Archivo del Autor: Iñaki Garaialde

400

400 partidos al frente de un equipo son un montón de partidos. Son los que el pasado fin de semana ha cumplido Dusko Ivanovic dirigiendo en la pista al Baskonia de Gasteiz. Los ha ido cumpliendo en las seis temporadas que lleva como entrenador, cinco en su primera etapa y camino de cumplir su primer año en la segunda.

No es frecuente ver en el deporte profesional que un entrenador cumpla tantos partidos en tantas temporadas, siendo lo más habitual que la confianza que un club deposita en un entrenador, se diluya al año o si me apuran a los dos como mucho. Este no es el caso, y también es evidente que la confianza que deposita Josean Kerejeta en Dusko es absoluta y total. Confía en él y en su manera de llevar al grupo llamado Baskonia.

Dusko Ivanovic intentó aplicar su método en el F.C. Barcelona y no fue lo mismo, fracasando en lo deportivo en un club que sufre una enfermedad si queda segundo en una competición. Así, le abrieron la puerta de atrás y regresó a Gasteiz donde su estilo de entender el deporte profesional está totalmente avalado.

Como casi siempre, para gustos los colores. Hay a quien no le gusta para nada, jugadores incluidos; otros, con él a muerte, jugadores incluidos; y a los demás, les importa cero mientras llegan los resultados, mientras llegan los títulos que es el objetivo inicial y final, jugadores incluidos, que para eso pago o para hacer esto me pagan.
Con él, los jugadores reciclan su pensamiento: no hay descanso físico, el cansancio no existe, el día tiene 25 horas para pensar en baloncesto, prefieren jugar 70 partidos al año a entrenar, viven el momento sin pensar en mañana, en algunos casos sobreviven y tienen pesadillas, en otros, elevan su cotización por dos o más y se sienten preparados para jugar en la NBA: Nocioni, Scola, Macijauskas, Calderón, Oberto y próximamente Splitter.

Con él, el Baskonia ha ganado 7 de cada 10 partidos que ha jugado, en los que ha habido de todo, títulos incluidos. Con él, el Baskonia se siente seguro y es el mejor equipo en rendimiento deportivo de la ACB: 1 liga, 3 copas, 1 supercopa, y en juego la liga de esta temporada.

Al margen de la importancia que tienen los títulos, de tan apabullante porcentaje de victorias, del método y estilo de entrenador, víctimas, héroes y villanos aparte, a mí me da la gana felicitar a Dusko Ivanovic por cumplir tan redonda cifra de partidos: 400.  Zorionak!

El túnel de vestuarios se mueve

Hace unos días leía una columna de opinión de un grandísimo ex jugador blanco (del Real Madrid). Decía que su equipo de toda la vida ya no gobierna el baloncesto nacional e internacional como lo hacía hace 30 años, y que por eso el baloncesto había perdido importancia. Sentenciaba que tal vez habría que reinventar el baloncesto para recuperar el prestigio de antaño.


A mí eso me suena a no aceptar la diferencia entre el antes y el después que tan bien se explicaba en Barrio Sésamo. Me suena a sentirse imprescindible ninguneando el trabajo, esfuerzos y resultados del resto por no ser parte de los éxitos y acumular fracasos.

Me suena al ruido que hace el túnel de vestuarios cuando se mueve, por no aceptar que los demás proyectos puedan superar al suyo en eficacia. Me suena a Real Decreto, al artículo 33 y a ser reconocido únicamente por lo conseguido en los servicios prestados en representación del estado estatal, en aquella época del túnel oscuro de la vida de todos.

Me suena a la rabieta de patio de colegio que todos hemos vivido: como no son protagonistas totales de la historia y no tienen túnel de vestuarios, te mueven la canasta para molestarte, y como su enfado va a más porque no jugamos con sus reglas, haciendo pucheritos nos quieren quitar el balón para que no juguemos.
Este fin de semana empiezan los play off, los últimos partidos de la temporada que, como siempre, tienen una pinta apasionante. Paso del túnel de vestuarios, de reinventar nada con el túnel del tiempo y si me apuran, paso de Barrio Sésamo. Que sea el balón naranja el juez protagonista que le ponga a cada equipo su vela para que la aguante como pueda.

