Archivo de la etiqueta: comentarios

Lo real y lo ficticio en Warren Ellis

Warren Ellis es un prestigioso guionista de c√≥mic brit√°nico que de vez en cuando le da por publicar novelas. Es autor de obras tan emblem√°ticas en el mundo del c√≥mic como las series Planetary, The Autority y Transmetropolitan, o de novelas gr√°ficas como Red llevada al cine. Sus preocupaciones pasan por la omnipresencia de las nuevas tecnolog√≠as, por el excesivo control pol√≠tico de la sociedad, por la falta de libertad de expresi√≥n, por el papel manipulador de los medios de comunicaci√≥n, por el destrozo del medio ambiente y por la falta de compromiso de la gente. Es un hombre de izquierdas, a veces radicalmente de izquierdas, y no lo oculta. Tambi√©n es importante en su obra la utilizaci√≥n que realiza del lenguaje (con muchas palabras altisonantes) y el desprecio a ‚Äúlo pol√≠ticamente correcto‚ÄĚ y a las buenas costumbres, que para √©l no son otra forma de ocultar la verdad de las cosas.

Normal es una novela breve en la que Ellis imagina un mundo futuro relativamente cercano que se acerca peligrosamente al sumidero. El medio ambiente est√° destrozado, la sociedad est√° regentada por partidos cuasi fascistas y las grandes corporaciones manejan a su antojo la econom√≠a. En este orden de cosas son importantes dos nuevos perfiles profesionales y hasta cierto punto ideol√≥gicos: aquellos que trabajan en la ‚Äúprevisi√≥n estrat√©gica‚ÄĚ, que dependen de instituciones sin √°nimo de lucro y que buscan c√≥mo evitar los desastres que se avecinan, y aquellos que trabajan en la ‚Äúpredicci√≥n estrat√©gica‚ÄĚ, a sueldo de empresas y lobbies relacionados con la seguridad, que dan por hecho todos esos desastres y buscan m√©todos para sobrevivir a los mismos.

Con este paisaje de fondo nos encontramos con profesionales de uno y otro sector que se han asomado demasiado a lo que denominan el ‚Äúabismo‚ÄĚ y que se han chinado, es decir que ante la visi√≥n terrible del futuro han sufrido importantes colapsos nerviosos, lo que les ha llevado a ser trasladados a Normal, una especie de cl√≠nica especializada en curar a estos profesionales tan importantes para el sistema y para el futuro. Uno de estos profesionales es Adam Dearden, un futurista que acaba de llegar a la cl√≠nica. All√≠ se encuentra con compa√Īeros altruistas y compa√Īeros de los otros, de los ‚Äúvendidos‚ÄĚ al sistema. Y entonces se produce la muerte, o desaparici√≥n o secuestro (no est√° claro) de uno de los internos, y la histeria se dispara. Adam Dearden y otros compa√Īeros “lastimados” deber√°n hacer lo posible por encontrar la soluci√≥n al enigma, luchando con sus paranoias y con los efectos de los fuertes medicamentos que les recetan. ¬ŅQu√© es verdad? ¬ŅQu√© es mentira? ¬ŅLes est√°n espiando? Y si es as√≠, ¬Ņpor qu√© les esp√≠an? Y por cierto, ¬Ņpor qu√© salen tan pocos enfermos curados de Normal? ¬ŅY la soluci√≥n del enigma ayudar√° a comprender el futuro, o el presente, o incluso el pasado? Y, sobre todo, ¬Ņqui√©n hace realmente las cosas, qui√©n est√° detr√°s de todo? ¬ŅEres t√ļ? ¬ŅImporta?

Normal es una novela muy Ellis, en la que hay momentos para la tragedia m√°s terrible y momentos para la comedia m√°s desopilante. Un tecno-thriller repleto de sorpresas en el que nada es lo que parece o aparenta parecer, pero en lo que todo, en cierta manera, es falso porque los poderosos nos han cambiado hasta la realidad: ya no podemos creer ni siquiera lo que vemos. As√≠ que si nos mienten, ¬Ņc√≥mo probar que nos mienten? Normal no es perfecta, pero es tremendamente sugerente, un espejo deformante (o no) de la realidad actual.

Enrique Martín

Shion Miura y la odisea de confeccionar un diccionario

Siempre me ha parecido que, culturalmente, los japoneses están en nuestras antípodas, al menos, en algunos aspectos. Es algo que volví a pensar cuando leí que La gran travesía, una novela escrita por la autora tokiota Shion Miura, había vendido más de un millón de ejemplares en Japón, a pesar de estar protagonizada por un grupo de lexicógrafos. Habéis oído bien, sí: lexicógrafos, enfrascados en la creación de un nuevo diccionario. Y no solo vendió un millón de ejemplares sino que también se adaptó al cine y se rodó una serie de animación basada en esta historia. La verdad es que resulta sorprendente, pero al leer la novela, que es deliciosa, se entiende el éxito.

