Tras los pasos de P.L. Travers

El misterio de las guarderías.

De Llum Saumell.

Es el caso más extraño en el que he trabajado. Ahora anuncian el estreno de una película basada en Mary poppins, y no sé qué puede ocurrir.

6a00e54ef837538833014e891ef62f970d

El encargo fue en el 2001 y era de lo más absurdo… Sin embargo no pude negarme a los ruegos de las representantes de Guarderías Asociadas “Mary Poppins”.

Desde hacía algún tiempo desaparecían de los centros de esta institución –que a los tres años de iniciar su trayectoria empezó a cotizar en Bolsa- el emblema de sus fachadas. Era la silueta de una mujer muy parecida a la Julie Andrews del film de Walt Disney. Eran emblemas de unos cincuenta centímetros, metálicos, que se colocaban al lado de la puerta. Primero creyeron que se trataba de una broma; en cuanto reponían un emblema,   desaparecía de nuevo en pocos días. En varias ocasiones, en un mismo día, sustraían las figuras de centros de ciudades distintas y distantes. Cuando también empezaron a desaparecer, del interior de las guarderías y sin forzar puertas ni ventanas, las cintas “dvd” con la famosa película de Disney, los discos compactos de su banda sonora y cualquier referencia al célebre personaje (póster, dibujos, cuadros, disfraces, cuentos ilustrados…), la semilla del miedo germinó en algunos docentes, cuidadoras, empleados y maestras. Se sentían inseguros sabiendo que alguien entraba en las aulas.

Haciendo gala de un gran sentido común, las primeras medidas fueron contratar guardas de seguridad que hacían rondas nocturnas. Impartieron a bedeles, directores y a todos los trabajadores que lo quisieron, un cursillo de defensa personal. De esta manera se dio una imagen de seguridad y eficacia que hizo aumentar las acciones y el alumnado. Lamentablemente también se incrementaron las intrusiones en los centros: en ocasiones, no sólo no hurtaban nada, sino que aparecían novelas, recortes de prensa, poemas o  ilustraciones de principios del siglo XX.

 Pensé que debía tratarse de una organización parecida a la asociación que puso de moda “liberar” a los enanitos de piedra de los jardines, aunque siempre tuve la sensación de que detrás de estos actos se escondía algo más profundo, un conflicto cuyas raíces se hundían más allá de las guarderías.

Monté un dispositivo estándar en los centros más grandes, con gran publicidad. Instalé equipos de vídeo y coloqué alarmas en varios centros, conectadas a las comisarías más cercanas y a mi oficina. Cabe destacar que jamás sonaron, si quiera como falsas emergencias o fallos. Mientras, en dos centros y aprovechando bajas ocasionadas por el estrés de estas intrusiones, coloqué discretamente dos de mis mejores agentes, uno como guardia de seguridad nocturno y la otra como psicóloga infantil. Sus nombres en clave eran “Lechuza” y “Diván”. El mío para esta ocasión era “Deshollinador”.

Y esperé. La paciencia es fundamental en una investigación. Rara vez se consiguen resultados inmediatos como sucede en películas o seriales dedicados al género policíaco ni se encuentran indicios como los que disemina por su novela el escritor. Rutina y constancia son, a menudo, las herramientas de los “Sherlock” contemporáneos. Pasé horas investigando los documentos encontrados en los centros “Mary Poppins” tras cada episodio de intrusión. He aquí una lista de lo más destacado:

  •  Una edición antigua de la obra de teatro J.M.Barrie sobre “Peter Pan” y la novela, más moderna y revisada, sobre Peter Pan de Barrie.
  • Cinco libros de la australiana Pamela Lyndon Travers: dos ejemplares de “Los niños del agua”, uno de “Mary Poppins” y dos de “Mary Poppins vuelve”

  • Tres poemas (uno con ilustración) firmados P.L. Travers. Las escritoras solían poner iniciales porque ser mujer y escritora no estaba bien visto a principios del siglo XX. Lo entiendo: aún hoy ser investigadora privada resulta chocante para según quién.

  • Dos obras de “Romeo y Julieta” de Shakespeare, pero fotocopiados y grapados de una forma algo precaria, incluso con anotaciones a mano.

  • Tres poemas de William Butler Yeats.

  • Este recorte de prensa

Walt and P.L. Travers.

Me admiraba que fueran ladrones tan cultos y leídos. Lo más significativo eran las novelas y cuentos de Pamela Lyndon Travers (pseudónimo de Helen Lyndon Goff), así que recopilé todo lo que pude de ella y me sorprendieron varias cosas. Escribió cuentos, poemas y artículos periodísticos, pero ninguno de sus personajes alcanzó la popularidad de Mary Poppins, de la que escribió cinco títulos que despertaron en aquella época tanta expectación como Harry Potter hace pocos años.

