Amélie Nothomb y la peripecia del terrorista por desamor

Los que escuchen habitualmente Pompas de Papel sabrán que tengo una especial debilidad por esta escritora belga nacida enla localidad japonesa de Kobe, en 1965, dentro de una familia de diplomáticos. Me gustan sus excentricidades, su sentido del humor, sus historias disparatadas, sus juegos de palabras, su sorna, su desparpajo, su imaginación y su inmenso talento literario. Talento que despliega en dos facetas, la de biógrafa de su propia vida, como sucedía, por ejemplo, en la impagable Estupor y temblores; y la de narradora de ficciones con un gran componente criminal. Viaje de invierno entra en esta última categoría.

La novela arranca con un tipo que está a Maquetación 1punto de cometer un atentado terrorista: quiere secuestrar un avión para estrellarlo contra un edifico simbólico de París. No es un terrorista al uso, como el mismo nos irá contando en primera persona. Porque no va contra el sistema, no actúa por cuestiones religiosas ó políticas y ni siquiera pertenece a una organización que representa a un colectivo explotado. No, nuestro héroe va a realizar un atentado terrorista por amor, ó mejor dicho, por desamor. Y es que el ínclito Zoilo, el terrorista futuro, se ha enamorado de la bella Astrolabio, pero ésta no le corresponde –ó sí, vaya usted a saber-, porque por encima de su felicidad está la de Aliénor, una escritora de prestigio y éxito que es más rara que las morcillas, aparte de que le falte un hervor y que “no comprende el principio de la explicación del texto”, es decir, de reflexionar sobre su propia obra.

Nuestro protagonista lo intentará todo para conquistar a Astrolabio, pero la presencia constante de Aliénor, y su curiosidad, lo hará imposible, ¿ó no? Y aunque Zoilo se rige por el principio de que “no existe el fracaso amoroso” porque es “una contradicción en los términos” ya que “experimentar el amor ya supone un triunfo, tanto que podríamos preguntarnos por qué queremos más”, ese querer más le lleva a la frustración, y de la frustración a la derrota, y de ésta a las ganas de vengarse de todo el mundo, porque es en el fondo el mundo el que nos impide ser felices.

Quizás no estemos ante la mejor obra de Nothomb -el final no es de los más brillantes de su producción-, pero hay que reconocer que incluso una novela imperfecta de esta escritora es mucho mejor de lo que la mayoría considera como bueno. Nothomb se ríe del amor romántico y también de la escritura, como algo sagrado y elevado. A poco que conozcamos su biografía, los lectores sabremos que hay mucho de la autora en la extraña Aliénor, a la que muchos en Francia y Bélgica consideran “un marciano fuera de su planeta”, un alienígena, por su forma de vestir y de comportarse. Un libro divertido, más profundo de lo que parece, demoledor y bastantes triste, porque ilustra perfectamente las contradicciones del ser contemporáneo es una sociedad repleta de individualistas insolidarios.

Enrique Martín

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