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Lucía Etxebarria, el linchamiento de una escritora

El mensaje del contestador de Lucía Etxebarria es muy curioso. Con voz de miel, casi susurrando dice: “Hola, soy Lucía. Si estas llamando por un asunto personal deja tu mensaje. Si es un asunto profesional envíame un mail a xxxxxx. Repito: xxxxx. En serio, si es un asunto profesional envíame un mail porque muchas veces no escucho los mensajes. Besos”. La dirección de mail también es bastante graciosa, jeje.

Lucía Etxebarria y su hija

Lucía Etxebarria y su hija

Pues eso, le envié un mail y enseguida me respondió. Por cierto, llamándome “cielo”. Yo, que tengo una especie de “síndrome de Estocolmo” con mis entrevistados, estaba dispuesta a que me cayera bien, aunque me llamara “cielo”. Pues me contestó que sí, pero… la entrevista tenía que ser por mail. Una pena. Odio las entrevistas vía mail porque se pierde el feed back. Qué le vamos a hacer…

Cuando me empecé a documentar para hacer la entrevista a Lucía Etxebarria me quedé alucinada con el montón de artículos que había atacándola. Me pareció desproporcionado. Vale que la chica es “políticamente incorrecta” (que es lo que se dice que quien dice lo que piensa y encima no es lo que piensa la mayoría), pero ..¡uf! vaya linchamiento. Además, algunas de las notas publicadas versaban sobre temas absolutamente privados. A mi me da igual lo que esta o cualquier otra persona haga en su casa, y este tipo de periodismo no me gusta nada.

Pues a pesar de que la entrevista fue por mail, logró transmitir su ironía y me gustó bastante el resultado.

Toti Martínez de Lezea y su casa de cuento

La entrevista a Toti Martínez de Lezea fue una de las más agradables. Tal y como lo escribí en el propio artículo, me sorprendió que ella misma me contestara el teléfono y enseguida se prestara a la entrevista. Cuando le comenté que me acercaría hasta Larrabetzu, donde ella vive, para hacerla, me invitó a su casa. Fue gracioso cómo me explicó cuál era: “Es como la casa de Hansel y Grettel, pero en vez de golosinas tiene plantas”. Y realmente es inconfundible. Me encantó la casa. Después de haber escrito sobre ella mucha gente me preguntó si no tenía fotos. Lo siento, no tengo, sólo las que veis aquí. Le pregunté a Toti qué le parecía si la mostrábamos en un vídeo, pero no le apetecía. Una pena.

El jardín de Toti Martínez de Lezea

El jardín de Toti Martínez de Lezea

Por fuera se ve una fachada pequeñita con una puertita y una buganvilla. Por dentro, nada más entrar nos encontramos de frente con un gran espacio lleno de libros, artesanía y objetos originales de todo tipo, desde la cabeza de goma-espuma de un león hasta una colección de figuras de mujeres de barro esmaltado realizadas por la madre de Toti. A la derecha está la cocina, separada de la sala por un fuego de leña. A la izquierda, el cuarto donde Toti trabaja, lleno de libros.

La sala tiene dos alturas. La zona de la izquierda baja un par de peldaños y allí está colocado el sofá. En el extremo de la estancia se encuentra la salida al jardín y, junto a ella, unas escaleras llevan a las habitaciones.

Nada más salir al jardín , hay un porche con un balancín y una gran placa que reza “Itxaropena Plaza”. Y es que Toti se llama Esperanza, en euskera, Itxaropena. Un enorme muro de bambú separa el porche del jardín que sería la envidia de cualquier amante de las plantas. Cayendo en el tópico, he de decir que la vegetación es exuberante. En algunas zonas, la “selva” ha sido cortada y sustituida por plantas de todo tipo. Un espacio está reservado como huerta y en ella, el marido de Toti trabaja junto a un amigo biólogo para sacar todo el partido a las verduras que cultivan de forma ecológicas. También ha elaborado una compostera y hacen su propio compost.

Toti Martínez de Lezea en la entrada a su jardín

Toti Martínez de Lezea en la entrada a su jardín

Toti me habló de su madre nonagenaria, que en su juventud fue campeona de natación e incluso se mostró una foto de sus padres, de jóvenes, corriendo en bañador por la playa de Barcelona, a donde se habían trasladado para una competición. Después de oir a Toti y de ver los esmaltes realizados por su madre, no me cabe duda de que es una mujer excepcional.

También el marido de Toti me pareció poco convencional. Ingeniero retirado, luce una larga barba gris y dedica las horas a trabajar en el jardín. Se mostró encantado de hablar de sus plantas y me dio la impresión de que está habituado a ver a desconocidos en su casa. Me resultó un hombre muy cercano.

Mientras hacía la entrevista, sonó en Skype en el ordenador de Toti. Era su hija que llamaba desde China. Le dijo que estaba en una entrevista y quedaron en hablar más tarde. Me explicó que, aunque su hija, yerno y nieta viven en Beijing, hablan todos los días gracias al Skype. Me enseñó un álbum de fotos que había hecho con fotos de su nieta, a la que “conozco” porque es la protagonista de los libros infantiles de la serie Nur. Realmente el ilustrador clava los personajes.

Antes de marcharme, Toti me regaló dos libros suyos y me los dedicó. También me invitó a volver cuando quisiera, con mi familia. Estoy segura de que tiene que ser muy interesante pasar un día con ellos.