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Tuvo que explotar un volcán en Islandia para que el Barcelona de Guardiola perdiera por más de dos goles

La Asociación de Vulcanólogos Culés del Bajo Llobregat ya ha mandado una expedición a Islandia para investigar si el Real Madrid tienen algo que ver con el asunto.
Porque, efectivamente, tuvo que entrar en erupción un volcán, el Eiffjuldurgonsioloonsen o algo así, para que el BarÇa de Guardiola perdiera, por primera vez, por más de un gol. Si, señoras y señores, las consecuencias de la nube de ceniza son inescrutables y ya está en marcha toda una teoría de la conspiración. ¿Se empleó maquinaría pesada de alguna de las empresas constructoras de Florentino Pérez para estimular la erupción islandesa? ¿Es cierto que Esperanza Aguirre movió turbios hilos para contactar con expertos nórdicos en fumarolas y cráteres que facilitaron la información precisa para la acción? ¿Llamó Aznar a su amigo George Bush para solicitarle técnicos en perforación de sus campos petrolíferos para un trabajito sin importancia en Islandia? ¿A qué se refería Aznar cuando dijo aquello de “estamos trabahando en ellou”?.
Internet es un hervidero. Iker Jiménez sigue las pistas, pero, una vez más, El Banderín se adelanta y puede confirmar que la Asociación de Vulcanólogos Culés del Bajo Llobregat avanza en la confirmación de los primeros datos.
Pensará ustedes que la conspiración está orientada a demostrar que el viaje en autobús del Barcelona fue lo que perjudicó el rendimiento de los de Guardiola en Milán. Nada de eso. Es más, cuando el gerente blaugrana supo que el desplazamiento sería en bus en lugar de en avión, dio saltos de alegría al grito de “la pela es la pela”.

Jose Mourinho, puede que despidiéndose del árbitro que pitó el Inter-BarÇa de la semana pasada

Jose Mourinho, puede que despidiéndose del árbitro que pitó el Inter-BarÇa de la semana pasada

Lo que se investiga es otra cosa. El cambio en la designación del colegiado. En principio iba a pitar un ruso. La nube de ceniza lo impidió. Al hombre no le hubiera importado, está acostumbrado a volar en unos tupolev que lo raro es que despeguen, pero la UEFA no tiene el horno para bollos. Y entonces llamaron a un portugués que se podía desplazar, como indica la canción, con el chacachaca del tren. Se rumorea ya que se trata de un primo lejano de Jose Mourinho, técnico del Inter. Este hombre, árbitro y luso, de dedicó a ilusionar al equipo de casa. El trencilla se equivocaba cuando pitaba y cuando dejaba de pitar. Llegó a mostrar una amarilla a Piqué después de una acción en la que no había señalado ni falta. Un fenómeno.
Con esas, y con Ibrahimovic tapado por la ceniza y Messi sin entrar en erupción, al Inter le bastó con oficiar de Concejal de Urbanismo: cedió terreno al Barcelona y aprovechó sus oportunidades. Encima, a Guardiola, el hombre perfecto, le dio un ataque de enetrenador: terminó con Maxwell jugando de extremo, Piqué de delantero centro, Valdés de líbero, Keita de de segunda punta y el resto no responderán de su posición en el último cuarto de hora aunque les amenacen con hacerles socios del Espanyol.
No solucionó el panorama de los azulgranas ni la iniciativa de Mourinho, que introdujo en el campo a un Mario Balotelli tan cabreado con sus propios hinchas que no metió un gol en propio puerta por que no tuvo ocasión, que si no, lo hace y lo celebra dando una vuelta al estadio saludando a la afición.
En fin, y todo por la nube de ceniza. A ver si para el partido de vuelta de mañana ya está todo más claro. Y los de la Asociación de Vulcanólogos Culés del Bajo Llobregat nos presentan las pruebas de la conspiración.

Juanjo Neyro, él árbitro y yo jugador.

El sábado fue uno de esos días en los que uno se va jodido a la cama. Ya sé que son cosas que pasan, que la vida es así de injusta en ocasiones, en muchas ocasiones y que hay que hacer de tripas corazón para superar un nuevo meneo, pero de momento me voy fastidiado sabiendo que hoy también eso de descansar me costará un triunfo.

Otro amigo se me ha ido, sin avisar. No hace poco, tres semanas como mucho, reíamos en la calle algunas de las ocurrencias que siempre tenía, nos pusimos serios cuando el tema familiar lo sugería y como casi siempre, a la hora de hacer revista a nuestras vidas, estuvimos de acuerdo en desearnos lo mejor el uno al otro.

No teníamos esa amistad de salir de copas, ir al cine juntos o contarnos nuestras penas. Era una amistad trabajada entre canasta y canasta: él árbitro y yo jugador. Una amistad de esas que notas y perdura en el tiempo, una llamada al teléfono y mira si me puedes hacer este favor, y un déjalo de mi cuenta, faltaría más! por respuesta. Esa amistad del gesto desinteresado y rápido que dice cuenta conmigo para lo que quieras. La amistad que notas al apretar la mano en el saludo y en la despedida, que no necesita de más palabras y que la ves en la mirada.

Juanjo, joder! No me has dado tiempo a decirte que te aprecio un huevo, que nunca he podido olvidar y agradecerte algunos de tus consejos en la cancha, tú árbitro y yo jugador. Y en la calle, tú Juanjo Neyro y yo un admirador. Goian bego.