La gran traves√≠a arranca cuando Araki, que es el responsable del departamento de diccionarios de la editorial Genbu Books, est√° a punto de jubilarse para poder dedicar tiempo a su mujer enferma. Para Araki ese trabajo hab√≠a sido un sue√Īo porque desde que un t√≠o le regal√≥ un diccionario al empezar la educaci√≥n secundaria siempre so√Ī√≥ con poder elaborar uno y a eso se encomend√≥ en la editorial junto con el profesor Matsumoto. Por tanto, en el momento de su jubilaci√≥n, justo cuando iban a trabajar en un nuevo diccionario titulado La gran traves√≠a, Araki se enfrenta al reto de encontrar un sucesor: ‚ÄúDeb√≠a lograrlo por el bien del profesor, por el bien de todos los usuarios y de quienes estudiaban japon√©s y, por encima de todo, por el bien de un nuevo libro tan digno como lo es un diccionario en s√≠ mismo‚ÄĚ.

Araki encuentra su sucesor en el Departamento de Ventas de la editorial. Se trata de Mejime, un joven muy peculiar, muy solitario, jam√°s ha pensado siquiera en tener novia, por ejemplo, que encuentra en ver c√≥mo sube la gente las escaleras mec√°nicas su m√°ximo pasatiempo. Bien, pues ya convertido en el director del Departamento de Edici√≥n de Diccionarios formar√° un peque√Īo equipo editorial con otros personajes como Kishibe, que se sumara avanzado el proyecto, o Nishioka, que pasar√° por distintos trances: se revelar√°n rivalidades, florecer√°n historias de amor y se forjar√°n amistades.

Pero por encima de todo, La gran travesía es un cuento de amor al lenguaje y a las palabras. Y nos mostrará lo mágico que puede ser el proceso de crear un diccionario, un proceso que la autora detalla con precisión. El paso del tiempo y el efecto del tiempo en las palabras es otro de los grandes temas de este libro de lexicógrafos japoneses cuyas penas y alegrías tampoco difieren tanto de las nuestras.

Hay que destacar, además, la labor de Rumi Sato, la traductora, que se las ha tenido que ver con un sinfín de juegos de palabras, un reto del que ha salido victoriosa.

Txani Rodríguez

Joe Abercrombie, la fantasía convertida en literatura

Descubrir tarde a un buen autor es algo verdaderamente molesto. Primero porque te enfrenta con tus propios prejuicios; ¬Ņc√≥mo puedo pensar que un tipo que se llama Joe Abercrombie puede ser un buen autor de un g√©nero que, por otra parte, no es precisamente mi favorito, como es la fantas√≠a? As√≠ que no lo lees. Y claro, cuando lo pruebas lamentas no haberlo hecho en su momento porque ahora te vas a tener que poner a buscar los t√≠tulos anteriores y eso siempre es una molestia, aunque siempre hay libreros que estar√°n dispuestos a ayudarte. Y, en fin, porque el escaso espacio libre de tu casa se ver√° disminuido porque el escritor en cuesti√≥n tiene nada menos que diez t√≠tulos m√°s. Y los vol√ļmenes son gruesos. Por no hablar de lo que cuestan diez libros.

Pero, bueno, os cuento, estaba yo tan tranquilo con mis lecturas de verano cuando me dio por probar Los h√©roes de Joe Abercrombie. Os explico: este autor escribi√≥ una trilog√≠a titulada La primera ley, cuyo √©xito le aparto de sus actividades en el mundo del audiovisual. Despu√©s escribi√≥ otras tres novelas independientes ambientadas en el mismo mundo e incluso un libro de relatos en la misma l√≠nea. Aunque las historias son diferentes y se sit√ļan en diferentes momentos algunos personajes pasan de una aventura a otra, siendo incluso protagonistas en un libro y secundarios en otros. Tambi√©n ha publicado otra trilog√≠a, la del Mar quebrado, destinada a un p√ļblico m√°s joven y que se desarrolla en otro mundo. Y parece que ha terminado de escribir, o est√° en ello, una nueva trilog√≠a que remite a sus primeras obras.

