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Hermosilla, Hermosilla, Hermosilla

A veces hay que hacer caso de las recomendaciones de los editores, aunque sean de sus propios libros. Sobre todo cuando estas recomendaciones provienen de gentes que viven con pasi√≥n, y conocimiento, el hecho literario como, por ejemplo, V√≠ctor Gomoll√≥n, el editor de la magn√≠fica editorial aragonesa Jekyll&Jill. Cuando nos envi√≥ este libro, El jardinero, del escritor murciano Alejandro Hermosilla (Cartagena, 1974), un doctor en Literatura Comparada que ha publicado otras dos novelas, Martillo y Bruja, nos hizo llegar unas letras en las que dec√≠a, entre otras cosas, que este nuevo libro de Hermosilla ‚Äúcompone una incendiaria novela situada en un tiempo sin concretar que es, en realidad, un reflejo de las relaciones de poder modernas y la esquizofrenia actual. Una met√°fora de esa incertidumbre contempor√°nea que iguala a v√≠ctimas y culpables y transforma los m√°s elementales actos de la vida cotidiana en perversiones‚ÄĚ. No puedo estar m√°s de acuerdo.

El jardinero es un libro desasosegante y enfebrecido. Un descenso a la naturaleza del mal, un aparente enfrentamiento entre se√Īor y vasallo, noble y jardinero, en el que los papeles se confunden y trastocan, y en el que el lector se ve obligado a contestar a una pregunta que le martillea constantemente: ¬Ņqui√©n es el que manda y qui√©n es el mandado realmente? Una pregunta con trampa, porque en el fondo todos sabemos que los que mandan son los que ejercen el poder para su beneficio. La novela transcurre en un tiempo indefinido, que a veces se asemeja a la Francia prerrevolucionaria de finales del siglo XVIII, que a veces nos remite a la Inglaterra de los a√Īos treinta con sus nobles fascistas y que otras veces parece entresacada de un mundo actual o cercano en el que, en plena crisis, los ‚Äúse√Īores multimillonarios‚ÄĚ se aprovechan de sus trabajadores privados de derechos. Un mundo que nos llega a trav√©s de una primera persona desquiciada y enga√Īosa, la del joven amo que se enfrenta al jardinero indolente y provocador, al que ‚Äúno pueden despedir‚ÄĚ por un contrato leonino. Hay un condado, un castillo, unos nobles, unos jardineros y gente que trabaja y vive alrededor. Y hay un ambiente ponzo√Īoso, que a veces se aclara y parece hacerse luminoso, hasta que de nuevo se oscurece hasta la n√°usea.

Estamos ante una novela de tesis, una novela ideol√≥gica, pol√≠tica, en el mejor sentido de la expresi√≥n, que molesta, ara√Īa, intimida, que nos hace pensar, en estos tiempos de pensamiento light, brocha gorda y tweet f√°cil, incendiario y sin contenido alguno. Una novela extra√Īa que adem√°s se ve aderezada con comentarios y extractos sobre libros de jardiner√≠a, reales, escritos por bot√°nicos de prestigio que recorren la Grecia y Roma cl√°sicas, la Holanda de los primeros horticultores o la Francia de los grandes jardines y en la que tambi√©n encontramos referencias a pensadores de la Iglesia como San Agust√≠n y a grandes pintores como El Bosco.

Ficci√≥n, jardiner√≠a y lucha de clases en los tiempos de la infamia. Una novela inclasificable que ense√Īa que pensar es necesario y revelador, dolorosamente revelador. Por cierto, la portada con una ilustraci√≥n del salmantino Tom√°s Hijo, es una de las m√°s impresionantes que hemos visto recientemente en el mercado del libro espa√Īol.

Enrique Martín

Iban Zaldua y la memoria de La Cosa

Como si todo hubiera pasado es la antolog√≠a que re√ļne los relatos escritos por Iban Zaldua en torno al conflicto vasco durante los veinte √ļltimos a√Īos. Los cuentos, por tanto, han sido escritos mientras los acontecimientos se daban, y no tras el cese definitivo de la violencia, as√≠ que lo que encontramos en estos textos es algo similar a la potencia que puedan tener las cr√≥nicas en directo. Y dependiendo supongo del estado de √°nimo del autor y del contexto social, algunos de esos relatos resultan esperanzadores y otros bastante oscuros. Dispuestos en orden cronol√≥gico, creo que es un ejercicio interesante leer los textos tal y como se presentan porque eso nos permite seguir el curso de la triste historia que hemos vivido durante las pasadas d√©cadas.