Hay algo más que rojo y blanco

No quisiera parecer irreverente, y sin que sirva de precedente quisiera comentar, probablemente ante la sorpresa de muchos, que en la vida hay otros colores que no son el rojo y blanco.

Si, efectivamente, hay otros colores con los que identificarnos en este mundo del deporte. Cada uno tiene los suyos, los siente propios y entran a formar parte de los sentimientos personales. Yo tengo los míos, que son rojo y blanco, azul y blanco, blanco y azul, azul y grana, negro y blanco o rojo, blanco y verde. Los siento míos y cuando entran en acción, me sudan las manos y siento las palpitaciones en las sienes sin poder evitarlo. Y los tuyos ¿cuáles son?

En estos días donde la importancia evidente la han tenido el rojo y el blanco, y donde el resto han quedado fagocitados al menos un mes, no he podido por menos que revolverme en mi arcoíris particular y sentir una especial predisposición para sentirme vinculado de una forma especial con los colores más olvidados, con los que más canutas lo están pasando.

Puede parecer inusual, pero les estoy hablando de fútbol, de los colores azul y blanco, y del azul y grana. Hoy más que nunca soy del Alavés y del Eibar, los dos equipos que más están sufriendo en estos momentos.

Comparto el sufrimiento en rojo y blanco por no haber logrado el título en Valencia, y nos tenemos que decir, felicitando a la afición y jugadores por vaciarse dentro y fuera del campo, que sólo pierde finales quien las juega, y que probablemente el perder nos haya dado argumentos para ganar la próxima. Entiendo perfectamente el sufrimiento blanquiazul por no terminar de engancharse a esa línea de resultados que le pongan en el lugar que nunca debieron abandonar, y nos tenemos que decir que lo vamos a intentar hasta el último segundo del último partido, como no puede ser de otra manera.

Me preocupan los colores albiazul y azulgrana por la situación del Glorioso y del Eibar. Cuando veo que las cosas de la clasificación no mejoran y cuesta ver la luz al final del túnel negro, me duele el alma. Y ante las pocas jornadas que quedan, el sufrimiento, como si estuviera tatuado en la piel, se mantiene constante en un montón de personas que también tenemos nuestros sentimientos pintados en estos colores.

Así que, aunque a alguien le importe, quiero reivindicar la importancia, obligación y necesidad de ver la vida desde el caleidoscopio deportivo de nuestra tierra, dándoles más ánimo si cabe a los que más lo necesitan. Mis sentimientos, ahora más que nunca, también están con vosotros; en azul y blanco, en azul y grana. Beti Alavés, aurrera Eibar!

TIC-TAC-TIC-TAC

Tic, tac, tic, tac, miro cómo las agujas del reloj del abuelo pasan demasiado lentas para mi gusto. Falta una eternidad para que el partido empiece y el reloj tampoco me tranquiliza. No he dormido muy bien que digamos, pero me ha venido bien el entrenamiento de la mañana para soltar tensión. No me duele nada y tengo buenas sensaciones. También tengo dudas, pero no tengo ni tiempo ni ganas para comerme el coco.

Tic, tac, tic, tac, No me aguanto ni a mí mismo. Me pongo de lo más insoportable con los que me rodean y ellos no tienen la culpa ¡joder! Por eso hoy, cuando he notado que la tensión me sobrepasaba, he decidido salir de casa antes que otros días para tranquilizarme con los compañeros. Hoy es un día importante para todos, lo sé, y hemos trabajado un huevo para que esto termine bien.

Tic, tac, tic, tac, no falta mucho y el corazón me late a toda leche. Lo noto perfectamente y me doy cuenta que, de vez en cuando, tengo que coger y soltar un montón de aire para sentirme mejor. Necesito hablar con alguien, pero como he sido el primero en llegar, la visión del vestuario vacío tampoco me ayuda. Voy a repasar lo que tengo que hacer, voy a vendarme, no puedo estar quieto. Tengo que hacer algo para canalizar mi adrenalina.

