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Fernando Alonso, un soso en la Fórmula 1

Mientras Juanito Oyarzabal dice que tiene un agujero en el pie y el Athlétic insiste en que el Mallorca tiene otro en la cartera, Fernando Alonso se da un baño de autoestima en El Corriere de la Sera.

El piloto asturiano, que jamás se lanzará a un estanque con el casco puesto como lo hizo Jorge Lorenzo porque tendrían que sacarle del fondo con una grúa, dice de si mismo a la prensa italiana que es un tipo “tranquilo, simpático y romántico”.

Viene a ser la versión posmoderna de aquella autodefinición de John Wayne en los años sesenta que creó escuela: “Feo, fuerte y formal”. Con la excepción de que dentro de los calificativos feo y fuerte puede esconderse algo de rebeldía y toque picantón. Un tipo feo y fuerte puede liarse a trompazos en la barra de un bar, y hacerlo de manera formal. Wayne cumplió esa premisa más de una vez.

Pero “tranquilo, simpático y romántico” no da opciones a la esperanza: Fernando Alonso es un soso de tomo y lomo. Lo sabe y presume de ello. El típico tío que todas deseamos como novio…a nuestra mejor amiga. El soseras ese que se levanta a retrasarte la silla cuando quedas a cenar con él en un restaurante. El que te regala un disco de Enya, descatalogado gracias a Dios. Uno de esos que se pone la pinza en la nariz para no molestarte por la noche porque “respira fuerte”. Y de los que usa una pijama de dos piezas a rayas verticales, con camisa abotonada y pantalón de pliegues, que deja escrupulosamente plegado sobre el respaldo de la silla antes de irse y hacer footing y volver con el pan y tres diarios, uno local y dos nacionales en los que mira cómo va el mercado de valores.

Alonso, a punto de subirle las revoluciones a su señora

Alonso, a punto de subirle las revoluciones a su señora

Estupendo para nuestra mejor amiga…pero para una misma siempre es preferible alguien que cumpla otros adjetivos.

Eso si, el campeón asturiano, advierte que cuando se pone el casco “sale el verdadero español que lleva dentro”. El texto al que he tenido acceso no especifica a qué se refiere Alonso con eso de “el verdadero español”, pero si recurrimos al estereotipo se supone que, con el caso puesto se vuelve enérgico, apasionado, habla alto, piropea a las señoras…o sea, deja de ser tranquilo, simpático y romántico, para transformarse en pasional, extrovertido y pícaro.

Me quedo con la duda de si eso le pasa porque el casco le desinhibe o porque le aprieta la cabeza y eso le pone de mal de café. O si únicamente se refiere a su manera de pilotar el Ferrari de fórmula uno.

Pero si me fuera con él de fiesta, le pediría que no se quitara el caso. Y seguro que Raquel del Rosario tiene un casco guardado en la mesilla y cuenta además con un casco de viaje.

Por si las moscas. Ya me entienden.