En conjunto, Como si todo hubiera pasado aporta el testimonio de la cotidianidad, la manera en la que la situaci√≥n sociopol√≠tica se filtraba hasta empaparlo todo. ‚ÄúLa Cosa‚ÄĚ, como suele referir el propio Zaldua, no solo condicion√≥ la vida de las personas involucradas de una forma u otra en primera l√≠nea del conflicto, sino la de, en distinto grado, todo el mundo. ‚ÄúLa Cosa‚ÄĚ se colaba en los euskaltegis, en la universidad, en los museos, en los parques, en los bares, en las casas, en las camas. Para mostrar ese abanico de situaciones, Zaldua emplea la primera persona o se va a la tercera, que ofrece una distancia mayor, pero llama la atenci√≥n la cantidad de puntos de vista que maneja y la capacidad que tiene para meterse en la piel de personajes muy ajenos a sus propias circunstancias. Bueno, tampoco vamos a descubrir ahora la habilidad t√©cnica del autor, que est√° reconocido como un maestro del relato; quiz√°s sea m√°s interesante destacar su empat√≠a.

Los cuentos son imaginativos y originales, llenos de matices y detalles, y aunque uno de los personajes diga que la iron√≠a es antirrevolucionaria, la iron√≠a sigue siendo una de las marcas de la casa de la narrativa de Zaldua. Son 42 piezas, y es dif√≠cil destacar algunas, pero a m√≠ me han gustado mucho El ertzaina, que narra, con toques de humor, las derivas de un grupo de alumnos de un euskaltegi al que acude un ertzaina; Sombras, la historia de un reencuentro (hay muchos reencuentros en esta antolog√≠a) entre dos mujeres cuyas circunstancias han cambiado radicalmente desde la √ļltima vez que se vieron; Lo √ļnico que cambia, que reflexiona sobre la idea de que, as√≠ como el presente y el futuro no se pueden cambiar, el pasado s√≠ es alterable; Tres conciertos, un estremecedor texto sobre lo abrupto y absoluto de la muerte; ¬†El bar de enfrente, en el que los asesinados regresan a sus vidas.

En Como si todo hubiera pasado reconoceremos escenarios, situaciones y personajes, y los relatos a veces harán que nos planteemos preguntas incómodas, pero esa es precisamente una de las funciones de la literatura; otra, dejar testimonio, y también la cumple, testimonio polifónico, además, para que no cedamos, como advierte el autor, a la tentación del olvido ni al de la memoria parcial.

Txani Rodríguez

El libro del mar del noruego Morten A. Stroksnes

Dice la contraportada de este libro que en √©l se cuenta la caza de un tibur√≥n boreal en una lancha neum√°tica por parte de dos amigos. Y luego entra en algunos detalles sobre esa cacer√≠a. No lo cre√°is. Es cierto que todo eso est√° en el libro, en una peque√Ī√≠sima parte del libro, pero este volumen va de otra cosa. Va del amor por el mar y por aquello que lo representa. Stroksnes es historiador, viajero, fot√≥grafo y reportero accidental. Ha escrito libros sobre lugares en conflicto y, sin duda, le apetec√≠a un poco de relajo, pero sabe que la contemplaci√≥n tiene poco gancho a la hora de vender un libro, as√≠ que aprovechando la peque√Īa an√©cdota de su amistad con un pescador y la, sin duda, verdadera experiencia de salir al mar para capturar a un tibur√≥n y ver como este se les escapa siempre, ha montado la historia que ha permitido que este libro se edite en veinticuatro idiomas.

Y lo merece, porque a nada que sea el lector alguien interesado en la historia de la navegaci√≥n, de las profundidades y de los habitantes del mar, este libro le va a encantar porque hay aqu√≠ un muestrario detallado de todo esto, troceado en grupos de pocas p√°ginas, y mezclado con otras unidades de narraci√≥n que incluye, por ejemplo, las pel√≠culas y sobre todo los libros que hablan del mar, que son miles, por supuesto. Comparten p√°gina el abuelo del autor, que un d√≠a abandon√≥ el interior de Noruega y se asom√≥ al mar y Arthur Rimbaud que escribi√≥ un poema sobre √©l. Despu√©s los b√ļnkeres que dej√≥ la Segunda Guerra Mundial, dejan paso al amigo Hugo, que es un artista pl√°stico, pero sobre todo tiene que salir a navegar todos los d√≠as y de ah√≠ al Mayflower y otros barcos hist√≥ricos, al Argos y otros barcos legendarios, al capit√°n Ahab y a otros personajes inventados, a Jack London que escribi√≥, a Cop√©rnico que investig√≥ y a Borges que so√Ī√≥.

