Una terraza y una mujer furiosa

El gato Llamp propone esta consigna: ESCRIBIR EN LA TERRAZA DE UN BAR

Concretamente en el Okapi (Kasko Viejo de Bilbao), donde durante todo el mes de julio hay una exposición de dibujos de Alberto Muriel. http://www.albertomuriel.es/11207299_10153388617425256_3532190226529384915_n

En el Cafe-Obrador Okapi, en el número 26 de Belostikale 26, se exponen reproducciones en PVC numeradas, firmadas y limitadas de dibujos de cuaderno, realizadas en su mayoría por las calles de Bilbao durante las sesiones del colectivo Dibuja tolrato sin parar.

Más información en el evento de Facebook.

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Terraza del Bar Okapi. Foto de Txemi Sánchez desde el interior.

Si esta terraza os pilla lejos, siéntate ahí, en ese pequeño de la esquina de enfrente que en verano pone esa gran terraza… O cualquiera.

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Aquí dejo el texto que escribí tras ver la exposición.

 LA MUJER FURIOSA.

11693800_10153390231035256_1814641704732719678_nNo recuerda por qué. Solo se siente así.
Se acuesta enfadada, duerme inquieta, amanece indignada y, a la que sale a la calle, algo (el excremento no recogido de un perro, la voz estridente de un niño malcriado, un coche mal estacionado que impide pasar con comodidad, las gotas de la ropa colgada sobre sus rizos… ) la pone furiosa. Entonces su mentón se alarga, su pelo se encrespa. Alza la nariz con el orgullo de Cleopatra y clava sus ojos con la determinación del miura que está a punto de embestir a un pelele vestido de luces.
Hoy casi se tropieza por culpa de un gato anaranjado. Mira con recelo a dos chicos que, sentados en el suelo, dibujan. Su orgullo transforma todo su temor en furia contenida y, al pasar, pisa unos lápices de cera que conforman en la baldosa bilbaína un cuadro abstracto, una especie de hematoma morado y verde.
Sigue su camino sin mirar atrás.
Si lo hiciera, ta
l vez le invadieran recuerdos dolorosos, pues en su piel blanca, casi lechosa, también se han formado demasiado a menudo manchas de colores azulados.
No, no puede mirar atrás. Tampoco quiere pensar qué hará cuando su pareja salga de la cárcel, en tres días, y ella deba volver a reprimir su ira.

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