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Fernando Alonso levanta el alerón con el dedo número 11

Acaba de empezar la Fórmula Uno. Una competición en la que Fernando Alonso es la cabeza visible y su Ferrari 150 el gran favorito. Ya saben ustedes que la fórmula uno es una extraña carrera que, como todas, consiste en que gana quien va más rápido…pero en la que últimamente era imposible adelantar. O sea, los pilotos corrían de verdad para conseguir un buen puesto en la parrilla de salida. Porque sabían que, si no se van a la porra en la primera curva ni les embiste Massa en ese mismo giro, tienen todas las papeletas para llegar a la meta en el mismo lugar.

El único factor que puede alterar el escalafón en carrera es externo. Se trata de las decisiones de los ingenieros. Es decir, hay más emoción en adivinar cuántos galones de combustible va a cargar un coche en el repostaje o qué clase de ruedas va a calzar, que en si será adelantado.

Ya hay operarios de los que desatornillan ruedas en los boxes que tienen sponsor propio para el buzo. No se rían, que están más tiempo estos en las pantallas de televisión que los pilotos. Si Pedro Martínez de la Rosa hubiera querido ser cambia ruedas en lugar de conductor en 2011, lo hubiera tenido más fácil para lograr patrocinio. Oigan, que cambia ruedas de estos, los hay titulares y suplentes, empiezan a tener ayudantes y sicólogo, masajista. Hay auténticos campeones de la Black& Decker y, en algunos países, los niños ya no dicen que quieren ser pilotos de fórmula uno, sino cambia ruedas. Así esta la cosa. Y esta es una de las pruebas de que, en esta crisis, tienen más salida los estudiantes que han optado por la FP que por las carreras.

Antes les decía que el hombre que se arruinaría si tuviera que recurrir a un transplante de pelo, ya que cobran por centímetro cuadrado, o sea, Fernando Alonso, era el favorito para la edición de este año.

Y estoy a punto de afirmar que conozco cual es el secreto de su éxito. Su habilidad en la conducción de un fórmula uno es reconocida por amigos y enemigos, a los que trae de cabeza. Esto se debe a que cuenta con un dedo extra.

Me explico. El volante del Ferrari 150 va equipado con 47 botones. El kers con sus variantes, la bomba de aceite, la mezcla de combustible, regulador de tracción, posición del alerón, grip, etcétera. Y así hasta casi 50 que debes dominar a 300 por hora, con 150 pulsaciones, a 40 grados…y con el cambia-ruedas dándote consejos por el circuito cerrado de radio. Una locura apta sólo para superdotados. Sobre todo cuando Massa te puede embestir sorpresivamente incluso en la misma parrilla de salida.

De eljueves.es

De eljueves.es

Cuando la carrera de decide en décimas de segundos, hay 47 botones además de la propia dirección y sólo dispones de dos manos con 10 dedos cada uno, la solución que te da ese poco más que distingue a los grandes campeones es…usar el dedo sin uña que habita en las ingles. Es la alternativa cuando tienes un giro a izquierdas de 90 grados a 300 por hora en el que tienes que bajar cinco marchas, bombear aceite, cambiar la mezcla de combustible, asegurar el grip y mandar al guano al cambia-ruedas por radio ¿con qué regulas el ángulo del alerón para tener tracción en el tren trasero a la salida de curva? La respuesta, señoras y señores, es: con  el capullo.

No se sorprendan, si Ferrari es capaz de construir cascos de la talla de Alonso, también pueden confeccionar monos que se abran por la entrepierna lo suficiente para dar salida al control del alerón. Y se de buena tinta que Fernando y Raquel del Rosario han estado trabajando con un experto yogui, gurú del sexo tántrico, en el control del miembro viril del asturiano. Ahora, Alonso es capaz de abrir botellas de sidra y escanciar en un vaso…sin emplear las manos. Esa es la diferencia de un gran campeón.

Y lo que hay que hacer cuando tienes 47 botones en el volante.

Suerte a Fernando para esta temporada que no ha echo más que empezar. Y mi enhorabuena a Raquel.

Piensen que llegará el día en que también los cambia-ruedas se verán obligados a usar una tercera mano. Entonces el espectáculo regresará a boxes.

Fernando Alonso, un soso en la Fórmula 1

Mientras Juanito Oyarzabal dice que tiene un agujero en el pie y el Athlétic insiste en que el Mallorca tiene otro en la cartera, Fernando Alonso se da un baño de autoestima en El Corriere de la Sera.

El piloto asturiano, que jamás se lanzará a un estanque con el casco puesto como lo hizo Jorge Lorenzo porque tendrían que sacarle del fondo con una grúa, dice de si mismo a la prensa italiana que es un tipo “tranquilo, simpático y romántico”.

Viene a ser la versión posmoderna de aquella autodefinición de John Wayne en los años sesenta que creó escuela: “Feo, fuerte y formal”. Con la excepción de que dentro de los calificativos feo y fuerte puede esconderse algo de rebeldía y toque picantón. Un tipo feo y fuerte puede liarse a trompazos en la barra de un bar, y hacerlo de manera formal. Wayne cumplió esa premisa más de una vez.

Pero “tranquilo, simpático y romántico” no da opciones a la esperanza: Fernando Alonso es un soso de tomo y lomo. Lo sabe y presume de ello. El típico tío que todas deseamos como novio…a nuestra mejor amiga. El soseras ese que se levanta a retrasarte la silla cuando quedas a cenar con él en un restaurante. El que te regala un disco de Enya, descatalogado gracias a Dios. Uno de esos que se pone la pinza en la nariz para no molestarte por la noche porque “respira fuerte”. Y de los que usa una pijama de dos piezas a rayas verticales, con camisa abotonada y pantalón de pliegues, que deja escrupulosamente plegado sobre el respaldo de la silla antes de irse y hacer footing y volver con el pan y tres diarios, uno local y dos nacionales en los que mira cómo va el mercado de valores.

Alonso, a punto de subirle las revoluciones a su señora

Alonso, a punto de subirle las revoluciones a su señora

Estupendo para nuestra mejor amiga…pero para una misma siempre es preferible alguien que cumpla otros adjetivos.

Eso si, el campeón asturiano, advierte que cuando se pone el casco “sale el verdadero español que lleva dentro”. El texto al que he tenido acceso no especifica a qué se refiere Alonso con eso de “el verdadero español”, pero si recurrimos al estereotipo se supone que, con el caso puesto se vuelve enérgico, apasionado, habla alto, piropea a las señoras…o sea, deja de ser tranquilo, simpático y romántico, para transformarse en pasional, extrovertido y pícaro.

Me quedo con la duda de si eso le pasa porque el casco le desinhibe o porque le aprieta la cabeza y eso le pone de mal de café. O si únicamente se refiere a su manera de pilotar el Ferrari de fórmula uno.

Pero si me fuera con él de fiesta, le pediría que no se quitara el caso. Y seguro que Raquel del Rosario tiene un casco guardado en la mesilla y cuenta además con un casco de viaje.

Por si las moscas. Ya me entienden.