Pues bien, Los h√©roes, el libro que me ha descubierto a Abercrombie es una de esas novelas individuales a las que hac√≠amos referencia y, dig√°moslo ya, es una aut√©ntica obra maestra. Insistir√©, una vez m√°s, en que la fantas√≠a no es mi territorio narrativo favorito y que m√°s all√° de George R.R. Martin, Andrzej Sapkowski y los desaparecidos Fritz Leiber y Tanith Lee, he encontrado muy pocos autores satisfactorios. Quiz√° es que he le√≠do poco. Y, sobre todo, no hab√≠a le√≠do a Abercrombie. Los h√©roes es la historia de una batalla, el norte contra el sur y los ej√©rcitos de cada facci√≥n prepar√°ndose, enfrent√°ndose, retrocediendo, contraatacando, muriendo. Hay una primera parte en que los personajes se sit√ļan en el campo de batalla, muy amplio, muy diferente en sus diversos sectores, en la que el autor nos presenta a los principales personajes. Son muchos y la mayor parte son muy poco heroicos, algunos abiertamente cobardes, y est√°n los que buscan beneficio sin esfuerzo, y los que arrastran un pasado tormentoso, los jefes que tienen que lidiar¬† con su corte y con los traidores y los que cambian de bando y los in√ļtiles, hay mucho incompetente en esta novela, donde por cierto no hay mas h√©roes¬† que unas piedras que culminan una colina y que reciben ese nombre. La caracterizaci√≥n de los personajes es muy completa, plasmada adem√°s con una econom√≠a narrativa ejemplar. Ya est√°n sus hechos para retratarles.

El primer cap√≠tulo enfrenta a dos grupos, no hay lucha, no se derrama sangre, pero es una de las escenas m√°s violentas que he le√≠do. Ayuda bastante la traducci√≥n de Ra√ļl Sastre (otras novelas del ciclo est√°n traducidas por Javier Mart√≠n Lalanda, un supuesto te√≥rico del g√©nero, que a veces no sabe encontrar la palabra adecuada. Y lo s√© porque he le√≠do otra novela, La mejor venganza, que est√° bien, pero no es lo mismo). Sastre sabe plasmar toda la crudeza de esos hechos, adapt√°ndose muy bien a la narrativa de Abercrombie que es muy poco dado a las florituras y¬† consigue apabullar al lector a fuerza de utilizar t√©rminos propios de esta especialidad sin que suenen a falsos.

Los h√©roes cuenta la historia de unas gentes a las que la guerra les pilla con el pie cambiado, casi todos preferir√≠an no estar all√≠, y que salen adelante de la mejor manera posible. Tiene ochocientas p√°ginas y no le sobra ni una. En fin, que tengo que encontrar tiempo para leer otros t√≠tulos de Joe Abercrombie, el descubrimiento de este verano, y que recomiendo, aunque no le guste a usted la fantas√≠a, cosa que, por cierto, no existe en esta novela, porque aquellas cosas que podr√≠an pasar por magia no son m√°s que tecnolog√≠a aplicada. Y hay un mago, s√≠, pero solo de nombre. En realidad, como casi todos sus protagonistas, solo se trata de un t√≠o con poder que quiere que los dem√°s le obedezcan. Es grande Los h√©roes, claro que solo para los que aprecien este tipo de novelas. Si eres m√°s del rollo Crep√ļsculo, o, yo que s√©, Harry Potter, mejor lo evitas.

Félix Linares

Katixa Agirre y cómo ser madre sin traicionarse

Amek ez dute arranca con el descubrimiento que hace una joven al llegar a la lujosa casa de Armentia, en Gasteiz, en la que trabaja: los ni√Īos que cuida, dos mellizos, est√°n muertos, y la madre, desorientada, permanece junto a ellos.¬† El desencadenante de la historia es, por tanto, muy potente. Pero Katixa Agirre cambia el foco entonces, y lo sit√ļa sobre otra mujer que va a ser la verdadera protagonista de la historia, cuyo nombre no conocemos. S√≠ sabemos que acaba de ser madre, que es escritora, que le acaban de otorgar el Premio Euskadi y que su novela Inbentarioa ha obtenido una moderada repercusi√≥n. La maternidad ha detenido su carrera literaria, sin embargo, cuando ve en la televisi√≥n el rostro de Alice, la madre que ha asesinado a sus hijos, y se da cuenta de que la conoce, de que coincidi√≥ con ella en Londres cuando estudiaba all√≠, comienza a obsesionarse con el caso. Siente la necesidad de escribir sobre esa historia y de responder a la siguiente pregunta: ¬Ņc√≥mo puede una madre hacer eso? La escritora se organizar√°, o tratar√° de hacerlo, para poder llevar adelante su proyecto, por lo que llevar√° a su hijo Eric a la guarder√≠a. Esa resoluci√≥n har√° que ella se plantee si es una buena madre, si las madres pueden escribir o si no est√° desatendiendo la crianza por hacerlo. Se interrogar√° as√≠ mismo sobre su identidad y sobre la sensaci√≥n de que su faceta de madre anule, de alguna forma, todas las dem√°s.