Y si no est√°n todos ellos en estas p√°ginas a mi me lo parecen porque creo que este compendio de saberes pr√°cticos y conocimientos te√≥ricos sobre el mar es lo m√°s completo que vas a encontrar lejos de los libros con hermosas fotograf√≠as y precios estratosf√©ricos. Aqu√≠, a cambio, hay hermosos poemas: ‚ÄúEs largo este pa√≠s, la mayor parte es Norte‚ÄĚ, por ejemplo. Le√≠ este libro recorriendo las costas noruegas, se citan en √©l algunos lugares en los que he estado, como una librer√≠a de viejo en Tromso, que igual no es la misma que se cita en el texto porque hay muchas en Noruega, pero quiero pensar que esta identificaci√≥n no ha influido en mi juicio, que cualquier persona, a condici√≥n de que est√© interesado en el mar y todo su universo que es inabarcable, porque tambi√©n tenemos aqu√≠ el mar estelar, deber√≠a leerlo porque va a hacer salir a los ojos, llegar al cerebro, la idea marina de cada uno de nosotros. Una delicia de libro. A m√≠ que me importa que cacen o no al tibur√≥n boreal. Bastante tiene el pobre con ese par√°sito que le come la cornea. Veis, un ejemplo de los conocimientos in√ļtiles, y tan satisfactorios, que proporciona El libro del mar. Atr√©vete a vivirlo.

Félix Linares

“Mi verdadera historia del Imanol faquir”, dijo Harkaitz Cano

Lo apodaban ‚Äúfaquir‚ÄĚ porque dorm√≠a boca arriba, con los brazos cruzados sobre el pecho, y con unos calzoncillos blancos, pero el p√ļblico lo conoci√≥ como Imanol Larzabal, y en la novela Fakirraren ahotsa, que acaba de publicar Harkaitz Cano, se recrea su figura bajo el nombre de Imanol Lurgain. La labor de documentaci√≥n en la que durante a√Īos se ha empe√Īado el escritor de Lasarte se cristaliza en este libro de una manera asombrosa ya que el escritor reconstruye la vida de Imanol de manera no solo emocionante y veros√≠mil, sino que lo hace acerc√°ndose todo lo posible a la realidad.

La vida de Imanol es conocida, al menos, entre algunas generaciones, pero conviene resumirla: naci√≥ en Donostia, en el seno de una familia humilde. Comenz√≥ a cantar muy joven, y muy joven tambi√©n empez√≥ a ofrecer sus primeros conciertos clandestinos. En 1967, entr√≥ a colaborar con ETA, aunque como se√Īala Cano en el libro, desde el principio dej√≥ claro que no coger√≠a un arma nunca. Un a√Īo despu√©s, pas√≥ seis meses en Martutene acusado de terrorismo. Imanol, se exili√≥ a Francia, y tras la amnist√≠a de 1977, siendo ya un cantante conocido, regres√≥ a Donostia. Su compromiso pol√≠tico se mantuvo intacto, aunque sus conciertos en castellano por la margen izquierda le granjearon cierta fama de espa√Īolista. En el a√Īo 1985, Sarrionandia se fug√≥ de Martutene escondido en uno de los altavoces que se hab√≠an instalado para un concierto de Imanol. El cantante qued√≥ en libertad sin cargos. Un a√Īo despu√©s, particip√≥ en el homenaje a Yoyes, y comenz√≥ a recibir amenazas. Algunos de sus antiguos amigos tambi√©n le dieron la espalda. Particip√≥ entonces en actos de la plataforma Basta Ya, y, finalmente, en el a√Īo 2000 se va de Donostia. Muri√≥ en Orihuela en 2004.

Fue la suya, sin duda, una vida novelesca, y precisamente por ello, quiz√°, a priori, suponga un reto complicado escribir una buena novela con esos mimbres. Sin embargo, Cano ha sido capaz de crear una potente obra narrativa. La historia la relata un narrador omnisciente, capaz de introducirse en lo m√°s profundo de los personajes, y capaz tambi√©n, de adelantar, algunos acontecimientos futuros. La novela se abre con una conversaci√≥n entre un escritor y un t√©cnico de sonido, Pharos; despu√©s, da un salto en el tiempo hacia atr√°s para reconstruir la vida del cantante, para, por √ļltimo, redondear¬† un final circular.

Fakirraren ahotsa nos deja la sensaci√≥n de haber conocido a Imanol. Sabremos de sus gustos musicales, de su amor por la lectura, de qu√© tipo de mujeres le gustaban, sabremos de su amistad con Paco Ib√°√Īez (una figura importante en su vida), de su conexi√≥n casi espiritual, como de alamas gemelas, con Yoyes (Lurdes Arakis en la novela), de su desapego por lo que encierra el concepto ‚Äúcolectivo‚ÄĚ, de su afici√≥n por los chistes gruesos, de sus hondas convicciones que le hac√≠an tocar all√≠ donde se le reclamara sin atender a su cach√©, de los miedos que lo convert√≠an en alguien valiente, y de su extraordinaria generosidad. Hay una escena brutal en la que Cano narra c√≥mo Imanol cruza la frontera con todo el dinero que hab√≠a obtenido de la venta de las 10.000 primeras copias de su primer disco. Lo entrega todo, tanto es as√≠ que luego no le queda ni para comprarse una cerveza en el viaje de vuelta. Imanol Lurgain dice que nadie, salvo la persona que lo recibe en Barcelona, un viejo conocido, se lo agradeci√≥ jam√°s. Pero Cano no sucumbe a la hagiograf√≠a y lo describe tambi√©n como alguien inmaduro, con bastante ego, poco cuidadoso con sus m√ļsicos, e incapaz de alegrarse del √©xito de la cantante que le hac√≠a los coros, Ainara Irazoki en la novela.

