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Txani Rodríguez, Irune y el futuro de la clase obrera

Algunos sab√≠amos que tarde o temprano la escritora alavesa, de Llodio para m√°s se√Īas, Txani Rodr√≠guez, aparecer√≠a ante el gran p√ļblico lector como una supernova. Le ha costado, pero aqu√≠ est√°. Tras tres novelas (Lo que ser√° de nosotros, Agosto y Si quieres, puedes quedarte aqu√≠), un libro de relatos (El coraz√≥n de los aviones), varios guiones para c√≥mic, multitud de columnas en la prensa e innumerables cr√≠ticas literarias (muchas aqu√≠, en Pompas de Papel), Txani ha conseguido que su voz, tan personal, conquiste a lectores que nunca hab√≠an o√≠do hablar de ella. Lo ha conseguido con Los √ļltimos rom√°nticos, una novela que cuenta la historia de una chica de 40 a√Īos, una mujer, Irune, solitaria, arisca, hipocondriaca, huidiza y con un sentido del humor bastante ir√≥nico, que se encuentra ante la disyuntiva de cambiar o de hundirse para siempre en sus miserias. A pesar del retrato aparentemente negativo, Irune es una trabajadora ‚Äďde la clase trabajadora, por profesi√≥n y por tradici√≥n familiar- que se niega a dejarse arrastrar por la ola de insolidaridad imperante en nuestro mundo y que est√° dispuesta a luchar para darse una segunda oportunidad, a ella y a algunos de los que la rodean. Ella mira hacia atr√°s, con una cierta nostalgia de un mundo en el que, quiz√°s se viviera con m√°s penurias, pero en el que hab√≠a una sensaci√≥n de comunidad que nos hac√≠a ayudar a los que estaban a nuestro alrededor sin esperar nada a cambio. Podemos decir por tanto que Irune es una de ‚Äúlos √ļltimos rom√°nticos‚ÄĚ que creen que otro mundo es posible, y perd√≥nenme la referencia tan expl√≠citamente pol√≠tica, es decir, que no podemos dejarnos vencer, que debemos ser altruistas y generosos y buscar lo mejor para los dem√°s.

Y en estas Irune se ve inmersa, sin propon√©rselo, en la defensa de un colectivo de trabajadores de su empresa, una papelera, que lucha por sus derechos, por sus puestos de trabajo, con una acampada frente a la f√°brica, mientras el resto del colectivo laboral decide mirar hacia otro lado, siguiendo al pie de la letra esa m√°xima tan moderna de ‚Äúmientras no me toque a m√≠‚ÄĚ. Y en estas Irune se ve inmersa en la defensa de su vecina, una anciana, a la que su hijo maltrata ante la indiferencia del resto de la comunidad. Y en estas Irune tendr√° que enfrentarse a la posibilidad de una enfermedad que la tiene atenazada, atemorizada. Y en estas Irune tan sola, tan incomunicada, comienza a hablar con Miguel Mar√≠a L√≥pez, una voz que informa de los servicios de RENFE, una voz, distante y profesional al principio, que se transformar√° poco a poco en otra voz m√°s cercana y c√°lida.

La novela es como un trocito de vida, que acontece entre trenes que se oyen constantemente como un ruido sordo y trenes que se alejan hacia un futuro ilusionante. Un trocito de vida repleto de azares y decisiones tomadas, correctas o no. Una vida que nos ense√Īa que todos los √°rboles no forman un bosque (por ejemplo, los eucaliptos que se plantan para extraer de ellos papel). Una vida donde nada est√° escrito y donde lo que vendr√°, lo bueno que vendr√°, depende de nuestro coraje.

Txani Rodríguez ha escrito una historia repleta de miserias, pero también de esperanza, de mucha esperanza. ¡Qué hermosa novela!

Enrique Martín

Daniel Gasc√≥n y el hipster que rescat√≥ la Espa√Īa Vac√≠a

Un hipster en la Espa√Īa Vac√≠a es la cr√≥nica desternillante de las gestas de Enrique, un joven de ciudad, muy moderno, un hipster, en La Ca√Īada, un peque√Īo pueblo de Teruel.¬† All√≠ se instala con sus t√≠os, que cada ma√Īana lo ven hacer yoga en el corral, para poner en marcha un proyecto¬†de ‚Äúgranja org√°nica colaborativa basada en los principios de sostenibilidad y responsabilidad medioambiental‚ÄĚ.¬† Adem√°s, lleva adelante iniciativas como un taller de nuevas masculinidades a la que solo acuden mujeres. El hipster tendr√° que adaptarse a que en el pueblo apenas haya cobertura, a que no se venda quinoa ni Hola Coffee, ¬†y al car√°cter rudo de alguno de sus vecinos. Lo cierto es que al principio, aunque Enrique es un tipo optimista y confiado, un adalid de lo pol√≠ticamente correcto, no encaja en el pueblo, pero, al poco, terminar√° por encontrar su lugar all√≠: en La Ca√Īada se enamorar√° y, de forma, sorpresiva, acabar√° convertido en alcalde, tras defender los intereses del pueblo, que hab√≠an sido amenazados cuando descubren -o creen descubrir- que unos catalanes pretend√≠an robar el cuadro del patr√≥n del pueblo.

