Gatas sufragistas

Ante las demandas de las sufragistas británicas, a principios del siglo XX, el gobierno inglés realizó una campaña con gatos para ridiculizarlas y menospreciarlas.

Gato-derecho-votoGato-voto-femeninoDesde finales del siglo XIX las británicas comenzaron a crear asociaciones para reivindicar su derecho al voto. Los métodos eran muy parecidos a los actuales: se organizaban marchas de protesta y se convocaban reuniones públicas donde se argumentaban sus reivindicaciones. Como contrapartida, en lugar de sentarse a hablar, tuvieron que soportar una campaña en la que utilizaron a los felinos para mofarse de ellas y del derecho al sufragio. El gato se identificaba con lo doméstico, y así se enfatizaba que ese era el ámbito de las mujeres, frente a la política, que es pública y “cosa de hombres”

Nos tienen sin cuidado vuestras leyes, caballeros, nosotras situamos la libertad y la dignidad de la mujer por encima de toda esas consideraciones, y vamos a continuar esa guerra como lo hicimos en el pasado; pero no seremos responsables de la propiedad que sacrifiquemos, o del perjuicio que la propiedad sufra como resultado. De todo ello será culpable el Gobierno que, a pesar de admitir que nuestras peticiones son justas, se niega a satisfacerlas. Emmeline Pankhurst

Muchas activistas fueron encarceladas. Gato-come-sufragista

En prisión decidieron seguir con sus protestas con una huelga de hambre. El gobierno, que no estaba por la labor de que aquellas reivindicaciones tuviesen sus propios mártires, decidió contraatacar con la alimentación forzosa. A veces usaban métodos más próximos a prácticas de tortura y se denunciaron. El Gobierno promulgó en 1913 la Ley de Presos (The Prisoners Act), también llamada popularmente Ley del Gato y el Ratón. Al amparo de la nueva legislación, las activistas en prisión que estuviesen enfermas o muy débiles por la huelga serían liberadas temporalmente hasta que se recuperasen, momento en el que volverían a ser apresadas parar cumplir el resto de la condena.

Entonces fueron las sufragistas las que utilizaron a los gatos contra la nueva ley.

La Primera Guerra Mundial marcó una tregua en las demandas sufragistas, pero tras el conflicto se aprobó una ley que permitió votar a las británicas de más de 30 años. Diez años después, una ley  equiparó a hombres y mujeres en su derecho al voto y ese mismo año, con el objetivo conseguido, fallecía Emmeline Pankhurst, una de las máximas activistas.

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