Escrita en primera persona, una primera persona muy cre√≠ble y con toques auto-ir√≥nicos, la protagonista comparte sus avances en el proceso de escritura y tambi√©n sus inquietudes. Agirre conforma o trufa en estas p√°ginas, sin traicionar la esencia de la ficci√≥n, ¬†textos ensay√≠sticos sobre la maternidad y la literatura -cita, por ejemplo, a Doris Lessing o el estremecedor caso de Silvia Plath-; elabora recorridos hist√≥ricos por el infanticidio o por la representaci√≥n de la figura de la madre en los cuentos cl√°sicos‚Ķ La maternidad, en definitiva, desde muchos prismas: puede narrar con crudeza c√≥mo es una ces√°rea o explica con humor lo fr√≠a que resulta la terminolog√≠a que envuelve el embarazo: ‚ÄúEz da posible bide hau erabat gurea sentitzea, aldaketaren handitasunaz jakitun izatea, gaixotasun terminalaren eta maldizio bibliokoaren arteko egoera iradokitzen duen sare lexiko itsusi honekin. Itsas hiztegian inspiratu beharko ginateke akaso: ubera, ingura, itsaskiria, batela. Horrela bai, arranopola!‚ÄĚ

Agirre, que muestra la parte más esclava digamos de la maternidad, recrea también escenas realmente tiernas y que transmiten bien algo que yo creo que es difícil de explicar: “(…) eta momentu horretan badakizu sentsualtasunaren maila gorenera heldu zarela, ezerk ezingo duela momento honekin lehiatu, titiburuetako sentsazioa, azala, esne beroaren jarioa, irirbarre hura, begiradarik zintzoena.“

La novela, lo mejor, en mi opini√≥n, que ha escrito hasta el momento Katixa Agirre, reivindica a la mujer, sin duda, y la dificultad que entra√Īa escribir siendo madre de un beb√©, ‚Äútoda buena escritora desear√≠a ser un hombre‚ÄĚ, se afirma, pero no es necesario ser madre ni ser mujer para disfrutar de la lectura de Amek ez dute, una novela que, simplemente, se inscribe en la buena literatura.

Txani Rodríguez

Mart√≠n Abrisketa: mirando al horror con ojos de ni√Īo

Mart√≠n Abrisketa subyug√≥ a miles de lectores de Euskadi y del resto del estado espa√Īol con su primera novela, La lengua de los secretos, en la que hablaba de los estragos de la Guerra Civil vistos a trav√©s de los ojos de un ni√Īo que por momentos contemplaba todo como si fuera un juego. Esta forma de ver el mundo y los sucesos que protagonizan los adultos a trav√©s de una mirada inocente y hasta m√°gica, parece que ha calado en el escritor vizca√≠no que ha utilizado la misma t√©cnica en su segunda novela. El pa√≠s escondido es una especie de cuento en el que Maggie, la protagonista, una ni√Īa t√≠mida y con una imaginaci√≥n desbordante, que vive con su abuelo tras haber sido abandonada por su madre drogadicta, observa con sorpresa y temor lo que sucede a su alrededor. Y a su alrededor acontecen cosas tremendas porque estamos en los a√Īos 80 del pasado siglo, los a√Īos de plomo, los a√Īos del terrorismo, de la violencia, de la depresi√≥n, la crisis econ√≥mica con may√ļsculas y la droga. Una situaci√≥n que parece hacer exclamar al autor ‚Äúla vida es tan terrible que necesitamos verla a trav√©s de los ojos de los ni√Īos‚ÄĚ.

Maggie tiene 12 a√Īos y vive en un piso de un barrio popular de Bilbao. Es una ni√Īa enfermiza que habita un mundo muy personal, como fuera de la realidad, un mundo que se va a ver sacudido por el Alzheimer de su abuelo y por la amenaza de ser separado de √©l y ser tutelada por las instituciones p√ļblicas. Para intentar encontrar una salida a su laberinto, la ni√Īa solo contar√° con la ayuda de un fantasma que vive en la pared de su habitaci√≥n y de un vecino algo esquivo. A final dos chicos que viven realmente vidas muy duras: uno es hijo de un polic√≠a y casi no puede ni salir de casa, el otro es hijo de un m√©dico que est√° en la c√°rcel por atender a un militante de ETA herido por las fuerzas de seguridad. Dos ni√Īos sin padres o con padres ausentes. Otra realidad que se impone de golpe como un pu√Īetazo en el est√≥mago, pero que vemos a trav√©s de esos ni√Īos que en ning√ļn momento se ver√°n entre ellos como enemigos, sino como aliados que intentar√°n aunar fuerzas para ayudar a su amiga.

