El tocho. Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift

libro-los-viajes-de-gulliverPoseía mi padre una pequeña hacienda en el condado de Nottingham. Yo era el tercero de sus cinco hijos. Cuando cumplí catorce años me envió a Cambridge, al colegio Enmanuel, en el que residí otros tres, enfrascado de lleno en mis estudios. Pero como los gastos de mi mantenimiento… resultaban excesivos para fortuna tan reducida, me vi obligado a entrar como aprendiz del señor James Bates, cirujano eminente de Londres, con quien permanecí cuatro años. Mi padre me enviaba de vez en cuando pequeñas sumas de dinero que yo empleaba en aprender técnicas de Náutica y otras ramas de las Matemáticas que resultan de utilidad para quienes tienen intención de viajar…

Así comienza Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift. Publicada en 1726 de forma anónima, como casi todas las obras del gran satírico que fue el irlandés Swift, esta novela de viajes y aventuras fantásticas, es la crítica más mordaz al ser humano realizada hasta la fecha. En ella, el capitán Lemuel Gulliver, tras diversos naufragios, conoce diferentes países que le ofrecerán visiones distintas, nada halagüeñas, de la sociedad humana. Las dos primeras partes del texto, los viajes a Liliput y Brogdinnagh, son sin duda las más famosas, tomadas con frecuencia como base para abreviadas ediciones juveniles. Ambas parodian la sociedad inglesa de su tiempo, desde una perspectiva diminuta o agigantada, y no es difícil distinguir la burla encubierta a las opciones políticas y a personalidades significativas de la época.

A menudo se considera que Swift rompe la continuidad narrativa de la obra en su tercera parte, donde los viajes se multiplican y la imaginación del autor se dispara, volviéndose cada vez más acerba y crítica, pero a mi juicio es aquí donde se encuentran los mayores hallazgos de la obra. El momento más divertido lo procuran los habitantes de Laputa, tan abstraídos en sus especulaciones filosóficas que necesitan ir acompañados de siervos con “sacudidores” para hacerles volver a la tierra. Por el contrario, uno de los pasajes más estremecedores es aquel en que Gulliver conoce a los Strulbruggs, inmortales que viven su estado como una maldición; abrumados por el tedio, la extrema vejez y los achaques no desean otra cosa que morir. Tan solo con esta imagen el autor consigue cuestionar uno de los mayores anhelos de la humanidad.

La intensidad de la sátira alcanza el culmen en la cuarta y última parte, en la que Gulliver llega a la isla de los Huyymmmhs, caballos sabios que tienen a su servicio a unos seres salvajes y sucios, con forma humana: los Yahoos. A todos los efectos Gulliver es un yahoo, y se ve forzado a explicar a su nuevo amo equino, como es la sociedad de la que viene un ser tan diferente a otros yahoos como él. La mordacidad de su explicación llega al extremo de hacernos pensar que el hombre, como Swift escribió en alguna ocasión, es solo un ser capaz de razón, aunque no la utilice la mayor parte del tiempo.

Tan feroz como divertida, adelantada a la ciencia-ficción y las distopías del siglo XX, esta obra maestra de la literatura satírica solo puede ser apreciada en su justa medida si se lee en su integridad, dejando así un recuerdo perdurable. Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift.

Javier Aspiazu

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