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El fútbol sirve para subrayar de nuevo la situación de la mujer en Irán

Por una vez me gusta una prohibición. Con lo que soy yo de romper prohibiciones. Con lo que soy de transgresora, oigan, que hasta me he apuntado al sector alternativo del sector crítico de lo que queda de Ezker Batua. Estoy sola. Pero en el sector oficial hay tres. Así que tengo posibilidades de alcanzar la secretaria general.

Pues así soy yo de alternativa, de progresista y avanzada. Bien, incluso siendo como soy, me mola esta prohibición. Y eso que es una prohibición decretada por la FIFA, organismo retro, cafre y casposo donde los haya. Tan casposo que ni siquiera saben que existe el champú ese que anuncia Fernando Verdasco. Vale, pues me da igual. Suscribo esa prohibición.

Se trata de negativa a que el equipo de fútbol femenino de Irán juegue sus partidos con el pañuelo en la cabeza. Hace poquito les pararon su partido contra Jordania en la fase de clasificación de la olimpiada de Londres. Todas a casa y tres a cero a favor de Jordania.

¿Por qué los de la selección masculina de Irán juegan sin turbante? ¿Qué hay de demoniaco en el cuerpo femenio?

¿Por qué los de la selección masculina de Irán juegan sin turbante? ¿Qué hay de demoniaco en el cuerpo femenio?

No voy a entrar a la sesuda discusión sobre si el fútbol puede contribuir a la liberación de la mujer en un régimen tan discriminatorio como el iraní, ni si se trata de una agresión a la libertad religiosa y demás. Para eso están los opinadores de guardia de las tertulias, la intelectualidad orgánica, la Santa Sede y Belén Esteban. Nada más lejos de mi intención que hacerles la competencia.

A mi lo único que me parece es que resulta inhumano, ridículo y carpetovetónico ver a once chicas con botas de fútbol, medias, pantalón de chandal largo, camiseta de manga larga, camiseta interior de cuello alto y pañuelo cubriendo todo el resto salvo el óvalo facial. La entrenadora, además de esto, llevaba una visera y un silbato. Terrible. La máxima expresión de la valoración del cuerpo femenino como algo perverso y condenable. Algo a borrar. Algo a esconder.

Pues las chicas trataban de correr y rematar vestidas así, como astronautas. No se si calentaron o ya venían calientes de casa. Por cierto, en el equipo nadie califica una mal pase como “una pedrada”. En Irán las mujeres se toman muy en serio eso de que les tiren piedras.

Las autoridades iraníes, que viven en un país en el que no hay homosexuales, o sea que además de totalitarios e hipócritas son aburridos, han elevado una queja a la FIFA. Imagino que en el escrito alegan que qué pasa con tanto vicio y descaro, que han autorizado a las chicas a ir sin el velo cubriéndoles la cara para que el árbitro les pueda reconocer y que, además, han prohibido a los maridos que les peguen el   rostro para que se presenten sin moratones.  Que qué más quieren ¿Que les garanticen que no serán lapidadas si pierden? Ayyy.

Oigan. Y la FIFA, tan carca para casi todo, ha resuelto el tema diciendo simplemente que el uniforme de la selección de Irán “no se ajusta al reglamento”. Jamás una chorrada tan grande significó tanto.

Mi aplauso, por una vez, a la FIFA