La historia de Imanol atraviesa varias d√©cadas y distintos escenarios, y todos son descritos o evocados por Cano con una habilidad extraordinaria. El Par√≠s de los a√Īos 70 cascabelea en estas p√°ginas a trav√©s de los conciertos, de los museos, de las librer√≠as de izquierdas; los a√Īos 80 a este lado de la frontera, aquella efervescencia, es condensada en un p√°rrafo magistral en el que podemos leer frases cargadas de intenci√≥n como la siguiente:¬† ‚ÄúDemokrazia heldu da, xaboi eta detergente berriekin“. Donostia, elegante siempre, mira hacia Par√≠s con melancol√≠a, y el ambiente de los pueblos, un tanto opresivo, se pincela tambi√©n con eficacia.

Cano, en definitiva, ha unido una tit√°nica labor de documentaci√≥n a su talento, y ofrece como resultado la recreaci√≥n minuciosa y emocionante de una vida que ser√≠a novelesca si no fuera porque fue la vida real de un hombre real en la que se concentra, con sus luces y sus sombras, parte de la historia sociopol√≠tica reciente de este pa√≠s. Por todo ello, Fakirraen ahotsa se convierte, desde el momento de su publicaci√≥n, es uno de los libros m√°s importantes de cuantos se han escrito en euskera estos √ļltimos a√Īos.

Txani Rodríguez

Esther Zorrozua, luchando con el ornitorrinco

Dos a√Īos despu√©s de Marcas de agua, novela en la que retrataba la desolaci√≥n producida por la muerte de un hijo, la escritora, fil√≥loga, doctora en literatura y profesora vizca√≠na Esther Zorrozua (Bilbao, 1955) publica, tambi√©n en la editorial canaria Baile del Sol, la novela Vida secreta del ornitorrinco. Zorrozua, que colabora en peri√≥dicos y revistas, sac√≥ al mercado entre 2004 y 2012 cuatro libros: La casa de la Galea, Bilbao, ciudad abierta, A contraluz y Fuga para un pianista.

Vida secreta del ornitorrinco narra el enfrentamiento entre dos personajes opuestos, uno que vive hacia fuera y otro que vive hacia dentro. Olaia es una joven universitaria que no admite intromisiones y que valora ante todo su libertad para decir y para hacer; El√≠as, es un bibliotecario maduro que parece haber nacido para censurar y preservar una moralidad rancia, aunque todos los dem√°s se opongan. El enfrentamiento total entre ambos se produce cuando El√≠as niegue a Olaia el pr√©stamo del Lolita de Nabokov porque ‚Äúno es apropiado para tu edad‚ÄĚ. Una guerra total, a pesar de que El√≠as se sienta atra√≠do por Olaia y a pesar de los intentos por mediar de otros personajes, como el taxista Alfredo, t√≠o de Olaia, y el enterrador Nemo, conocido desde la infancia de El√≠as.

La novela de lo que habla en el fondo es de la censura ‚Äďuno de los mayores cr√≠menes sociales de la Humanidad- y del totalitarismo y de esas nuevas/viejas pretensiones de los carcas de siempre de intentar imponer a la gente su visi√≥n del mundo, decirles lo que es correcto e incorrecto y sancionarles si no piensan y act√ļan como ellos. Como le dice en un momento Nemo a El√≠as: ‚Äúla gente debe tener la opci√≥n de decidir por s√≠ misma. No es responsabilidad tuya tutelarlos ni tratarlos como si fueran deficientes. El ser bibliotecario no te convierte en infalible ni en gu√≠a espiritual de ninguna clase‚ÄĚ.

El elemento catalizador de este conflicto, como hemos dicho, es el Lolita de Nabokov, que sirve como ejemplo de censura en nuestros tiempos modernos y tambi√©n como gu√≠a de una historia que parece repetirse, la del cr√°pula, el ornitorrinco, que est√° perdidamente enamorado de la ninfa, la estudiante. La vida imitando al arte. Por cierto en la novela tiene mucha importancia el mundo educativo en el que, seg√ļn la autora, hay todav√≠a mucho censor. Un mundo educativo, que est√° repleto de gozosos descubrimientos, pero tambi√©n de frustraciones, sobre todo en relaci√≥n con los profesores, porque sigue habiendo buenos y malos, muy malos profesores.

