Houellebecq releyendo a Lovecraft; entre monstruos

Una reflexión inicial: debo estar haciéndome viejo. Dicen que cuando alcanzas una determinada edad, quizá la que ahora tengo, lees mas ensayo y menos narrativa. Y, últimamente, me he descubierto leyendo mas ensayo. Cierto que se trata de memorias personales y cosas relacionadas con la literatura, pero hay cosas que empiezan inadvertidamente y para cuando te quieres dar cuenta ya estás en otra dimensión. Anunciaba al final de mi comentario anterior que había empezado a leer el trabajo que Michel Houellebecq dedicó a Howard Philips Lovecraft hace ya treinta años, al que se añadió un prólogo de Stephen King en la reedición de 2004. Ahora vuelve a las librerías. Como yo antes no leía ensayos no lo había leído. Ahora que las cosas han cambiado le he clavado el ojo.

Es curioso como a los franceses les gusta reconocer casi como propias algunas cuestiones consideradas secundarias en el mundo de la cultura estadounidense. Lo hicieron con las películas de género, la novela negra, el jazz, la ciencia-ficción y hasta con el terror. Y lo hacen gentes que están en lo alto de la consideración cultural. Emmanuelle Carrere, por ejemplo, en aquella biografía de Philip K. DickHouellebecq con Lovecraft. Es cierto que en 1990 Michel no era tan conocido como ahora, de hecho no había escrito aquella primera novela, Ampliación del campo de batalla, que tanto llamó la atención de la crítica. El público esperó a la siguiente, Las partículas elementales, para aceptar que estaban ante un fenómeno literario.

Pero estábamos con Lovecraft, ese autor para adolescentes habitantes de mundos fantásticos poblados por criaturas amenazadoras, que tiene un innegable atractivo para los aficionados al terror. Tuve mi etapa Lovecraft, como todos. Hace siglos (en tiempo lovecraftiano). No todo es bueno, el propio Houellebecq reconoce que hay un grupo de narraciones que puedes disfrutar y el resto es accesorio y repetitivo. Pero el francés repasa la vida del autor de Providence revisando con lupa los acontecimientos que moldearon su carácter y su forma de vida. No fue una gran experiencia, Lovecraft llevó una vida perra, agobiado por la falta de dinero, con un matrimonio que no conseguía entender, deseando volver a vivir con su tía y sus gatos y escribiendo febrilmente, a veces sus relatos, a veces miles de cartas a amigos y colegas.

No se obvia su condición de racista. Tampoco de su desprecio de la vida y del mundo que le parece un lugar terrible. Pero muestra su carácter amable y poco dado a la discusión. Es enternecedor como relata sus relaciones con los médicos poco antes de morir. Lovecraft es un personaje del siglo XVIII, nacido en el XIX y que realizó su obra en el XX. Y su escritura así lo testifica. Es antigua en un sentido muy amplio de la palabra. Pero es, paradójicamente, un autor que ha resistido muy bien el paso del tiempo y ahora es muy seguido por gente de todas las edades. Como me consta he buscado en este libro la explicación al fenómeno. Seguramente está en el hecho de que todos, los lectores también, estamos volviéndonos cada vez más simples, cada vez tememos mas a los muchos peligros que nos acechan. Entre otros la edad. Y saber que esos peligros están allá lejos, en la costa este de Estados Unidos nos tranquiliza porque esa costa está muy lejos.

Michel Houellebecq es un autor discutido, pero casi todos aceptan que es un observador perspicaz y ese comienzo cuestionando la novela realista me parece  muy acertado. Así que sigues un poco y enseguida estás llegando al final. Puede que esta pseudobiografía no guste mucho a los seguidores de Lovecraft, pero estoy seguro de que será muy beneficiosa para poner las cosas en su sitio con un autor que corre peligro de ser mitificado.

Félix Linares

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