‚ÄúQu√© dif√≠cil es saber cu√°l es el camino por el que nos lleva la vida. Lo dicen la Divina Comedia y las canciones de Amaral, pero a√ļn siempre te pilla a contrapi√©. ¬ŅC√≥mo iba a pensar yo que ir√≠a al campo como especie de Montaigne ecologista, a montar mu huerto colaborativo y acabar√≠a de nuevo en la acci√≥n, en el compromiso, en el fragor, en la lucha pol√≠tica?‚ÄĚ, leemos. El caso es que como alcalde no se centrar√°, por ser La Ca√Īada un peque√Īo pueblo, en asuntos menores, como adaptar a los nuevos tiempos los nombres de las fuentes o barrancos locales (por ejemplo, la Fuente Matahombres pasar√° a ser conocida como la ‚Äúfuente potencialmente peligrosa para la salud de los seres sintientes‚ÄĚ). El hipster bregar√° con situaciones de calado: un rodaje sobre la Guerra Civil hace que los miembros de Vox crean que en Teruel ha estallado una revoluci√≥n anarquista, o, atenci√≥n, mediar√° en la liberaci√≥n de la mism√≠sima Greta Thumber, secuestrada en la cumbre del clima.

El contraste entre la palabrer√≠a y los modos del hipster y los vecinos de La Ca√Īada hacen que el libro resulte tronchante. Con alg√ļn gui√Īo quijotesco y con una voz que a veces recuerda al Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza, la forma ‚Äďuna especie de reconstrucci√≥n minuciosa con testimonios, extractos de diarios, cr√≥nicas y entrevistas- ayuda a subrayar la comicidad del texto.

Como se ve, Daniel Gasc√≥n, nacido en Zaragoza en 1981, con una carrera literaria importante ya a sus espaldas y responsable de Letras Libres, se vale del humor para abordar debates candentes: la ecolog√≠a, el feminismo e¬†incluso los conflictos identitarios. Con cameos de periodistas y escritores, incluso del padre del autor, Un hipster en la Espa√Īa Vac√≠a es una lectura muy ¬†divertida que invita a la reflexi√≥n y a situarnos frente al espejo.

Txani Rodríguez

La fantasía de Abercrombie mejora con el tiempo

Ha vuelto Abercrombie, una gran noticia para sus muchos seguidores y algo sin relevancia alguna para quienes la literatura de fantas√≠a no tiene ning√ļn inter√©s. Reconozco, lo he hecho varias veces ya en este programa, que la fantas√≠a no me interesa demasiado, y las nuevas corrientes menos, sobre todo el hopepunk que ha infantilizado mas, y parec√≠a imposible, el g√©nero. Pero, bueno, me arreglo bien con algunos autores cercanos al grimdark y Abercrombie est√° entre ellos. El hombre que escribi√≥ una trilog√≠a, la de la Primera Ley, sobre un universo muy cercano a la edad media con peque√Īas aportaciones m√°gicas y mucha guerra y grandes batallas y mares de sangre, traiciones, conspiraciones, gente de la que no te puedes fiar, grandes secretos, misterios insondables y una escritura r√°pida, eficaz, muy bien timbrada, con di√°logos modelados por el cine y muchas p√°ginas para devorar por delante. Despu√©s escribi√≥ tres novelas independientes y un libro de relatos ambientados en ese universo y m√°s tarde otra trilog√≠a, la del Mar Quebrado, de eso que se llama Young Adult que es un poco m√°s suave, menos dura.

Pero el p√ļblico demanda lo suyo y es muy posible que Abercrombie lo tenga dif√≠cil para salir del mundo de la primera ley porque sus editores le han hecho firmar un contrato por otros cuatro libros dentro de ese mundo y recurriendo a los viejos personajes. Y as√≠ ha empezado otra trilog√≠a, La era de la locura, que presenta sensibles diferencias con las novelas anteriores. La m√°s evidente es que ese mundo ha cambiado, a pesar de que no han pasado muchos a√Īos porque aparecen como personajes secundarios los que fueron principales o destacados en los anteriores libros. Tanto que se ha producido una especie de revoluci√≥n industrial que hace avanzar la acci√≥n unos siete siglos seg√ļn nuestra historia. Por supuesto las f√°bricas est√°n mantenidas por miles de obreros, pr√°cticamente esclavos, que viven en unas condiciones penosas y que sue√Īan con la revoluci√≥n. Esta llegar√° de manos de diferentes grupos, que como los luditas en nuestro siglo XIX se empe√Īaban en destruir las m√°quinas.

Aunque los objetivos sean diferentes la relación parece evidente. Por supuesto los nobles, príncipes, los ricos vaya, pretenden ignorar esa realidad hasta que algunos de ellos se ven atrapados por las consecuencias de la lucha. Una de ellas es la hija de Glokta, el inquisidor, personaje importante en la primera trilogía que aquí hace una aparición testimonial. Ella es una de los nuevos personajes femeninos que, a diferencia de lo que ocurría en trabajos anteriores, aquí son abundantes y protagonistas. Las hay guerreras,  adivinadoras, empresarias, madres que ridiculizan a sus vástagos reales, mujeres enfrentadas al peligro y a sus enemigos que, en ocasiones están muy cerca. Otro aspecto importante es que en este libro aumenta el humor. Algo había en los anteriores pero aquí hay momentos muy divertidos, aunque el tono general sigue siendo dramático. Es decir que Abercrombie ha mejorado y no ha dejado de ser el mismo. Los viejos lectores se encontrarán a gusto y los nuevos descubrirán a un autor más equilibrado. Y a los que no les guste la fantasía, bueno, esos mejor que busquen otro autor al que seguir.

Félix Linares

Volando de París a Bilbao con Erika Elizari

Erika Elizari, nacida en Hernani en 1988,¬† fue el a√Īo pasado la ganadora de la beca Igartza que conceden la empresa CAF, el Ayuntamiento de Beasain y la editorial Elkar, y es ahora cuando vemos ya en las librer√≠as la materializaci√≥n del proyecto por el que fue becada, la novela Zendabalitz. Se trata de una historia coral, protagonizada por los pasajeros y la tripulaci√≥n de un avi√≥n que vuela desde Par√≠s a Bilbao. La historia se estructura en base a cap√≠tulos muy cortos que se van centrando de manera alterna en el ramillete de personajes de esta ficci√≥n. Al comienzo, tem√≠ que cuando pas√°ramos de uno a otro, no ubic√°semos bien al personaje y sus circunstancias, pero la verdad es que el hilo se sigue bien.

En ese Boeing nos encontramos con Gabriel y Yoli, un matrimonio que ha viajado a la ciudad de la luz para celebrar sus bodas de plata y tratar de revitalizar su amor, aunque en esa tarea los ánimos están descompensados; viaja también Elene, una joven de Eibar, enganchada a una relación tóxica, y que se propone ligar durante el viaje con Sukaia, una mujer que le ha parecido muy atractiva; Enara se reprocha estar guardándole demasiados secretos a su pareja, de quien dice estar muy enamorada, y tratará de decidir si se sincera o lo deja todo como está; Paula está embarazada, aunque parece que no termina de creérselo, y vuelve de una entrevista de trabajo en la que ha mentido sobre sus planes de formar una familia; Malox, Maria Dolores, en realidad, es una médica de baja por depresión desde que falleció su marido, ella se reprocha que no supo ver su enfermedad a tiempo. Sin embargo, Malox podrá redimirse y tendrá que reaccionar y volver a ejercer porque Xabier, el piloto del avión, con ideas suicidas, sufre un ataque de ansiedad. Los personajes se entrecruzarán en este vuelo y tendrán que arreglárselas los unos con los otros. El lector conocerá el punto de vista de todos ellos porque se expresan, en su mayoría, en primera persona.

Zendabalitz está muy pegada a nuestro tiempo, y aparece la comida precocinada, el wasap, el Tinder. Hay muchas frases cortas, y el estilo es directo y fresco. En ese avión, viajan también la inestabilidad emocional, la precariedad laboral, el machismo, la desilusión y las incoherencias que todos arrastramos. Pero a pesar de eso, tiene puntos muy divertidos, como de comedia de enredo.

Erika Elizari se suma así a la reluciente lista de ganadores del Igartza, en la que destacan nombres como Julen Gabiria, Jasone Osoro, Eider Rodríguez, Karmele Jaio, Unai Elorriaga, Katixa Agirre o  Danele Sarriugarte.

Txani Rodríguez

Las vidas cruzadas de Ana Merino

Hay dos creencias relacionadas con los grandes premios literarios espa√Īoles firmemente arraigadas. Que las novelas ganadoras se venden extraordinariamente bien y que son malas. Incluso si los autores son de reconocido prestigio se califica sus obras ganadoras como las peores de su carrera. Los premios Planeta de este a√Īo certificar√≠an esta segunda creencia. Javier Cercas y Manuel Vilas, ganador y finalista de la √ļltima edici√≥n, no han conseguido el fervor cr√≠tico. Pero, por otra parte, han destruido el t√≥pico anterior. Parece que las ventas no han sido satisfactorias. As√≠ que en Planeta, seguramente, estar√°n lamentado la idea de arrebatar a sus¬† competidores de Random House a dos de sus escritores m√°s celebrados, dado el escaso rendimiento econ√≥mico de la operaci√≥n. En cualquier caso no son Cercas y Vilas quienes nos interesan sino Ana Merino, ganadora del premio Nadal este a√Īo con El mapa de los afectos. Alguna relaci√≥n hay no obstante, porque el premio Nadal es tambi√©n un premio de la casa Planeta y Destino que edita estos premios es una de sus divisiones¬† editoriales, y, adem√°s, Ana est√° relacionada sentimentalmente con Manuel Vilas.