Resaltar√≠a dos aspectos m√°s del libro, por un lado el punto de vista adoptado a la hora de contar la historia, porque son tres los personajes que la narran en primera persona alternativamente: El√≠as el bibliotecario, Olaia la estudiante y Alfredo el taxista. Aunque habr√≠a que preguntarse por qu√© no se ha elegido a Nemo el enterrador como narrador. Seguramente habr√≠a sido muy interesante por lo canalla y outsider del personaje. Y por otro lado est√° el final de la historia. Sin desvelar nada podemos adelantar que la escritora ¬†le dice al lector algo as√≠ como: ‚Äúpi√©nsalo, participa activamente en la soluci√≥n del misterio final, crea tu propio final‚ÄĚ. ¬ŅDesaf√≠o o cachondeo?

Esther Zorrozua está de nuevo en nuestras librerías con Vida secreta del ornitorrinco, seguramente una de sus novelas más actuales, sugerentes y redondas.

Enrique Martín

¬ŅQu√© fue de las soldadesas, Ugo Pirro?

El narrador de esta novela es un oficial de complemento italiano destinado a Grecia con las tropas de ocupaci√≥n. Acuartelado en Volos, su vida transcurre entre las labores militares, la malaria, como casi la totalidad de la poblaci√≥n civil y militar, y los prost√≠bulos. ‚ÄúAlgunas tardes -dice- no aguant√°bamos en la cama y la necesidad de abrasarnos con otra cosa que no fuese la fiebre se apoderaba de nosotros‚ÄĚ. Pero esa rutina da un vuelco cuando le encargan la siguiente misi√≥n: debe ir a Atenas a recoger a un grupo de prostitutas griegas y entregarlas a las tropas italianas en diferentes prost√≠bulos del camino de vuelta a Volos. En el viaje recorrer√°n parajes devastados por el hambre. ‚ÄúEnviad ata√ļdes o trigo‚ÄĚ, reza un telegrama enviado por un mando. La gente no pide dinero, que no vale para casi nada, sino pan (‚Äúpsomi‚ÄĚ). El desabastecimiento era notorio en cualquier circunstancia: ‚ÄúEl f√©retro estaba envuelto en la bandera. No hab√≠a ni una flor; donde no crece el trigo, las flores tienen corta vida, como os animales y los hombres‚ÄĚ. Es esa circunstancia desesperada la que empuja a la mayor√≠a de esas quince mujeres al cami√≥n Fiat 26 que las transportar√°.

La misi√≥n es, aunque pueda resultar m√°s o menos extra√Īo, militar, y lo es porque el ej√©rcito italiano hab√≠a burocratizado las visitas a los prost√≠bulos, y los soldados deb√≠an cursar solicitudes por v√≠a jer√°rquica.¬† El embrutecimiento que refleja esta novela es estremecedor. No hay lugar para el amor. Sin embargo, el narrador se sentir√° enamorado de una de las mujeres que transporta,¬† de la enigm√°tica Eftij√≠a. La ternura que aflora entre ellos contrasta con el desierto moral por el que transitan sus vidas. De hecho, aunque en el viaje sufrir√°n emboscadas de los partisanos, asaltos y asistir√°n incluso a un fusilamiento, es el desmantelamiento de la condici√≥n humana, mostrada a trav√©s de distintas escenas, lo que m√°s me ha impresionado. No hay posibilidad de victoria ante la derrota moral. En ese viaje inici√°tico, muy bien estructurado, el narrador experimentar√°, adem√°s del amor, ¬†la decepci√≥n y los remordimientos, y ya no volver√° a ser el mismo.

Se trata, conviene subrayarlo, de un personaje que guarda muchas similitudes con el autor de la novela, Ugo Pirro. Este escritor, que lleg√≥ a enrolarse en el ej√©rcito fascista a espaldas de su familia, termin√≥ su carrera militar con el rango de desertor, como √©l mismo dec√≠a. La guerra fue para √©l una continua fuente de inspiraci√≥n. Donata Carelli, una estudiosa de su obra, escribe lo siguiente en el ep√≠logo que cierra esta edici√≥n: ‚ÄúLa guerra, para Ugo Pirro, es un desierto de insensatez, un espacio inh√≥spito, donde el hombre se ve obligado a afrontar otro conflicto, consigo mismo y con sus propias debilidades (‚Ķ). Eso fue lo que le ocurri√≥ al oficial Ugo Mattone, quien parti√≥ como un joven voluntario, y tras el armisticio volvi√≥ a casa convertido en escritor y antifascista, y con un nuevo nombre: Ugo Pirro‚ÄĚ. Pues fue con ese mismo nombre con el que firm√≥ tambi√©n los guiones de sus pel√≠culas, que le valieron la fama de cineasta contestatario y pol√≠ticamente comprometido; guiones que le reportaron dos nominaciones a los Oscar, entre otros muchos reconocimientos.

