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A Simone Moro se le olvidó subir a Berlusconi al Gasherbrum II

“La montaña nos permitió sobrevivir porque bajamos una bolsa de basura de la cima”. Es una bonita frase si la dice un niño de 12 años después de una excursión por Pagomakurre. Quedaría bien hasta en una campaña institucional de sensibilización con el medio ambiente.

Pero la pronunció Simone Moro, el alpinista italiano que acaba de bajar del Gasherbrum II, una montaña de más de ocho mil metros en el Karakorum. Moro ha sido el primero en ascender a una de esas montañas en invierno.

Lo competencia por alcanzar la gloria en la escalada se ha puesto tan dura que ya sólo quedan las auténticas locuras. Las condiciones de ascenso al Karakorum son terribles en verano. Pero en invierno se trata de un auténtico suicidio. La sensación térmica ronda los sesenta grados bajo cero y el viento supera los cien kilómetros por hora. A eso se suman la baja visibilidad, el hielo y la nieve. Que se añaden a que en estas fechas las ventanas de mal tiempo duran poco…y siempre pueden cambiar repentinamente a una ventana de tiempo del demonio.

Simone Moro, dudando sobre si el talkie hay que echarlo al contenedor de orgánicos o al de inorgánicos (a 50 grados bajo cero)

Simone Moro, dudando sobre si el talkie hay que echarlo al contenedor de orgánicos o al de inorgánicos (a 50 grados bajo cero)

A pesar de todo eso, Simone Moro logró subir, hacer cima y descender con vida, con lo que hizo historia. En mi opinión debieran haberle corrido a gorrazos sólo por intentarlo. Porque me pregunto qué será lo próximo. Si esto sigue así habrá expediciones que consulten a los meteorólogos cuando se producirán las peores condiciones posibles no para refugiarse, sino para emprender la escalada. O los habrá que contraten un helicóptero que, al hacer cima, les suelte allí, en lo más alto, un oso pardo en celo. Y los alpinistas llevarán la ropa interior impregnada de orina de osa parda en celo. O se organizará una expedición gallega que emprenda la escalada al K2 en invierno y portando unos auriculares en los que se reproduzcan día y noche los discursos completos de Manuel Fraga. O una cordada de Tahitianos que se vayan a la cima del Everest en chancletas, bermudas y camisa hawaina…eso si, en verano.

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