Jack London

El vaticinio

jack_london-1-e1394421380919-400x250No podía ser de otra manera. Tenía que encontrarlo allí, en la barra de un bar, irlandés por más señas, con una copa de Jameson en la mano y el sombreo en su cabeza, como para no pasar desapercibido.

Recibí la enigmática postal (doble misterio: ¿quién escribe hoy en día, aún, postales y las manda por correo ordinario?) que me citaba para el miércoles siguiente en la taberna irlandesa de Deusto “a la que voy en busca de inspiración”, ponía textualmente. Y firmaba como Jack London, el mismo nombre del escritor de “La llamada de lo salvaje”… Aún así decidí acudir.

El presunto Jack (que era bastante atractivo) parecía tranquilo, pero desde el rincón umbrío donde me refugiaba desde hacía un buen rato (curiosa, sí, pero cauta) observé que su mirada se posaba en cada una de las mujeres que entraban. Cuando me pareció que Jack empezaba a impacientarse, me dirigí a él.

– ¿Jack? – mi voz sonó a anuncio navideño de colonia masculina. Él me miró y la escena, el entorno, el bar, mi vida entera, todo, se tornó al instante como más trascendente. Me saludó con la exagerada cortesía de antaño.

Los altavoces dejaban escapar el tema “…y giro entorno a la estancia…” de Battiatto, un tanto incongruente entre tanto cartel de tucanes de Guinnes e imágenes de la verde Irlanda. Nos sentamos en una mesa alta, en el rincón más oscuro, y tomamos varias copas balsámicas mientras me contaba su impresionante vida, al filo entre lo real y lo imaginario. Pensé que no hacía daño a nadie que alguien, de forma tan apasionada y apasionante, suplantara al escritor Jack London.

Debo reconocer que tuve algo de temor cuando habló de la invasión china (tiene un libro que habla de dominio de los chinos mucho antes de la proliferación de los “todo a cien”) y, peor aún, cuando vaticinó  una crisis devastadora que “retornarían a la supuesta humanidad a la que pertenecemos a una especie de “dad Media en una refundación del capitalismo de ultraliberalista en el que estamos abocados”. El giro de la charla me disgustó, pues incluso estando convencida del fin de nuestro insostenible mundo tal y como lo entendemos hoy, me fastidian los anuncios apocalípticos.

Jack hizo algo más: me entregó un relato inédito, una nueva crónica de tiempos futuros en la que contaba cómo evitar la cadena de catástrofes e, incluso, cómo mejorar el planeta.

Luego se esfumó, dejándose su sombrero.

He vuelto en varias ocasiones a la taberna, pero no lo he vuelto a ver. He preguntado por él en varias ocasiones, pero los camareros mi miran con condescendencia, con pena o con burla. ¿Jack London? , si mujer, ¿y por qué no Frida Kahlo o Miguel de Cervantes?

Francamente, no sé porqué me entregó a mí ese relato. No sé qué puedo hacer yo: nadie quiere publicarlo y se lo he mandado a algunas personalidades políticas y filosóficas… incluso se lo envié a Punset, pero nadie me toma en serio.

Desde hace años visto con su sombrero, del que cuelga un pequeño brillante colmillo blanco, tratando de encontrar una idea genial.

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Jack London nació un 12 de enero y probablemente se llamó John Griffith Chaney. Murió en su Rancho Hermoso el 22 de noviembre de 1916. Fue el autor de Colmillo Blanco y La llamada de lo salvaje, además de otros cincuenta libros.

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