Nacida en 1899 en un pequeño pueblo australiano, hija de padres irlandeses, a los 17 años se trasladó a Dublín donde trabajó como actriz y bailarina. Publicó en varios periódicos. Contactó, entre otros, con el poeta William Butler Yeats. Es conocida mundialmente por crear a Mary Poppins (1926). Para construir este personaje, Travers se inspiró en su niñera, Helen Morread, una mujer de fuerte personalidad, vestida siempre con trajes pasados de moda y  de imaginación desbordante. Enseguida tuvo éxito y se convirtió en un clásico. La primera novela protagonizada por ella se llevó al cine en 1964 por Walt Disney, aunque su autora nunca estuvo contenta de esta plasmación: para ella la película era edulcorada y empalagosa, todo lo contrario que su novela, en la que su personaje es una mujer reprimida sexualmente, poco amigable, irascible y nada contenida…”

Otras peculiaridad de esta mujer singular es que nunca se casó, pero adoptó un niño cuando tenía poco más de treinta años. Para él escribe historias, como las de Mary Poppins. Murió en 1996, con 97 años, negándose a dar su consentimiento, pese a la insistencia de la productora, para realizar secuelas de la película o la adaptación de otras de sus novelas. Fue tal su popularidad que en 1977 recibió la condecoración “Oficial de la Orden del Imperio Británico”.

Durante cinco meses no ocurrió prácticamente nada en la investigación. La dirección de Guarderías Asociadas “Mary Poppins” optó por no reponer ningún emblema de mujer con paraguas y en su lugar se pusieron unas sobrias y elegantes iniciales M.P. Las intrusiones disminuyeron hasta desaparecer. Desmonté el operativo y mis agentes se incorporaron a otros casos. Me pagaron lo convenido y los clientes se mostraron conformes.

Yo, por el contrario, no estaba satisfecha y seguí investigando sin cerrar el expediente.

Un año después, Guarderías Mary Poppins quisieron celebrar por todo lo alto su Quinto Aniversario con el reestreno, a un precio simbólico, de la película de Walt Disney en las principales salas cinematográficas de todas las ciudades en las que tenían centros, de forma simultánea. Temí lo peor y les avisé, pero hicieron caso omiso. A pesar de todo decidí acudir a la proyección y mandé a “Lechuza” y “Diván” a otros cines con el ambiguo encargo de que “estuvieran atentos a cualquier anomalía”.

Anomalías, no cualesquiera, es lo que hubo aquella tarde. En ninguna sala pudo proyectarse el anunciado film. En la mayoría, se estropeó algo (el proyector no se encendía, la cinta se rompió, se fundió algo imprescindible, se fue la luz, no bajaba la pantalla, no se abría en telón…) En los multicines a los que acudió “Diván” no pudieron entrar: todas las cerraduras estaban rotas o selladas y los cerrajeros (incluso los bomberos) fueron incapaces de solucionarlo a tiempo. “Lechuza” pudo entrar, sentarse y ver una película… sobre las aventuras de un maestro coreano en artes marciales, en versión original, serie B, de los años sesenta.

En mi sala ardieron tres butacas y fuimos evacuados, Cuando salíamos, noté que alguien me observaba atentamente y localicé a una mujer sonriente, vestida de oscuro, con un traje discreto pero pasado de moda, paraguas negro (a pesar de la sequía persistente) y pelo con bucles en el que lucía una pequeña diadema, también muy pasada de moda. Nadie parecía fijarse en ella excepto yo (es más, después interrogué al taquillero y al acomodador y me aseguraron no haber visto a nadie de esta guisa). Me hizo un ligero gesto con los dedos, la señal de victoria, mientras me guiñaba el ojo. Enseguida la perdí de vista.

Ese mismo día desaparecieron de mi despacho todos los libros, cuentos, poemas e ilustraciones del archivo “El Misterio de las Guarderías” salvo los libros de Pamela Lyndon Travers.
En la primera de sus novelas me dejó esta fotografía, con su firma al dorso.PL Travers, wrote Mary Poppins series of books

Este texto se publicó en el año 2010 en la página “Narrador.es” y ahora lo recupero de nuevo. Por favor, te pido que si lo reproduces o difundes algún fragmento, cites mi nombre. “Al César, lo que es del César”.

Un pensamiento sobre “Tras los pasos de P.L. Travers

  1. Llambordes

    Walt Disney ha popularizado muchos personajes. Lástima que algunos sean tan distintos a los creados por sus autores: no me extraña que esta mujer se enfadara con la Mary Poppins empalagosa y condescendiente de la película, aunque reconozco que me divierte el deshollinador y alguna escena. La desposeyó de los valores pedagógicos y de la carga crítica que tenía la Mary Poppins de los libros, una mujer avanzada para su época, principios de siglo XX.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *