Iñaki Carro y Kepa Rubio. Comunidades de Población en Resistencia de Guatemala. La lucha continúa.

Las Comunidades de Población en Resistencia, conocidas como CPRs fueron creadas ante la presión del ejército guatemalteco sobre las comunidades indígenas en la década de 1980. Eran tiempos de guerra. Los campesinos tuvieron que huir a la montaña y a la selva pues el gobierno del presidente Ríos Montt aplicó la política de tierra arrasada que consistía en aniquilar cosechas, enseres y personas. En la clandestinidad se creó un nuevo tipo de sociedad en donde la alfabetización y los promotores de salud fueron fundamentales. Iñaki Carro y Kepa Rubio han seguido el proceso de las CPR y les han acompañado en diferentes etapas hasta la actualidad.

 

Iñaki Carro es de Sestao (Bizkaia). Abogado de movimientos sociales y profesor de Formación Profesional. Es autor de la novela “Del cielo a la montaña” basada en testimonios recogidos directamente por él a personas de las CPR.

Kepa Rubio es de Barakaldo (Bizkaia), residente en Abornikano (Alava). Estuvo por primera vez con las CPR de 1998 a 2000. Volvió en 2011 a reencontrarse con la gente que conoció. Kepa Rubio llegó de voluntario en 1998. Fue el momento en el que gracias a las acuerdos de paz el gobierno cede las primera tierras a las CPR.

Roge: ¿En qué consistieron  las CPR?

Kepa. Comunidades que huyen y se refugian en la montaña pues el ejército les iba a matar. Al principio eran grupos independientes que se van encontrando en la montaña, se van haciendo lazos comunitarios y eligen sitios para poder cultivar y asentarse.

Huían del ejército a raíz de la aplicación de la política de tierra a rasada promovida por el presidente Ríos Montt en la década de los 80.

Iñaki:  La tesis oficial es que se trató de una guerra contra la guerrilla maoísta. Así como Mao dijo que el guerrillero debe moverse entre el pueblo como un pez en el agua, la política de Ríos Montt fue quitar el agua al pez, arrasar con el pueblo para que los guerrilleros no puedan moverse.

Esa es la tesis oficial, lo que debemos preguntarnos es si no habría algo más detrás. Con el transcurso del tiempo se está viendo que se trata de un robo gigantesco de tierra y sus recursos naturales, hidroeléctricos y mineros, en territorios indígenas. La guerra fue la excusa para arrebatar a estas comunidades sus territorios.

¿Qué  comentan los testigos de este genocidio sobre cómo entraba el ejército en los pueblos?

Kepa: Se organizaban operativos militares. De la noche a la mañana llegaban a las comunidades y arrasaban a fuego. En algunas comunidades mataron a niños. En una de ellas a los niños les cogían de los pies y les golpeaban las cabezas contra el puente y luego los tiraban al río. Se hicieron verdaderas barbaridades.

Se fue corriendo el rumor de estas atrocidades de comunidad en comunidad. No sabían si eran ciertas pues no existía una comunicación directa entre las comunidades. En principio la población no creía que el ejército les pudiera aniquilar pues no habían hecho nada.

Previamente se creó un movimiento cooperativista. Los campesinos pobres comenzaron a organizarse y dejan de ir a trabajar a las fincas del sur de algodón y azúcar. Entonces, el finquero, la gran oligarquía, se queda sin mano de obra barata. Las cooperativas compran tierras, se autoabastecen. Uno de los fines de la guerra fue adueñarse de la tierra por parte de los finqueros y de esta manera someter de nuevo a los campesinos a su régimen de semiesclavitud.

Iñaki Carro fue a cooperar con las CPR en diciembre de 1996, momento en el que se firman los acuerdos de paz y las Comunidades de Población en Resistencia deciden salir de la clandestinidad y darse a conocer a la sociedad guatemalteca.

Iñaki: Estas comunidades vivieron aisladas, incluso en la propia Guatemala no sabían que existían. Se comenzó en 1980-1981. Durante una década fueron organizándose. Tenían su propios servicios de vigilancia, salud, educación o abastecimiento de alimentos. Hubo un momento en el que hacen un proceso de reflexión y deciden “salir al claro”, salir a la luz pública y decir: estamos aquí, somos población civil, vivimos en la montaña, exigimos que se respeten nuestras vidas. Parte de ese proceso fue el enviar una delegación  a Europa para informar de la existencia de las CPR.

Roge: Iñaki, ¿cómo conociste la existencia de las CPR?

Iñaki: Asistí en 1992 a una charla organizada por los Comités Internacionalistas de Sestao en la cual estuvo invitada Nazaria Tum. He de decir que no recuerdo ninguna otra charla – y he estado en muchas – tan impactantes. Media charla fue llorando, con la carne de gallina, escuchando lo que contaba Nazaria, una indígena que acababa de salir de las montañas de Guatemala, sobre sus condiciones de vida. Hizo un llamamiento a la solidaridad que en aquel momento iba unido al acompañamiento internacional a las comunidades para que se respetara sus vidas.

Aquel 1992 participé como brigadista en El Salvador pero en 1996 fui a Guatemala.

Roge: Hace unos días llamé a Nazaria Tum a Guatemala y por teléfono recogí unas palabras sobre cómo vivían en la montaña. Esto es lo que nos decía para Radio Euskadi:

Nazaria: “Nos fuimos a la montaña y allí comenzamos a organizarnos. Enfrentamos situaciones muy difíciles durante 10 años. Se nos terminó la ropa, muchos de  nosotros nos tuvimos que tapar con trozos de trapo. No había nada, ni trastos de cocina. Además sufríamos la persecución del ejército con los bombardeos y ametrallamientos”.

Roge: Iñaki ¿cómo fue el encuentro con las CPR en 1996?

Iñaki: Éramos observadores internacionales. Cuando fui era acompañamiento puro y duro, son el objetivo único de estar con ellos y ellas en la montaña para ser una especie de escudos humanos y de esta manera disuadir al ejército de continuar bombardeando como lo habían hecho durante 12 años.

 Una vez que se dio el acuerdo de paz, bajamos con una delegación bastante numerosa de las CPR. Un viaje de dos días. Primero a pie para salir de la montaña y luego agarramos camionetas y autobuses dirección a la capital para participar en la firma de la paz.

Luego volvieron a las montañas. Mientras, negociaban qué iba a ser de su futuro y sobre los nuevos reasentamientos.

Roge: ¿Cómo fue el hecho de regresar a la civilización  después de una década en la clandestinidad en condiciones tan duras?.

Iñaki: Por fin podían salir a la luz. Fueron momentos cargados de mucha emoción. Había miedo y una cierta tensión. Se suponía que comenzaba una nueva etapa para el país. Después se ha comprobado que el cambio no ha sido tan profundo como muchos esperaban.

La frustración en la actualidad es grande pues la situación económica es igual o peor. Solamente ha cambiado que uno de los actores armados, la guerrilla, entregó las armas y poco más, no ha habido cambios sustanciales en las condiciones de vida.

Los asentamientos en los que los reubicaron fueron  un fraude pues su reivindicación era volver a las tierras que el ejército les había robado y eso no lo consiguieron.

Roge:  Kepa, llegaste a Guatemala en 1998, por aquel entonces ya se había dado la firma de paz.

Kepa: Conocí las CPRs por medio de Iñaki. Estuve con las CPRs en agosto de 1998. Me uní a una brigada de vascos y canarios. Por aquel entonces ya se habían firmado los acuerdos de paz. Uno de los puntos que se recogían es que se les debían de dar tierras porque las de las montañas no les pertenecían. El gobierno les compró tierras en diferentes sitios. La primera comunidad a la que se trasladan es “Tesoro”, cerca de la sierra, y la segunda “Mariland” que está en la costa. Es en esta segunda a donde llegué. 

Era sorprendente porque llevaban un mes y no tenían tan siquiera un sitio en donde dormir.

Les apoyamos en construir las champas  (casas) de emergencia. Consistían en 6 puntales de madera clavados en el suelo, unas tejavanas de zinc en el techo y plásticos para hacer de paredes.

Roge: ¿Por qué te quedaste dos años?.

Iñaki: Me impactó mucho. Poco a poco me fui a acostumbrando a la forma de vida y es todo muy intenso y bonito.

Roge. ¿Cómo era la vida en el interior de la sierra?. ¿Tenían que guardar silencio y ser invisibles?.

Kepa: He escuchado de muchas personas que cuando se llevaban a cabo los operativos del ejército, para evitar que los niños llorasen, accidentalmente asfixiaban a sus hijos. Niños que tenían traumas por haber nacido en medio de un bombardeo. En general las poblaciones tenían traumas enormes.

Roge: Nazaria Tum nos comenta las difíciles condiciones que vivieron escondidos en la sierra.

Nazaria: “Recuerdo mucho las complicadas situaciones para nosotras las mujeres, fueron momentos muy difíciles porque muchas de nosotras perdimos a nuestros hijos. Por la persecución, por la misma presencia del ejército muy cerca, muchas de nosotras metíamos el “pechen” (¿) en las bocas de nuestros hijos para que no lloraran y no se reprodujeran las masacres. Pasaba el tiempo, horas y horas, y cuando nos dábamos cuenta los niños se morían ahogados. Este ha sido para mi el dolor más grande, muchas de nosotras perdimos los hijos en esta situación.

Otras veces los niños no saben por qué los padres se esconden en las montañas. Empiezan a pedir comida y no hay nada. Este les produce el llanto, les debíamos tapar la boca para que no se supiera de nuestra ubicación y no fuéramos exterminados. Estos fueron los momentos más difíciles para mi”.

Roge: Las situaciones fueron tan extremas que a los gallos le ponían un alambre en la garganta para que no cantaran. El silencio se transformó en una estrategia de subsistencia. Al mismo tiempo lo fueron los desplazamientos, la reconstrucción constante y la organización. ¿Cómo se establecieron socialmente?.

Kepa:  Sobre todo la sociedad la organizaron las mujeres. Se crearon comités de vigilancia, educación, sanidad, alimentación. Era una especie de estado dentro de la montaña. Se intentaban cubrir todas las necesidades. La carestía era total. Enseñaban las pocas letras que sabían con los tizones en una tablita de madera que les proporcionaba el bosque.

Roge: Nazaria Tum aprendió a leer en esas condiciones. ¿Para ellos era fundamental la alfabetización?.

Kepa: Tenían una gran capacidad e ideas muy claras para llevarlas adelante.

Roge: ¿Qué se puede cultivar en la montaña?.

Kepa:  Plantaban maíz pero la comida por excelencia que les salvó la vida fue la malanga, un tubérculo que el ejército no podía exterminar como lo hacía con otros cultivos.

Roge: ¿Cómo se comunicaban entre ellos?

Iñaki: Para hacernos una idea,  hablamos de una población que llegaron a ser de 25.000 persona en la sierra, divididas en tres áreas que estaban separadas.

Parece que solo hubo un médico pero no vivió mucho  tiempo y dejó enseñado a los promotores de salud. Los promotores de educación era gente con más voluntad y corazón e ideas claras que conocimientos previos.

Cuando llegamos a la montaña respetamos escrupulosamente su sistema educativo que era el de ellos y ellas y los acompañantes simplemente nos ofrecimos para apoyar a los maestros populares en lo que hiciera falta. Estos apenas sabían leer y poco más. A algunos de ellos les enseñamos matemáticas, por ejemplo, a dividir. Muchos de ellos eran jóvenes que huyeron a la montaña con 8 ó 10 años y no les había dado tiempo de continuar sus estudios.

Debemos señalar que a los que no pudieron huir los encerraron en lo que se denominó “las aldeas modelo”. Permanecieron bajo  control absoluto del ejército. Vivían en una especie de campos de concentración. Aun así no perdieron el contacto con el resto de sus familiares que estaban en la montaña.

El sistema de comunicación fue la radio, que salvó muchas vidas. Entre las tres áreas de la montaña cada uno tenía un emisor de radio, era el medio de comunicación por excelencia. Crearon su propio equipo de comunicación popular y tuvieron su propio cancionero.

Entrevisté a Iñaki Carro y a Kepa Rubio en el programa de Radio Euskadi “Levando Anclas” el miércoles 1 de enero de 2014.

Puedes escuchar el audio del programa:

http://www.eitb.tv/es/radio/radio-euskadi/levando-anclas/1411324/1881006/tierra-de-fuego-y-svalbard/

 

 

 

 

 

 

 

 

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