Las soldadesas vio la luz en Italia en el a√Īo 1956, pero ha sido ahora cuando Altamarea Ediciones la ha traducido al castellano por primera vez y nos ha concedido la oportunidad de poder disfrutar de esta novela l√ļcida, conmovedora, que no hizo ninguna gracia a los italianos, ya que su ej√©rcito no sale, ni mucho menos, bien parado.

Txani Rodríguez

Enrigue, los indios y una historia de familia

El t√≠tulo de esta novela se toma de las palabras que al parecer dijo Ger√≥nimo, el caudillo apache, cuando se rindi√≥ a los soldados estadounidenses para escapar de los mejicanos que ten√≠an intenciones m√°s sangrientas con respecto a √©l. Es un buen t√≠tulo que cobija la historia de Camila, cuyo rancho ha sido asaltado por los apaches y ella raptada, la de Jos√© Mar√≠a Zuloaga, teniente coronel del ej√©rcito mejicano que re√ļne a un grupo heterog√©neo para perseguirlos, una cr√≥nica de las andanzas de Ger√≥nimo, naturalmente, y una secci√≥n donde el autor mejicano se lanza de cabeza a la autoficci√≥n, es decir nos cuenta su vida que no tiene demasiada relaci√≥n con todo lo anterior, salvo en el escenario, pero que parece que le apetec√≠a contar. Y que vista la flojedad de los argumentos y la escasa emoci√≥n de sus viajes, aunque eso de no aceptar la nacionalidad espa√Īola para no rendir pleites√≠a al rey tiene su gracia, incluye una cr√≥nica de las andanzas del jefe apache¬†Cochise.

Esto en la primera parte, la mejor. En la segunda desaparecen Camila y Jos√© Mar√≠a y nos quedamos con la familia de Enrigue y Ger√≥nimo, cuyo recorrido es visto a trav√©s de diferentes personajes que, m√°s o menos, tienen relaci√≥n con su historia. Y sigue la¬† reivindicaci√≥n de la literatura que aparece con frecuencia en estas p√°ginas. Lamentablemente la ambici√≥n de la propuesta, llam√©mosla as√≠, se come la narraci√≥n. Esta es la parte que m√°s necesita un recorte porque hay cosas que no se saben a d√≥nde van, y a veces ni que son, me gustar√≠a, por ejemplo, hablar con el autor para que me explicara el segmento de Damiancito. Pero ah√≠ est√°. Las setenta √ļltimas p√°ginas, la tercera parte, vienen a cerrar todos los canales abiertos, con una mezcla de intento de novela epistolar entre militares y narraci√≥n convencional para el resto de los implicados. La novela remonta vuelo de nuevo, aunque es m√°s bien anticlim√°tica porque todos los temas han ido terminando sus tramas.

Por lo le√≠do, desconozco los libros anteriores de Enrigue, al autor se le da mejor la narraci√≥n f√≠sica, la aventura, las peripecias, que la introspecci√≥n. No dudo de su af√°n de reivindicaci√≥n de la apacher√≠a, su abundante documentaci√≥n, su esfuerzo por capturar el ambiente y por trasmitir la tragedia que se vivi√≥ en aquellas tierras en el siglo XIX, pero solo a √©l debe adjudic√°rsele el relativo fracaso del empe√Īo. Y es que la primera parte es muy buena, ya lo hemos dicho, incluso le perdonamos las incursiones de la autoficci√≥n, pero en la segunda pierde todo el cr√©dito acumulado. Un buen editor quiz√° deber√≠a haber intervenido y aconsejado una revisi√≥n del original. Pero, l√°stima, no ha sido as√≠.

No obstante recomiendo su lectura por las muchas páginas interesantes que contiene y por la aportación que hace a un género no muy abundante en las librerías ahora mismo. Los aficionados al western ya saben que es lo que tienen que hacer. Hacerse con el libro.

Félix Linares

Mujeres contra las circunstancias, novela de Yoseba Pe√Īa

Hariak es la segunda novela del escritor Yoseba Pe√Īa, un libro ambicioso, bien resuelto, en el que hay tres protagonistas y numerosos personajes secundarios muy cuidados. Se trata de una historia sobre la historia reciente de este pa√≠s¬† en la que la labor de documentaci√≥n, el talento para la recreaci√≥n de ambientes y la captura de detalles envuelven el libro de solvencia literaria.¬† Como dec√≠a, hay tres protagonistas y las tres son mujeres. La primera que conocemos es Irene; ella, que ha crecido en el seno de una familia adinerada,¬† se enamora de un pescador de Zarautz. Con motivaciones intelectuales, toca el piano y se ha propuesto traducir al euskera Madame Bovary, se ve atrapada en un matrimonio que no resulta como ella esperaba. El Zarautz de esta primera parte es de los a√Īos inmediatamente anteriores al estallido de la Guerra Civil, un pueblo en el que los tradicionalistas o carlistas y los abertzales se enfrentaban en un contexto llamado a agitarse a√ļn m√°s.