Tic, tac, tic, tac, el resto va llegando y me alegro de verles. Estoy más a gusto con ellos, un comentario aquí y otro allá sirve para relajarnos. ¡Ostras! Se me ha olvidado ….. ¡ah no, está aquí! ¡Menos mal! Cada uno a su rollo, nos vamos preparando siguiendo el mismo ritual de siempre, cada uno con sus manías, costumbres y supersticiones.

Tic, tac, tic, tac, está a punto de empezar. Ya casi no pienso, sólo tengo que hacer esto, eso, …. también aquello, que no se me olvide ¿eh? ¿Qué había que hacer cuando …..? ¡Joder cuántas dudas! ¡Fuera dudas, a lo hecho pecho y con un par!

Tic, tac, tic, tac, ¡Ya! Ha empezado y como no hay vuelta atrás, necesito entrar en faena lo antes posible, necesito aliarme con el tiempo. Todo va bien y el reloj sigue lento de cojones. Tic, tac, tic, tac, Ahora no pinta bien y el jodido reloj va a toda máquina. Vuelvo a notar los latidos, ahora en las sienes.

Tic, tac, tic, tac, tenemos que darle la vuelta a esto. Este balón es importante, este pase fundamental, me ayudo del compañero para apretar en esta defensa, ese es un bloqueo para que tires más cómodo, nos hace falta robar un balón para estar más tranquilos, y un rebote. Estoy a 190 pulsaciones, tengo la boca seca y pocas reservas. Sin embargo, tampoco ahora hay lugar para la duda, tengo que vaciarme para que, pase lo que pase, no me quede la sensación de poder haber hecho algo más. Ya no es posible priorizar esfuerzos.

Tic, tac, tic, tac, esto se acaba, un último esfuerzo sin perder la concentración, que no es un buen momento para cometer errores. Estoy cansado, machacado, todo me duele pero no me importa. No distingo el ruido ensordecedor que me llega de las gradas, ni reconozco las voces del entorno, tampoco recuerdo los últimos consejos ni los últimos detalles importantes del último tiempo muerto. Voy a mil. Por momentos estoy perdiendo la noción del tiempo y tengo la vista un poco nublada. Tampoco soy capaz de valorar mi esfuerzo hasta que el resultado me lo diga.

Tic, tac, tic. Se acabó, TAC!, el partido.

¡ES UNA GOZADA!

Es una auténtica gozada acudir a esos acontecimientos que el baloncesto prepara y donde unos cuantos equipos se juntan para partirse el pecho en la cancha. Me refiero a la Fase Final de la Copa, a las Finales a Cuatro europeas y si me apuran, a los distintos Play Off del balón naranja. Dejando de lado el aspecto deportivo, estar ahí es una auténtica gozada porque entre partido y partido tienes la oportunidad de encontrar antiguos compañeros de faena. Contrarios que también con pantalón paquetero al uso pertenecen a otras latitudes, hace tiempo que no sabes nada de ellos, llevan tatuado en el careto su experiencia en las canchas y han decidido acudir a la cita deportiva para recuperar sensaciones. No es raro encontrarte con los mismos una y otra vez independientemente de donde se celebre el magno acontecimiento. Otras, al contrario, van apareciendo según sea la localidad teniendo que tirar del disco duro cerebral para acordarte de sus características anteriores. Y es que el tiempo pasa para todos. Unos se han desinflado; otros tienen el pecho bajo; algunos – la mayoría- somos donantes de pelo y/o descapotables; aquellos – la minoría- lucen pintura metalizada en la cabeza y/o color serrano que indica el buen trato de la vida; y estos otros, a los que hay que mirar dos veces para luego montar el puzzle  y que si se pusieran a jugar en este momento, les pitarían zona en cada ataque de tanto que ocupan. A los que más, la vida les ha tratado bien y lucen permanente sonrisa.

 

El caso es que, como les decía, es una auténtica gozada compartir charla lejos de las canchas, sin la presión del entrenador y “ponte las pilas de una pu.. vez”; sin tener que ver el marcador y “afloja un poco que me estás matando”, y sin la presencia del árbitro escondido que “no sé cómo me ha pitado falta por darle un zaplasteko en la cabeza, si ni tan siquiera ha sangrado” que decíamos.

