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Tatiana Tibuleac, una mirada moldava a una madre y su hijo

En la literatura escrita en lengua rumana ha surgido en los últimos años una voz que está cautivando a Europa. Es la voz de Tatiana Tibuleac. Una periodista reconocida en prensa y televisión, nacida en 1978 en Chisinau, en Moldavia, un país en el que se habla rumano, y que se encuentra situado entre Rumania al sur y Ucrania al norte. Tibuleac comenzó publicando un libro de relatos en 2014, Fábulas modernas, y su último trabajo es una novela del año pasado titulada Jardín de vidrio, que ha sido galardonado con uno de los premios literarios de la Unión Europea. Pero el libro que le ha dado popularidad es su primera novela, de 2016, que ahora ha traducido al castellano la vasca Marian Ochoa de Eribe para la editorial Impedimenta. La novela se titula El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes y cuenta una historia terrible, no exenta de poesía, ternura y sentido del humor, que indaga en una dura relación, marcada por el rencor, entre un hijo desequilibrado y su infeliz madre. Una novela que reivindica la fuerza del amor y el perdón.

El hijo se llama Aleksia y siente que fue un niño no deseado, un niño que nadie quiso. En realidad nunca se ha sentido amado. Además tiene problemas psiquiátricos que le convierten en un ser violento cuando deja de tomar su medicación. La madre, lo iremos conociendo poco a poco, no es esa señora inculta que aparenta, sino una mujer que tenía aspiraciones, aspiraciones que se vieron truncadas cuando quedó embarazada, demasiado pronto, de un camionero y tomó la errónea decisión de casarse con él. Para intentar reconciliarse con su hijo organizará unas largas vacaciones con él fuera de Moldavia, en un pueblecito de la campiña francesa no muy lejos del mar. La madre, lo sabemos desde el principio, tiene cáncer terminal, y quiere recuperar el amor de su hijo y que éste la quiera y la comprenda.

Como hemos dicho estamos ante una historia muy dura que narra el enfrentamiento, y posterior entendimiento, entre ese hijo desequilibrado y esa madre incomprendida que necesita que la entiendan, que su hijo sepa por qué actuó como actuó, y que la perdone. El lector comprende la amargura del adolescente porque es él el que cuenta la historia en primera persona desde el futuro, un futuro en el que se ha convertido en un artista famoso. Y al saber que está desequilibrado, el lector comprende enseguida que debe estar en guardia, porque no podemos saber cuándo nos dice la verdad o cuando esa verdad se ve transformada por sus arrebatos psicóticos.

La autora es muy hábil también al facilitarnos la información, porque poco a poco nos va dejando pequeñas pistas de lo que sucede y ha sucedido en el pasado. Así vamos a ir haciéndonos una idea de toda la historia. Vamos a conocer el ecosistema en el que se mueven los personajes: una pequeña ciudad, la madre y la abuela regentando una tiendecita, el hijo con problemas constantes en el colegio, la cuadrilla de descerebrados adolescentes, la primera atracción por las chicas, el padre ausente que huyó de casa… Pero también nos irá contando cómo es ese pequeño pueblo francés donde todo el mundo se conoce y que va a acabar acogiendo a madre e hijo. Incluso sabremos algo de la vida de Aleksia en el futuro, marcada por el éxito, pero también por una tragedia.

Por cierto, aunque la voz del narrador sea terrible, sobre todo al comienzo de la novela, hay momentos muy divertidos, porque el protagonista es un tipo bastante guasón, a pesar de sus problemas. Especialmente hilarante es el capítulo en el que se narra la excursión de madre e hijo a la playa, donde alquilarán una barca que son incapaces de manejar. Parece salido de una película de Jacques Tati. También impresionan las escenas conmovedoras que van uniendo a los dos personajes y que se pueden resumir en esos capítulos de una o dos líneas que empiezan con la fórmula “Los ojos de mi madre eran…”, y concluyen con una hermosa metáfora poética.

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes es una novela portentosa en la que se nos narra cómo alguien puede llegar a “desodiar” a una persona a la que ha aborrecido mucho. No es un proceso sencillo, se nos dice, es más, es un proceso largo, complicado, complejo, pero que puede llegar a buen puerto. Aunque al final en los muelles, al desembarcar, no todo sea felicidad. Porque aquí no hay un final “Made in Hollywood”, algo que debemos agradecer a la sabiduría de Tatiana Tibuleac, porque en la vida se pueden arreglar muchas cosas, pero seguramente no todas.

Enrique Martín

La ficción y la vida en los relatos de Miren Agur Meabe

Hezurren erretura es el nuevo libro de cuentos de Miren Agur Meabe; y es cierto que estamos ante eso, ante una colección de relatos, pero como hay novelas muy fragmentarias, escritas como a retales –Departamento de especulaciones, de Jenny Offill, podría ser un buen ejemplo de esto- a veces, los libros de cuentos que tienen un solo narrador, unos personajes que aparecen y reaparecen y un paisaje dominante, se acercan mucho a algo que podría ser también una novela. De hecho, da la sensación de que es la misma voz la que nos va contando recuerdos de su infancia, su vida escolar en colegios religiosos donde sufrió algunos abusos, combinados con su etapa adulta, una voz que relata experiencias tristes y otras más alegres. Sabemos que la narradora es una escritora, que tiene un hijo, que vive en Bilbao, aunque tiene una casa con un huerto en Lekeitio, que ha perdido a sus padres…

Esos detalles y algunas referencias a aspectos físicos concretos hacen que tonteemos con la idea de que asistimos a confesiones de la propia autora; sin embargo, esa voz narradora es, diría yo, solo un trasunto de la de Meabe. Además, para reforzar esa idea de continuum a la que aludía antes hay personajes  que se entrecruzan por estas páginas, personajes como Adela, una mujer que cuidó del padre de la narradora; Flora, una anciana a la que conoció en una residencia que visitaba de niña; O., un hombre con el que mantuvo una relación sentimental o Colette, un gato. Precisamente, los animales tienen un papel relevante en este libro que se abre con un cuento maravilloso, Miramar, en el que las ratas podrían simbolizar la devastación que produce el paso del tiempo.

Ese trasunto de la autora da una clave sobre el origen de este libro: “Oraindik ez neukan izenbururik, baina intuizioak hezurrak iradokitzen zizkidan: sinbolo horrek batasuna eman ziezaiokeen nire lanari, azalean hasi, eskuetatik jarraitu, begian geldigunea egin eta gorputzaren barrenengoetara jo gurako lukeen miaketan.” La otra palabra que contiene el título, “erretura”, también tiene fuerza porque la protagonista aparece quemando rastrojos, o pensando en quemarlos, pero, sobre todo, porque recoge y conserva, al escribirlos, los restos de la quema que, sobre nuestras vivencias, impone el devenir del tiempo.  “Minari ezin zaio utzi aginteaz jabetzen”, afirma en un momento dado la narradora. Y yo creo que esa frase apunta a uno de los motores del libro: la resistencia, la supervivencia, la capacidad de sobreponernos  a la tragedia, como esos bosques cuyos árboles, al poco de un incendio, generan brotes nuevos.

Algunos cuentos, los que miran más hacia atrás, como Karitatearen alabatxoa, se mueven en una horquilla temporal amplia, es decir, contienen meses, incluso años, pero otros, La recherche de l’ absolu, entre ellos, atomizan en un par de escenas unas pocas horas. En ambas distancias, Meabe se mueve muy bien y compone historias realistas, sencillas, pero profundas, elocuentes.  Todo por supuesto, esto ya no es sorpresa, envuelto en una prosa de calidad excepcional.

Hezurren erretura combina pues la melancolía de un tiempo pasado con el nerviosismo del presente; la devastación de la derrota con la promesa del día de mañana, y nos deja un conjunto de relatos, o quizá solo uno largo, que nos hará reflexionar sobre cómo el tiempo pasa también por todos nosotros, para hacer inventario, quizás, de lo que ha quemado ya.

Txani Rodríguez

La vida cotidiana, el material literario de Eva Blanch

Según parece Eva Blanch escribió una especie de biografía novelada contando la historia de Esther Tusquets, Corazón amarillo, sangre azul, o por lo menos la figura de su protagonista, una editora y escritora de cierto carácter se parecía bastante a la legendaria creadora de la editorial Lumen y algunas otras hazañas editoriales. No la leímos. Ahora, tres años después, Blanch vuelve a la literatura, actividad que simultanea con las artes plásticas, con la novela titulada Ahora que te vas, la historia de dos amigas que van cruzando sus vidas, perdiéndose y reencontrándose, recordando el pasado y temiendo el futuro, perdonando y cayendo de nuevo en los mismos errores. Lo curioso es que todos los encuentros, todos los hechos destacables, al, menos los que la autora distingue, están relacionados con la menstruación.

La primera, claro, que tiene una gran importancia y luego otras menos destacables elevadas a la categoría de acontecimiento fundamental. No importa, entendemos el artificio literario original que le da un tono distinto a, por ejemplo, utilizar una fecha determinada en diferentes años, para ir narrando estas peripecias. Pero más allá de lo llamativo de la propuesta el asunto no significa gran cosa. Lo que importa es el resto, lo que se cuenta de estas vidas. Para narrarlo también de manera estructuralmente diferente, Eva Blanch comienza los capítulos con la narración en primera persona de la segunda protagonista, la que no cobrará importancia hasta muy avanzado el relato, que va desgranando apuntes sobre la relación y relatando incidencias vagas, para pasar después de un par de páginas, a una narración en tercera persona, una falsa tercera persona, sobre las andanzas de Ruth, la amiga importante, aquella que tiene una vida agitada, conflictiva, repleta de incidencias destacadas.

Las cosas cambiarán un poco hacia el final, pero tampoco debemos ser más explícitos. Ahora que te vas es una muy buena novela hecha con materiales cotidianos propuestos como grandes tragedias, donde cobra más protagonismo el amor que, por ejemplo, la actividad laboral que tiene menos encanto, lo entendemos; en la que se busca el impacto sin estridencias, la emoción sin congoja, el documento sin adornos. En realidad lo peor de la novela está al final, en un cierre anticlimático cuando a tenor de lo que se nos ha contado y como se ha hecho, la autora debería haber sido más valiente y confiar en el lector. Pero, bueno, es una elección, como la de terminar una canción con un crescendo y remate o dejarla desaparecer poco a poco. Es cuestión de carácter. Algo de lo que está sobrada Ahora que te vas, la segunda novela de Eva Blanch, de la que ya estamos esperando nuevos títulos.

Félix Linares

El notable debut en la novela del periodista Manuel Jabois

El comienzo de la primera novela del periodista gallego Manuel Jabois da el tono de Malaherba, un tono que absorbe por la voz del narrador, un adolescente que narra la pérdida de la infancia. Ese narrador, dotado de la extravagancia de la juventud, y que puede recordar al de El guardián entre el centeno, de Salinger, es quien nos guía por la Pontevedra de los años 80 y por el  recuerdo de la escuela, un ecosistema de lealtades, crueldad y sobrenombres. “Las aulas eran como continentes”, dice el protagonista Tambu, que se llama así por la canción Mister Tamburino.

Esa primera muerte del padre, su estado de salud, es el desencadenante de la novela porque Tambu y su hermana Rebe tendrán que instalarse durante tres meses en el piso de uno de sus vecinos, Armando, que tiene también dos hijos, Elvis y Claudia. Precisamente la relación entre Elvis y Tambu, a través de la cual ambos asisten a sus despertares sexuales y al sentimiento de culpa, es uno de los motores de la historia; otro motor es el misterio que impregna las páginas porque sabemos que está pasando algo más que lo que el narrador nos cuenta, ya que vamos de la mano del punto de vista de un niño, pero no sabemos exactamente qué pasa hasta que no cerramos el libro. Hay muchos aspectos, como el mundo de las drogas, que están solo sugeridos, y desde luego, hay que leer el texto con atención para captar todo lo que se va dejando caer. Así podremos llegar a explicarnos por qué los padres de Tombu están ausentes y dónde está, en realidad, la madre de Elvis.

Jabois guarda una memoria muy precisa de su paso por las aulas y de su propia adolescencia y eso le ha permitido crear esa voz tan verosímil. Aparecen juegos como el Tragabolas, o Hundir la flota o el Quién es quién, y aparecen también los abusones de la clase, el sistema de castas infantiles por el que se regían aquellos años. Y aunque el humor está presente y hay párrafos descacharrantes, la historia es dura, ya que en tres meses Tambu descubre demasiadas cosas: “Volvería a sudar muchas veces, por razones importantes y por razones estúpidas, pero esa no la olvidaré porque fue la primera vez que tuve miedo de verdad, la clase de miedo que una vez que se tiene ya no se va del todo”.

Malaherba está escrita de una manera aparentemente sencilla como sencilla parece la historia aunque guarde mucho más que lo que podría desprenderse de una lectura desatenta. “A mí, si me preguntan -dice el narrador en las primeras páginas- diré que me pasaron cosas que no sabía explicar, y sentimientos a los que no sabía poner nombre, e hice algo que simplemente no sabía si era bueno o malo, y cuando lo supe ya era muy tarde”. Puede ser un resumen de esta novela que nos ha descubierto a un Jabois más allá de su excelente y muy conocido trabajo periodístico.

Txani Rodríguez

Crímenes en familia, noir gallego de Arantza Portabales

Arantza Portabales nació en Donostia en 1973 y es una de las escritoras en lengua gallega (aunque también escribe en castellano) más importantes del momento. Seguramente os extrañará lo de lengua gallega y nacida en la capital guipuzcoana. Pero es fácil de explicar. Sus padres llegaron a Euskadi como inmigrantes gallegos, aquí nació Arantza, y se volvieron otra vez a Galicia cuando nuestra la escritora tenía quince años. Portabales es abogada, trabaja como funcionaria de la Xunta, y comenzó a escribir hace bien poco, hace tan solo seis años. Pero fue empezar y no parar, y además con gran éxito. Se forjó en el microrrelato, publicando, en castellano, el libro A Celeste la compré en un rastrillo. Y a partir de aquí comenzó su producción en gallego: una novela negra titulada Sobrevivindo, que se publicó por entregas en un diario y luego en formato de libro, aunque no ha sido traducida al castellano; Deixe a súa mensaxe despois do sinal (Deje su mensaje después de la señal en castellano), una novela intimista construida a base de monólogos que habla del empoderamiento de la mujer, que ha sido un gran éxito y que se ha publicado en varias lenguas; y ahora otra novela negra, impresionante, Beleza vermella, que es la que acaba de publicar Lumen en castellano como Belleza roja.

El argumento rinde homenaje a algunas de las mejores novelas de Agatha Christie. En un chalet a las afueras de Santiago de Compostela y en una urbanización donde vive parte de la alta sociedad gallega aparece muerta la hija de quince años de una familia muy conocida y admirada. La adolescente es encontrada en su habitación en medio de un gran charco de sangre y con el cuello rasgado por un inmenso cuchillo. En ese momento, Noche de San Juan, los padres, empresario y abogada de prestigio, están cenando en el jardín con un matrimonio amigo de la misma urbanización. En la casa están también la hermana gemela de la madre, una pintora reconocida, y la anciana tía de las hermanas que tiene la movilidad reducida. Una de estas personas ha matado a la joven Xiana Alén, hija de Teo Alén y de Sara Somoza, sobrina de Lía Somoza, sobrina-nieta de Amalia Sieiro y vecina del matrimonio formado por Fernando Ferreiro, maestro, e Inés Lozano, también abogada, y como decíamos amigos de los Alén Somoza. Todos han tenido en el pasado relaciones complicadas y todos tienen secretos.

El caso cae en manos del brillante inspector de policía Santi Abad y de su ayudante la agente Ana Barroso, que desde hace tiempo sienten una atracción que va a más allá de lo profesional. Los dos tienes también un pasado oscuro, en especial él, que estuvo casado y cuyo matrimonio se rompió por causas que quiere ocultar. Junto a estos personajes tendrán también un peso relevante en la trama el psiquiatra gallego-irlandés Brenda Connor –con una tragedia personal que le consume- que tendrá que tratar a Lía Somoza, que al no poder soportar la tensión, o los remordimientos, intenta suicidarse, y la madre ya fallecida de las dos hermanas, Aurora Sieiro, artista de fama internacional cuya larga sombra aún sobrevuela la vida de todos los presuntos implicados en el crimen.

Belleza roja es una novela en la que la autora nos viene a decir que ”todo el mundo tiene secretos” y que “todo el mundo se puede comportar de manera terrible en algún momento de su vida”. En la historia no falta de nada: policías oscuros, parejas que no son tan sólidas como parecen, asesinos imposibles, hermanas gemelas que se “amorodian”, pasados que atormentan, relaciones prohibidas… La autora lo enhebra todo de manera sorprendente y absorbente para el lector. Además utiliza un truco narrativo bastante ingenioso: nos ofrece dos puntos de vista de lo que sucede.  Por un lado hay un narrador omnisciente, la tercera persona clásica, pero que se mete también a veces en las cabezas de los protagonistas y nos cuenta qué es lo que hacen y lo que piensan. Y por otro lado hay un protagonista que narra en primera persona lo que cree que sucede, y que no es otro que la hermana gemela artista de la madre de la asesinada, algo perturbada, a la que quizás no podemos creer a pies juntillas.

Una novela de género negro estupenda, en la que se da más importancia a las relaciones personales y a las características de cada uno de los protagonistas que a la realidad social en la que se mueven. No es una novela negra social, en este sentido, sino una novela de suspense que te atrapa hasta el último momento con un final realmente sorprendente, pero posible, sin trampas. Arantza Portabales, gran escritora en gallego y castellano. Habrá que seguir sus próximos pasos.

Enrique Martín

La vida, la cultura y todo lo demás: palabras de Sarri

Bizitzea ez al da oso arriskutsua? Habanako gaukaria es un dietario firmado por Joseba Sarrionandia y que, como su nombre indica, fue escrito en La Habana, durante las noches de enero a mayo de 2018, por eso lo llama “gaukaria”. A través de las distintas entradas que componen este libro, adscrito a un género muy de mi gusto, confirmamos cosas que ya sabíamos, como que el autor de Durango es un gran lector, ya que hay muchas referencias a otros autores, entre los que puede destacar João Guimarães.

La filosofía o la historia política y la política ligada ya a nuestro contexto, al vasco, al cubano, está presente en estas páginas en las que vierte sus opiniones sobre, por ejemplo, el caso de Altsasua. Sobre Cuba señala, entre otras muchas observaciones, que una opinión acrítica con el régimen no le hace ningún favor a la situación política allá  y, del mismo modo, asegura que los cubanos ya ni ven la propaganda: “Gertatzen da kaleko anuntzio politikoen kontra inmuzitatuta dagoela bertako jendea. Oharmena deskonektatuta daukate kontsigna politikoekiko”.

El diario  relata algunas curiosidades como ciertas coincidencias históricas que vinculan Cuba con Euskadi, como la visita de Von Humboldt a ambos países. Sabemos también que escucha bastante música y que la literatura y el lenguaje, lo que la literatura supone en su vida, y lo que cree que es la literatura, ocupa un espacio capital de su pensamiento: “Norberaren baitan errefuxiatutako mamuak beste batzuen barrura pasarazteko ahalegina da literatura”. El escritor se refleja también como un hombre preocupado por la efectividad y la simplicidad que parecen haberse impuesto en la escritura: “Komertzializazioak eta merkatuak, orokorrean, eragin handia dute literaturan eta arte guztietan. Ez saltzeko orduan bakarrik, literatura edo artea zer den definitzean ere bai”.

Del mismo modo, comprueba cómo las nuevas tecnologías han alterado también el ocio, como observa al fijarse en la forma en la que su hija se divierte. Sobre, precisamente, su relación con sus hijos hay varias entradas interesantes. Y también sobre la de su hija con el euskera. En la entrada Euskara habaneroa leemos: “Nire alabaren zenbakiak: Bat, bi, hiru, lau, bost, sei, zazpi, zortzi, bederatzi eta hamal!”.

La cárcel y las torturas están presentes también en este libro en el que reflexiona sobre uno de sus grandes temas, el exilio: “Habanako euskaldunen eguna. Musika eta dantza, janaria eta edaria, jendetza eta giro ona. Gauez, aberrigabearen nagitasunarekin zokoratzen naiz literaturaren bazterrera.” Pero quizás, mi entrada favorita, por su plasticidad y su poética, sea esta: “Eta gaua da nazio bat Txina baino handiagoa”.

Este diario es sin duda, más intelectual que íntimo, aunque algo de la esfera privada deja ver, y algo también de esa vida, siempre interesante, que transcurre en el camino que va de casa a la panadería.

Txani Rodríguez

Los cuentos malvados de Margaret Atwood

Margaret Atwood se ha convertido en una estrella de la literatura tras el éxito de la serie de televisión basada en su novela El cuento de la criada. Los buenos aficionados conocían desde hace mucho a Margaret porque su obra ha sido bien publicada entre nosotros desde hace tiempo. Pero ahora le ha tocado ser famosa en todo el mundo. La autora canadiense, que nunca se ha puesto barreras en cuanto a adoptar géneros considerados menores como la fantasía, la ciencia-ficción, el terror y hasta el género negro, ha venido escribiendo relatos largos, novelas, y, al mismo tiempo, cuentos más cortos que, acumulados con el paso del tiempo, se convertían en libros de narraciones breves.

Nueve cuentos malvados deja claro su contenido desde el título. En realidad la temática de estos cuentos, más allá de que los tres primeros están interconectados y los personajes principales de uno aparezcan como secundarios en otro, formando una nouvelle muy interesante, se unifican por el hecho de que los personajes son gente de mucha edad, la autora está en los ochenta, que tiene diferentes tipos de conflictos. Luego hay relatos de todos los géneros anteriormente mencionados. Pero los mejores son los tres primeros, donde en un ejercicio vistoso y nada original, va sacando a la luz los secretos de una serie de personajes que cruzaron sus vidas en algún momento de su pasado, y también el último donde se propone una especie de solución, digamos a la japonesa, al problema de la longevidad actual.

Margaret es una autora muy irónica, cínica en ocasiones, que no oculta los elementos más desagradables de la vida, que conoce perfectamente la condición humana y sabe que poco altruismo se puede esperar de ella y que, lo más probable, es que las personas acaben haciendo asomar su egoísmo en su búsqueda de la satisfacción. Tampoco es muy complaciente con los escritores, artistas y otros miembros destacados de la sociedad y los muestra tal y como le parecen que son, en lo que suelen ser unos retratos inmisericordes, y ya puestos, también divertidos. E incluso, esa viejecita encantadora, que ayuda a sus vecinos, procura no molestar y habla con su marido muerto, tiene una trastienda.

Margaret Atwood tiene inventiva, desborda imaginación, se inventa cosas extravagantes y, sobre todo, escribe muy bien, con un gran encanto y con una precisión escalofriante y, seguramente, en las distancias cortas mejor que en las novelas. Así que no puedes perderte estos Nueve cuentos malvados porque está entre lo mejor de su producción. Nunca es tarde para descubrir a una gran autora que es mucho más que la escritora de El cuento de la criada.