Si quieren ustedes especular sobre posibles conspiraciones est√°n en su derecho, pero quiero decirles que pocas veces se habr√° otorgado un premio tan merecido a una novela tan buena como El mapa de los afectos, uno de esos relatos de vidas cruzadas que tanto gustan a los estadounidenses, Ana Merino vive en el medio oeste de aquel pa√≠s, y que tan buenos resultados han dado en multitud de ocasiones. Efectivamente la novela empieza con un √©mulo de Holden Caufield vigilando los ritos amorosos de una pareja, ella la maestra del pueblo, √©l un lugare√Īo notablemente mayor. Despu√©s nos sorprendemos con la boda de la maestra con otra persona, su luna de miel, su viaje a Espa√Īa, su colapso y su desaparici√≥n a bordo de un autob√ļs.¬†Vamos dejando atr√°s personajes y situaciones. Otros vienen a sustituirles con la misma eficacia y encanto. Hay aqu√≠, adem√°s del color local de estos pueblos, un poco de todo: thriller, western, melodrama, tragedia, incluso algo de humor, placidez crepuscular, turbulencias atmosf√©ricas, reflexiones feministas y, sobre todo, historias, personajes, situaciones, di√°logos de la mejor ra√≠z literaria. Los destinos de los personajes se perder√°n moment√°neamente, pero por supuesto los recuperaremos mas tarde para cerrar todas las tramas.

Esta es prácticamente una novela compendio de todas las posibilidades, de todo tipo de argumentos, de retratos que abarcan todo el espectro psicológico. Incluso hay en la autora el afán, me parece, de que sus personajes cubran todas las posibilidades en sus pensamientos y en sus hechos, para que sea el lector quien decida. Ana Merino ha escrito mucho: ensayo, poesía, narrativa juvenil, análisis de cómics, pero considera esta su primera novela, digamos de narrativa adulta. Es un comienzo espectacular, una agradable sorpresa. Y le han dado el premio Nadal. Se lo merece.

Félix Linares

Elvira Lindo, de la fragilidad a la fortaleza y viceversa

A coraz√≥n abierto es un libro muy esperado, la primera novela en diez a√Īos de Elvira Lindo.¬† Novela, he dicho bien, aunque est√° fundamentada en su historia personal, y particularmente, en la relaci√≥n de la escritora con sus padres. Se trata, pues, de un ejercicio de memoria y reconstrucci√≥n del pasado, a mi entender, muy honesto.

El libro arranca cuando su padre est√° en el hospital, capeando una crisis respiratoria, cerca ya del final de su vida. Tras ese episodio, Lindo recordar√° la dura infancia de su progenitor, Manuel, a quien su madre, una mujer severa y avara que viv√≠a en M√°laga, env√≠a a Madrid, a casa de una t√≠a. El ni√Īo se encontrar√° con aquel Madrid de posguerra, en el que muchos ni√Īos vagabundeaban por las calles, y la desesperanzaba doblaba la esquina. Fuerte y decidido, pero con un fondo de fragilidad que arrastrar√≠a para siempre traducido en aversi√≥n a la soledad, el ni√Īo consigue salir adelante al escaparse para refugiarse en la casa de otros familiares de Aranjuez. Manuel Lindo, decidido desde siempre a sobrevivir, como muchos de sus cong√©neres, no les qued√≥ otra, acabar√°, con el tiempo, convertido en auditor de grandes obras en Construcciones y Dragados, ¬†formar√° una familia, y ser√° padre de cuatro hijos.

A coraz√≥n abierto recapitula los distintos episodios de la infancia itinerante de la autora, marcada por la enfermedad y temprana muerte de su madre, enferma del coraz√≥n. Tras una operaci√≥n, cuando alguien le dice a la ni√Īa que hay que cuidarla, se despiertan en ella dos sentimientos que ya no la abandonar√°n nunca, el de la responsabilidad y el de la amenaza.¬† Asistimos tambi√©n al periodo en el que vivi√≥ en Ademuz, en un poblado construido solo para ser habitado mientras durara la construcci√≥n de una enorme presa; a un tiempo feliz en Mallorca en el que repiti√≥ curso sin que sus padres lo supieran, a las vacaciones en M√°laga con la abuela paterna, un personaje oscuro, como lorquiano, y el relato alcanza tambi√©n a la primera juventud, entre los primeros escarceos amorosos, paseos en moto y carnet del Partido Comunista. Hay un momento en esa √©poca, cuando su madre lanza contra el suelo peque√Īos objetos decorativos tras una discusi√≥n con su padre, que la autora sit√ļa como el principio del fin, del fin de la vida afectiva tal y como la hab√≠a conocido.

