Dani Arana en piragua por el Cañón del Colorado.

Dani Arana ha realizado expediciones en piraguas por ríos de Perú, Ecuador, Grecia, Marruecos, Portugal y, habitualmente, en el Pirineo.  Ha tenido el privilegio de remar por el Cañón del Colorado, una de las grandes mecas del descenso en aguas bravas. Él y sus amigos han tardado ocho años e conseguir el permiso ya que las plazas esta limitadísimas. Solo se permiten dos expediciones al día. Estuvieron un grupo de 16 kayakistas para realizar una expedición de 14 días. Un río con gran volumen de caudal, rápidos y gran aislamiento con la desventaja de que no existe la posibilidad de asistencia exterior con excepción del helicóptero.

Antes de la entrevista, Dani Arana redactó para el programa “La Casa de la Palabra”  este informe que publicamos íntegramente.

Gran Cañón del Río Colorado.

La expedición fueron 14 días en los que recorrimos 225 milas, unos 362 km, entre Lees Ferry, a unos 1000 metros de altitud, cerca de la ciudad de Page, en el Lago Powell, y Diamond Creek, a unos 400 metros de altitud, cerca del Lago Mead, el pantano de la Presa Hoover.

La expedición la componíamos 16 amigos, el número máximo de integrantes en una expedición, 11 de las cuales navegábamos en piraguas o kayaks y los otros 5 llevaban las barcas hinchables o rafts de 18 pies, unos 6 metros, donde transportábamos aproximadamente unos 3200 kg de material, unos 800 kg cada barca.

La aventura empezó hace unos 8 años cuando nos apuntamos al sorteo al que hay que apuntarse para que te toque uno de los permisos para entrar en el cañón. El sorteo consiste en que tu eliges una fecha en la que quieres entrar al cañón y entras en un sorteo ponderado con todas las expediciones que eligen el mismo día. La ponderación la hacen dándote puntos según diferentes factores: si has estado o no en el cañón, la experiencia en expediciones, el número de participantes, etc. El sorteo se hace el año anterior, así que nosotros sabíamos que íbamos desde principios de 2015 y tuvimos casi un año para preparar la expedición.

Elegimos esta época porque se supone que es una época en la que no hace mucho frío ni los primeros días ni a las noches, y tampoco mucho calor durante el día. En invierno el frío es muy intenso en todo el cañón y en verano el calor es abrasador. Hay que tener en cuenta que todo el cañón está enclavado en un desierto a bastante altitud. Nosotros no pasamos frío y el calor era muy soportable. De las inclemencias meteorológicas tuvimos suerte ya que excepto un par de días de mucho viento que te azota con la arena de las playas, no llovió ningún día y la temperatura fue bastante benigna tanto a las noches como durante el día.

Entre todo lo que hay que preparar está la logística y los permisos. Una vez que nos tocó empezamos a recomponer el grupo ya que después de 8 años alguno no pudo venir e invitamos a otros amigos a unirse. En ese momento decidimos invitar a Txus Ruiz de Erentxun para que coordinase al grupo por su gran experiencia en expediciones a nivel mundial y en particular en el cañón, ya que esta era su 4ª expedición al cañón. Para la logística contratamos a una empresa de Flagstaff, Canyon Reo, que tiene mucha experiencia y con la que ya había trabajado Txus. La empresa se encarga de todo lo que es el material: piraguas, rafts, comida, barbacoa, utillaje para las comidas, cocina y sus utensilios, filtros de agua, material de reparación e incluso los baños portátiles, unas cajas donde hacíamos nuestras necesidades mayores a las que le poníamos incluso el aro de las tazas de water. Luego le echábamos polvos químicos para la neutralización del olor y los volvíamos a cargar en los rafts, porque todo lo que entra sale del cañón, incluidas las heces y la ceniza de las barbacoas.

También se encargaba de la logística. Nos llevaba a nosotros y a todo el material desde Flagstaff hasta Lees Ferry, unas 4 horas de viaje y en Diamond Creek recogía todo el material y nos llevaba hasta Peach Springs, pueblo Hualapai más cercano a la salida del río, donde otros transportes nos llevaron hasta Las Vegas.

Hay que pedir los permisos a las reservas indias que vas atravesando si quieres hacer alguna excursión más allá de los límites del río. Pasamos varias: Supai, Havasupai, Navajo y para salir del río pagamos el permiso a la reserva Hualapai donde está Diamond Creek. Apenas tuvimos contacto con los nativos americanos. Gestionan todo aquello pero apenas tienes contacto con ellos.

Dentro de los permisos están los del propio parque nacional, que un ranger se encarga de revisar el mismo día del arranque de la expedición en Lees Ferry. Revisa documentación (le hicimos una broma a un compañero con este tema), los permisos, revisa todo el material para cerciorarse de que llevas lo obligatorio como el teléfono satélite, los baños, los filtros de agua, material de seguridad para remar (chalecos sobre todo, que no te dejan llevar los homologados en Europa), etc.

