¿Por qué escribes?

LA REALIDAD TRANSUBSTANCIAL

Esto que suena tan extraño, es algo que hacemos todos. Es simple y complejo al mismo tiempo: los escritores y escritoras parten (casi siempre) de la propia realidad. Algunas personas parece que usen la realidad pura y llana, sin grandes cambios, para contar sus historias. Otras narraciones parecen muy alejadas de la realidad, pero no nos engañemos: aunque escribas de hormigas mutantes o emperadores romanos, todo está en ti o en tu alrededor. Cuando Kafka escribió La metamorfosis, en la que Gregorio Samsa se transforma en una cucaracha, no está contando un relato de ciencia ficción o surrealista; nos narra cómo se siente.

Y muchos nos sentimos identificados, porque podemos entender lo que es sentirse burro o un gusano o, incluso, unicornio.

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La escritura es un proceso en parte inconsciente y a veces no reconocemos esa realidad o no sabemos porqué usamos un narrador, un personaje, un conflicto o un objeto en concreto. Muchas veces es intuición. Escribir a menudo es traducir y no existe la traducción literal de la realidad: al ponerla en el papel, ya estamos cambiando algo. Pero en substancia, el contenido, el mensaje, lo que queremos contar, debe ser el mismo. Aunque usemos un camino distinto, la emoción que queremos transmitir, el mensaje, la esencia, es lo importante.

La transubstanciación literaria tiene mucho que ver con el extrañamiento o desfamiliarización: se trata de observar nuestro entorno, los paisajes habituales, las personas allegadas, los vecinos, lo cotidiano, los sucesos habituales y los objetos, con otra mirada, como si fuera la primera vez que lo vemos, o como si fuéramos un turista, un niño, un extraterrestre, un gato…

LA PROPUESTA DE LLAMP: ¿POR QUÉ ESCRIBES?

1590857-bigthumbnailPuedes hacer una lista de “tus” porqués. Luego, piensa cuándo empezaste a escribir o algún momento que “te recuerdes” escribiendo, algo que fue importante en tu proceso de “escritor”.

Haz sutiles cambios en la historia, la época, los personajes… O haz cambios importantes, pero mantén la esencia del porqué más importante. Los cambios te facilitarán el camino, pues estarás más atento a la VEROSIMILITUD de lo que cuentas, a la substancia que quieres transmitir que a la “fidelidad” histórica o la exactitud real. Los cambios en los personajes son los más complicados, sobre todo el del “yo”.

No importa si lo que nos cuentas es cierto o no. Lo que interesa es que lo que transmites sea la substancia.. Y que provoque alguna emoción. Si es con una sonrisa, mejor.

 

7 pensamientos sobre “¿Por qué escribes?

  1. elisabet

    A mí me gusta hasta escribir la lista de la compra; eso sí, con puntos y comas, con subrayados y dedicación especial al tamaño: de letra, de papel donde vaya escrito y, por supuesto que no se me olvide llevarla al super. Para eso escribimos, para no olvidar!!! ;))

  2. jose miguel Sanchez

    Escribiendo o dibujando siento que mi mano es una extension sorpenndente de mi cerebro o simplemente de mí.
    Al escribir aparecen nuevas formas de mi pensamirnto que toman sus propias decisiones.
    Tambien es un espacio. Alli hablo sin ver la escéptica mirada de mis intrrlocutores , esa que me lleva al silencio o a repetir tonterías. Soy un inadaptado que necesita la reclusion en su propia pagina.
    Otras veces el nudo mental se desanuda en el folio y te permite acotarlo y alejarte de él.
    Escribo para ser alguien más que yo o para ser ese yo desconocido.

  3. Anna

    Tengo el lejano,pero vívido recuerdo, de ensimismarme ante los cuentos, los tebeos después y más tarde los libros. Mi madre era una gran contadora de historias. Yo quería ser así, quería ser narradora, pero las palabras se me trababan, no llegaban a mi boca. De
    Después quise ser poeta, pero las palabras se me resistían, resbalaban.
    Ahora sé que necesito escribir como necesito leer, jugar o ver una película.
    Escribo porque me gusta que las palabras se resistan y se resbalen.

  4. Miguel Ángel

    Cuando empezó a despertarse al mundo, poco a poco, se dio cuenta de cuán complicado era éste. Desde pronto comprendió y sufrió los problemas para desenvolverse en él. Intentó sin mucho éxito continuar la vida en su cueva original, pero el alimento, la bebida, los amores, las músicas, los cielos y todas aquellas sustancias que componían la vida no estaban completas ni al alcance desde ésta. No tuvo otro remedio que salir. Montones de monstruos y abominables seres habitaban el mundo y gustaban también del disfrute de todas aquellas sustancias de la vida. Aunque a él por derecho le correspondía una parte de todo aquello, tuvo que convivir y muchas veces enfrentarse con las bestias. Así se introdujo en la guerra. Para un mejor desempeño los ejércitos le instruyeron en las más variadas artes y ciencias de la guerra. Durante años empleó y usó sin cansancio todas ellas con y contra sus enemigos. Nunca buscaban matar al enemigo, sólo disfrutar de su parte de sustancias y convivir. Aunque tenía relativos éxitos, nunca terminó de conseguir un triunfo que le diese suficiente tranquilidad. Un día, descubrió por casualidad que de todo el proceso de la lucha, la parte que mejor resultado le daba, en la que resultaba un brillante guerrero, eran sus informes. Sobre tropas y armamento, sobre condiciones del enemigo, batallas… Los hacía por escrito. Nadie los daba importancia dentro de las artes de guerra, constituían un trámite, un formalismo. Pero de entre todos, en aquel ejército que lo había acogido, ningún otro los sabía hacer como él, y todos los necesitaban. Descubrió como las armas, la estrategia, el espionaje y cualquier otra técnica de guerra eran tremendas y útiles, pero él no tenía un don natural ni especial interés por ninguna. Y así, decidió emplear su pluma en la lucha contra el mal. La guerra de la vida siguió considerando los informes como un arte secundario, pero la esperanza que él tenía residía en que, antes o después, todos los guerreros se volviesen adictos a aquellos informes, los necesitasen para seguir su lucha. —– Yo no escribo. Quizá podría hacerlo. Creo que uno puede escribir por muchas razones, entre ellas, para defenderse y encontrar su lugar.

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