La historia de amor de sus padres se refleja con una hondura sorprendente, pero no cae en la tentaci√≥n de convertirlos en personas distintas de las que fueron. ‚ÄúMi padre -dice- no cab√≠a en dos adjetivos, no cabe en un libro, porque ese hombre √°spero y rudo, charlat√°n, que carec√≠a de la malicia de quienes encubren la vanidad con falsa humildad, ese hombre verborreico y fanfarr√≥n, que a veces pod√≠a ser cruel, estaba tambi√©n incapacitado para el rencor.‚ÄĚ

Creo que hay que hacer un viaje hondo de la fragilidad a la fortaleza y de la fortaleza, de nuevo, a la fragilidad para escribir un libro como √©ste, con toques de humor, y mucha ternura e inteligencia, muy alejado del ajuste de cuentas con lo dem√°s o con una misma; es m√°s bien lo contrario la asunci√≥n de que somos como somos, con cosas buenas y malas. Elvira Lindo retrocede a veces al pasado para contarnos aquellos d√≠as con la fuerza del presente, y otras, interpela a la ni√Īa que fue, en una especie de desdoblamiento. ‚ÄúA veces se tarda media vida en mirarse a una con compasi√≥n. Media vida son cincuenta a√Īos‚ÄĚ, dice. Todo ese proceso, esa madurez y esa sabidur√≠a desembocan en este ejercicio confesional de digna emotividad, que consigue, que al conocer mejor a sus padres, acariciemos tambi√©n a los nuestros, con sus luces y sus sombras, y a sus recuerdos.

Txani Rodríguez

Almudena Grandes y el “gen malvado de los rojos”

Almudena Grandes lleva inmersa desde 2010 en un proyecto galdosiano, Episodios de una Guerra Interminable, que intenta dar a conocer a aquellas personas que con dignidad y coraje se enfrentaron al franquismo y a su ideolog√≠a. Van a ser en total seis vol√ļmenes de los que se han publicado ya cinco: In√©s y la alegr√≠a, El lector de Julio Verne, Las tres bodas de Manolita, Los pacientes del doctor Garc√≠a (Premio Nacional de Narrativa) y, el recientemente aparecido, La madre de Frankenstein, en el que se sumerge en la utilizaci√≥n que hizo el franquismo de la psiquiatr√≠a para acabar con sus rivales pol√≠ticos, lo del famoso ‚Äúgen rojo‚ÄĚ que hab√≠a que extirpar como fuera. Grandes es una grand√≠sima escritora a la que llevamos leyendo desde que publicara hace un mont√≥n de tiempo su primera novela y su primer gran √©xito Las edades de Lul√ļ. Una madrile√Īa que desde entonces ha dado a sus lectores una quincena de libros, novelas principalmente y algunos vol√ļmenes de relatos, tan estimables como Los aires dif√≠ciles, Malena es un nombre de tango, Atlas de geograf√≠a humana o El coraz√≥n helado, por los que ha obtenido premios y reconocimientos.

La madre de Frankenstein, un t√≠tulo magn√≠fico, toma como referencia la historia de Aurora Rodr√≠guez Carballeira la inteligent√≠sima feminista radical que quiso convertir a su hija Hildegart en la vanguardia de una nueva generaci√≥n de mujeres y al no conseguirlo, seg√ļn ella, la asesin√≥. Fue un caso que conmocion√≥ a Espa√Īa en la √©poca de la II Rep√ļblica. La novela transcurre a√Īos despu√©s, cuando Aurora Rodr√≠guez se las tiene que ver con el doctor Germ√°n Vel√°zquez, el psiquiatra que la atiende en el manicomio de mujeres de Ciempozuelos, un m√©dico formado en Suiza e hijo de un alto cargo sanitario de la Rep√ļblica que fue asesinado en la c√°rcel, y con Mar√≠a Castej√≥n, una auxiliar de enfermer√≠a que trabaja en el manicomio y a la que Aurora form√≥ en el propio manicomio donde viv√≠a ya que el abuelo de Mar√≠a era el jardinero del mismo. Toda la acci√≥n se sit√ļa en la Espa√Īa del franquismo que est√° en pleno apogeo nacionalcat√≥lico entre los a√Īos 1954 y 1956, cuando est√°n en vigor las leyes que buscan acabar con el ‚Äúgen rojo, el gen perverso‚ÄĚ y que califica de ‚Äúlocos‚ÄĚ a muchos de sus disidentes.