La organización de un grupo tan grande la hacíamos con 4 grupos de 4. Cada uno se encargaba de preparar la comida de cada campamento: cena, desayuno y almuerzo. Y después cada uno tenía responsabilidades personales: los rafters con sus ayudantes se encargaban de montar y desmontar todo el material de los rafts, yo del filtro del agua, otros de montar la cocina, otro el café, etc.

La parte de la comida merece punto especial. En los rafts llevábamos 6 frigoríficos repletos de comida perecedera y cada día había una caja en la que estaba el menú del día junto con los ingredientes no perecederos. Con el menú ibas de “compra” al super, o sea, a los frigoríficos de los rafts, e ibas sacando los ingredientes que te indicaba el menú para luego guisarlos para todos. Todos los ingredientes estaban perfectamente distribuidos de tal forma que abrías los frigoríficos lo menos posible y el hielo que conservaba los alimentos duraba mucho más. El último día tiramos hielo de los frigoríficos.

Las comidas para nada eran del tipo expedición, es decir, escasas y monótonas. El menú era variadísimo llegando a comer un par de días chuletas e incluso salmón, ensaladas, pasta, arroz, pollo… Llevábamos una caja solo para las especias y otra llena de salsas de todo tipo. Eso si, el aceite hubo que encargarlo expresamente. Por poner un par de ejemplos, a nuestro grupo nos tocó el primer día hacer pollo teriyaki que no sabíamos ni qué era. Seguimos las instrucciones y no sabemos si fue teriyaki o no, pero salió bastante bueno. Incluso llegamos a preparar pasteles en una olla llamada horno alemán que tenía paredes muy gruesas. La verdad es que no salieron muy bien, pero en las instrucciones te ponía hasta los trozos de carbón que había que ponerle por encima y por debajo de la olla.

En cuanto al río es un río de clase IV en una escala que va del I al VI, aunque esta no es la escala que se usa en el cañón, donde se usa una que va de 1 al 10. Es un río de mucho volumen, unos 300 m3/s aunque varía ya que dependen de lo que suelta la presa Powell, varía entre 280 y 320 más o menos. En comparación con los del pirineo decir que aquí si remamos un río con 30 m3/s ya es un río grande. Este es probablemente el mayor handicap para los que vamos desde aquí, acostumbrarte a remar en volumen, ya que la navegación es completamente diferente, teniendo que anticiparte mucho, leyendo las líneas desde lejos y sobre la piraguas, etc. Obviamente el desnivel es mucho menos que el de aquí y los rápidos se disponen separados y con remansos entre ellos.

El rápido más fuerte es el Lava Falls, en el tramo final del río, de clase 9 en la escala americana y luego hay 6 de clase 8, como el Hance, el Horn, el Granite, el Hermit, el Crystal, el Upset, alguno más de clase 7 e innumerables pasos de menos nivel. A partir de clase 6 el culo se te pone prieto, sobre todo por el volumen. Con esta dificultad la mayor parte del río la haces a vista, o sea, sin pararte en la orilla a ver los pasos. Para mi esta es la mejor parte de la navegación, pero para los pasos más fuertes, algún 7 y los 8 y el Lava, parábamos a verlos para elegir las líneas y organizar el grupo.

Los primeros días son de contacto con el río, no apareciendo grandes dificultades, algo que se agradece para irse acostumbrando a la navegación en volumen. En estos primeros días, hay bastantes zonas de agua plana pero que con la corriente se va avanzando bien excepto que te sople viento de cara, donde las barcas tan pesadas son muy difíciles de mover. Esto nos ocurrió el 3er día, que comienza con buenos rápidos, pero luego se aplanó e hizo que en casi 8 horas avanzásemos 20 milas. El paisaje era espectacular, con un cañón el Marble Canyon, muy estrecho, pero que apenas pudimos disfrutar por el viento. Para comparar los últimos días sin rápidos significativos pero con corriente, hacíamos las 20 millas en menos de 4 horas.

A partir del día 4 y tras haberse abierto el cañón y vuelto a cerrar, comienza el tramo más duro en cuanto a aguas bravas, ya que en apenas 20 milas se concentran 5 de los rápidos más fuertes, de grado 8, aunque no los afrontamos el mismo día. La idea era hacer 1 al final del día 5, otro el día 6 y 3 a primera hora del día 7, contando además con que el día 6 llegábamos a Phanton Range, donde pararíamos un rato para escribir las postales. Pero un problema con otras expediciones acampadas en las playas del Granite y del Hermit, hizo que tuviésemos que hacer estos dos rápidos a última hora del día con el riesgo que eso conlleva por el cansancio de todos y por el hecho de volcar una barca a esas horas. Esa noche, dado que íbamos muy mal de hora, tocó dormir en la peor playa de todas ya que era de roca y pequeña.

