El Tocho. Jane Austen, de orgullos y prejuicios

LIBRO.Orgullo y prejuicioEs una verdad universalmente aceptada que todo soltero en posesión de una gran fortuna necesita una esposa. Aunque apenas se conozcan sus sentimientos y opiniones cuando llega a un vecindario, esa verdad está tan arraigada en la imaginación de las familias circundantes que todas le consideran propiedad legítima de una u otra de sus hijas”.

Este es el célebre comienzo de Orgullo y Prejuicio de Jane Austen. Cuando en 1797 la autora inglesa concluyó la primera versión de la que sería la más conocida de sus novelas, apenas tenía 21 años. Pero el texto, tras un par de revisiones, tuvo que esperar hasta 1813 para verse publicado. Eso sí, de forma anónima; todavía era insólito que una mujer publicara a su nombre. Y es que estamos ante una de las primeras voces femeninas de las letras inglesas. De ahí, que el asunto de las novelas de Austen sea eminentemente doméstico o gire en torno a las relaciones sentimentales.

Aún así, Orgullo y Prejuicio nos proporciona uno de los retratos más convincentes de los convencionalismos sociales imperantes entre la aristocracia rural inglesa a fines del XVIII y principios del siglo XIX. Caballeros de rentas elevadas, como Bingley o su amigo Darcy, pondrían en entredicho su prestigio social si contrajeran matrimonio con señoritas de una familia poco recomendable, por su desfavorable posición económica o la frivolidad de algunos de sus miembros. Tal es el caso de la familia Bennet, a pesar de que las dos hermanas mayores, Jane y Elizabeth, ambas hermosas y de conducta intachable, constituyan la excepción. Pero además, Elizabeth es inteligente y decidida, y está dispuesta a vencer cualquier prejuicio, incluso los que ella misma alberga. El resto del argumento lo dejo en suspenso para que ustedes lo descubran.

Los reacios al estilo de la autora pueden aducir que se dilata demasiado en la descripción de ambientes, que algunas de sus frases, con sus periodos largos y elaborados, resultan trabajosas para los lectores de hoy. Habría que recordarles que así se arma la gran literatura. Orgullo y Prejuicio acaba resultando apasionante precisamente por esta elaborada construcción previa, y deja como resultado algunos personajes memorables. El reverendo Collins, por ejemplo, es uno de los tipos más ingenuamente pomposos y fatuos que ha dado la literatura inglesa. Su protectora, la aristocrática Lady Catherine de Bourg, uno de los más altivos e impertinentes. Y el personaje principal, la lúcida y rebelde Lizzy Bennet permanece como ejemplo de mujer adelantada a su tiempo, capaz de anteponer su libre criterio a cualquier convencionalismo. De ahí, que la novela tenga en la actualidad una lectura feminista.

Decir, por último, que Orgullo y Prejuicio es una novela de difícil traducción. Jane Austen es una maestra en el arte de la alusión y el sobreentendido. Una ironía juguetona sobrevuela toda la novela y es especialmente notable en el caso del padre, el señor Bennet, o de la propia Lizzy, que la utiliza como un arma arrojadiza contra los orgullosos o los que aparentan lo que no son. Pocos traductores han sabido captar con total fidelidad el tono ágil y punzante de los diálogos. Quizá sea la versión de Marta Salís, para editorial Alba, una de las más ajustadas y modernas de este gran clásico: Orgullo y Prejuicio de Jane Austen.

Javier Aspiazu

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