A pesar de lo que pueda parecer por el argumento, la protagonista no es Aurora Rodr√≠guez sino que son el m√©dico Germ√°n Vel√°zquez y la auxiliar de enfermer√≠a Mar√≠a Castej√≥n, dos personas que proviniendo de clases sociales opuestas (burgues√≠a y clase baja) se encuentran en la diferencia. Porque ambos no encajan en esa sociedad que les ve como bichos raros. √Čl es un exiliado que ha vuelto a trabajar dentro del r√©gimen, aunque no con el r√©gimen, y ella es una persona de clase baja, pero instruida, lo que es visto por los de su clase con prevenci√≥n y por los que est√°n por encima socialmente con sospecha. Y es que estamos ante una Espa√Īa terrible, por la dictadura, por la represi√≥n, por la religi√≥n ultracat√≥lica que marca las costumbre sociales y por el tremendo clasismo que se impone, del que no se ha hablado mucho, y que Almudena Grandes retrata muy bien, sobre todo en lo que respecta a la relaci√≥n terrible de dominaci√≥n de los se√Īoritos sobre sus criadas.

Hay m√°s cosas interesantes en esta novela magn√≠ficamente escrita, con esa fluidez que es marca de la casa de su autora. Entre ellas la plasmaci√≥n del miedo, el miedo que domina todo un pa√≠s, y que a veces muchos olvidan, y que estuvo ah√≠ cuarenta a√Īos, y que fue clave para la pervivencia de un r√©gimen dictatorial. Y tambi√©n est√° ah√≠ la tragedia de los jud√≠os durante el nazismo, tan bien contada a trav√©s de la familia que acoge a Germ√°n en Suiza. Siempre impresiona, por mucho que hayas o√≠do hablar de ella. Y es extraordinario como Grandes narra c√≥mo se construye la paranoia a trav√©s de esos mon√≥logos terribles de Aurora Rodr√≠guez.

Todos los que hemos disfrutado de los Episodios de una Guerra Interminable estamos entristecidos porque vayan a concluir. Ya solo queda un volumen Mariano en el Bidasoa, que transcurre en gran parte en la Euskadi de comienzos de los sesenta cuando empiezan a construirse nuevos organismos que canalizar√°n la protesta social desde dentro contra el franquismo, sobre todo en el mundo laboral. Est√° muy claro que en el futuro, cuando alguien quiera saber c√≥mo fue la vida durante la dictadura franquista y c√≥mo fue la lucha de aquellas personas que intentaron reconstruir la democracia espa√Īola, adem√°s de leer libros de historia leer√° con asombro y admiraci√≥n esta saga escrita por Almudena Grandes. Gracias por todo, Almudena, te debemos mucho, te debemos una parte importante de la reconstrucci√≥n de nuestra memoria colectiva.

Enrique Martín 

Irati Elorrieta y los crudos inviernos de nuestro descontento

A ver cómo me explico: hay quien escribe haciendo malabares con una o dos bolas y hay quien sostiene en el aire muchas más. Irati Elorrieta pertenece al segundo grupo, como demuestra en Neguko argiak, una novela que nos habla del presente y del pasado de varios personajes, que mantiene el latido de una ciudad, Berlín (aunque la historia también se desarrolla en París y Uribe Kosta), que se interna en lo cotidiano, en el realismo puro, pero que también se adentra en los terrenos nebulosos de lo que pudo ser y no ser.

Como reivindica y demuestra Alice Munro cualquier vida puede ser interesante, cualquier entorno. “La vida de la gente, en Jubilee como en todas partes, era aburrida, simple, asombrosa e insondable“, escribe la canadiense en su relato El fot√≥grafo. Esa tesis tambi√©n es la que Irati Elorrieta, que naci√≥ en Bilbao en 1979, pone de manifiesto en Neguko argiak; es algo que se nota incluso en los t√≠tulos de algunos cap√≠tulos como Xuanek A√Īesi lagundu dio apal batzuk jartzen, es decir, que un hecho tan simple como poner unas baldas puede ser elevado a literatura.¬† La novela, que mereci√≥ el Premio Euskadi el pasado a√Īo, nos narra las vidas de A√Īes y Marta, pero tambi√©n de un ramillete de secundarios. A√Īes, una chica de la zona de Sopela, vive en Par√≠s con su novio, pero cuando su amiga Marta deja la capital francesa para instalarse con su pareja Mart√≠n, de quien espera un hijo, en Berl√≠n, A√Īes rompe con su novio y se instala tambi√©n en Alemania. Ah√≠ arranca la novela, cuando las dos mujeres est√°n adecentando el peque√Īo piso en el que vivir√° A√Īes. Encuentran entonces una carta en la pared de una mujer que regresa a Polonia cuando nadie quer√≠a quedarse en Polonia, en la √©poca de la Guerra Fr√≠a. La carta parece que no va a tener mayor recorrido, pero tiene algo m√°s del esperado. Ya en esos primeros compases tambi√©n A√Īes deja caer que no fue directamente de Par√≠s a Berl√≠n, sino que se detuvo en Bruselas para estar con un viejo amor, una revelaci√≥n que tiene su peso en el argumento.