Félix Linares

Los personajes dolientes de los cuentos de Socorro Venegas

La memoria donde ardía es una colección que reúne diecinueve relatos breves, pero intensos como un zarpazo. A través de esas historias, que aúnan nitidez narrativa y potencia simbólica, la autora mexicana Socorro Venegas explora temas como la viudedad, el embarazo, la depresión postparto, la crianza traumática, la indefensión de los niños  o el amor desesperado. La naturaleza está muy presente: el mar, las olas, las islas, los árboles, las flores, el granizo, la lluvia, el rayo, el fuego, la luna, los pájaros. Además de cumplir una función de recreación de atmósferas, esos elementos, en ocasiones, parecen fundirse, de forma inevitable, con los personajes: “Entrábamos al monzón en pleno desierto”, dice una mujer que atraviesa una crisis sentimental; “Entonces, un relámpago interno, en mi cuerpo, en mi sangre, me deslumbró”, confiesa una madre, bajo una tormenta, una madre que parece despertar de una especie de letargo; “Caminó hacia el mar y cuando metió los pies entre las aguas le pareció que entraba en una gigantesca lámina turbia”, leemos sobre un hombre que asiste a cómo se aleja el amor de su vida. Hay, por tanto, una fusión entre esos elementos de la naturaleza que Venegas conjuga con el estado anímico de sus dolientes personajes.

Con una prosa precisa, pero sensual y plástica, la autora es capaz de retorcer el tiempo del relato para cerrar finales asombrosos; en otras ocasiones, el final del relato late ya en el mismo principio. En todos los cuentos resuena la misma voz, pero hay algunos especialmente conmovedores como Los aposentos del aire, protagonizado por dos niños, muy enfermos, que se enamoran en el hospital; otros resultan singularmente bellos como El nadador infinito por la manera tan original en la que cuenta lo que sucede en el interior de una mujer embarazada e infeliz; y otros, como Pertenencias o La música de mi esfera, comparten reflexiones honestas y desgarradas sobre la soledad, sobre la pérdida de los seres queridos,  y sobre la necesidad de cariño. Tienen todos los cuentos algo de enredadera, que va escalando por las líneas del texto, hasta configurar una composición narrativa que brota y se expande.

Socorro Venegas tiene una trayectoria muy consolidada —y muy premiada—  en México, ahora tenemos la oportunidad de descubrir su trabajo en Páginas de Espuma a través de La memoria donde ardía, y esperamos que a través, también, de futuras publicaciones.

Txani Rodríguez

La novela japonesa del francés Jean-Marc Ceci

Hace unos años se pusieron de moda las novelas mínimas, elegantes y resultonas. Novelas que como Seda de Alessandro Baricco tocaron la fibra sensible de un lector ávido de historias de amor sencillas, emocionantes y ligeramente trágicas. Eran novelas breves que además tenían la capacidad de contraponer las estéticas y formas de vida de Oriente y Occidente. De cuando en cuando aparece en nuestras librerías una novela de estas características que obtiene un triunfo inesperado. Es lo que ha sucedido con El señor Origami, una novela del francés de origen italiano Jean-Marc Ceci, que ha ganado en Francia el Premio Edmée de La Rochefoucauld y en Italia el Premio Murat, además de haberse convertido en un pequeño best-seller.

La novela cuenta la historia del maestro Kurogiku que a los veinte años de edad se enamoró en su Japón natal de una joven italiana desconocida a la que vio pasar fugazmente. Dispuesto a encontrar a su “amada”, la Signorina Chao, se trasladó hasta Italia y se instaló en una casa ruinosa de la Toscana. Allí se le empezó a conocer como el señor Origami. Durante cuarenta años el maestro se dedicará a hacer washi, papel artesanal, y a confeccionar origamis, hermosas figuras surgidas al plegar ese papel. Kurogiku conseguirá hacer las más hermosas grullas que nadie haya podido contemplar. Al maestro, que no ha logrado encontrar a su “amada”, le ayudará una mujer llamada Elsa, que no sabemos muy bien si está enamorada de él.

Un día aparecerá un joven relojero llamado Casparo que le pedirá refugio. El joven está obsesionado con vivir una vida plena y con construir un reloj que contenga “todas las medidas del tiempo”. A este trío peculiar acabará uniéndose una gata llamada Ima. Mientras el maestro intenta encontrar la iluminación a través de la práctica del zen, meditando sobre el origen de todas las cosas, Casparo entrará en una espiral autodestructiva que le llevará al borde del suicidio. Solo la dedicación del maestro, sus silencios y su ejemplo vital, le harán volver a la senda de la búsqueda del tiempo.

