Palabras con apellido propio

Los diccionarios están plagados de apellidos propios.
El sonoro saxofón proviene de Adolf Sax; la pasteurización de Louis Pasteur y el daltonismo de John Dalton.
Menos conocidos, quizás porque no son palabras tan bonitas, son los orígenes de masoquismo y sadismo, vinculados a la literatura.

 

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Leopold van Sacher-Masoch

Masoquismo  es un vocablo que define una desviación sexual en la que se siente placer al ser ultrajado. Tomó su nombre del novelista austríaco Leopold van Sacher-Masoch (1836-1895) que causó un gran escándalo con algunas de sus obras, especialmente con La venus de las pieles. Al aristócrata y refinado Sacher-Masoch le gustaba imprimir comportamientos de dominio y vejación sexual a sus personajes literarios y se comenta que en su vida privada también practicaba el ser víctima ultrajada o dominante. Más tarde el significado de la palabra se extendió a “complacencia por el maltrato y la humillación” a otros aspectos de la vida humana, no solo sexuales. Además de esta palabra, que se le impuso, legó excelentes descripciones paisajísticas del imperio austro húngaro y acertados retratos de la sociedad de su época.

Parecido origen tiene sadismo: Donatien Alphonse François de Sade, conocido por su título de marqués de Sade, autor de Los crímenes del amor, Aline y Valcour y otras novelas, cuentos, ensayos y piezas de teatro. También le son atribuidas novelas eróticas como Las 120 jornadas de Sodoma y Justine o los infortunios de la virtud entre otras. El sadismo no siempre tiene un carácter sexual; en el diccionario se dice que es una  “perversión sexual de quien provoca su propia excitación cometiendo actos de crueldad en otra persona” pero la segunda aceptación se refiere a “crueldad refinada, con placer de quien la ejecuta.

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