Archivo por días: 27 septiembre, 2009

Declaraciones expedición Naturgas Hornbein 09

En su intento de escalar al techo del mundo, el Everest por su v√≠a m√°s directa y exigente, el corredor Hornbein, Alberto I√Īurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza se vieron sorprendidos por avalanchas de nieve el pasado viernes cuando ya hab√≠an llegado a los 7.200 metros, justo en la mitad de ese embudo que es el corredor de los japoneses. C√≥mo consiguieron salir de all√≠, c√≥mo se sintieron y qu√© est√°n sopesando en estos momentos es lo que nos cuentan en una entrevista realizada.

Mikel Zabalza nos relata cómo vivieron las horas que transcurrieron desde el atardecer del viernes hasta el sábado por la tarde, cuando consiguieron salir de la trampa en la que se había convertido el corredor de los japoneses.
“El parte meteorol√≥gico con el que ascendimos el viernes hasta los 7.200 era bueno. Hab√≠amos tallado una repisa en la nieve y el mayor peligro era que nevara pero no cont√°bamos con ese riesgo. Confi√°bamos en el parte. Hubo unas nubes por la tarde pero cuando ya est√°bamos en los sacos, despu√©s de cenar, todo cambi√≥. Soportamos algunas precipitaciones de nieve y Juan comenz√≥ a decir que aquello no le gustaba nada. De pronto nos cay√≥ la primera avalancha q nos aplast√≥ la tienda literalmente. Salimos, nevaba con intensidad y otra avalancha nos pod√≠a arrastrar al abismo. Nos pusimos a todo correr las botas y los crampones y de pronto nos cay√≥ otra avalancha. Durante un momento no vi a Juan y fue un momento terrible. Acto seguido sac√≥ la cabeza de la nieve y dec√≠a: ¬°v√°monos de aqu√≠ ya!. Recogimos r√°pidamente el material que pudimos, algunos metros de cuerda, fijamos una estaca de nieve y rapelamos unos 50 metros para protegernos bajo una roca, donde al menos estar√≠amos a salvo de las avalanchas. Picamos una plataforma de unos 40 cent√≠metros y all√≠ pasamos toda la noche de pie dando patadas a la pared para que no se nos congelaran los pies. Cuando amaneci√≥ subimos hasta la tienda de nuevo para recuperar algo de material e iniciamos el descenso: 2 rapelando y otro trepando para ir recogiendo la cuerda. Es muy delicado bajar el corredor en esas condiciones. 8 horas de descenso hasta tocar suelo y ya, por fin, suspirar a gusto”.

El vitoriano Juan Vallejo valora la rapidez y seguridad con la que supieron responder a la situación límite en la que estuvieron: eso les salvó la vida.

“Un corredor, para hacernos una idea, es como medio tubo. Luego, depende de la inclinaci√≥n que tenga, la dificultad var√≠a. En este caso es un corredor bastante vertical y ya en su metro 0 nos encontramos con una rimaya, en la que el d√≠a anterior fijamos un largo de escalada porque si no, nos iba a costar much√≠simo pasarla. La mayor dificultad de todo este corredor es que es una pendiente muy muy sostenida, siempre en torno a los 45-55¬ļ y el hecho de no tener ninguna repisa, ning√ļn lugar donde relajarte es lo que te hace estar siempre consciente de que no puedes cometer ni el m√°s m√≠nimo error. Despu√©s de lo que nos hab√≠a sucedido a la noche, no hab√≠a m√°s opci√≥n que ir hacia abajo: hab√≠amos perdido la tienda, hab√≠amos perdido parte del material y adem√°s el corredor se hab√≠a llenado de nieve, que es lo peligroso en estos casos porque es propenso a las avalanchas. Como no hab√≠a otra opci√≥n, es lo que hicimos, bajar muy muy despacio, con todo el cuidado del mundo, asegurando muy bien y lo que el d√≠a anterior hab√≠amos hecho sin sacar la cuerda, en esta ocasi√≥n lo rapelamos entero porque no nos fi√°bamos de que no nos cayera un avalancha. Primaba la seguridad y preferimos hacerlo despacio pero bien y en unas 7 horas volv√≠amos a estar de nuevo al pie de la pared”.

“He vivido situaciones parecidas, no siempre en monta√Īas de 8.000 metros, pero ahora s√≠ tengo la sensaci√≥n de que hemos estado bastante al l√≠mite y que el saber hacer que nos han dado todos estos a√Īos nos ha sacado de esta situaci√≥n: supimos reaccionar con rapidez. Ha sido duro y a veces me pregunto qu√© hago yo aqu√≠ contando todo esto y luego, dentro de unas horas soy capaz de volver a salir a por lo mismo‚Ķ”.

Alberto I√Īurrategi
lo describe con exactitud, resumiendo, como a él le gusta contar las cosas. De la preocupación pasamos al miedo, dice.

“Cuando comenz√≥ a nevar el viernes por la tarde todos nos preocupamos, pero a la noche cuando cay√≥ la primera avalancha y nos rompi√≥ la tienda, pasamos de la preocupaci√≥n al miedo porque sab√≠amos que en esas condiciones y en la oscuridad de la noche, poco pod√≠amos hacer”.

Tras el miedo y la rapidez de reflejos y fortaleza que han demostrado esta cordada de tres magn√≠ficos alpinistas, I√Īurrategi se fija en el lado positivo de la cara norte del Everest: “Esta v√≠a tiene la suficiente inclinaci√≥n para purgar r√°pidamente la nieve por lo que cualquier precipitaci√≥n se barre en pocos d√≠as. Pensamos que la monta√Īa, que hoy por la ma√Īana est√° muy mal, en un par de d√≠as puede estar ya en buenas condiciones. Por eso, somos muy optimistas de cara a que en unos d√≠as el Everest pueda darnos otra oportunidad. F√≠sicamente han sido dos d√≠as muy duros, intensos porque no hemos podido descansar y tenemos mucha tensi√≥n acumulada pero pensamos que podemos recuperarnos de esta fatiga en dos o tres d√≠as. Otra cosa es c√≥mo se recupera uno psicol√≥gicamente de una escapada de √©stas y eso no lo sabremos hasta que volvamos a entrar. Los tres tenemos suficiente experiencia, ya nos conocemos y hemos vivido situaciones duras. Pienso que el tiempo lo va a arreglar y si se dan las condiciones, psicol√≥gicamente estaremos listos para hacer un nuevo intento”.