‚ÄúHiri ezagun batera heltzean, bizitza orduan hastera doala pentsa daiteke. Urrun geratu zaio Pariseko hasiera, eta A√Īesek ez daki gogorik baduen dena berriro egiteko‚ÄĚ, leemos. Y sin embargo, s√≠ tendr√° que seguir adelante y hacerse a ese Berl√≠n de extrarradio en el que vive: cercano a un nudo ferroviario, con puentes y pasarelas para salvar las v√≠as; un barrio de bloques desarrollistas, en¬† una calle en la que apenas hay comercios, cerca de un parque y un descampado, de huertos arrancados a la ciudad, de bunkers llenos de ratas. La vida en la ciudad es hostil. Llama la atenci√≥n lo mal que comen: A√Īes lleva siempre en el bolso botes con salsas y especias para cocinar all√≠ donde caiga; Marta, que trabaja durante todo el d√≠a en una zapater√≠a, se encuentra la nevera vac√≠a a menudo. Hay una escena, por cierto, en la que Marta llega de trabajar y se encuentra a su pareja cenando en la cocina que¬† est√° construida con maestr√≠a, logra que el cruce de reproches de la pareja incomode. Comida procesada, comida r√°pida, comida basura. Muebles de m√≥dulos, metros cuadrados demasiado prohibitivos, calefacciones de carb√≥n, ropa reciclada, rescatada de la basura.

La profundidad de campo que maneja Elorrieta hace que nos sintamos dentro de esas casas. En la casa de Marta, en la de A√Īes, o en la de Xuan, un vietnamita que A√Īes conoce en el aeropuerto, que vive con una artista norteamericana¬† de visita en Berl√≠n.

Neguko argiak transcurre a los pies del invierno, pero todo invierno pasa, con suerte también los emocionales. La novela, que tenía pendiente hace un tiempo, es muy recomendable porque traslada el frío de la soledad, de la incomunicación, de la gran ciudad, de la precariedad, el aire gélido de estos tiempos de aparentemente confortabilidad. La vida moderna, que dirían algunos, la vida, en todo caso.

Txani Rodríguez

Niklas Natt Och Dag, la sorpresa danesa

En 1793 Estocolmo era un lugar sucio y miserable, muy frio en invierno, y seguramente también en verano, para esa gente que tenía que sobrevivir en condiciones muy precarias, siempre al borde del delito, siempre a punto de ser golpeado por la autoridad, condenada con cualquier motivo y castigada muy por encima de sus merecimientos. La situación política era inestable, los ecos de la revolución francesa llegaban cada vez más intensamente a sus salones, el rey había muerto asesinado, sus descendientes se peleaban por conseguir el poder. Y en medio de este tumulto aparece un cadáver flotando en el mar. Pasaba por allí un ex soldado, colaborador de la policía, en un momento muy bajo de su existencia, borracho casi siempre, alojado en lugares insalubres, relacionado con lo más bajo de la sociedad. Se hace con el cuerpo y, ya que estaba, le encargan que investigue de quién es ese cadáver y por qué le han hecho lo que muestra el cuerpo. Nuestro héroe, reticente en principio, pronto se encontrará con otro investigador, un erudito, un estudioso, un tipo que se fija en las cosas.

Ya tenemos a nuestra pareja Holmes/Watson, con sus peculiaridades, no tan marcadas como en los originales, pero claramente identificables. Se pasan las cien primeras páginas bordeando el misterio, mientras nos muestran sus peculiaridades: uno está enfermo de tuberculosis y de hecho le han augurado una muerte próxima, el otro perdió el brazo en la guerra, pero se las arregla para defenderse; el primero ha abandonado a su mujer con una curiosa disculpa, el segundo bebe para olvidar algo horrible. De repente la narración se interrumpe y retrocede tres meses. Y se nos presenta a otro personaje que va mandando, o por lo menos escribiendo, cartas a su hermana, contándole una historia terrible de miseria y mutilación, la novela deja de ser una historia de investigación para entrar casi en el terreno del terror. Y tras otra buena tanda de páginas la tercera parte nos hace retroceder otros tres meses, ya hace menos frio, para contarnos otra historia que entra directamente en el melodrama con mucho sufrimiento para su joven protagonista. Y un final que nos lleva a la continuación de la primera parte, es decir la continuación de la historia de la investigación.

Bueno, en principio tenemos una estructura interesante que nos permite una narraci√≥n diferente, mientras los cabos se van anudando y los apuntes encajando. Y luego se acaba. Y aunque la intriga se cierra ya nos han dicho que este 1793 tendr√° una continuaci√≥n, en la misma narraci√≥n se apunta, y otra m√°s hasta conformar en principio una trilog√≠a que seg√ļn el √©xito, suponemos, podr√≠a convertirse en serie. Parece que el √©xito acompa√Īa, el autor, quien se esconda tras ese seud√≥nimo porque el apellido que muestra dice en sueco Noche y D√≠a, se manifiesta satisfecho y seguro que ya tiene escrito 1794 que es como, en un arranque de escasa imaginaci√≥n, se titular√° la segunda parte. El escritor consigue trasmitir muy bien la desolaci√≥n que produce las vidas de estos personajes, sus condiciones de supervivencia, el despotismo de los poderosos, los chanchullos de los corruptos, las actividades de sociedades secretas, el crimen triunfante.

