Gargantua y Marijaia viven nuevas aventuras

La historia del bondadoso gigante llegado de la Francia del siglo XVI de la mano de Rabelais y convertido en ciudadano ilustre de Bilbao, donde se celebran sus hazañas con una enorme figura de cartón piedra que devora criaturas, y la de la popular muñeca Marijaia, que acude cada agosto a azuzar las fiestas de la ciudad con sus brazos en alto y su eterna sonrisa son los protagonistas de estos álbumes con los que arranca la colección IpuinaK, que coordinada por Montsi Petralanda y Álex Oviedo y editada por la Bizkaiko Foru Aldundia, quiere acercar a los lectores los motivos populares del folclore urbano, mostrando sus peculiaridades  y proezas fantásticas. Con el consentimiento de Rabelais y de Mari Puri Herrero y en edición trilingüe, estos álbumes relatan renovadas historias de aquellos personajes populares que  han llegado a nuestro imaginario colectivo a  través de la fiesta y que desean perpetuarse como personajes de cuentos modernos.

Gargantúa es un gigante bueno que carga con la culpa de las atrocidades de Pantagruel, el verdadero devorador de niños. Sus brazos poderosos e infinitos cruzan la ría de una ribera a otra sirviendo de puentes cuando estos no existían. Y tendrá que enfrentarse Pantagruel y arrebatarle los niños y niñas que ha apresado dispuesto  comérselos. Esa heroicidad, que lo reconcilia con la ciudad,  es el motivo de que años tras año se le invite a la fiesta. Desbordantes imágenes saltan de unas páginas a otras invitando al lector a brincar por sus brazos.

Más delicada y no menos enorme de tamaño, la muñeca festiva, Marijaia, va surgiendo de un calculado proceso creativo que comienza en la elección de sedas y de tules por las calles del Casco Viejo, el relleno de hierba traída desde el Gorbea, los colores con que se la acicala. Todo en secreto hasta que arranque la fiesta.

Son historias  que quieren tirar de los lectores hacia las viejas tradiciones folclóricas y volverlas actuales. De que sean cuentos modernos se han ocupado unas  autoras y autores jóvenes a los que, cada años,  vendrán a sumarse otro nuevos que nos hablen, quién sabe si de Mari de Anboto, los prakaorris o Basajaun, que aguardan agazapados en la misma memoria colectiva.

Seve Calleja

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