Después las dificultades disminuyen en cuanto a la graduación de los rápidos, porque se van espaciando más y también porque ya te has acostumbrado a remar con agua. Aun y todo sigue habiendo muchos pasos muy bonitos y alguno de alta dificultad como el Bedrock y el Upset. Hasta que llegas al día 10 y te enfrentas al Lava Falls, el rápido más famoso y temido del cañón. Cuando te bajas a verlo desde la altura de las rocas basálticas que forman el rápido, de ahí el nombre del rápido, a unos 50 metros del nivel del río, te das cuenta de por qué su fama. Sin duda es el paso más difícil ya que al volumen se le une un desnivel muy considerable para ser un río de volumen.

Después de la fiesta de esa acampada, típica de todos los que hacen el cañón, el río se tranquiliza mucho, con rápidos de menor dificultad y que te permiten disfrutar del increíble paisaje que te ha ido rodeando durante todo el viaje.

Probablemente la mayor dificultad del río es el aislamiento. En todo el recorrido no existe ningún pueblo en el cañón ni posibilidad de llegar a uno en muchísimos kilómetros a la redonda, por lo que si pasa algo, la única opción de salir es llamando al helicóptero con el teléfono satélite y esperando a que llegue a rescatarte ya que la opción de salir andando desde el cañón sería imposible en muchos tramos y en otros a pesar de poder salir te enfrentarías a días de caminata por un desierto en el que no hay nada.

El único punto “civilizado” al que se accede solamente andando o en burro es Phanton Range. Un puesto de los ranger donde se ha instalado una cabaña con bar y un camping para los excursionistas que llegan al cañón andando. Es típico mandar una postal ya que se envío por burro o mula “mailing by mule”.

Otro problemas puede ocurrir durante la expedición es el de volcar una barca por la dificultad que entraña volver a darle la vuelta por el peso. Por eso intentamos afrontar los rápidos más fuertes a buena hora para que en caso de vuelco tuviésemos muchas horas para hacer el desvuelque. Por suerte, gracias al gran trabajo de los barqueros que llevábamos, no pasó.

Las acampadas fueron la mayoría en playas de arena rodeadas de espectaculares paisajes: acantilados verticales, zonas de vegetación densa, etc. y dormíamos con tiendas o vivaqueando, según el gusto de cada uno. Un grupo, a partir de la noche que dormimos en la playa de piedras y al raso perdimos el miedo a los animales (arañas y serpientes principalmente), varios montamos el grupo “homeless” y vivaqueamos el resto de días gracias a que las noches fueron espectaculares y no llovió ningún día.

Toda la información de los rápidos, playas y curiosidades, geológicas, etnográficas, cañones adyacentes, excursiones, etc. vienen indicadas una guía del cañón que llevábamos con nosotros.

El grupo lo formamos 16 amigos, 14 de ellos navarros, un bizkaitarra y un riojano. Dentro de los expedicionarios teníamos a 2 parejas de padres e hijos. Los padres, Jesús Sola e Iñaki de Miguel, son dos de los pioneros de las aguas bravas en Navarra y de donde “procedemos” todas las siguientes generaciones de piragüistas, obviamente, incluidos sus hijos, que ahora mismo se codean con la élite mundial en este mundillo.

Qué decir del paisaje! Simplemente espectacular. 225 millas encañonados, como titula la charla sobre el descenso del cañón que realizó el viaje el año anterior, es un fiel reflejo de lo que es. Siempre te rodean paredes que algunos casos superan los 1000 metros y que te hacen sentir muy pequeño.

Además, la variedad de las construcciones geológicas y las rocas que lo forman es muy significativa. No solo hay la arenisca típica que le da el color rojo al río Colorado sino que te encuentras zonas de granitos desde los rosas a los verdes, zonas de caliza donde pueden encontrarse fósiles si uno es un poco hábil con la observación y rocas volcánicas como el basalto que forman el famoso Lava Falls.

Para los piragüistas, el Gran Cañón del Río Colorado es como la Meca por todo lo que conlleva de aventura y toda la historia de los expedicionarios que hace más de un siglo se aventuraron en las aguas bravas de este río y en las que muchos perecieron, a pesar de no ser un río de excesiva dificultad, pero que cualquier piragüista que se precie tiene que hacer una vez en la vida. Además a esto hay que añadirle que en el estado no somos más de 100 personas las que hemos tenido la suerte de bajar el cañón.

Dani Arana ha intervenido en el programa de Radio Euskadi “La casa de la palabra” el martes  31 de mayo de 2016.

Puedes escuchar el audio del  programa: http://www.eitb.tv/es/radio/radio-euskadi/la-casa-de-la-palabra/3446030/4121826/fotografia-de-calle-en-amsterdam-canon-del-colrado-en-piragua/

Un pensamiento en “Dani Arana en piragua por el Cañón del Colorado.

  1. Dani Arana

    Esker aunitz Roge!
    Ha sido un placer participar en este programa que llevo años escuchando. Siento que el escrito esté un poco deslabazado y con algún error gramatical y de redacción, pero estaba pensado para ser un guíon, no una crónica, aunque está claro que mi capacidad de síntesis no se conjuntaron bien con todos los recuerdos que me asaltan cuando me pongo a hablar de nuestro viaje.

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