El libro, que funciona como un cuento terror√≠fico, est√° acompa√Īado de unos dibujos naifs muy curiosos, brillantes, oscuros y hermosos. Unas ilustraciones que firma Isabel Holgueras, una chica con s√≠ndrome de down que capta a las mil maravillas el esp√≠ritu de la novela, aunque sea incapaz de dibujar sirenas porque, como le dijo al escritor, ‚Äúlas sirenas no existen‚ÄĚ. Una novela ‚Äúen memoria de todas las v√≠ctimas del mundo de los hombres‚ÄĚ, como dice la dedicatoria. Ser√° interesante ver el pr√≥ximo paso de Mart√≠n Abrisketa, porque parece que el camino que ha recorrido por ahora ha llegado a su fin.

Enrique Martín

Helen Garner retrata la indoblegable realidad

Poco sab√≠amos de Helen Garner hasta la fecha: que es una autora australiana y que aunque ha publicado muchos libros, en castellano solo encontr√°bamos la novela La habitaci√≥n de invitados, publicada por Salamandra. Ahora, en una acci√≥n conjunta entre dos editoriales, algo poco habitual, podremos acercarnos a la obra de no ficci√≥n de esta autora.¬† Por un lado, Libros del Asteroide ha publicado Historias reales, un libro que re√ļne sus principales reportajes y art√≠culos; por otro, Libros del K.O. nos trae La casa de los lamentos, una larga cr√≥nica judicial que se lee como una novela. Vayamos a su historia: tras celebrar el D√≠a del Padre (que en Australia se celebra en septiembre), Robert Farquharon, un tipo normal, en principio, se dirige en coche a casa de su ex mujer para llevar all√≠ a sus tres hijos. ¬†De repente, el coche cae en una balsa y el √ļnico que consigue salir a flote y sobrevivir es el padre. Tras la tragedia, lleg√≥ un juicio en la Corte Suprema de Victoria en el que ten√≠an que determinar si Farquharon hab√≠a querido vengarse de su mujer de la que se hab√≠a separado hac√≠a poco o si, como √©l dec√≠a, todo se hab√≠a debido a un desmayo que hab√≠a sufrido al volante.

Helen Garner, atra√≠da por el caso, acudi√≥ cada d√≠a a la Corte, y el caso lleg√≥ a convertirse para ella en una obsesi√≥n que transform√≥ en La casa de los lamentos. En el libro, vemos desfilar a los testigos por la sala, a los familiares, observamos c√≥mo se derrumba el acusado en algunas ocasiones, y c√≥mo defensa y acusaci√≥n preparan sus estrategias y c√≥mo el juez decide, por cuestiones procesales, no presentar ciertas pruebas ante el jurado popular que tendr√° que dictar sentencia. ‚ÄúAl jurado no se le permite especular. Esa posible interpretaci√≥n quedaba fuera de su alcance. Me molestaba verlos entrar en la sala y ocupar su sitio desinformados, con los hombros inclinados y la expresi√≥n seria y confiada‚ÄĚ, dice. Pero Garner nos ense√Īa tambi√©n el ambiente, podr√≠amos decir, que se genera entre los distintos periodistas que acuden a la sala, entre los m√°s curtidos, que nunca se conmueven y los m√°s impresionables.

Garner demuestra su habilidad para describir a los personajes y componer escenas, pero lo que quiz√°s m√°s me haya sorprendido es la manera en la que estructura, ordena y facilita toda aquella informaci√≥n que recab√≥. Su relato del juicio no resulta pesado ni mon√≥tono; al contrario, el oficio y el talento de la autora logran que tramos del libro sean adictivos e inquietantes. La periodista, adem√°s, no se limita a recoger, ordenar y escribir una historia, como sucede en A sangre fr√≠a, sino que ella muestra su peculiar trastienda: ‚ÄúEn aquella ocasi√≥n hab√≠a llevado conmigo a la hija de una amiga √≠ntima, una adolescente de diecis√©is a√Īos p√°lida, callada, con pelo rubio platino y ortodoncia, enfundada en unos vaqueros y en una sudadera gris claro. (‚Ķ) Nos instalamos en los asientos para la prensa de la sala tres, al lado de un grupo de alegres periodistas‚ÄĚ.

La casa de los lamentos se lee como si fuera una novela, pero, a cada poco, nos sacude la certeza de que no estamos ante una obra de ficción, y eso hará que queramos que las cosas vayan por un determinado camino, pero la realidad, ya se sabe, es indoblegable.

Txani Rodríguez

Antonio Orejudo, el que nunca defrauda

Me gustan los libros de Antonio Orejudo, los de narrativa, que son los que conozco. Empezando por aquel Fabulosas narraciones por historias que le puso en el escenario literario, siguiendo con Ventajas de viajar en tren que le confirmó y, una vez encontrada la editorial que desde entonces le ha amparado, Tusquets, completamos su colección con Reconstrucción, Un momento de descanso y Los Cinco y yo. Todos sus libros son diferentes, aunque él asegura que no, que son obra de un autor que mantiene sus preocupaciones, estilo, manías, aunque los escenarios sean variados. Quizá con la publicación de Grandes éxitos estemos ante la aclaración de esta discusión.

