El tocho. La traición de los intelectuales, de Julien Benda

Donde todo ha sucedidoA finales del siglo XIX se produce un cambio capital: los intelectuales empiezan a hacer el juego a las pasiones políticas; aquellos que suponían un freno al realismo de los pueblos se convierten en sus estimuladores. Este trastorno en el funcionamiento moral de la humanidad se opera por varias vías. En primer lugar, los intelectuales adoptan pasiones políticas. Nadie objetará que hoy, por toda Europa, la inmensa mayoría de los hombres de letras, los artistas, un número considerable de científicos, de filósofos, de “ministros de lo divino” asumen la parte que les corresponde en el coro de los odios raciales, de las facciones políticas; aún menos se negará que adoptan pasiones nacionales”.

Este es un fragmento de La traición de los intelectuales de Julien Benda. Este ensayista francés, ejemplo de intelectual crítico e independiente, publicó la que sería su obra más célebre en 1927, en  plena época de entreguerras, provocando un considerable revuelo entre las muchas figuras de la cultura aludidas en ella. Para Benda, el intelectual es una especie de clérigo secular (de ahí el título original francés La trahison de clercs) entregado al culto del Arte y del Pensamiento puro, que encuentra su felicidad en el goce principalmente espiritual y se mantiene alejado de la vida práctica. Su terreno es el de los valores universales (como los de verdad, razón, justicia o libertad), situados por encima de cualquier particularismo y aplicables por igual a cualquier individuo en la entera superficie del planeta.

Pues bien, La traición de los intelectuales acusa el progresivo abandono que estaba experimentando este ideal de intelectual puro;  aquellos que debían ser rectores morales de la vida pública, en lugar de denunciar las arbitrariedades estatales, cedían ahora al patriotismo xenófobo, al autoritarismo o al clasismo. En palabras de Bendaestos nuevos intelectuales declaran no saber lo que son la justicia, la verdad ni otras “nebulosas metafísicas”; para ellos lo verdadero está determinado por lo útil; lo justo, por las circunstancias”.

Benda intenta explicar este fenómeno por el deseo de riqueza de los modernos intelectuales, que les lleva a identificarse con la burguesía, por su voluntad de poder político o por un sensualismo romántico que les aleja de cualquier pretensión de objetividad. Si bien afirma que Alemania inició esta religión del “alma nacional”, sus críticas se dirigen sobre todo a intelectuales franceses como el ultranacionalista Maurras, el apóstol de la violencia Georges Sorel o el filósofo irracionalista Bergson. Escrito con un estilo enérgico pero exento de vehemencia en sus apreciaciones, La traición de los intelectuales fue considerado en su momento un libro inactual.

Sin embargo, la ironía de la historia ha querido que 90 años después de su publicación surjan conceptos como el de la “posverdad”, que acaban con cualquier pretensión de universalidad de los valores, y hacen de los intelectuales meros voceros de los intereses predominantes. Por eso, hoy más que nunca, se hace necesario recuperar el espíritu crítico de Julien Benda en este valiente ensayo, que encontrarán en Galaxia Gutenberg: La traición de los intelectuales.

Javier Aspiazu

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