Una historia sobre el amor y la muerte, sobre el deseo y la incomprensión del otro, sobre la búsqueda de un sentido a lo que hacemos, sobre el inexorable paso del tiempo, y sobre la creencia de que tarde o temprano, en esta o en otras vidas se acabará cumpliendo nuestro destino. Una historia de silencios y de gestos. Una hermosa y minimalista historia.

Enrique Martín

El notable debut literario de Miren Amuriza

Sabina es la protagonista de Basa la primera novela, dotada con la beca Igartza, de la bertsolari Miren Amuriza. Cuando la historia arranca, Sabina está en el hospital, convaleciente de una operación en la pierna, atendida por dos de sus hijos, pero pronto vuelve a su casa, al caserío de Altzerreka, situado relativamente cerca de Lekeitio. Allí, Sabina cuida de su cuñado Henry, que tras haber pasado muchos año en Norte América, regresa al que fue su hogar y el del marido de Sabina, ya fallecido. Henry está impedido, tiene una pierna y no sale de cama, y es Sabina quien lo cuida y se preocupa de él, a pesar del mar humor de su pariente. Ella es todo coraje, obstinación y orgullo, es alguien que no se va a doblegar como si fuera un animal manso, que no va admitir su deterioro, que necesita sentirse útil, que no va a aceptar ayuda. Y también es alguien con un fondo de bondad innegable.

Sabina tiene tres hijos: con la mayor, Ester, la relación se degradó al conocerse la homosexualidad de la joven, aunque la protagonista la llama con constancia sin obtener respuesta; Joseba, el pequeño, nunca tiene tiempo, al parecer, para cuidar de su madre; y es Karmele, madre separada, sobre la que recae esa responsabilidad. Superados por la situación, los hijos sugerirán a Sabina ingresar al tío en un geriátrico y el caso de que la madre ni quisiera separarse del tío, también a ella. La respuesta, por supuesto, es una colosal negativa; sin embargo, el tema no termina de zanjarse.

Amuriza ha escrito esta novela a base de escenas, apartándose de los monólogos interiores y las digresiones que suelen abundar en las óperas primas, con lo que su relato llega con mucha vivacidad; las situaciones se muestran, se nos explican, y el carácter terco de Sabina, por ejemplo, o el egoísmo de Joseba se ven a través de las acciones y de los diálogos.

En mi opinión, el mundo del campo, la dureza del caserío, donde los animales no son mascotas, donde muchos no tienen ni nombre y se sacrifican si es necesario, está bien plasmado; sin duda, Amuriza no suaviza la realidad. De hecho, hay una escena durísima, relacionada con Sabina, cuando era joven, que no voy a desvelar, pero que da la temperatura de una determinada forma de andar por el mundo, que sobrepasa lo práctico, lo indolente, para revelarse como cruel. Todo escrito con un euskera riquísimo y pegado al entorno rural, que es el entorno de la novela.

La autora ha escrito una novela sencilla, breve, pero muy certera; y aborda de frente el tema de la vejez y de los cuidados, y se interroga sobre hasta qué punto los más jóvenes podemos decidir cómo ha de ser la vida que lleven nuestros mayores. No es fácil, y el planteamiento de la novela, no obvia la complejidad de ciertas decisiones,  ni niega de forma facilona la oportunidad de las mismas. Hay mucha seriedad en la manera en la que se enfocan los temas, y mucha transmisión en Basa, una novela que intercala la acción principal narrada en tercera persona con unos textos breves en primera persona que funcionan como una especie de presagio; quizá ese pálpito se habría podido integrar en el texto troncal, pero, con todo, Basa, combina realismo y tensión, y ofrece una lectura que no nos deja indiferentes. Sobresaliente, en resumen, debut de Amuriza.

Txani Rodríguez