Y es que Grandes éxitos es una colección de relatos que van puntuando la biografía del autor y así a cada segmento autobiográfico, más o menos enriquecido con opiniones sobre la literatura, el mundo, sus demonios y cualquier cosa que le cruce por la cabeza, le sigue el cuento convenientemente colocado en su tiempo y sus circunstancias. Bien mirado este es el libro más experimental de Orejudo, no por la parte del texto que trata de él mismo, sino porque los relatos corresponden a algunas extravagancias que se le han ido ocurriendo a lo largo de su vida y que se basan en cosas que le llamaron la atención. Por ejemplo, se le ocurrió escribir una narración al estilo Javier Marías, nos parece entender que porque no le gustan las novelas de Marías, como un día escribió un relato al estilo de los peores ejemplos de la literatura que hacen sus estudiantes.

Por supuesto su trabajo es muy bueno, y diferente, pero es que parte de un material de derribo y está obligado a parecerse a aquello que trata de parodiar. En la parte biográfica también aprovecha para ajustar cuentas con algunos colegas y maestros, nada grave, nada demasiado evidente, nada excesivamente sangriento, simplemente yo estoy aquí, parece decir, y esta buena gente allá a lo lejos. Luego el lector, en función de sus afinidades elegirá ganador del torneo. También se pasea por el mundo de la literatura, al que saca los colores de sus contradicciones, arrimando el ascua a su sardina, naturalmente, que cada persona tiene sus filias y sus fobias, y los escritores no solo no se libran de sus inclinaciones, sino que muy frecuentemente son las personas más afectadas por ellas.

Grandes √©xitos es, sobre todo, una¬† gran parodia, de los libros, del mundo, de la pol√≠tica, del propio autor. Y, aqu√≠ viene lo mejor, solamente llega hasta la publicaci√≥n de la segunda de las novelas de Orejudo, por lo que tengo que pensar que hay al menos otro volumen preparado con sus andanzas en los √ļltimos a√Īos. Quiz√° tengamos que esperar un poco, quiz√° en medio, se cuele otra novela del escritor, pero ya estoy esperando el volumen 2 de sus cuentos, porque, cada libro de Orejudo es, para m√≠, un acontecimiento. Y un refugio.

Al volver de un viaje, para encontrar una rápida identificación con mi entorno habitual, recurrí a este libro. Y leyéndolo me encontré en un lugar confortable y agradable. Del que, quizá, no hace falta salir por mucho que los tópicos actuales nos insten a ello. A los amigos no se les abandona. Antonio Orejudo lo es.

Félix Linares

I√Īaki Irasizabal, suspense en el mundo rural

Aramotz, publicada en la colecci√≥n Ateko bandan de la editorial Elkar, es la nueva novela de I√Īaki Irasizabal, autor de Durango que ha firmado ya varios thrillers, como es el caso del libro que hoy nos ocupa y que podr√≠amos definir como thriller rural. Aramotz est√° protagonizado por tres personajes: Lander, Edy y Saioa, la protagonista. Saioa vivi√≥ siendo adolescente un hecho traum√°tico: unos desconocidos le pegaron una paliza por la que tuvo que ser ingresada. Despu√©s, aunque f√≠sicamente se recuper√≥, tuvo que enfrentarse a las secuelas ps√≠quicas, que la llevaron a ser internada en un psiqui√°trico y tener que vivir medicada. En un momento dado, el m√©dico decide que no va a volver a recetarle pastillas. Pero Saioa seguir√° tom√°ndolas. ¬ŅC√≥mo las consigue? Acude al mercado ilegal. De ese modo, al ir a comprar su mercanc√≠a al piso de un traficante de poca monta, coincide con Edy, otra joven clienta. La transacci√≥n se complica, sucede algo inesperado, y ambas chicas tienen que huir, esconderse durante un tiempo. Es entonces cuando Saioa recurre a Lander, otro joven con aspiraciones en el mundo del cine, que conoci√≥ en el psiqui√°trico. Lander las lleva a Aramotz, a una caba√Īa rec√≥ndita, situada a unos kil√≥metros de Durango. All√≠ les ofrece refugio, pero Edy comenzar√° a desconfiar de Ander, y la convivencia, dif√≠cil ya en ese extremo, se tensar√°.

Aramotz, que vira al género de terror en algunos pasajes, resulta entretenida e inquietante, y juega con la idea de que un espacio abierto y bucólico puede ser claustrofóbico. El autor va desvelando, a través de unas grabaciones que intercala como capítulos independientes, como si fueran una investigación posterior, hasta qué punto las protagonistas están en peligro, y adelanta información que no hace sino generar más intriga. Además, conforme avanza la lectura conocemos aspectos secretos de ciertas relaciones con terceras personas (como la madre de Saioa) y también el pasado turbio de los personajes. Y va todo dirigido al clímax final de la novela.