Las historias no son las mejores, de hecho ya hemos le√≠do algunas semejantes, pero cumplen muy bien con su misi√≥n de inquietar al lector y los hechos encajan correctamente de manera convincente, aunque quiz√° de forma muy novelesca al final, y la escritura es elevada, o al menos apropiada a esas voces altisonantes que parecen hablarnos desde el pasado aunque hayan sido pronunciadas hoy mismo. Natt Och Dag parece saber de lo que habla, as√≠ que esperaremos con inter√©s la continuaci√≥n de la serie para confirmar, o eso es lo esperable, que estamos ante un escritor valioso empe√Īado en tener una voz propia. De entrada 1793 (Salamandra) es una buena muestra de su talento. Vigilaremos.

Félix Linares

El oso Ondo y alicaído de Fernández Aldasoro

Pedro Ega√Īa atraviesa un mal momento personal: tras una carrera descendente en el mundo de la creatividad publicitaria, una carrera que comenz√≥ a los veintis√©is a√Īos, se encuentra, a los cuarenta y pico, en el paro. Adem√°s, su mujer, que ya es m√°s ex mujer que otra cosa, y sus hijos pasan bastante de √©l: ‚ÄúLe dol√≠a la espalda de dormir en una colchoneta de Ikea, le dol√≠a la indiferencia de su mujer, sus miradas de desagrado, sus raciones de comida solo para tres. Pero lo peor era la sensaci√≥n de irrelevancia. No le necesitaban, no le reclamaban‚ÄĚ. Observa su propia vida con resignaci√≥n, una vida llena de frustraciones de cuyas magnitudes solo ha sido consciente a veces. Ega√Īa recapitula su paso por distintas agencias y disecciona las coreograf√≠as sociales a las que nos somete el mundo laboral. Asegura, por ejemplo, que todas las relaciones humanas en las que no se establece un v√≠nculo de afecto terminan convirti√©ndose en cansinas negociaciones. Parapetado en esa distancia, en ese descreimiento, da sus primeros pasos en una profesi√≥n para la que cree tener alg√ļn talento desde que un profesor de la facultad as√≠ se lo indico. En Publizi, la primera agencia en la que recala, ha de trabajar en equipo con una¬† directora de arte. Aunque tanto Pedro como Juliana tienen pareja, se enamorando profundamente; sin embargo, tendr√°n que ver si son capaces de apostar por ese amor o ponerlo tambi√©n a hibernar, digamos.

Sobre el mundillo de la publicidad, Fern√°ndez Aldasoro se despacha a gusto.¬† El autor, que, como Pedro Ega√Īa, es redactor creativo, conoce las partes m√°s desabridas de la profesi√≥n, y no ahorra dardos: ‚ÄúEl amor por la publicidad dura tres a√Īos. En este tiempo, ya has visto y lo has hecho todo y solo te queda repetirte sin que se note. En tres a√Īos ya est√°s aburrido, o seco, o quemado‚ÄĚ. Pero hay muchas m√°s reflexiones bien cargadas de acidez: ‚ÄúLos creativos veteranos se dividen en psic√≥patas, autistas o c√≠nicos. Hay excepciones, pero casi todos los profesionales que han superado el trauma de la publicidad durante los a√Īos suficiente pueden encasillarse en una de esas tres categor√≠as‚ÄĚ. En fin, con todo lo expuesto creo que queda trasladado que Pedro Ega√Īa no es feliz, que cree que est√° dejando pasar su vida sin terminar de vivirla, como en un letargo. Y cree que ser√° la literatura, escribir, algo en lo que ya hab√≠a hecho algunos pinitos lo que pueda sacarle de ese estado. Adem√°s, el anuncio de una exposici√≥n en cuyo cartel figura un oso que le resulta familiar, ser√° el desencadenante de un viaje √≠ntimo hacia una vida algo m√°s provechosa.

En El oso Ondo el mundo de la publicidad es importante porque el libro encierra una cr√≠tica, con sus toques de humor, al mismo, pero creo que todos podemos sentirnos identificados con Pedro Ega√Īa, al menos, por momentos. Qui√©n no ha intuido alguna vez, inmerso en la rutina, que su vida est√° muy lejos de la vida que hab√≠a so√Īado. Qui√©n no ha pensado a veces en amores del pasado; qui√©n no ha temido perder a la persona amada, por cobard√≠a o por mala suerte. Qui√©n no sigue hacia delante con cierta carga de la frustraci√≥n sobre los hombros. El regreso a la novela de Fern√°ndez Aldasoro nos har√° pensar en todos estos asuntos que, aunque no siempre se despierten, dormitan en nuestro interior.

Txani Rodríguez