Microrrelatos contra la violencia

¡Tú también tienes algo que decir contra la violencia de género! Hazlo en breve.

Fundación Mujeres convoca el I Concurso de microrelatos contra la violencia de género. Hasta el 15 de noviembre puedes enviar tu micro-relato basado  en el rechazo social y la prevención hacia la violencia de género. El  25 de noviembre es la 33 edición del día internacional de Lucha Contra la Violencia de Género que se celebra

gato-escondidoConsulta aquí las bases para participar en concurso.

Podrás leer todos los micro-relatos presentados a concurso en el blog “Micro-relatos contra la violencia de género”.

Esta campaña surge como una más de las iniciativas de la Fundación para hacer conciencia de la lacra social que representa la violencia de género. Según Feminicidio.net, en lo que va de año ya son 80 los asesinatos de mujeres cometidos por hombres. Uno de los medios para combatirla es la palabra con todas sus implicaciones.

Este concurso se convoca en dos categorías:

  1. Categoría Escolar: Menores de 18 años que se encuentren cursando 3 y 4 de la ESO, primero y segundo de bachillerato o cualquiera de las modalidades formativas de formación profesional existentes.
  2. Categoría General: Todas las personas mayores de 18 años con el único requisito de inscribirse en el formulario de participación del certamen.

El microrrelato debe ser en lengua castellana, original e inédito (esto es, no debe haber sido publicado en ningún medio o soporte, físico o digital) y no deberá haber recibido previamente ningún premio o accésit en otro certamen o concurso.

  • Cada original deberá contener una narración o poesía con una extensión máxima de 1200 caracteres (200 palabras).
  • Para poder concursar será necesario inscribirse desde la página web educarenigualdad.es.
  • La inscripción y entrega de los trabajos deberá realizarse antes del día 15 de noviembre de 2014

accesibilidad-web-ventana-abierta-618x555La ventana

    Daban las ocho y Elena oyó como giraba la llave y se abría la puerta. Corrió al baño y puso el pestillo, sentándose en el suelo junto a la puerta. Su respiración entrecortada apenas era audible y ella trataba de controlar el temblor de sus piernas aprisionándolas en un abrazo. La voz pastosa y ronca no tardó en hacerse oír proveniente del comedor. Eran unos sonidos tan conocidos y al mismo tiempo tan lejanos como la vida que ella sabía existente fuera de aquellas cuatro paredes. A sus diecinueve años recién cumplidos ya había olvidado lo que era reír con las amigas o salir sin rumbo un día de lluvia para sentir la caricia de las gotas en la cara, en ese mismo rostro que ahora le dolía al masticar. El siempre la corregía y luego le curaba las heridas y la besaba endulzando sus oídos con promesas de futuro. Un golpe seco en la puerta la hizo sacudirse, la voz le pedía que abriera, que la cena estaba fría, la casa no estaba en orden, que tenía que aprender.

De una patada tiró la puerta, no había nadie, solo el olor del miedo que corría hacía la ventana abierta.

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