Irasizabal, más allá de la estructura en la que combina dos tiempos narrativos, ha elaborado una trama de suspense clásica, pero efectiva; y a pesar de eso, es inequívocamente contemporánea gracias a algunos de los detalles que introduce.

Mendaroko txokolatea, Igelak benetan hiltzen dira, Odolaren deia o Polítka zikina son algunos de los trabajos de este escritor que centra su interés no tanto en desvelar de forma sorprendente al asesino sino en describir la sociedad en la que vivimos.

Txani Rodríguez

Vidas casuales en la Holanda de Maartje Wortel

Hay libros a los que te enfrentas con una cierta excitaci√≥n (por lo que has le√≠do de ellos, por lo que te han contado, por lo que te sugiere el primer contacto t√°ctil y visual en una librer√≠a). Libros que sabes que van a ser diferentes aunque no sean satisfactorios, o por lo menos no satisfactorios del todo. Libros incluso que en los primeros momentos de lectura te pueden producir una cierta sensaci√≥n de extra√Īeza, de ‚Äú¬°pero que narices me est√°s contando!‚ÄĚ, expresi√≥n que luego se transforma o puede transformarse (no siempre) en un ‚Äú¬°ah!, con que era esto‚ÄĚ. Pues bien, todo este torrente de sensaciones me ha provocado la lectura de Peces de colores y hormig√≥n, un texto breve pero torrencial, narrado en primera persona, que firma la holandesa Maartje Wortel (nacida en 1982 y que vive en Amsterdam) y que al parecer fue un √©xito clamoroso en su pa√≠s hace dos a√Īos.

Es dif√≠cil definir qu√© es este texto. De entrada no sabemos si se trata de una confesi√≥n autobiogr√°fica o de una novela. En todo caso parece una balada, una historia sobre los or√≠genes, sobre el azar y sobre el amor. La narradora habla al comienzo con alguien al que no se identifica hasta el final. La narradora cuenta a ese interlocutor desconocido c√≥mo se conocieron sus padres, c√≥mo fue su historia de amor ‚Äďimperfecta, como todas las historias de amor- y c√≥mo ese amor acab√≥ tr√°gicamente. El padre es un tipo especial, cree que el amor nos encontrar√° hagamos lo que hagamos. Por eso un d√≠a coge su coche y empieza a conducir sin destino fijo hasta que un impulso le hace salir de la autopista hacia un pueblo llamado Tilburg. Vagabundeando encuentra a una chica, resulta ser el amor de su vida y la madre de la narradora. Pero, como dec√≠amos, todo es imperfecto. Y el padre vive de aventura en aventura con otras mujeres, sin abandonar jam√°s a esa mujer que sabe de sus devaneos, pero que hace como que no sabe. No sabemos si la infancia y adolescencia de la protagonista es feliz. Solo sabemos lo que sucedi√≥.

Hay muchas ideas en este libro, mucha ‚Äúfilosof√≠a‚ÄĚ. Se pueden resumir en unas cuantas frases extra√≠das de √©l. ‚ÄúLa vida no empieza hasta que tienes un hogar‚ÄĚ. ‚ÄúAntes cre√≠a que el coraz√≥n s√≥lo pod√≠a latir, pero puede hacer mucho m√°s‚ÄĚ. ‚ÄúHay una gran diferencia entre querer realmente algo y creerlo, es decir, creer que lo quieres‚ÄĚ. ‚ÄúUna persona infeliz es, igual que una persona feliz, un ego√≠sta‚ÄĚ. ‚ÄúEs mejor caerse con la persona adecuada que mantenerse de pie con la equivocada‚ÄĚ. ‚Äú¬ŅQui√©n quiere la verdad? Yo no. No es dulce. Es siempre una mujer, vestida de negro‚ÄĚ. ‚ÄúTienes que cuidar a la gente que amas. Tratarla con cuidado. O, al menos, con todo el cuidado que se pueda. Vale, no con excesivo cuidado, que eso tampoco es bueno‚ÄĚ. ‚ÄúQuiero abrir los brazos y saber lo que mido, y sobre todo lo que no mido, equivale a la forma en que funciona el mundo‚ÄĚ. Y, finalmente, ‚Äúhacemos cosas porque es posible hacerlas‚ÄĚ. Frases que funcionan como mantras.

