Entre fiordos

Mary

Noruega 2008 106A pesar de estar rodeada de turistas que exclamaban en lenguas distintas idénticas frases de admiración,me sentía privilegiada, sola, única ante el imponente paisaje. El ferrieavanzaba sin dificultad, rompiendo la tranquilidad de las aguas cristalinas en las que se reflejaban los imperturbables muros de piedra, agrietados por el trabajo del hielo, el tiempo y  las cataratas.

Inspiré profundamente y cerré los ojos. Noté que alguien, a mi lado, buscaba sentirse reconfortada. Era una mujer de aspecto frágil y grandes ojos…  Sus labios eran finos y permanecían firmemente cerrados, como si una gran determinación hubiera borrado para siempre la sonrisa de su rostro. Tengo buena memoria para los rostros, así que no cejé en mi empeño hasta enmarcar su cara y su figura entre canales, en Venecia. La vi allí tres años atrás; me fascinó la imagen, poética e inquietante, de una mujer enfundada en un largo vestido púrpura, lanzando flores blancas al Gran Canal.

Ahora volvía a verla, esta vez entre los fiordos de Noruega, y pude mirarla directamente. Ella fijó  sus  grandes  ojos  en los míos e inclinó levemente la cabeza a modo de saludo. Se fue en silencio. En mi interior nació la absoluta convicción de que volveríamos a encontrarnos.

El augurio se cumplió dos años más tarde, durante la pasada primavera. Una imprevista tormenta de nieve nos retuvo en un refugio en el Montblanc. No pareció sorprendida al verme entrar. Yo iba acompañada de mi pareja y ella de su marido.Somos Percy y Mary,  dijo como única presentación. Nuestra presencia no parecía muy del agrado del tal Percy, pero fue correcto y amable. Nos acurrucamos alrededor del hogar acabamos conversando de historias y casualidades; de mitos, rimas y leyendas; de creencias y filosofía; hasta del Quijote, al que adoraban ambos según dijeronLos aullidos del viento y los cercanos truenos componían una banda sonora ideal para conversar sobre los orígenes del Mal y los límites del Bien. Les ofrecí cecina y embutido pero lo rechazaron, alegando que eran vegetarianos.

De pronto recordé que fue en el Montblanc donde el Doctor Frankenstein encontró a su desgraciada y mal formada criatura, tan ansiosa de cariño como llena de desesperación. No porqué comenté en voz alta que este Ser tampoco comía carne. Percy me miró aterrado y Mary, simplemente, preguntó:¿Tú lo has visto alguna vez?”. Pensé que no la había entendido bien, pero ella añadió:A me has visto varias veces: él viaja siempre cerca de mí. Me ha dado mucho, pero también me lo ha arrebatado. Es el precio que debo pagar por haberlo creadoDime, ¿no le viste en Venecia o entre los fiordos noruegos? No todo el mundo es capaz de reconocer lo que ve”.

Negué con la cabeza porque las palabras perecieron en mi interior. Por primera vez en mi vida supe lo que era miedo. Por primera vez en mi vida reconocí en otra persona lo que es vivir con temor. Ella pareció leerme el pensamiento y ésta fue su sentencia:Te encontrarás con él. No será hoy ni mañana, pero tehallará. Él no puede morir. Pronto se cumplirá mi destino y dejaré de ser lo que soy, de sentir lo que aún siento. Cuando se apague la luz de esta hoguera, los vientos barrerán mis cenizas y me llevarán hasta el mar. Mi espíritu dormirá en paz, ya que he pasado mi testigo, mi angustia, mi horror, a otra persona. serás la última de los humanos que contemplen estos ojos…”

Desperté empapada en sudor. No recuerdo cuándo me quedé dormida. A mi lado yacía mi compañero que negó que hubiéramos estado con alguien: en la cabaña no había nadie más. El fuego se había extinguido, pero al abrir l puerta encontramos un haz de leña conque avivarlo. Me pareció ver, entre la niebla, un ser muy alto que se movía muy deprisa pese a sus descomunales formas.

He aprendido a vivir con esta sensación, mezcla de inquietud y esperanza, de miedo y de deseo por reconocerle.

que un día lo veré. 

Encontraré al Ser creado por Mary Wollstonecraft Shelley. Lo que me llena de pavor es la incertidumbre de no saber qué me ocurrirá después.

Mary Wollstonecraft Shelley

Mary Wollstonecraft Shelley

Este relato es de Llum Saumell. Os pido por favor que citéis la fuente si se reproduce parcial o totalmente.

 

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