Real Madrid-Barcelona, el polvo del siglo

Nos ha ocurrido a todas. Y seguro que a ellos también. Hablo del polvo del siglo. De repente, se te abre la expectativa de una noche única. Conoces a alguien diferente. Alguien especial. Se desencadena la tensión sexual no resuelta.

Empieza el juego de sms. Le sigue el intercambio de privados por el Facebook. Alguna llamada telefónica en la que resulta difícil mantener la compostura ante el babeo mutuo.

Y quedas para una fecha. Un sábado por la noche. Se lo comentas a tus amigas, o a tus amigos. Les enseñas una foto de esas del móvil. “Vaya tipazo, y, además, parece agradable” te dice todo el mundo.

La expectativa crece. Va a ser el polvo del siglo, el del milenio, el de tu vida. Haces planes. Estrategia. El lugar para la cita. Un restaurante. La ropa. Unos zapatos. Lencería. Joder¡…el perfume. Hidratante corporal. Pedicura. Todo se va acelerando. Empieza un vértigo que se transforma en ansia viva. Más sms que suben el tono. Más privados por el Facebook.

Para los hombres creo que será lo mismo. O muy parecido. Le vas diciendo a todo el mundo que se acerca el gran día.

Pellegrini, comapareciendo ante la prensa tras el partido

Pellegrini, compareciendo ante la prensa tras el partido

Luego, resulta que llega. Y no era para tanto. La propia tensión, los nervios, la excitación, han impedido que la cosa fuera lo que prometía: el polvo del siglo. La experiencia ayuda a resolver estas situaciones. Lo normal es darse un beso al amanecer y susurrar un “ya nos veremos”.

Pues el Real Madrid-Barsa del sábado fue algo muy parecido. Iba a ser el partido del milenio, la madre de todos encuentros futbolísticos, el recopón de la rebaraja. Y al final fue un partido más. Disputado con energía, tesón, rigor táctico y contadas gotas de genialidad. ¿Fue trascendente? Quizá. En caso de que el Barcelona mantenga la diferencia de puntos, si. Al menor tropiezo regresará la tensión liguera no resuelta.

Raúl, otro de los afectados por el usar y tirar

Raúl, otro de los afectados por el usar y tirar

Pero vamos, lo que me toca las narices, e imagino que a ustedes también, es el bombardeo policéntrico con el temita del partido del siglo, el clásico, la cima…Ocurre como con el polvo del siglo, se convierte en un asunto obsesivo, omnipresente. Claro que el polvo del siglo afecta, usualmente aunque hay excepciones, a dos personas y a sus allegados más próximos. Esto nos sumerge a todo el personal en un universo monotemático. Y somos todo el personal quienes apagamos la tele con un beso y un “ya nos veremos”.

Por cierto, después del partido o del polvo del siglo, a Manuel Pelegrini se le quedó cara de condón.

Usado.

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