 

Se nota que vamos cumpliendo años por el aspecto y porque cuando nos ponemos a hablar, casi ni nos miramos a la cara de tanto que volvemos la vista hacia atrás para recordar los tiempos donde, también para nosotros, lo más importante de la vida era el baloncesto. La mayoría de las conversaciones siguen ese patrón lógico del recuerdo donde en muchas ocasiones, queremos vivir en presente pluscuamperfecto los sucesos del pasado. Tendemos a magnificar nuestro comportamiento pasado “nada de esto sería posible hoy, si no nos hubiéramos partido la cara en aquellas cancha de mala muerte”, a valorar los logros de manera importante “nosotros sí que teníamos mérito sin tantas ayudas como tienen ahora”, significativa “aquella forma de interpretar el juego no tiene nada que envidiar a ésta” y en algunos casos, sobrevaloramos nuestras pasadas competencias “cualquier equipo de la época daría mucha guerra en la actual liga” suelen decir algunos.

 

A medida que avanza la conversación, se suele notar ese intento por seguir en activo, tal vez reclamando la atención que por actualidad y derecho les corresponde a los protagonistas actuales del cesto y la pelota naranja. Muy probablemente, deseamos ser tenidos en cuenta por los sacrificios, por los interminables viajes en autobús, las cenas en lugares de dudosa reputación sanitaria, de penalidades permanentes, éxitos, decepciones, títulos personales y colectivos conseguidos o simplemente por los que no llegaron nunca. Queremos autoconvencernos de que el baloncesto que ahora se vive, el que llena nuestros pabellones y concita el interés diario de la prensa, al menos en parte nos pertenece por eso de que aquellos barros trajeron estos lodos. 

 

Solo somos capaces de reaccionar cuando, tras mil vueltas sobre el tema,  uno le espeta al otro eso de “voy a ser abuelo”. Es un instante, se lo juro. Un instante donde consigues aterrizar del grado de levitación que los recuerdos te habían provocado. Y justo poner los pies en el suelo contestas un “¡no jodas!”  totalmente sincero y espontáneo. Tres, no más, segundos más tarde, te da tiempo a cerrar la boca de tontolaba que se te ha quedado y tratas de rectificar el comentario con otro “¡cómo pasa el tiempo!”. Tus tripas, tus canas, cuando no tu marcada alopecia saben que el tiempo pasa y elige a los protagonistas de cada historia en el momento de vivirla. Él también lo sabe y en su misericordia compañera, te cierra el diálogo con un buen “Si, el tiempo pasa y tal vez por eso voy a ser abuelo”.

 

Hace muchos años que dejé de sentirme protagonista de algo. Incluso, creo que en casa el protagonismo lo tienen otros, los que empezaron siendo -como es normal- unos kakanarros y ahora nos dan motivos para estar orgullosos. Sin embargo, también pienso que vivir en exclusividad del presente no es un buen camino para tener un buen futuro y que siempre hay que tener claro quién eres y de dónde vienes. No recuerdo quien dijo “las personas, como los pueblos, que olvidan su pasado no tienen futuro”, pero me apunto a la frase, y en ese sentido, la iniciativa del Baskonia de celebrar el 50 aniversario, me parece absolutamente acertada, en la creencia de que no es una simple operación de marketing , y que algún poso importante tienen que haber puesto los primeros colonos de este deporte, para entender lo que ahora estamos viviendo.

 

Dicho esto, también tengo que decir que no es nada recomendable vivir del pasado, entre otras cosas porque no puntúa, no se empieza un partido con dos de ventaja por cada trienio trabajado y porque -ahora sí que quiero hablar de deporte- cualquier equipo de la actual liga le pasaría por encima al mejor de aquella época, mil veces en un partido y vuelta a empezar (con este comentario que acabo de hacer sé que muchos de aquellos con pantalón paquetero se van a mosquear, pero es que si no lo escribo me duelen las tripas).

 

Cada cosa tiene su tiempo y sus protagonistas, y cada uno ha de escribir su historia en el momento que le corresponde. Si acaso, lápiz en la mano y escribir en los márgenes, que no es poco.

