El Tocho. Historias de San Petersburgo, de Nikolái Gógol

En el departamento ministerial de… pero será preferible que no concretemos… Para evitarnos incidentes desagradables, designaremos el departamento en cuestión, como un departamento.

Así, pues, en un departamento había un funcionario. Un funcionario del que no podía decirse que tuviera nada de particular: era más bien bajo, algo picado de viruelas, algo pelirrojo, a primera vista algo cegato, algo calvo, las mejillas cubiertas de arrugas y la cara de ese color que suelen presentar las personas que padecen almorranas. ¡Qué se le va a hacer! La culpa era del clima de San Petersburgo”.

Así comienza El capote, el más conocido de los cuentos que integran las Historias de San Petersburgo, de Nikolai Gogol. Este es el título global bajo el que se recogen cinco de los relatos más célebres de este escritor, ligados por el lazo común de tener como escenario a la antigua capital de la Rusia imperial. Publicados entre 1835 y 1842, varios de estos relatos son clásicos de la literatura rusa y han ejercido una  influencia continuada en posteriores generaciones de escritores.

Empezando por el más admirado, El capote refleja mejor que ningún otro relato de Gógol esa visión melancólica y compasiva de la condición humana, aun en su versión más grotesca, que se convirtió en característica común en el acercamiento a sus personajes. La conmovedora historia de Akaki Akakievich, el modesto funcionario que muere de un enfriamiento cuando le sustraen su abrigo nuevo, comprado tras muchas privaciones, encierra una dura crítica a una sociedad fundada en la apariencia de status, y acaba mezclando el escenario realista con elementos sobrenaturales. Una mixtura entre verismo y fantasía, cotidianeidad y sueño, habitual en el estilo adelantado a su tiempo de Gogol, que se hace todavía más evidente en La nariz, el otro gran relato de esta selección.

La fantástica historia del alto funcionario Kovaliov, quien descubre al despertarse por la mañana que ha perdido su nariz, ofrece otra de las facetas más destacadas del estilo de Gógol: su vena satírica, con la que se mofa de las pomposas pretensiones de sus contemporáneos. Las atropelladas pesquisas de Kovaliov en busca de su nariz, y la aparición singular de ésta, destilan una comicidad absurda, muy cercana a la de la literatura kafkiana y surrealista.

El Diario de un loco, es un ejemplo supremo de la capacidad de auto-observación del autor, quien no necesitó leer informes médicos, y se basó únicamente en sus propios síntomas para narrarnos la inquietante historia de un personaje que en su progresivo desequilibrio llega a creerse rey de España.

Los dos relatos restantes tienen en común ser protagonizados por pintores. El retrato, de atmósfera alucinante, combina de nuevo, con sorprendente modernidad, ambientación realista e ingredientes sobrenaturales. Y por último, La avenida Nevski comienza siendo un homenaje a la arteria principal de la capital rusa para convertirse en la narración de dos malsanas obsesiones eróticas.

En definitiva, cinco piezas maestras que reúnen en un soberbio cóctel todos los rasgos de estilo del autor: sátira, compasión, fantasía y sus obsesiones recurrentes. Son las Historias de San Petersburgo de Nikolái Gógol. No se las pierdan.

Javier Aspiazu

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