, qué emociones y sensaciones les produce. Tal vez esto te pueda ayudar, aunque sólo será a través de la vista. Podemos incluir alguna “cultural” como dices. ¿A qué te refieres con los de “culturalscape”?
      Puedes mandarme, si quieres, alguna fotografía en concreto.

  4. Llum

    Es un terreno que desconozco, pero sé (por estudiarlo y experimentarlo) que los colores y los olores, los sonidos no los tengo tan experimentado aún pero también, sí tienen determinados efectos sobre los humanos, aunque depende también de nuestro origen y cultura social, pues atribuimos significados añadidos a los colores. Así, determinados azules calman y el naranja es más excitante (energético), por ejemplo. Estoy segura de que Txemi como fotógrafo y pintor y tú misma ya conoceréis el uso de los colores en psicología (existe incluso la cromoterapia y la aromaterapia).
    Baso algunos ejercicios de creación narrativa en la observación de algunos paisajes (fotografías), olores y colores. Este próximo curso experimentaré más con los sonidos.
    Todo ello (color, olor, sonido…) forma el paisaje, ya sea real o inventado.

  5. MAFALDA

    Yo he viajado a muchos lugares y prefiero estar en una plaza, estación, paseo o cualquier lugar concurrido de gente, antes que entrar en el museo conocido o visitar el monumento típico, llamadme inculta pero lo paso mejor viendo la “vida” de las calles, me gusta observar y ver como la gente compra, come, lee, hace deporte, fotografia monumentos, conversa…. y me doy cuenta de que aunque somos diferentes (cultura, sociedad, color de la piel….) reaccionamos igual o casi, en las mismas circunstancias. Un abrazo para todos los amigos “susurrantes” y feliz retorno a la vida cotidiana.

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