Jugar llorando

Aquel día, alguien faltó al entrenamiento de la tarde. Como no era normal que eso sucediera, uno de los presentes preguntó al delegado dónde estaba JUANMA. “No se encuentra bien y le están haciendo pruebas” fue la respuesta antes de empezar a dar botes con el balón.

De izquierda derecha:
Arriba: Kepa Segurola, Josean Kerejeta, Steve Stielper, Rubén Soto y Peio Kanbronero.
Abajo: Kepa Ortega, Iñaki Garaialde, Juanma Conde, Txomin Sautu y Bittor Garaialde

Pasaron los entrenamientos y JUANMA CONDE seguía sin aparecer y como tampoco contestaba nadie en su teléfono, se volvió a preguntar por él. Mirando al suelo, el portavoz del club, con voz entrecortada “Tiene leucemia y pinta mal, muy mal” nos dijo. Aquél mal día, sin empezar a botar el balón, se acabó el entrenamiento, haces ¡chof! y te cuestionas todo. Te sientas en el banquillo y te tapas la cara, o te recuestas hacia atrás dejando la mirada perdida, repasándolo todo, tu vida, su vida, tus experiencias junto a las suyas, sientes que el corazón te palpita más deprisa sin haber dado un paso más largo que otro, piensas que no es posible, que estamos en buenas manos y pronto, muy pronto, alguien lo pondrá de nuevo en la cancha.

Pero te vuelven a decir que no, “que está muy jodida la cosa, Iñaki” y un mal dolor te recorre el cuerpo y mandas todo a la mierda, las tripas te hacen daño y mil millones de preguntas te salen de la boca con otros tantos cagamentos. Entras en el vestuario y ves su sitio vacío, le notas sin estar, sonríes porque te está mirando el careto, y al poco te das cuenta que no, que no es así, que no va a estar, que ya no vas a verle, que está jugando otro partido con otros compañeros, que aunque es un tío duro lo tiene jodido, y que la sonrisa forzada que tienes es un gesto de defensa, defensa de partido, y que lo que verdaderamente quieres hacer es de llorar su ausencia y tu impotencia. Y se te rompe el alma

Te vistes de corto, de verde esperanza, y maldita la gana que tienes de ponerte a dar saltos y moverte como si nada pasara,  Silencio en el vestuario. Entrenar es un suplicio y jugar sin JUANMA, un castigo. No hay estrategias que aplicar al partido. “Salid a jugar… como podáis”. Antes del salto inicial de cada partido, el equipo se reúne haciendo corro, rostros serios, no hay bromas, puños cerrados, unos sobre otros, abrazados para escuchar las palabras del capitán Kepa Segurola “Vamos con dos cojones, ¿vale?” Imposible. También nosotros estábamos tocados hasta la médula. Perdemos un partido, y otro también. No puedes gobernar la cabeza y el físico no te acompaña en situaciones de exigencia, te repites que has de estar duro, tenso, despierto, que tienes que ponerle un par y salir cada partido a por todas, a dar lo mejor que tienes. Pero te falta un amigo, un compañero, te fallan las fuerzas porque te falta un trozo de la vida juntos, y mientras tú estás dando saltos, bloqueos, tiros, pases y defensa individual para que no se te escape el contrario, a él se le escapa la vida. Descendimos

La temporada siguiente empezamos mal, muy mal, y el diseño de estar sólo un año en la división de plata empezaba a ser cuestionado. Hasta que un maldito 24 de Noviembre nos comunicaron lo peor: JUANMA CONDE había perdido su partido contra la Leucemia, que JUANMA ya estaba en ese lugar llamado lejos para seguir jugando a lo que más le gustaba: el basket. De nuevo rotos. Toda la plantilla fue a Salamanca a su funeral, a despedir a un compañero y un amigo, a despedirnos también de parte de nuestras vidas.

Más tarde vino su homenaje, y el Pabellón de Mendizorrotza se llenó como nunca. Muchos jugadores de la Liga, los que le conocían como compañero y como contrario, dejaron los entrenamientos con sus equipos y vinieron a jugar el partido más silencioso y triste que jamás he jugado en mi vida. Un reforzado Baskonia contra una selección de jugadores de la Liga, nacionales y extranjeros. Un Pabellón de Mendizorrotza lleno y en silencio, y un juego con ofrenda que, como una danza, homenajea al amigo con los movimientos habituales y un balón por testigo. Nunca antes había jugado llorando; con cada bote del balón, una lágrima y con cada punto en el marcador, una muesca en el corazón y daño, mucho daño y mucho dolor.

Aquella temporada finalizó bien, ascendimos. JUANMA CONDE nos dio su última asistencia.

Carta de Essie B. Hollis

Carta de Essie Hollis.
Como todos los años por Navidad, he recibido carta de Essie B Hollis. Nos felicitamos las fiestas el uno al otro y nos deseamos lo mejor a las respectivas familias. También somos fieles en la cita con los cumpleaños y nos contamos cosas que nos pasan y que pasan cerca, aquellas que sentimos importantes y que queremos que el otro sepa. Hablamos de todo un poco, de las cosas de casa, de los amigos comunes, del Baskonia y del baloncesto en Donostia donde se asomó por primera vez en la península.
En su última carta, me pide que dé recuerdos y felicite las Fiestas de Navidad y el Año Nuevo “a todos en Vitoria-Gasteiz” así lo dice y así lo pongo. Essie es un tío cojonudo. Es un tipo que dejó huella allá donde puso su zapatilla deportiva, que dicho sea de paso, no le he visto nunca vestir otro tipo de calzado. Essie es un tipo que merece la pena y que he tenido la suerte de conocer en el vestuario, en la calle y en la cancha.
Muchos han sido los jugadores de Norteamérica del norte y de otras latitudes que han jugado en el Baskonia. Los ha habido de todos los gustos y colores: buenos, muy buenos, malos, muy malos, indeterminados o indiferentes. Posiblemente, mejores que Essie, unos cuantos; seguramente, más identificados con la ciudad, sus costumbres, tradiciones y cultura que él, ninguno. Dos temporadas jugó en el Baskonia, solo dos, y en ese tiempo se metió a toda la gente en el bolsillo, se ganó la amistad, el respeto y el cariño de todos en Vitoria-Gasteiz y fuera de ella.
Por lo que a mí respecta y a otros compañeros de la época, mantenemos esa relación de amistad sin que nos importe un huevo que un océano esté por medio. Nos mandamos fotos de los chicos y de las chicas, y seguimos las historias del otro a través de la red de redes. Y como dejó un montón de amigos, cuando alguien recibe noticias suyas, rápidamente las traslada al resto. Es un crack, un tipo cojonudo.
Esta última carta, me ha hecho una especial ilusión. Es cierto que la esperaba, pero recibir el encargo de trasladar “a todos en Vitoria-Gasteiz” los deseos de felicidad para el 2009 de su parte, al margen del subidón que me ha provocado y el honor que supone para mí, no me negarán que no es como para que esté ilusionado.
Con “Mil besos y Abrazos” terminaba la carta antes de la firma el bueno de Essie. Así que, como suele decirse, en nombre de Essie B Hollis y familia, y en el mío propio, les deseo a todos un buen y feliz año 2009, mil besos y abrazos. Urte Berri On.

Retirar la camiseta con el 6 de Baskonia.

Elmer Bennett abandona la práctica del baloncesto. Esa fue la noticia que hace unas fechas me salpicó la cara. Tras leer con detenimiento las explicaciones que daba, me quedé tranquilo mientras pensaba que éste es mi Elmer Bennett favorito, primero excelente persona y luego gran jugador de baloncesto.  Rescatar de entre mis apuntes una historia, fue lo siguiente que hice. La historia del número 6 que escribí cuando Elmer Bennett jugaba su último año en Gasteiz, y que ahora más que nunca cobra actualidad con la celebración del 50 aniversario del BASKONIA. Hay otras historias, de otros números, con otras personas y lugares diferentes, pero hoy, a la espera de las anteriores, me van a permitir que les cuente ésta.

LA HISTORIA DEL NÚMERO 6

Curiosamente todo empieza cuando el que escribe, tenía 6 años y el gasteiztarra José Antonio Argote se ponía por primera vez la camiseta con el número 6. Fue el primer Gran Capitán baskonista en aquel baloncesto en blanco y negro incipiente. Su relevo lo tomó un crack de la época, Tacha Lázaro, para deleitarnos con ese baloncesto racial que me tenía encandilado en mis años de acné juvenil.