La segunda protagonista es Xexili, nieta de Irene, una mujer que vive la posguerra -corren los a√Īos 50 en una familia del bando vencedor-, pero que poco a poco ir√° d√°ndose cuenta de lo que la dictadura supone realmente. Resulta muy interesante en este cap√≠tulo ver c√≥mo funcionaban las ikastolas, que eran, claro, clandestinas: ‚ÄúOso modu eskasean zegoen dena eta umeek ez zeukaten kartillarik, legez kapo zeuden. Xexili beldurtuta bizi zen, egunen batean inspektorea azaldu eta lezioa euskaraz ematen harrapatuko ote zituen. Gainera, galdetuz gero, nola erantzungo zioten erdaraz, dena euskaraz ikasten bazuten‚ÄĚ.

Olatz es la tercera protagonista, hija de Xexili. Ella empieza su activismo político repartiendo panfletos, pero las complicaciones no se harán esperar. La cárcel, la tortura y las fugas están presentes en este tramo del libro que nos lleva ya hasta hace unas décadas, como quien dice, y recrea, por ejemplo, la masacre del hotel Monbar en 1985, la acción del GAL que más víctimas mortales ocasionó.

Como vemos, Hariak recorre noventa a√Īos de nuestra historia, un recorrido en el que¬† los grandes acontecimientos se imbrican en la materia principal de la novela que no es otra que la de la vida cotidiana de algunos de los hombres y mujeres de aquella √©poca, pero, sobre todo de las mujeres. Hariak encierra una clara reivindicaci√≥n del papel de aquellas mujeres que se rebelaron contra sus circunstancias, y de otras mujeres a las que las circunstancias se las tragaron: ‚ÄúPrimerisimako hileta: hamaika apaiz,dirutza kandeletan, kantu-sorta bikaina, hiru meza batera‚Ķ Bikarioak sentitu egin zuen sermoia: gizon langilea, eskuzabala, zintzoa. Ama aipatu ere ez‚ÄĚ.

Txani Rodríguez

Lo real y lo ficticio en Warren Ellis

Warren Ellis es un prestigioso guionista de c√≥mic brit√°nico que de vez en cuando le da por publicar novelas. Es autor de obras tan emblem√°ticas en el mundo del c√≥mic como las series Planetary, The Autority y Transmetropolitan, o de novelas gr√°ficas como Red llevada al cine. Sus preocupaciones pasan por la omnipresencia de las nuevas tecnolog√≠as, por el excesivo control pol√≠tico de la sociedad, por la falta de libertad de expresi√≥n, por el papel manipulador de los medios de comunicaci√≥n, por el destrozo del medio ambiente y por la falta de compromiso de la gente. Es un hombre de izquierdas, a veces radicalmente de izquierdas, y no lo oculta. Tambi√©n es importante en su obra la utilizaci√≥n que realiza del lenguaje (con muchas palabras altisonantes) y el desprecio a ‚Äúlo pol√≠ticamente correcto‚ÄĚ y a las buenas costumbres, que para √©l no son otra forma de ocultar la verdad de las cosas.

Normal es una novela breve en la que Ellis imagina un mundo futuro relativamente cercano que se acerca peligrosamente al sumidero. El medio ambiente est√° destrozado, la sociedad est√° regentada por partidos cuasi fascistas y las grandes corporaciones manejan a su antojo la econom√≠a. En este orden de cosas son importantes dos nuevos perfiles profesionales y hasta cierto punto ideol√≥gicos: aquellos que trabajan en la ‚Äúprevisi√≥n estrat√©gica‚ÄĚ, que dependen de instituciones sin √°nimo de lucro y que buscan c√≥mo evitar los desastres que se avecinan, y aquellos que trabajan en la ‚Äúpredicci√≥n estrat√©gica‚ÄĚ, a sueldo de empresas y lobbies relacionados con la seguridad, que dan por hecho todos esos desastres y buscan m√©todos para sobrevivir a los mismos.

