El comictario. Frederik Peeters concluye Aama

Bueno, pues ya está. Después de cuatro álbumes y otros tantos años de trabajo, la serie Aama, de Frederik Peeters, ha llegado a su fin. Se cierra el ciclo y llega la hora de las valoraciones. Lo primero que hay que decir es que Aama es una muy buena muestra de ciencia ficción “con mensaje“, una advertencia sobre los riesgos a los que se enfrenta la humanidad en su desenfrenada carrera tecnológica. La acción transcurre en un futuro lejano, en el planeta Ona(ji), el último de los descubiertos que alberga formas de vida… Hasta allí viaja una expedición con el objetivo de comprobar los resultados de un experimento, los efectos de una sustancia llamada Aama, capaz de desarrollar un nuevo tipo de vida tecnonatural. Es el paso definitivo para una sociedad en la que los implantes tecnológicos se han generalizado, convirtiendo en acciones casi mecánicas el amor, el odio, comer, beber, dormir o soñar. COMIC.AamaY es también el gran proyecto de una multinacional que, a causa de una grave crisis económica, abandona durante seis años a los miembros de la expedición en un planeta perdido en los confines del universo.

En esa inquietante misión se ve implicado Verloc Nim, prototipo de fracasado, sin empleo, sin hogar, divorciado, adicto a las drogas y cuyo hermano, que es un alto cargo en la multinacional, le convence para acompañarle. Pero no hay piedad ni amor filial en esa invitación. Verloc forma parte de un plan cuidadosamente trazado y que tiene como epicentro a su hija Lilja, una niña muda de seis años a la que no ve desde hace meses. El imprevisto encuentro de padre e hija en el lejano Ona(ji) se produce en extrañas circunstancias. Muchas cosas han ocurrido desde que la expedición científica fue abandonada y su responsable, la profesora Woland, ha huido de la base para probar los efectos de la sustancia Aama en un pantano próximo.

Extrañas formas de vida comienzan a extenderse por el planeta, y también un poder psíquico supremo que se convertirá en el principal obstáculo entre Verloc Nim, empeñado en redimirse como persona y como padre, y su hija. Una lucha titánica que llega a su apoteosis final en el álbum que hoy nos ocupa, cuarto y último de la serie y que, para ser sincero, me ha dejado un regusto amargo. Las dos primeras entregas de Aama son magníficas, y la saga recibió en 2013 el premio a la mejor serie en el Festival de Angoulême. El número tres, sin embargo, ya marcó un cierto declive, y esta última entrega, titulada Serás maravillosa, hija mía, a pesar de sus espectaculares y coloridas ilustraciones, confirma que Frederik Peeters no ha sabido rematar la historia. Quizá el proyecto era demasiado ambicioso, igual es que se plantean muchas preguntas todavía sin respuesta, pero nos queda la sensación de que Aama ha tenido un final fallido. Eso no quita, sin embargo, los valores de una serie que ya forma parte de la historia de la ciencia-ficción europea, y que ha sabido abrir caminos que alguien, en algún momento, quizá el propio Frederik Peeters, transitará de nuevo para llegar a una meta convincente.

Con sus pros y sus contras, merece la pena leer Aama, cuatro bellos álbumes publicados por la editorial vasca Astiberri.

Iñaki Calvo

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