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El adiós de Etxebe, el gallo que aprendió a rugir

Joseba Etxeberria, ese bilbaíno que nació en Elgoibar y se formó en la Real por distintos azares de la vida, se retiró definitivamente del fútbol activo ayer. Y lo hizo en medio de una iniciativa original, oigan.

San Mamés fue el escenario de un partido de 11 contra cien chavales. Y luego de 20 contra 200. Lo increíble no es que se organizara este partido, sino que 20.000 personas fueran al Estadio a verlo. Todos, los 20.220, rezando desde el principio para que no se pitara un penalti, porque, vista la tensión que provoca en los rojiblancos la situación de  lanzar un penalti, y siendo todos rojiblancos sobre el césped, hubieran tenido que ir buscar a una señora de la limpieza de las del club para que tirara la pena máxima y se sumara a la fiesta. A los porteros no les valió el socorrido: es que me habéis dejado solo.

Etxeberria, practicando una verónica cuando aún quería ser torero y ya daba muesttras de su amor por los colores rojiblancos

Etxeberria, practicando una verónica cuando aún quería ser torero y ya daba muesttras de su amor por los colores rojiblancos

Espero, de verdad, que cuando se retiren Chuk Norris o Hulk Hogan no les de por montar una de estas. ¿Se los imaginan en medio de un gimnasio repartiendo tortas a 200 chavales?

La cosa es que Etxebe, sin el rria, lloró, rió y disfrutó de su principio de jubilación, a pesar de que se vayan a congelar las pensiones. Nos ha dejado grandes titulares. “Un jugador del Athlétic es más que un futbolista”. “Cuando llegué aquí me di cuenta de que Bilbao y el Athlétic estaban hechos a mi medida”. En fin. Muy en bilbaino el de Elgoibar.

Joseba, ese 17 eterno, el tipo del medio recorte en el área, el más grande intérprete de faltas que jamás haya llevado la camiseta del Athlétic, el extremo rematador, el delantero versátil…es conciente de que deja la esclavitud de la carne y del entrenamiento para coger el vuelo del mito. Llegó al Athlétic como un niño prematuramente maduro y se retira hecho un chaval.

Su fábula es la del gallo que se convirtió en león. Como él mismo dice, porque tiene fama de madrugador. Pero yo creo que en realidad es porque se trata del único león con cresta que haya rugido en el vestuario de Lezama.

Ahora, consciente de que su nombre y su número se unirán a la nómina de leyendas del Athlétic, cuelga las botas que mejor han dibujado diagonales en el área rival durante las últimas décadas en San Mamés.

Será la leyenda del gallo que rugía. El mito del león con cresta. El futbolista que vio la luz en un cascarón txuriurdin, creció rojiblanco y se retiró entre niños.

Etxebe vivirá el próximo año como si todos los días fueran la víspera de un partido de fútbol. Será un año con 365 sábados.

Ojalá vuelva pronto.