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La Juventus, sin porteros a mano

El nuevo reglamento del Calcio, que contempla la expulsión del jugador que blasfeme en el campo, está provocando estragos en el fútbol italiano.

Por el momento ha terminado con la carrera de Antonio Chimenti, portero accidental de la Juventus de Turín. Este hombre, a sus 40 años, se había visto favorecido por las lesiones de los porteros de la Vieja Señora, con esto hablo de los arqueros de la Juve, Buffon y Manninger, no del personal de servicio de la Duquesa de Alba.

Hace quince días a Chimenti se le abrió el cielo, después de haber vivido como un encofrador del fútbol entre clubes de medio pelo y cesiones continuas.

De repente, las cosas de los músculos, pusieron la portería de uno de los clubes más prestigiosos del mundo en sus manos. En el ocaso de su carrera Chimenti, echo un abuelete, se veía salvando a la Juve.

Pero recibió 7 goles en dos partidos, uno de ellos el que dejó fuera de la Champions a los de Turín. Se sintió bajo los palos por partida doble. Lo gordo llegó en el tercer encuentro, cuando todo apuntaba a que mantendría el portal a cero, Cassano le clavó una vaselina desde el centro del campo a falta de diez minutos para el pitido final. A él le entró como sin vaselina.

Chimenti pideindo un sanitario tras comprobar que no podía contar con los dedos

Chimenti, el día de autos, pidiendo a gritos un sanitario tras comprobar que no podía contar con los dedos

Una persona normal hubiera blasfemado acordándose del santoral entero, de los coros de serafines, de las vírgenes y mártires, de Job y de la Sagrada Familia. Chimenti se contuvo. Se me permiten un inciso les diré que en Italia hubieran expulsado de San Mamés a Orbaiz y a Cortés. A Orbaiz por tentarle el escroto a Cortés con los tacos de las botas, y a Cortés por blasfemar. Porque, si le quedaba algo de aire en los pulmones, seguro que el futbolista del Getafé juró y muy en cheli.

Pues Chimenti no. Muy probablemente por eso, cuando terminó el encuentro de la Juve, la pobre criatura se fue al vestuario echo un basilisco…y dio un puñetazo en la mesa de masajes. “En toloartolameza” que diría Ruiz de Lopera. Bueno, pues se dejó la mano como si la hubiera metido en la boca de Massiel, hecha trizas. Si se hubiera desfogado blasfemando a solas, de cuclillas en el área pequeña, como hacia Zubizarreta, hubiera llegado más relajado al vestuario.

La cosa es que ahora Chimenti necesita ayuda para soltarse los botones de la bragueta y la Juventus necesita un guardameta que le eche una mano. Probará a un juvenil de la cantera, que dicen que no es manco.

Y Chimenti solo podrá cubrirse con una mano de las toñejas que le soltará su representante durante los próximos meses. Todo por defender los intereses de su club…a brazo partido. En fin, tendrá que mentalizarse de que en el momento más importante de la partida…le tocó una mala mano.