Katixa Agirre y cómo ser madre sin traicionarse

Amek ez dute arranca con el descubrimiento que hace una joven al llegar a la lujosa casa de Armentia, en Gasteiz, en la que trabaja: los niños que cuida, dos mellizos, están muertos, y la madre, desorientada, permanece junto a ellos.  El desencadenante de la historia es, por tanto, muy potente. Pero Katixa Agirre cambia el foco entonces, y lo sitúa sobre otra mujer que va a ser la verdadera protagonista de la historia, cuyo nombre no conocemos. Sí sabemos que acaba de ser madre, que es escritora, que le acaban de otorgar el Premio Euskadi y que su novela Inbentarioa ha obtenido una moderada repercusión. La maternidad ha detenido su carrera literaria, sin embargo, cuando ve en la televisión el rostro de Alice, la madre que ha asesinado a sus hijos, y se da cuenta de que la conoce, de que coincidió con ella en Londres cuando estudiaba allí, comienza a obsesionarse con el caso. Siente la necesidad de escribir sobre esa historia y de responder a la siguiente pregunta: ¿cómo puede una madre hacer eso? La escritora se organizará, o tratará de hacerlo, para poder llevar adelante su proyecto, por lo que llevará a su hijo Eric a la guardería. Esa resolución hará que ella se plantee si es una buena madre, si las madres pueden escribir o si no está desatendiendo la crianza por hacerlo. Se interrogará así mismo sobre su identidad y sobre la sensación de que su faceta de madre anule, de alguna forma, todas las demás.

Escrita en primera persona, una primera persona muy creíble y con toques auto-irónicos, la protagonista comparte sus avances en el proceso de escritura y también sus inquietudes. Agirre conforma o trufa en estas páginas, sin traicionar la esencia de la ficción,  textos ensayísticos sobre la maternidad y la literatura -cita, por ejemplo, a Doris Lessing o el estremecedor caso de Silvia Plath-; elabora recorridos históricos por el infanticidio o por la representación de la figura de la madre en los cuentos clásicos… La maternidad, en definitiva, desde muchos prismas: puede narrar con crudeza cómo es una cesárea o explica con humor lo fría que resulta la terminología que envuelve el embarazo: “Ez da posible bide hau erabat gurea sentitzea, aldaketaren handitasunaz jakitun izatea, gaixotasun terminalaren eta maldizio bibliokoaren arteko egoera iradokitzen duen sare lexiko itsusi honekin. Itsas hiztegian inspiratu beharko ginateke akaso: ubera, ingura, itsaskiria, batela. Horrela bai, arranopola!

Agirre, que muestra la parte más esclava digamos de la maternidad, recrea también escenas realmente tiernas y que transmiten bien algo que yo creo que es difícil de explicar: “(…) eta momentu horretan badakizu sentsualtasunaren maila gorenera heldu zarela, ezerk ezingo duela momento honekin lehiatu, titiburuetako sentsazioa, azala, esne beroaren jarioa, irirbarre hura, begiradarik zintzoena.

La novela, lo mejor, en mi opinión, que ha escrito hasta el momento Katixa Agirre, reivindica a la mujer, sin duda, y la dificultad que entraña escribir siendo madre de un bebé, “toda buena escritora desearía ser un hombre”, se afirma, pero no es necesario ser madre ni ser mujer para disfrutar de la lectura de Amek ez dute, una novela que, simplemente, se inscribe en la buena literatura.

Txani Rodríguez

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