Con este paisaje de fondo nos encontramos con profesionales de uno y otro sector que se han asomado demasiado a lo que denominan el ‚Äúabismo‚ÄĚ y que se han chinado, es decir que ante la visi√≥n terrible del futuro han sufrido importantes colapsos nerviosos, lo que les ha llevado a ser trasladados a Normal, una especie de cl√≠nica especializada en curar a estos profesionales tan importantes para el sistema y para el futuro. Uno de estos profesionales es Adam Dearden, un futurista que acaba de llegar a la cl√≠nica. All√≠ se encuentra con compa√Īeros altruistas y compa√Īeros de los otros, de los ‚Äúvendidos‚ÄĚ al sistema. Y entonces se produce la muerte, o desaparici√≥n o secuestro (no est√° claro) de uno de los internos, y la histeria se dispara. Adam Dearden y otros compa√Īeros “lastimados” deber√°n hacer lo posible por encontrar la soluci√≥n al enigma, luchando con sus paranoias y con los efectos de los fuertes medicamentos que les recetan. ¬ŅQu√© es verdad? ¬ŅQu√© es mentira? ¬ŅLes est√°n espiando? Y si es as√≠, ¬Ņpor qu√© les esp√≠an? Y por cierto, ¬Ņpor qu√© salen tan pocos enfermos curados de Normal? ¬ŅY la soluci√≥n del enigma ayudar√° a comprender el futuro, o el presente, o incluso el pasado? Y, sobre todo, ¬Ņqui√©n hace realmente las cosas, qui√©n est√° detr√°s de todo? ¬ŅEres t√ļ? ¬ŅImporta?

Normal es una novela muy Ellis, en la que hay momentos para la tragedia m√°s terrible y momentos para la comedia m√°s desopilante. Un tecno-thriller repleto de sorpresas en el que nada es lo que parece o aparenta parecer, pero en lo que todo, en cierta manera, es falso porque los poderosos nos han cambiado hasta la realidad: ya no podemos creer ni siquiera lo que vemos. As√≠ que si nos mienten, ¬Ņc√≥mo probar que nos mienten? Normal no es perfecta, pero es tremendamente sugerente, un espejo deformante (o no) de la realidad actual.

Enrique Martín

Shion Miura y la odisea de confeccionar un diccionario

Siempre me ha parecido que, culturalmente, los japoneses están en nuestras antípodas, al menos, en algunos aspectos. Es algo que volví a pensar cuando leí que La gran travesía, una novela escrita por la autora tokiota Shion Miura, había vendido más de un millón de ejemplares en Japón, a pesar de estar protagonizada por un grupo de lexicógrafos. Habéis oído bien, sí: lexicógrafos, enfrascados en la creación de un nuevo diccionario. Y no solo vendió un millón de ejemplares sino que también se adaptó al cine y se rodó una serie de animación basada en esta historia. La verdad es que resulta sorprendente, pero al leer la novela, que es deliciosa, se entiende el éxito.

La gran traves√≠a arranca cuando Araki, que es el responsable del departamento de diccionarios de la editorial Genbu Books, est√° a punto de jubilarse para poder dedicar tiempo a su mujer enferma. Para Araki ese trabajo hab√≠a sido un sue√Īo porque desde que un t√≠o le regal√≥ un diccionario al empezar la educaci√≥n secundaria siempre so√Ī√≥ con poder elaborar uno y a eso se encomend√≥ en la editorial junto con el profesor Matsumoto. Por tanto, en el momento de su jubilaci√≥n, justo cuando iban a trabajar en un nuevo diccionario titulado La gran traves√≠a, Araki se enfrenta al reto de encontrar un sucesor: ‚ÄúDeb√≠a lograrlo por el bien del profesor, por el bien de todos los usuarios y de quienes estudiaban japon√©s y, por encima de todo, por el bien de un nuevo libro tan digno como lo es un diccionario en s√≠ mismo‚ÄĚ.

Araki encuentra su sucesor en el Departamento de Ventas de la editorial. Se trata de Mejime, un joven muy peculiar, muy solitario, jam√°s ha pensado siquiera en tener novia, por ejemplo, que encuentra en ver c√≥mo sube la gente las escaleras mec√°nicas su m√°ximo pasatiempo. Bien, pues ya convertido en el director del Departamento de Edici√≥n de Diccionarios formar√° un peque√Īo equipo editorial con otros personajes como Kishibe, que se sumara avanzado el proyecto, o Nishioka, que pasar√° por distintos trances: se revelar√°n rivalidades, florecer√°n historias de amor y se forjar√°n amistades.

Pero por encima de todo, La gran travesía es un cuento de amor al lenguaje y a las palabras. Y nos mostrará lo mágico que puede ser el proceso de crear un diccionario, un proceso que la autora detalla con precisión. El paso del tiempo y el efecto del tiempo en las palabras es otro de los grandes temas de este libro de lexicógrafos japoneses cuyas penas y alegrías tampoco difieren tanto de las nuestras.

Hay que destacar, además, la labor de Rumi Sato, la traductora, que se las ha tenido que ver con un sinfín de juegos de palabras, un reto del que ha salido victoriosa.

Txani Rodríguez