Archivo por días: 23 marzo, 2010

La soledad de San Mamés ante el penalti (a favor)

El Athlétic tenía el partido donde quería.

La grada de San Mamés empujaba como siempre, el balón volaba más que rodaba, como gusta a los rojiblancos, la presión rojiblanca enmarañaba los movimientos del Getafe. Todo pintaba bien hasta que sucedió lo temido. El peor de los sueños se materializó. Quien les habla se lo cuenta de primera mano porque estuvo allí. Y, de verdad, para cortar la tensión que flotaba en el aire hubiera sido poco un cuchillo. Hubiera hecho falta una motosierra.

Habrá personas inocentes que crean que me refiero a la expulsión de Orbaiz en el minuto 38. Se equivocan. La patada de Orbaiz en los blandos de Cortés, un hombre que nunca más pedirá huevos a la plancha en un restaurante, fue lo de menos. Los de Caparrós están tan acostumbrados a jugar con 10, ya sea por expulsión o por incapacidad transitoria de alguno de los que se encuentra sobre el campo, que hasta van más desahogados con uno menos. Parece que así encuentran más espacios y se aturullan con menor frecuencia.

Caparrós señala a un voluntario entre el público que estaba dispuesto a lanzar el penalti

Caparrós señala a un voluntario entre el público que estaba dispuesto a lanzar el penalti

Qué va. Hablo del penalti. Cuando el defensa del Getafe llamado Torres sujetó a Susaeta dentro del área de los madrileños y el eibarrés se dejó caer, se detuvo el tiempo sobre San Mamés. Las nubes se congelaron sobre el arco, y los puros que se quemaban en los palcos se apagaron. Javi Martínez, quizá fue él, se agarró la cabeza y se dirigió corriendo hacia Susaeta gritando un “pero qué has hecho” desgarrado. Los rojiblancos se arremolinaron en torno a Pérez Burrull suplicando que no pitara la pena máxima. “Se ha tropezado” susurraba Gurpegui. “Torres iba claramente al balón” repetía Iraizoz una y otra vez. Fernando Llorente vagaba dentro del área con los ojos en blanco.

Ahí fue cunado los del Getafe jugaron sus bazas. Recriminaron a Torres por la falta alevosa que había cometido e incluso solicitaron una y otra vez a Pérez Burrull que le sacara la roja. “Estaba dentro del área y era una ocasión clara de gol” insistió Casquero fuera de si.

Y el trencilla cántabro señaló el punto fatídico para el Athlétic. El arco de empezó a crujir. Del busto de Pichichi manaron unas lágrimas sanguinolentas. Una de las guardas de seguridad se convirtió en estatua de sal. Fernando Llorente, con el gaznate mas seco que el mueble bar de Paul Gascoigne, puso el balón sobre el punto. Se alejó como quien camina hacia un patíbulo. Cerró los ojos y golpeó al balón. La bola entró, que diría MacEnroe.

San Mamés se quitó de encima la tensión del maleficio del penalti. Las nubes siguieron corriendo, los puros volvieron a arder y la guarda de seguridad recuperó su carnalidad. La estatua de Pichichi sonreía.

Pero la alegría fue tan grande, el relax de tal calibre…que el Athlétic perdió contra 10 los dos puntos que había conseguido con un jugador menos. Y lo hizo en 10 minutos de juego.

El Getafe supó desde que vio oscilar a Susaeta en su área que el penalti le costaría la victoria al Athlétic. Que alguien hable ya con Aramís Fuster, por favor. Hable con ella.