Ángel Martínez Salazar, lo que comieron y bebieron viajeros de todos los tiempos.

Ángel Martínez Salazar posee una amplia biblioteca de viajeros de todos los tiempos. Se preguntó: “¿cómo se habían alimentado estos viajeros y qué productos se habrían encontrado a muchos kilómetros de sus casas?”. El resultado es un libro de amplia documentación con el título: “De comerse el mundo. La cocina de los viajeros españoles”. Recupera un montón de anécdotas y fragmentos de obras desde el siglo XV hasta nuestros días. Historias de exploradores del Nuevo Mundo, comisionados, avanzadillas, eclesiásticos, viajeros, marinos, científicos, botánicos,  escritores, cronistas,… que han dejado constancia de sus descubrimientos y sus asombros culinarios. 

El periodista y escritor alavés Ángel Martínez Salazar es un gran admirador de exploradores y viajeros a los que ha dedicado una amplia bibliografía y escrito numerosos artículos. Es autor de libros como: “Manuel Iradier, las azarosas empresas de un explorador de quimeras” (1983); “Aquellos ojos extraños: Euskal Herria en los libros de viaje” (1985); “El señor de Itzea. Apuntes para una geografía barojiana” (2002) y “Geografía de la memoria: aventureros, exploradores y viajeros vascos” (2005).

Como vemos es un gran defensor del género de literatura de viajes. Su actual obra “De comerse el mundo” es más un homenaje a viajeros queridos por el autor que un libro de gastronomía.

Ángel vive a caballo entre Vitoria-Gasteiz y Estella. En el traslado de su extensa biblioteca ojeó diferentes libros y comprendió que un buen hilo conductor para homenajear a sus queridos viajeros y su obra era responder a la pregunta de cómo se habían alimentado muchos de ellos en países remotos y exóticos.

La filosofía que le ha movido a escribir “De comerse el mundo” es abrir la mentalidad a otros fogones. Ángel se explica: “Hay cosas que un viajero – o cualquier turista – debiera hacer cuando llega a un lugar desconocido, ahí van algunas sugerencias: acudir al mercado local, pasear en los amaneceres, asomarse a los establecimientos de todo tipo, buscar la música que hace bailar y cantar a sus habitantes, visitar los museos y rincones emblemáticos, asistir a una manifestación cultural típica, ojear la prensa local, conversar – incluso por señas o en chabacano  – con las gentes…y, desde luego, probar la comida y bebidas de la zona”.

El autor se mete en los navíos ultramarinos de otros siglos para conocer cuál era el menú abordo. Descubre que en el siglo XVI, el bizcocho, el agua y el vino constituían un elemento invariable y el más abundante de la dieta. Redacta el intercambio de semillas y cultivos a una orilla y otra del océano desde el primer viaje de Cristóbal Colón.

En el siglo XVIII se asoma a las reducciones jesuíticas de América del Sur en donde la agricultura ocupaba un papel primordial. Por ejemplo, con los guaraníes cultivaban fundamentalmente maíz y una variedad de mandioca. Los miembros de la orden ignaciana crearon enormes estancias ganaderas que abastecían de carne a  las misiones, que eran autónomas y daban gran importancia al trabajo colectivo. 

La palabra “tabú” originaria de la Polinesia tiene un fundamento gastronómico. Ángel señala que hay mucha aprensión entre las diferentes culturas. Uno de sus personajes, Ciro Bayo Segurola, amigo de Pío Baroja, profesor en la Pampa Argentina, escribió sus andanzas por tierras americanas: “El peregrino de indias”. El viaje se inicia en Jujuy (1892), en el interior de la selva boliviana cuando los indios le dan a probar una carne con cierto sabor a cerdo que resulta ser humana.

Por las páginas de “De comerse el mundo” el lector descubre grandes personajes y exploraciones olvidadas en la memoria, muchas historias increíbles y hasta inverosímiles.

“De comerse el mundo” edita Laertes. www.laertes.es

Ángel Martínez Salazar intervino en el programa de Radio Euskadi “La Casa de la Palabra” el jueves 2 de febrero de 2012.

Puedes escuchar el programa: 

https://www.eitb.eus/es/audios/detalle/824472/audio-viajes–a-pie-jerusalen–ruanda–cuba/

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