Hago punto y aparte porque en plena adultescencia se me para el tiempo y, desafiando las leyes de la gravedad como en Matrix, llega Essie Bee Hollis, el siguiente en enfundarse la camiseta del número 6. Un genio con el balón en las manos, un maestro de la técnica individual, un excelente jugador y mejor persona. Enamorado de nuestra tierra, nuestra cultura y sus gentes.

Pasan los años, los partidos y las temporadas, pero se mantiene la historia del número 6 cuando se la coloca Chicho Sibilio, una estrella del baloncesto internacional, empeñado en conseguir objetivos mayores y dar el salto de calidad con el BASKONIA. Son momentos importantes que vivimos con intensidad a caballo entre Mendizorrotza y Betoño.

La historia no se detiene, sube en intensidad e importancia cuando El Gran Velimir Perasovic, un regalo de la naturaleza para el aficionado al baloncesto, se pone la camiseta del número 6 y nos ofrece su corazón e innumerables noches de excelencia baloncestística y los primeros títulos importantes.

En estos momentos los lectores ya habrán puesto el punto de mira en el siguiente jugador con la camiseta del número 6. Elmer Bennett ha alcanzado con ese número, el grado de Doctor en Baloncesto, máxima distinción para los que amamos este deporte. Actualidad y referente de por vida de los mejores momentos del BASKONIA. Jugador de jugadores, que haciendo bien su trabajo le queda margen de maniobra para hacer mejores a los demás.

Se habrán dado cuenta que estos 6 jugadores que han llevado la camiseta del número 6, han subrayado en rojo y con mayúsculas la historia del BASKONIA, ¿no?.

Mi atrevimiento no tiene límites al proponer que una camiseta con este número, con el 6, suba al techo del Pabellón Araba con el nombre de todos estos jugadores, en su honor y en nombre de la historia del BASKONIA.

"Lo curioso de Roberto Gabini" por Iñaki Garaialde.

Yo no sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero a mí me da la sensación de que al bueno de Roberto GABINI algo le persigue. Voy a ser más claro, le persigue el número 2. Supongo que tras este punto y seguido que acabo de hacer, más de uno ya ha descolgado el teléfono para hablar con un conocido psicólogo e indicarle con urgencia la necesidad de aplicarme un tratamiento de choque. Nunca lo he descartado, pero esperen a realizar la llamada cuando termine de leer todo el texto.

Roberto Walter GABINI nació en San Nicolás, Argentina el 10-06-1975. Vale. Si son capaces de realizar la ya en desuso prueba del 9, verán que el resultado es 2. No es que sea importante pero por algo tenía que empezar.

Mirando su altura, también pueden observar que roza los 2 metros, que va a depender del calzado de cada momento, centímetro arriba, centímetro abajo.

Empezó jovencito a jugar a baloncesto en las categorías inferiores del Belgrano, club que tiene un equipo en la TNA ( categoría del baloncesto argentino). Me siguen ¿verdad?

Con 20 años debuta en este equipo, en el Belgrano donde juega en 2 temporadas.

Su siguiente destino sería Regatas de San Nicolás, ya en la máxima división argentina. Debuta con 22 años y también jugaría allí 2 temporadas. No hay punto y aparte, entre otras cosas porque esa temporada formó parte de la Selección Argentina sub-22

Roberto Walter GABINI quiere más, necesita más y quiere hacerlo en un equipo de la capital Buenos Aires, y ficha por el Obras Sanitarias, donde curiosamente también pasaría 2 temporadas. Siguen ahí ¿verdad?

Años más tarde el bueno de GABINI entiende que la progresión en esto del basket solo tiene dos direcciones: una, la imposible NBA; la otra Europa. Convencido, decide saltar el charco para recalar en el Rimini italiano, y esa misma temporada llega al BASKONIA.