Al final, y no quiero desvelar el quid de la cuesti√≥n, sabremos qui√©n es la persona a la que se dirige la narradora y sabremos que lo contado es tan solo una justificaci√≥n para poder empezar otra historia de amor, en otro tiempo, en este tiempo. Otra historia de amor marcada por el azar. ‚ÄúD√©jate llevar por el azar‚ÄĚ, parece decir la autora, porque no podemos dirigir nuestras vidas o por lo menos no podemos hacerlo en las direcciones que planeamos: ‚ÄúNo sabemos lo que ocurrir√°, pero estamos aqu√≠, existimos, nos movemos‚ÄĚ. Un libro sugerente, po√©tico, impresionista y extra√Īamente profundo.

Enrique Martín

Pedro Ugarte, confidencias de vida y literatura

Los libros de notas de los escritores ejercen sobre mí una atracción innegable, y sospecho que es un género que interesa a la mayoría de los amantes de la literatura. Solemos llegar a esos trabajos con la expectativa de conocer mejor al autor, de conocer la esencia de su pensamiento, su actitud vital, quizás, su grado de esperanza, pero sucede que no siempre el autor se deja ver y que, por ello, estos libros de notas resulten un tanto fríos. No es el caso de Lecturas pendientes (anotaciones sobre literatura), el nuevo libro de Pedro Ugarte, adscrito a este género ensayístico. El bilbaíno convierte a los lectores en confidentes, y aunque la literatura sea el eje central, en realidad,  de lo que nos habla, con mucha  honestidad, diría yo, es de la vida misma.

En Lecturas pendientes, Ugarte recuerda c√≥mo naci√≥ su vocaci√≥n de escritor: ‚ÄúNunca he querido hacer ninguna otra cosa que no sea escribir. No s√© c√≥mo ni por qu√© se aloj√≥ esa idea en mi cabeza. Ni puedo explicarla, ni puedo entenderla, ni me importa demasiado no poder hacerlo‚ÄĚ. Comparte con nosotros cu√°les son sus autores favoritos, los sinsabores y las satisfacciones del oficio de la escritura y a qu√© insospechados pliegues de la memoria lo devuelven algunos pasajes de sus lecturas‚Ķ; la memoria, la infancia, tan presentes en este libro donde asegura que la patria no es la infancia sino la inocencia. ‚ÄúNo tuve una relaci√≥n demasiado estrecha con mi padre. Pero hubo un tiempo, en verano, en que √≠bamos los dos juntos desde Zarauz a Guetaria a comer un par de n√©coras y a beber yo un mosto dulce y √©l un vino blanco helado. Habl√°bamos de cosas imposibles, esas cosas que jam√°s podr√≠an compartir un hombre de cincuenta y seis a√Īos y un ni√Īo de doce. Esa conversaci√≥n imposible, impracticable, que se repet√≠a y terminaba siempre en el fracaso fue una patria. La m√≠a‚ÄĚ.

La enfermedad, la vejez y el paso del tiempo est√°n tambi√©n presentes en estos apuntes y en ocasiones, aborda esas cuestiones desde el ¬†sentido del humor, tan necesario: ‚ÄúMuchas cosas cambian cuando envejeces: por ejemplo, el modo de no mirarme que ten√≠an antes las mujeres es totalmente distinto al modo de no mirarme que tienen ahora‚ÄĚ. Otro apunte sobre la vejez en un tono bien distinto: ‚ÄúLeyendo los diarios, los ensayos o los libros de memorias de muchos escritores ancianos, el tremendismo se convierte en una f√≥rmula de estilo. Todo son juicios altisonantes, admoniciones morales: el mundo se derrumba, la civilizaci√≥n se corrompe, donde no domina el dinero domina la ambici√≥n. Todo se vuelve apocal√≠ptico, aterrador, irrespirable. Si llego a la vejez, espero hacerlo con la lucidez suficiente como para no confundir mi propia extinci√≥n con la del mundo‚ÄĚ.

El amor por Bilbao, observaciones muy afiladas sobre el euskera o sobre lo que sería para él un vasco típico, pasajes sobre la familia, sobre la paternidad o sobre las relaciones de pareja, ocupan su lugar en unas páginas en las que Ugarte se define como liberal y católico.

Con un tono a veces un tanto pesimista, otras, melanc√≥lico, otras critico o ir√≥nico, pero dominado siempre por el realismo y por el esfuerzo consciente de tratar de analizar su subjetividad con cierta distancia, Lecturas pendientes logra que el lector dialogue tambi√©n consigo mismo. Literatura a raudales: opiniones sobre el cuento, sobre la novela, sobre la cr√≠tica, sobre la amistad con algunos autores y sobre ciertas decepciones.¬† Entradas extensas o ¬†tan breves como aforismos. Un ejemplo m√°s: ‚ÄúEl amor no es un sentimiento, el amor es una decisi√≥n. Entender esto es entenderlo todo“. Un libro este, en definitiva, para tomar nota y para tomar notas tambi√©n.

Txani Rodríguez