En la primera se da a conocer, y en la juega su mejor temporada. Es uno de los protagonistas importantes de aquél partido contra CSKA de Moscú, que gana el BASKONIA en la Final Four preparada por el equipo moscovita y que provoca una inolvidable entrevista de Radio Vitoria a 2, entre Andrés Nocioni y Luis Scola, compatriotas con rotura del culo incluido. ¿Se acuerdan? Curiosamente era la Final Euroliga para el BASKONIA (la primera fue contra Kinder a cinco partidos)

Terminada esa temporada, ficha por el Granada donde juega 2 temporadas.

No sé hasta qué punto Roberto Walter GABINI tiene decidido ir regresando a casa. Sea como fuere inicia el viaje de regreso y decide pasar de nuevo por Italia. Allí, en Roma, GABINI está cumpliendo su temporada.

Voy terminando, no sin antes señalar que el bueno de Roberto GABINI es comunitario porque tiene doble nacionalidad y, para dejar que cada uno llame a quien le de la gana, tan solo señalarles que en los equipos europeos en los que ha jugado, siempre ha llevado el número 22.

Curioso ¿verdad?

Iñaki Garaialde.

“Lo curioso de Roberto Gabini” por Iñaki Garaialde.

Yo no sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero a mí me da la sensación de que al bueno de Roberto GABINI algo le persigue. Voy a ser más claro, le persigue el número 2. Supongo que tras este punto y seguido que acabo de hacer, más de uno ya ha descolgado el teléfono para hablar con un conocido psicólogo e indicarle con urgencia la necesidad de aplicarme un tratamiento de choque. Nunca lo he descartado, pero esperen a realizar la llamada cuando termine de leer todo el texto.

Roberto Walter GABINI nació en San Nicolás, Argentina el 10-06-1975. Vale. Si son capaces de realizar la ya en desuso prueba del 9, verán que el resultado es 2. No es que sea importante pero por algo tenía que empezar.

Mirando su altura, también pueden observar que roza los 2 metros, que va a depender del calzado de cada momento, centímetro arriba, centímetro abajo.

Empezó jovencito a jugar a baloncesto en las categorías inferiores del Belgrano, club que tiene un equipo en la TNA ( categoría del baloncesto argentino). Me siguen ¿verdad?

Con 20 años debuta en este equipo, en el Belgrano donde juega en 2 temporadas.

Su siguiente destino sería Regatas de San Nicolás, ya en la máxima división argentina. Debuta con 22 años y también jugaría allí 2 temporadas. No hay punto y aparte, entre otras cosas porque esa temporada formó parte de la Selección Argentina sub-22

Roberto Walter GABINI quiere más, necesita más y quiere hacerlo en un equipo de la capital Buenos Aires, y ficha por el Obras Sanitarias, donde curiosamente también pasaría 2 temporadas. Siguen ahí ¿verdad?

Años más tarde el bueno de GABINI entiende que la progresión en esto del basket solo tiene dos direcciones: una, la imposible NBA; la otra Europa. Convencido, decide saltar el charco para recalar en el Rimini italiano, y esa misma temporada llega al BASKONIA.

En la primera se da a conocer, y en la juega su mejor temporada. Es uno de los protagonistas importantes de aquél partido contra CSKA de Moscú, que gana el BASKONIA en la Final Four preparada por el equipo moscovita y que provoca una inolvidable entrevista de Radio Vitoria a 2, entre Andrés Nocioni y Luis Scola, compatriotas con rotura del culo incluido. ¿Se acuerdan? Curiosamente era la Final Euroliga para el BASKONIA (la primera fue contra Kinder a cinco partidos)

Terminada esa temporada, ficha por el Granada donde juega 2 temporadas.

No sé hasta qué punto Roberto Walter GABINI tiene decidido ir regresando a casa. Sea como fuere inicia el viaje de regreso y decide pasar de nuevo por Italia. Allí, en Roma, GABINI está cumpliendo su temporada.

Voy terminando, no sin antes señalar que el bueno de Roberto GABINI es comunitario porque tiene doble nacionalidad y, para dejar que cada uno llame a quien le de la gana, tan solo señalarles que en los equipos europeos en los que ha jugado, siempre ha llevado el número 22.

Curioso ¿verdad?

Iñaki Garaialde.